1

Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Después de 49 años, ¿Qué es lo que sigue?



Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Después de 49 años, ¿Qué es lo que sigue?

 

Ricardo Y. Fuentes

El 31 de marzo de 1973, se fundó la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo (CPRJ) en el estado de Morelos, específicamente en el municipio de Temixco, a 14 km de Cuernavaca, la capital del estado. La CPRJ tuvo como característica principal que se consagró como un poblado que llevó a la práctica una dinámica de autogestión y de democracia popular. El dirigente de esa comunidad, Florencio Medrano Mederos, que se asumía como maoísta y buscaba instaurar una revolución socialista en el país, buscó hacer de la CPRJ un espacio social de reflexión que funcionara como modelo para partir hacía la transformación de la sociedad. De ahí que fuera llamada por muchos como: El primer territorio libre de América Latina. No obstante, el experimento social terminaría siendo interrumpido, y el 28 de septiembre, después de seis meses de mantenerse en resistencia frente al Estado, el ejército tomó el lugar y mediante el uso de la fuerza se apoderó del control de la comunidad.

Sin embargo, ¿Qué pasó con la Rubén Jaramillo? Sabemos que Florencio Medrano burlaría la ocupación militar y posteriormente radicalizaría su accionar y fundaría el Partido Proletario Unido de América (PPUA), la guerrilla que comandó hasta la fecha de su muerte en marzo de 1979. No obstante, ¿Qué suerte experimentaron las personas que se quedaron en el poblado? ¿Qué sucedió en la región con el pasar de los años? Este breve ensayo busca reflexionar sobre lo que ocurrió después de la ocupación militar de la Rubén Jaramillo y sobre lo que queda de esa experiencia de lucha social en la actualidad.

Los primeros años después de la ocupación militar

Con la entrada y ocupación del ejército en la CPRJ, la realidad del lugar comenzó a cambiar radicalmente. Lo inmediato después de la ocupación militar fue que, a pesar de que muchos de los colonos mostraron su reticencia a lo ocurrido y querían continuar en resistencia, la situación se tornó cada vez más complicada. Los militares se convirtieron en garantes de la seguridad del poblado. Y aunque comenzaron a aparecer manifestaciones de diversos sectores sociales que se solidarizaron con lo ocurrido en donde se denunciaba y se pedía que los soldados fueran desalojados del poblado, los destacamentos castrenses estuvieron posicionados en la región hasta septiembre de 1980; es decir, levantaron el cerco a la localidad siete años después, por lo que cualquier organización política contestataria de los colonos era impensable.[1]

Con el transcurso de los meses (y años) los colonos viraron (obligados) su potencia organizativa hacía solicitar los servicios básicos de vivienda que el gobierno proporcionaba al resto de la población. Los Domingos Rojos, que eran las actividades dominicales de trabajo comunitario que fueron una característica esencial de la comunidad, se mantuvieron únicamente por un par de años hasta que la terracería de las calles se culminó. Realmente dicha actividad perdió peso organizativo y su significado político. De esa forma llegó el agua potable, así como la luz eléctrica y el drenaje. Asimismo se construyó la Escuela Primaria Federal “Nicolás Bravo”, en donde por cierto algunos de los profesores de la antigua escuela durante la experiencia de la CPRJ se convirtieron en docentes con plaza ante la SEP. Podríamos decir que el Estado ejecutó un proceso de política social contrainsurgente para con el poblado.

Por otro lado, la prohibición de venta de bebidas alcohólicas que fue un distintivo durante la etapa de organización comunitaria se mantuvo (y se mantiene hasta nuestros días). Y como forma de suplir a los antiguos dirigentes del Comité de Lucha, el gobierno estatal con apoyo del gobierno federal, incentivaron que los colonos se organizaran para crear una Junta de Colonos y una Mesa Directiva, las cuales se concretaron en hacía finales de 1973 y siguieron operando como el instrumento de dirección interna por los siguientes siete años. Aunque no se puede omitir que la intervención del gobierno avivó las pugnas entre colonos y actos de corrupción de los nuevos dirigentes también se hicieron presentes.

Sin embargo, la comunidad siguió existiendo y la fuerza estatal nunca logró desplazaros de sus viviendas; sólo que el nombre del poblado sufrió un cambio muy simbólico, pues el gobierno estatal no aceptó que se llamara Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, así que a partir de 1974 la comunidad se reconoció como: Colonia Rubén Jaramillo, es decir, se le quitó el adjetivo de Proletaria. Para 1979 comenzaron a expedirse los primeros títulos de propiedad y en 1980, mismo año en que los militares abandonaron el poblado, se instaló la Ayudantía Municipal, por lo que la Junta de Colonos y la Mesa Directiva quedaron desplazadas. El tiempo convirtió la experiencia política y organizativa en un recuerdo dentro de la memoria (colectiva) de sus participantes.

La Rubén Jaramillo y un doloroso presente

Paulatinamente, como se dijo, la comunidad se convirtió en una colonia popular más a la par de que el municipio de Temixco crecía, quedando el poblado en el centro de un territorio que a inicios del siglo XXI terminó siendo completamente urbanizado. El municipio de Temixco hoy en día forma parte de la Zona Metropolitana de Cuernavaca, y por tanto, se encuentra en la dinámica económica de la capital de Morelos; lo que ha hecho que actualmente sea uno de los territorios más densamente poblados del estado. Sin embargo, como otra cara de la realidad, Temixco es también uno de los municipios más violentos e inseguros de la región.

En enero de 2016, por ejemplo, el nombre de Temixco aparecería como noticia nacional porque su presidenta municipal en turno, Gisela Mota Ocampo, sería asesinada en su hogar por un grupo delictivo. Para 2019, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública a nivel nacional, Temixco formaba parte de los 50 municipios más peligrosos del país, estando en la posición número 15.[2] El problema central, como lo es en la mayoría de las regiones del país donde la inseguridad permea, es el crimen organizado y las pugnas por el control del mercado de los narcóticos. Y curiosamente, una de las poblaciones del municipio más vinculadas al problema de la inseguridad y el narcotráfico, es la Rubén Jaramillo.

Igualmente en 2016, la Colonia Rubén Jaramillo formaba parte de las 30 colonias más peligrosas del estado de Morelos, y por un tiempo el cuerpo de colonias de la zona donde la Rubén Jaramillo se ubica ocupaba la sexta posición a nivel nacional en secuestros.[3] Actualmente sigue siendo parte de los llamados “focos rojos” por la intensidad del problema en torno a la seguridad. Las causas, como en la mayoría de los problemas sociales, son estructurales. En este caso vienen de un abandono de los gobiernos locales hacía la población. Los soldados que “custodiaban” la colonia debido a la subversión que representaba en 1973, se retiraron en 1980 porque creyeron que ya no necesitaban estar apostados en la región, y por prácticamente dos décadas, la comunidad se mantuvo en la deriva como una población alejada y con el estigma social de ser un “nido de maleantes”.

Con la urbanización y el incremento demográfico discrecional del municipio, la situación no cambio, además de que muchas personas de las que llegaron a habitar las nuevas colonias a la redonda, e inclusive en la misma Rubén Jaramillo debido a lotes que se abandonaron o vendieron, se inmiscuyeron en el crimen organizado y paulatinamente la situación de la zona respecto al problema de seguridad se agudizó. Hay una realidad actualmente en la región, posiblemente, incomprensible. El tejido social, como en muchas partes del país, se encuentra desfragmentado, derruido por los problemas que azotan a la población.

Recuperemos la memoria del pueblo 

En sus famosas Tesis sobre la historia, el filósofo alemán Walter Benjamín se preguntaba lo siguiente: “¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga del aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?” En su crítica al historicismo, Benjamín hacía un ejercicio de reflexión en dónde invitaba a ver en el pasado un significado para el presente, en entender que la historia no sólo es hacer una descripción de lo que fue, sino que en el discurso histórico se encontraba una herencia que pervive en la conciencia a través del tiempo… Sin embargo, ¿Cómo conseguir que ese pasado y esa reflexión penetre en lo más hondo de la conciencia colectiva?

Me imagino que todos los que estudiamos el pasado, y sobre todo aquellos que nos vinculamos analíticamente con temas de la izquierda en el siglo XX, el algún momento nos hemos preguntado: ¿Qué papel cumplen las historias de lucha social del siglo pasado en el imaginario colectivo hoy en día? ¿Hasta qué punto la herencia histórica es palpable entre las personas? Mucho se habla de la herencia histórica y de los cambios políticos, sociales y culturales que se emprendieron en el país gracias a las diversas expresiones de movilización social a lo largo del siglo anterior. Sin embargo, la gente del común, las que caminan día a día a su trabajo, que atraviesan campos, calles, plazas, en las que se libraron luchas populares, huelgas, movimientos estudiantiles, etc. ¿Son conscientes del sudor y la sangre que costó conseguir una sociedad un poco más plural, política y culturalmente ablando? ¿Conocen ese pasado? Difícilmente podemos tener una respuesta clara de ello.

Ahora bien, seamos más específicos, con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo que se fundó hace 49 años en el estado de Morelos ¿Cuánta población de la que hoy habita en el poblado es consciente de que pisan un suelo edificado a través de la lucha social? ¿Saben quién fue Florencio Medrano Mederos? Indiscutiblemente existen historias que por su potencia contestataria, en ocasiones, las clases dominantes buscan la manera de arrinconarlas en el olvido, intentan desapartarlas de los recuerdos y la memoria popular; con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo se buscó en cierta medida hacerlo. Por ejemplo, su caso es poco conocido en el estado de Morelos. Lo que se llega a escuchar sobre la experiencia no pasa de la mirada generalizada de que fue un poblado que se fundó por “paracaidistas” que se “robaron” unos terrenos. Asimismo, en la actualidad no poca gente sigue nombrando al lugar como “Villa de las Flores” en vez de “Rubén Jaramillo”, esto debido a las constantes campañas de desprestigio que desde la época de su fundación y durante los años siguientes el gobierno local y los medios de comunicación se encargaron de llevar a cabo.

Dicho lo anterior, hay que preguntarnos, ¿cómo construir una nueva realidad en la región? Es evidente que hace falta una política social y cultural que pueda virar la problemática hacía una situación más asequible para los habitantes del lugar. Pero así como pasaron décadas para llegar a la situación que se vive hoy en día, del mismo modo se requerirán años para subsanar los daños sociales. Por lo pronto, consideramos, es relevante comenzar con resarcir el olvido para con la historia del poblado. Encontrar formas de penetrar en la conciencia colectiva de los habitantes que en la actualidad radican y mantienen su vida en la Colonia Rubén Jaramillo. Recuperar la memoria histórica ayuda a comprender de dónde venimos y a entender la herencia del pasado como un continuum que todavía el día de hoy trastoca nuestra vida cotidiana. Rememorar, sin duda, puede convertirse en un mecanismo poderoso de cohesión social.

De manera fortuita, en los últimos años ha habido un intento impulsado desde el interior de la comunidad porque la historia de la organización que dio origen al poblado sea conocida y, de alguna manera, genere reflexión y conciencia entre los habitantes del lugar. Por ejemplo, actualmente existe un gran mural en lo que hoy es la calle principal de la colonia que se elaboró en 2018 conmemorando los 45 años de la fundación de la comunidad. Y aunado a más actividades culturales, como eventos todos los 31 de marzo para conmemorar la fundación del poblado, eventos que buscan cargarse con una visión histórica, paulatinamente se ha buscado rememorar la lucha que libró aquel grupo de hombres y mujeres en el año de 1973. Paulatinamente, esperemos, el estado de cosas en la región cambie. La tarea puede resultar complicada, pero en esencia, el objetivo sigue siendo el mismo que se plantearon los fundadores de la CPRJ en 1973: cambiar la realidad por una más justa.

 

 

[1] La razón por la cual elementos del ejército se postraron en la comunidad por siete años, fue porque debido a que Florencio Medrano se encontraba en la clandestinidad, creían que en cualquier momento podía aparecerse por el poblado o, algún colono o su familia, podría brindarles las pistas para atraparlo.

[2] Temixco y Yautepec, entre los 50 municipios más peligrosos del país. Disponible en línea en: https://www.elregional.com.mx/temixco-y-yautepec-entre-los-50-municipios-mas-peligrosos-del-pais

[3]  16 colonias de Temixco padecen secuestros, homicidios, feminicidios y robos; “gobierno estatal incrementa la tragedia”. Disponible en línea en: https://revoluciontrespuntocero.mx/16-colonias-de-temixco-padecen-secuestros-homicidios-feminicidios-y-robos-gobierno-estatal-incrementa-la-tragedia/

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email




Política Popular y el trabajo de masas. Una estrategia para la revolución (1968-1979)



Política Popular y el trabajo de masas.
Una estrategia para la revolución (1968-1979)[1]

 Ricardo Y. Fuentes

Introducción

En diciembre de 1968 desde la Escuela de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, se comenzó a divulgar un folleto mimeografiado con una portada de color amarillo que se tituló: Hacía una política popular. Dicho escrito fungió como texto fundacional del grupo político que fue conocido como: Política Popular (PP). Esta agrupación se compuso originalmente por jóvenes universitarios que habían participado en el movimiento estudiantil, y que después del dos de octubre, bajo el cobijo intelectual de Adolfo Orive Bellinger, un profesor de economía de la UNAM, tomaron la decisión de plantear otra alternativa de lucha social.

Política Popular aparecería en el escenario nacional como un movimiento innovador en cuanto a las formas de llegar a las clases populares. Bajo una impronta maoísta, el grupo de jóvenes liderados por el profesor Adolfo Orive llevó a la práctica postulados de Mao Tse-Tung aplicados a la realidad mexicana. Por ello, terminaron siendo un movimiento bastante destacado dentro del espectro de la izquierda comunista en México principalmente durante los años setenta, logrando movilizar amplios sectores populares en distintos estados del país, teniendo así una influencia inusitada a nivel nacional.

Desde la idea de fundirse con el pueblo, Política Popular surgió como una vertiente de izquierda que buscaba la revolución social dejando de lado la “clásica” idea de la vanguardia partidista (como lo hacían principalmente los Partidos Comunistas), así como también la alternativa armada (guerrillas). Dicho lo anterior, este ensayo (dividido en tres partes) partirá de las siguientes interrogantes: ¿Cuáles fueron los principales postulados políticos de Política Popular? Y ¿Por qué fue un grupo que logró alcanzar aspectos de organización popular, a mi modo de ver, sobresalientes?  

I.- Genesis de la organización y sus planteamientos políticos

Después del dos de octubre, Adolfo Orive junto a algunos estudiantes tomaron la decisión de continuar activamente con las brigadas estudiantiles y, a partir de esa plataforma, determinaron que la única forma de llegar auténticamente a las masas populares era dejando las universidades para incorporarse al pueblo y desde ahí, comenzar la revolución. De esta manera, Política Popular fue una agrupación en donde sus integrantes fusionaron las prácticas de las brigadas estudiantiles con el discurso maoísta de incorporarse al pueblo, con la línea de la llamada “línea de masas”. En este sentido, me parece pertinente mencionar de forma breve qué fue la “línea de masas” y cómo dicho discurso se llevó a la práctica en el seno de la organización en cuestión.

Para Mao Tse Tung (dentro de su experiencia revolucionaria en China) estaba claro que sin el apoyo popular la revolución social era impensable, de modo que desarrolló una serie de postulados políticos en donde dejó asentado que una organización comunista (y sus militantes) debía dirigirse a las masas y desde su entorno social, avanzar hacia la transformación de la realidad. Primeramente, habría que compenetrarse en todos los sentidos con los sectores populares, entender la realidad de las masas, conocer sus necesidades más sentidas, sus pasiones y su visión del mundo. “Para mantenernos vinculados con las masas -escribió Mao- debemos actuar de acuerdo con sus necesidades y deseos.”[2] De esta forma, conociendo la realidad de las masas (y sus necesidades), resultaba más factible avanzar en la dirección correcta a partir de un proceso dialectico de organización y formación de nuevos sujetos sociales. Mao argumentaría lo siguiente: “En todo el trabajo práctico (…), toda dirección correcta está basada necesariamente en el principio: «de las masas, a las masas».Esto significa recoger las ideas (dispersas y no sistemáticas) de las masas y sintetizarlas (transformarlas, mediante el estudio) para luego llevarlas a las masas, difundirlas y explicarlas, de modo que las masas las hagan suyas, perseveren en ellas y las traduzcan en acción (…).”[3]

Tales ideas fueron sintetizadas y se convirtieron en una potente teoría y práctica política que sobrevolaron fuera de Asia y aterrizaron en diversas regiones del mundo. En México tuvieron mucha repercusión durante los años sesenta y setenta principalmente. Con Política Popular, que es el caso que analizamos en este ensayo, la influencia de la “línea de masas” sería notoria, por ejemplo, podemos ubicar dicha influencia en la siguiente cita extraída del folleto de Hacia una política popular:

Nosotros no queremos hacer política en nombre del pueblo, ni por el pueblo, nosotros queremos que el pueblo haga su política y nosotros hacerla con él. Esto es, en síntesis, HACER POLÍTICA POPULAR. Y por ello es porque luchamos por la verdadera democracia, la democracia popular.[4]

Con este fragmento es plausible comprender de forma panorámica lo que pretendía la organización. Su idea central era llegar a las comunidades campesinas, a las fábricas o a colonias populares basados en una metodología de trabajo supeditada por la integración con las masas en el sentido maoísta. Su planteamiento político, tal y como se ha dicho, estribaba en que sin el apoyo real de una base popular era impensable un cambio revolucionario, por lo que había que ir primero con las masas y trabajar a su lado. La intención de fondo era politizar a los sectores populares, hacerlos ver la contradicción en el seno del pueblo como diría Mao, y de ese modo hacerlos sujetos de su propia historia.

Sin embargo, y he aquí lo novedoso, los miembros de Política Popular consideraban que no bastaba con ir y plantearles ideas o conceptos de la teoría marxista-leninista, por medio de propaganda o círculos de estudio, a personas que difícilmente lo iban a entender. El método era integrarse en todos los sentidos a la realidad social de los grupos populares. Por lo que desarrollaron una metodología de orientación y pedagógica, llamada: Método de pretextos/objetivos. Desde la visión de los militantes de Política Popular, únicamente trabajando al lado de las masas podías conocer sus verdaderas necesidades (pretextos) y, al mismo tiempo, debido a la confianza y con la orientación del militante (o brigadista como ellos se nombraban), las masas populares paulatinamente entenderían lo que significaba la lucha política por cambiar la realidad social (objetivo).

Este método de trabajo político le ganó a Política Popular construir bases populares que abarcaron diversas regiones del país, así como una red de militantes con varias decenas de integrantes. Sus principales bastiones se encontraron en los estados del norte del país, principalmente en los estados de Durango, Coahuila, Nuevo León, Chihuahua y Nayarit entre 1971 y 1976. Posteriormente, de 1976 a 1979 lograron penetrar en San Luis Potosí, Hidalgo, Sonora, Michoacán y en el sur en el estado de Chiapas. La columna vertebral de la organización fueron las brigadas las cuales se conformaron por estudiantes, universitarios en su mayoría, aunque también se incorporaron brigadas de estudiantes de preparatoria. El sector estudiantil fue la fuerza motriz de la organización.

II.- Experiencias de organización y auge del movimiento

Haciendo un sucinto recuento de las experiencias de Política Popular a lo largo de su historia de poco más de diez años, podemos mencionar las siguientes experiencias. En Nayarit, por ejemplo, los militantes de Política Popular entre 1971 y 1972, apoyaron la construcción y consolidación de una unión de ejidos en la región costera de Bahía de Banderas, en donde por su participación, los ejidatarios y campesinos nayaritas pudieron frenar el intento de despojo por parte de las autoridades locales en contubernio con la iniciativa privada, de más de 4 mil hectáreas que estaban destinadas a convertirse en un corredor turístico empresarial. Los campesinos organizados en asambleas y orientados por los brigadistas de PP, consagraron la Unión Ejidal de Bahía de Banderas, que aglutinó siete ejidos y casi dos mil campesinos organizados.

En 1972 brigadistas de PP incursionarían en la capital del estado de Durango. Allí, consiguieron resultados más plausibles que ayudarían a consolidar la organización en general. Fue en la ciudad de Durango donde militantes de la organización se integraron con un movimiento de inquilinos de vecindades, primero orientándolos en una lucha por bajar las cuotas del agua potable, para después con una compenetración más sólida, encabezar a las mismas personas a posesionarse de tierras fundado en 1973 la colonia popular “División del Norte”. La cual se convirtió en el sostén político de la brigada en la región, incentivando posteriormente más poblados con las mismas características, como lo fueron: la colonia “Emiliano Zapata” y la “Lucio Cabañas”.

Al mismo tiempo, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, otro grupo de brigadistas consolidarían igualmente, entre 1971 y 1973, una red de colonias populares donde Política Popular alcanzó resultados igualmente sobresalientes, fundando en marzo de 1973, la colonia popular “Tierra y Libertad” y conformándose como resultado el “Frente Popular Tierra y Libertad”, el cual aglutinó a todas las colonias populares en la región de Monterrey en donde el escarceo ideológico de Política Popular llegaba.

Por otro lado, desde 1972 igualmente, la organización se fue expandiendo hacía la región de La Laguna, entre los estados de Coahuila y Durango. En dicho lugar los brigadistas de PP consiguieron penetrar en el sindicato ferrocarrilero, con campesinos posesionarios, en la organización de los trabajadores de limpieza en Torreón, así como en la conformación de diversas colonias populares en el municipio de Gómez Palacio por medio de posesión de tierras. Asimismo, apoyaron la consagración de un Ejido Colectivo en Batopilas a través de la expropiación de un terreno a una empresa vinícola. Y debido a los resultados positivos y al número de brigadistas o militantes que la organización logró amalgamar en La Laguna, la región se convirtió en uno de los espacios de mayor consolidación del movimiento.

Además, entre 1975 y 1977, Política Popular penetraría con resultados plausibles también en el sector obrero, principalmente en el sindicato de trabajadores mineros y metalúrgicos. Los brigadistas de la organización apoyaron paros y huelgas, así como la conformación de estructuras gremiales contestatarias en el interior de las empresas: Altos Hornos de México en Coahuila, Fundidora Monterrey en Nuevo León, Mina de Santa Barbara en Chihuahua y en la empresa siderúrgica de SICARTSA “Las Truchas” en Michoacán. La penetración de los militantes de PP en el interior del sindicato minero y metalúrgico fue tal que lograron competir frente al charrismo sindical del líder nacional Napoleón Gómez Sada, obteniendo el control por momentos de algunas de los comités de las secciones sindicales de las regiones mencionadas.

Debido al método de trabajo que los miembros de Política Popular-Línea Proletaria pudieron cosechar amplias bases sociales con diferentes sectores de la sociedad y en diversas regiones del país. Su trabajo con las masas de plena incorporación y compromiso militante les ganó la confianza de cientos de obreros, colonos, campesinos, etc., logrando construir sobresalientes espacios de democratización popular y solidaridad entre los miembros de la organización y las masas populares. A pesar de ello, la organización no estuvo exenta de pugnas y divisiones en su interior que valen la pena señalar.

III.- Crisis y desarticulación

En 1976 una facción de Política Popular que se encontraba en Monterrey entraría en contradicción con la organización en general, y después de algunos desencuentros, Política Popular sufriría una escisión. Se conformaría el grupo denominado: Línea de Masas, que tuvo como “sede” Monterrey consiguiendo tener el control de todo el “Frente Popular Tierra y Libertad”. Estos acontecimientos llevaron a que desde la dirigencia de Política Popular se tomaran medidas para atenuar la situación.

La primera medida que se llevó a cabo fue el cambio de nombre, pues resultaba ineludible para diferenciarse del grupo de Monterrey, por lo que la dirigencia optó por llamarse: Línea Proletaria, y continuó con toda la estructura que se había construido desde 1968. Otra medida que se tomó fue la de edificar a partir de 1976 una Organización Ideológica Dirigente (OID). Con la OID, Línea Proletaria se propuso que las brigadas operaran ya con una estructura orgánica más visible que marcara la directriz política e ideológica del movimiento.

Desde 1968 Política Popular se había caracterizado por ser una organización que no contaba con una estructura de tipo partido; es decir, a diferencia de otros grupos de izquierda, como el PCM, por ejemplo, PP no formó un comité central ni creó una dirigencia unipersonal. La relación entre los brigadistas procuró ser siempre bajo ejercicios democráticos y de horizontalidad. Y si bien, Adolfo Orive y algunos militantes más “avanzados”, fungían como dirigentes de sus respectivas zonas de influencia, el ensayo político trató de seguir parámetros de igualdad. Al conformarse la OID, la organización cambió radicalmente, pues se convirtió en la parte medular que buscó una centralidad (unilineal) ideológica y política más férrea.

No obstante, aunque aún pudieron consagrar bastiones en los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Sonora y en Chiapas, la organización fue perdiendo el rumbo político. Primeramente, por motivos personales la relación entre Adolfo Orive, la OID y el resto del movimiento, fue desgastándose. Aunado a esto, desde 1977 el gobierno mexicano proclamó una reforma política que estipulaba la oportunidad de que los partidos políticos de izquierda contendieran por puestos de elección popular. Este proceso es interesante porque cambió el rol de algunos grupos políticas de izquierda en el país. Asimismo, se convirtió en un problema para las organizaciones basadas en la “línea de masas”, pues creó pugnas al interior entre los que propugnaban porque la estructura del movimiento se convirtiera en una estructura tipo partido y así poder participar en la usanza electorera, y los que seguían firmes en seguir el modelo de participación social con las masas populares sin tintes partidistas. Esta contradicción orilló a que Línea Proletaria entrara en un proceso de crisis en su interior. 

En febrero de 1979, Adolfo Orive presentó su renuncia de la dirigencia al interior de la OID, pues veía que la organización estaba cayendo en la dirección de los movimientos de izquierda tradicionales con quienes siempre, Política Popular y, posteriormente, Línea Proletaria, habían estado en contra. Además, debido a ciertas actitudes de algunos dirigentes (incluyendo el mismo Orive) muchos brigadistas de Línea Proletaria, desencantados con el rumbo que la organización tomaba, se salieron del movimiento. Eso significó el fin de Línea Proletaria como una organización centralizada.

Por lo tanto, el camino de Política Popular-Línea Proletaria podemos comprimirlo analíticamente de 1968 hasta 1979, poco más de diez años en los que la organización, con sus claroscuros, consiguió formas de participación social en sectores sociales amplísimos. De este modo, sostengo que estos apacibles resultados que la organización pudo conseguir en este periodo antes mencionado se debieron primordialmente a la manera en cómo se acercaron a las masas populares; y, también, a su forma de mantenerse en esa misma dirección por poco más de una década, todo bajo la luz de lo que llamaron: “el trabajo con las masas populares”.

A manera de conclusión

Como reflexión final, me gustaría comentar lo siguiente. Política Popular no fue la única organización que actuó bajo planteamientos maoístas en el territorio nacional, más aún, Política Popular no fue el único grupo que trabajó bajo la “línea de masas”. No obstante, a pesar de que en México existieron diversas organizaciones que desde el maoísmo como puntal ideológico idearon su acción política, considero que Política Popular fue la organización (maoísta) que obtuvo resultados más consistentes y de largo alcance; aunque estoy consciente de que falta mucho por ser analizado.

Por otro lado, la investigación en sí sobre la proyección del maoísmo en México está todavía en plena reconstrucción. Existen aún muchas explicaciones sistemáticas al respecto y los estudios sobre dicha corriente del comunismo en el país son, sinceramente, escasos. Sin embargo, en los últimos años se han elaborado trabajos que, con diferentes puntos de análisis, han venido a enriquecer el tema en cuestión y han “rescatado” del olvido la experiencia de varios de estos grupos; pues así como existieron organizaciones que se sustentaron ideológicamente en la “línea de masas”, también las hubo quienes prefirieron aventurarse en la lucha armada basándose en preceptos de la teoría de la guerra de guerrillas propuesta por Mao, así como los que prefirieron decantarse por la consagración de estructuras burocráticas tipo partido como actividad prioritaria para desde ahí recular la lucha, también basados en la teoría maoísta. Hay una fuerte deuda historiográfica, afortunadamente, se ha ido reescribiendo …

 

 

[1] Gran parte de las ideas y reflexiones vertidas en este escrito son síntesis de mi trabajo de tesis de maestría titulado: “Procesos de formación política en la militancia maoísta en México. El caso de Política Popular (1968-1979)”, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2020.

[2] Mao Tse-Tung, (1963) Obras Escogidas de Mao Tse-Tung, T.III, Ediciones en Lenguas Extrajeras. Pág. 186

[3] Ibid.  Pág. 119. Las cursivas son mías

[4]  Hacía una Política Popular, (1968), primera edición, documento mimeografiado. Pág. 15.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email




La otra comuna de Morelos. La Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, a 48 años de su fundación



La otra comuna de Morelos. La Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, a 48 años de su fundación

Ricardo Y. Fuentes

Introducción

El 31 de marzo de 1973 en el municipio de Temixco del estado de Morelos, un grupo de personas lideradas por un joven de 27 años de nombre Florencio Medrano Mederos, tomaron la decisión de invadir 68 hectáreas de terreno para posesionarse del predio y posteriormente dividirlo en lotes de 200mt para regalarlos a todo aquel que no tuviera un lugar donde vivir. Con ello iniciaba la experiencia de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo (CPRJ). Una historia de organización comunitaria y popular con la perspectiva de cambiar la realidad social por medio de un proceso revolucionario y bajo la luz del pensamiento de Mao Tse-Tung.

En las siguientes páginas mencionaré, de forma breve, algunos de los puntos más relevantes para comprender y acercarse a la historia de la CPRJ y de su líder, Florencio Medrano Mederos. Todo ello para conocer y divulgar una historia que, sin temor a exagerar, se convirtió en una de las experiencias más profundas y radicales de lucha social y política en la historia del país.

Florencio “El Güero” Medrano

Florencio Medrano Mederos, a quien mayormente se le conoció como “El Güero” Medrano (por su tono de piel muy singular), nació un 27 de octubre de 1945 en el poblado de Limón Grande en el municipio de Cutzamala del Pinzón del estado de Guerrero. Su infancia y adolescencia las vivió rodeado de una actividad netamente campesina en la región de Tierra Caliente entre los estados de Guerrero y el Estado de México. Y para los años sesenta, después de probar suerte buscando trabajo en el Distrito Federal, incluso enlistándose en el Ejército por un par de años, llegó a radicar a Morelos a la colonia popular “Gral. Antonio Barona” de Cuernavaca, en la capital del estado alrededor de 1967.

En dicho poblado de la capital de Morelos cambiaría radicalmente su forma de pensar. Desde los primeros meses se relacionó con gente que tenía una presencia política importante en la región. Como paréntesis, vale la pena destacar que la colonia “Gral. Antonio Barona” se había fundado en 1961 a partir de la posesión de un terreno que iba a convertirse en un fraccionamiento y fue una organización que tuvo contacto político con el movimiento jaramillista. Por tanto, algunos de los dirigentes de la Antonio Barona tenían cierta formación política apegada a la izquierda. Retomando el análisis, entre las personas que habitaban el lugar y que Florencio Medrano conoció y con quienes entabló una buena relación, se encontraba: Porfirio Equihua Pérez y su hijo Rafael Equihua Palomares. Fue Rafael Equihua quien en 1968 lo invitó a los círculos de estudio de teoría marxista/maoísta en los que participaba, círculos de discusión que estaban direccionados por un ingeniero de nombre Javier Fuentes Gutiérrez quien era exmilitante del Partido Comunista Mexicano (PCM) y que para esos años comulgaba con la línea comunista de China. De dicha práctica se conformó una organización maoísta de nombre Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano (PRPM), y Florencio Medrano Mederos se unió como militante de la organización.

Por medio del PRPM, Florencio Medrano, y ocho militantes más (incluyendo un primo suyo: Aquileo Mederos), irían a China en 1969 en un viaje de formación política que duraría poco más de seis meses. Todo auspiciado por el gobierno de Pekín. A su regreso, y después de su proceso formativo y de haber sido espectadores de la Gran Revolución Cultural Proletaria, los integrantes del PRPM estaban convencidos en instaurar un régimen comunista y popular en México por medio de una revolución armada. Sin duda, la experiencia del viaje cambió por completo la forma de pensar de Florencio Medrano, marcando la manera con la que vio la realidad durante los años siguientes.

Sin embargo, a los pocos meses de haber arribado el grupo de militantes del PRPM a México después de su experiencia en Asia, comenzaron a tener tropiezos. La Dirección Federal de Seguridad conoció la existencia de la organización y un par de semanas antes de la primavera de 1970 fue aprehendido la mayoría del cuadro dirigente del grupo en el Distrito Federal. Esto orilló a que la policía buscará a los demás integrantes del PRPM, sobre todo a los que radicaban en Cuernavaca. No obstante, Florencio Medrano y Aquileo Mederos lograron no ser detenidos y se mantuvieron evadiendo el acoso policial y, entre 1971 y 1972, Florencio Medrano, principalmente, se mantuvo “escondido” en el pueblo de Acatlipa, una localidad al sur a poco más de diez kilómetros de Cuernavaca, perteneciente al municipio de Temixco.

En Acatlipa, después de que la situación con la policía se tranquilizó, Florencio Medrano se dedicó a llevar a cabo círculos de estudio de las obras de Mao Tse-Tung con algunos campesinos y ejidatarios del lugar. Asimismo, logró entrar en contacto con un grupo de estudiantes de la preparatoria de Jojutla que se unieron a su incipiente organización, con quienes también estudiaba textos maoístas. De ese modo, Florencio Medrano consideró que podía encabezar la transformación del país. Fue así como por medio de esa compenetración social que experimentó en Acatlipa, que gente del lugar le comentó sobre las 68 hectáreas de tierra que se encontraban a un costado del pueblo. Un predio que para esos años era propiedad del entonces gobernador del estado de Morelos, Felipe Rivera Crespo (1970-1976). Terrenos los cuales estaban destinados a convertirse en un fraccionamiento inmobiliario (de lujo) para la burguesía que se llamaría “Villa de las Flores”.

Florencio Medrano investigó la situación por la que el predio pasó de pertenecer al ejido de Acatlipa para convertirse en un emporio de la industria inmobiliaria propiedad de la familia del gobernador. Descubrió que en la década del cincuenta dicho terreno se había vendido de manera arbitraria a un empresario extranjero que posteriormente no pudo pagar los impuestos correspondientes y el predio terminó siendo confiscado por el gobierno. Y para la década de 1970 el entonces gobernador pagó la deuda al fisco y se adueñó del lugar para construir el fraccionamiento.

Siguiendo el esquema maoísta de las bases de apoyo, Florencio Medrano sabía que era imposible encabezar una revolución sin antes tener una sólida base de apoyo popular. Por lo tanto, consideró legitimó posesionarse de esos terrenos porque suponía que injustamente se los habían arrebatado a la gente del pueblo, y a su vez, si la operación resultaba ser un “éxito”, por la cantidad de personas que arribarían al poblado dado que se pensaba lotificar y regalar los lotes, la comunidad se convertiría en una base de apoyo para su plan político. Al final, en el horizonte del joven maoísta, la meta era constituir un movimiento armado y buscar la manera de iniciar una insurrección popular en el país.

Colonia Proletaria Rubén Jaramillo: La comuna “medranista”

Ante este panorama descrito líneas atrás, es como un grupo de personas, liderados por el maoísta Florencio Medrano Mederos, decidieron invadir los terrenos de “Villa de las Flores” la noche del sábado 31 de marzo de 1973. Se anticiparon así a los intereses de la fraccionadora. Para que la acción brindara los resultados esperados, Florencio Medrano planeó junto a las personas que lo acompañaban, como los estudiantes Gilberto Higareda y Félix Basilio, así como el ejidatario Francisco Salgado, a que se hiciera una comisión encargada de repartir volantes en diversos puntos del estado de Morelos, en donde se invitaba a todo aquel que no tuviera un espacio donde vivir, a que fuera “Villa de las Flores” en donde les regalarían un terreno. Increíblemente, en un par de semanas la afluencia de personas se contabilizaba en miles. Todo parecía indicar que aquella máxima maoísta de que una sola chispa puede incendiar toda la pradera se estaba cumpliendo.

En los siguientes días por medio de una asamblea en donde participaron la mayoría de los nuevos colonos, decidieron democráticamente ponerle el nombre de Rubén Jaramillo al poblado, en memoria del luchador social. Pero se optó también porque el nombre tuviera el epíteto de Proletaria, el cual, a la postre, se convirtió en un distintivo. De esa manera iniciaba la experiencia de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Y durante los siguientes seis meses se convirtió en un crisol de resistencia y movilización social en la región de Morelos.

Desde el principio el poblado tuvo la característica de una organización con un líder, empero, todas las decisiones eran consensuadas entre los pobladores. Se hacían Asambleas Generales de Colonos y se conformó un Comité de Lucha que hacía valer las opiniones de todos los integrantes que conformaban el poblado. La peculiaridad del Comité, el cual fungió como órgano rector de la comunidad, es que se erigió con un representante de cada sector popular que se encontraba en la CPRJ, o sea, estuvo compuesto por un presidente, un secretario obrero, otro campesino y otro estudiantil.

Florencio Medrano, como presidente del Comité de Lucha, pudo conseguir dentro del experimento de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo una fuerte participación de las masas populares que ahí cohabitaron. Por tanto, la CPRJ tuvo la característica de una sociedad en conjunto que ponderaba el trabajo autogestionario y comunitario. En donde se encontraron formas de convivencia que fomentaron, entre todos los colonos, expresiones de solidaridad a escalas mayúsculas, donde como decía su dirigente: “aquí todo es de todos”.

Se llevaron a cabo rondas de vigilancia realizadas por los pobladores con la intención de proteger la comunidad del acoso policiaco, o de cualquiera que quisiera atentar contra la estabilidad de la colonia. Se hacían actividades dominicales para beneficio del poblado en lo que se conoció como Domingos Rojos o Domingo Colectivos; en los cuales, ayudar a levantar una choza para algún colono, construir un puente para atravesar una barranca que pasaba por la mitad del terreno, ordenar adecuadamente la terracería de las calles, construir un dispensario médico, así como una escuela para los niños, se convirtieron en tareas primordiales de solidaridad interna.

De igual modo, debido al auge de la CPRJ, comenzó a generar por su experiencia comunitaria muchas brigadas de estudiantes, universitarios en su mayoría, que arribaron a la comunidad. Los estudiantes apoyaban en todas las labores dominicales, y con su ayuda, la operación, por ejemplo, del dispensario médico gracias a la participación de estudiantes de la carrera de medicina de la UNAM, tuvo mejores resultados. Aquella escuela, que se consagró con su propio proyecto educativo autónomo (independiente del de la SEP), se edificó con apoyo de estudiantes y algunos profesores normalistas y pedagogos de la UNAM que llegaron con la intención de apoyar la causa. A su vez, no pocos estudiantes comenzaron a destacar por su participación política, por lo que Florencio Medrano los invitó a participar de lleno en la organización, algunos estudiantes compartieron puestos clave dentro de la colonia.

Por otro lado, se prohibió la venta y consumo de alcohol, así como de cualquier sustancia enervante, dentro de la colonia con la intención de generar una mejor cohesión en el interior de la comunidad y forjar un estilo de vida diferente. Asimismo, se pretendió que las mujeres tuvieran participación en la organización política, por lo que siempre tuvieron voz y voto dentro de las asambleas y se convirtieron en participantes activas en la toma de decisiones cuando se requería el consenso general, así como en las manifestaciones que regularmente se hacían.

También, en una ocasión semanas después de la fundación, específicamente durante el mes de mayo, el gobernador Felipe Rivera Crespo llegó a la CPRJ (disfrazado para que no se dieran cuenta de quién era) con la intención de conocer el lugar y saber cómo estaban organizados. Sin embargo, fue descubierto e interceptado por la guardia que custodiaba la entrada, siendo así trasladado a donde eran las oficinas del Comité de Lucha y después de varios minutos de dialogo, se le obligó al mandatario morelense a que firmara un documento en donde se comprometía a ya no seguir acosando al movimiento y reconocía a la colonia y sus habitantes como legítimos dueños de los terrenos. Aunque el gobernador fue puesto en libertad y obviamente no aceptó las resoluciones de ese documento firmado “a la fuerza”, la organización interna fue en ascenso y la idea de desplazarlos del lugar se volvió imposible.

De las tres secciones en las que se dividieron las 68 hectáreas (los pinos, el centro y la nopalera), se conformaron 57 manzanas, en donde se conformaron a su vez pequeños grupos de colonos que fungían como representantes de cada manzana. Se buscó con ello generar un proceso de democracia participativa y popular desde las bases bastante interesante. Y derivado de todo lo descrito en las líneas anteriores, bajo el esquema maoísta, se llegó a pensar en la CPRJ como el primer territorio “liberado” de México.

Ahora bien, a pesar de que el poblado logró posicionarse políticamente en la región, dado el contexto autoritario que se vivía, desde el principio fueron acosados por policías, y con el paso de los meses por militares. Además, como se dijo anteriormente, en el horizonte del “Güero” Medrano siempre estuvo presente la idea de germinar un movimiento guerrillero, y puesto en realizarlo, desde el principio se empeñó en consolidar un movimiento armado.

Dicho lo anterior, aunado a las expresiones de vida comunitaria y autogestionaria, la CPRJ contaba con un brazo armado que se llamó Comando de Expropiaciones. Con dicho grupo, como su nombre lo vaticina, Florencio Medrano y su organización obtuvieron financiamiento para sus planes revolucionarios por medio de expropiaciones de algunos establecimientos comerciales como hoteles, cines, tiendas, etc., y también consiguieron armas y algunos carros con los que se movían.

Por lo tanto, se buscó una alianza con otras organizaciones, siendo la guerrilla rural del profesor Lucio Cabañas con la que se tejió el nexo. A pesar de las diferencias ideológicas que podían existir entre ambos dirigentes, lo cierto fue que se logró consagrar la unidad; quizá su composición social y la necesidad de no quedar aislados, los acercó. Gente del Partido de los Pobres, e incluso el mismo Lucio Cabañas, llegaron a ir a la Rubén Jaramillo, por lo que la alianza estaba tendida, lo que faltaba era consolidarla.

De esa forma, para el mes de septiembre, exactamente el lunes 24, un grupo de integrantes del Comité de Lucha, en donde se encontraba Florencio Medrano, junto con otros 17 colonos, viajaron a Guerrero con la intención de entrevistarse con gente del Partido de los Pobres para planear acciones en conjunto. Sin embargo, de forma desafortunada, a su regreso, para el 25 de septiembre sufrirían una emboscada por miembros del Ejército y policías locales en el estado de Guerrero en un pueblo de nombre Tepecoacuilco.

De esa manera la situación se tornó complicada. Florencio Medrano junto a otros integrantes más de la comitiva que habían viajado lograron escapar de la redada en Guerrero y regresaron a la CPRJ. No obstante, la policía y los militares detuvieron a siete personas y, en el enfrentamiento, asesinaron a un integrante del grupo (Primo Medrano, hermano del “Güero”). Los detenidos fueron llevados al Cuartel de Iguala, y durante las horas siguientes fueron expuestos a interrogatorios bajo tortura que les brindaron a los soldados la información que necesitaban. La alianza con el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas salió a la luz dentro de la información sacada a los detenidos.

Fue así como para los siguientes días las fuerzas castrenses decidieron aniquilar por completo el movimiento. De esa manera el 28 de septiembre de 1973, más de mil soldados invadieron la CPRJ para tomarla por completo y aprehender a los dirigentes. Sin embargo, Florencio Medrano nuevamente lograría escapar y después de meses de estar evadiendo la persecución policiaca, radicalizaría su accionar y para el otoño de 1974 formaría una organización político militar de corte maoísta llamada: Partido Proletario Unido de América (PPUA). Pero eso es otra historia.

Finalmente fue por medio de la represión como el régimen priista de los años setenta controló la situación de la CPRJ. Los soldados se apostaron en la comunidad durante los siguientes siete años; manteniendo un cerco militar para mermar cualquier intento de subversión o radicalidad de los colonos que continuaron en el poblado. De esa manera se interrumpió la experiencia popular de lucha que se había construido. Serían inadecuado decir que el gobierno planeó todo desde un principio cuando se enteró de la invasión, teniendo como finalidad aplastar el movimiento de la manera como lo hizo. Sin duda, fue el cúmulo de acontecimientos que la organización de la CPRJ llevó a cabo lo que tomó por sorpresa a las fuerzas estatales, y para impedir otro bastión guerrillero (independientemente de que éste fuera posible), optaron por contener y aplastar la organización.

Conclusiones

En 1915 durante el contexto de la Revolución Mexicana, en Morelos se vivió una de las experiencias más ricas y profundas de la lucha social en la historia del país. Después de la derrota del régimen de Victoriano Huerta, por primera vez desde que había comenzado la revolución, las fuerzas zapatistas tenían el territorio donde residían a su merced. De esa manera el Plan de Ayala se llevó a la práctica. El sistema de haciendas había desaparecido en la región y las tierras en su mayoría fueron restituidas para los pueblos del estado, logrando como resultado un periodo de autogobiernos, de verdaderas democracias campesinas, así como situaciones de genuina autogestión comunitaria y popular. Historiográficamente este periodo es conocido como “La Comuna de Morelos” debido a su potencia revolucionaria.

Dicho lo anterior, considero que con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, cuidando las “debidas” proporciones, podríamos hacer un símil y considerarlo como “otra” experiencia comunal en la historia de Morelos. En cierta medida la herencia de la lucha por la tierra y la radicalización social en el estado vieron su continuidad en la figura de Florencio Medrano. Transformar la realidad seguía siendo la meta, sólo que en esta ocasión el maoísmo y la idea de instaurar un régimen socialista irrumpieron en la escena como el eje ideológico y político de la organización.

Hoy en día el poblado aún existe, paulatinamente perdió su potencia organizativa, derivado del cerco militar en su contra. Para los años ochenta la situación cambió pues los soldados se retiraron y el poblado sufriría una campaña de estigmatización social pues se le consideró como una comunidad alejada de la ciudad y como un nido de maleantes. Dicha labor de desprestigió terminó funcionando y en la actualidad pocas personas conocen el pasado de la colonia. En conclusión, la historia de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo es una historia aún en reconstrucción, y a casi medio siglo de distancia, es importante que la experiencia sea mayormente conocida.

Bibliografía sobre el tema

Fuentes Ricardo Yanuel, (2020), Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. La herencia de la lucha por la tierra en el Morelos de los años setenta, en Victoria Crespo y Carlos Barreto (Coord.), Zapatismos. Nuevas aproximaciones a la lucha campesina y su legado posrevolucionario, México: Universiada Autónoma del Estado de Morelos

Jaso Galván Azucena Citlalli, (2011), La colonia proletaria Rubén Jaramillo: la lucha por la tenencia de la tierra y la guerra popular prolongada (31 de marzo de 1973 – enero de 1974), Tesis de Licenciatura, México: UNAM.

Mier Merelo Armando, (2003), Sujetos, Luchas, Procesos y Movimientos sociales en el Morelos contemporáneo, México: UAEM-UNICEDES.

Velázquez Vidal Uriel, (2018), El maoísmo en México. El caso del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, 1969-1970, en Encartes Antropológicos, Núm. 1, México: Escuela Nacional de Antropología e Historia.




La extrema izquierda en México y su incapacidad de de plantear un alternativa gobierno




Compartir en facebook
Compartir en twitter

La extrema izquierda en México y su incapacidad de de plantear un alternativa gobierno

Carlos Humberto Contreras Tentzohua [i]

Ricardo Y. Fuentes[ii]

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales de 2018 representó una bocanada de aire para todos aquellos quienes se oponen al asfixiante modelo económico neoliberal y a la globalización. Si bien su triunfo por lo que representó en la sociedad ha sido un gran acontecimiento para la izquierda mexicana en general, no todas las corrientes de izquierda que proliferan en el país se han mostrado complacidas por su triunfo, y varias de ellas abiertamente se oponen a él. Entre este paisaje de movimientos, grupos y pequeños partidos que se oponen a la llamada Cuarta Transformación (en adelante 4T), desde una plataforma de izquierda, podemos englobar a: anarquistas, al neozapatismo y todo lo que representa y engloba, a organizaciones comunistas y sus diversas variantes doctrinarias, así como movimientos sociales con una agenda progresista como lo es el feminismo, indigenistas, entre otros. Esta izquierda en general considera que AMLO y su gobierno encarnan un nuevo conservadurismo, pero con otra cara, y que sus políticas sociales están lejos de representar una línea política de izquierda. Más allá de los dimes y diretes, lo cierto es que vale la pena analizar qué es lo que mueve ideológica y políticamente a estas izquierdas, y por qué son incapaces de plantear alternativas viables en contraposición de lo que el gobierno está llevando a cabo. Sin embargo, en este escrito nos limitaremos en describir brevemente solo tres de estas vertientes de extrema izquierda: el anarquismo, el neozapatismo y los comunistas. 

I.- La izquierda no partidista contra la 4T: El neozapatismo y el anarquismo 

Junto a la izquierda partidista oficial actualmente representada por Morena y el PT, subsiste la llamada izquierda social representada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y todo el movimiento indigenista que opera desde y junto a su organización, algunos movimientos sociales con postulados antigubernamentales, y grupos que se identifican con el anarquismo y su línea contestataria. Nos detendremos primeramente en el anarquismo. 

Desde la caída del muro de Berlín, varios sectores de la izquierda no supieron adaptarse a los tiempos, a algunos no les quedó de otra que abrazar el liberalismo (o incluso el neoliberalismo). Asimismo, con el inicio del sigo XXI y el auge de la posmodernidad como “única e irreversible”, en México gran parte de la izquierda dejó de lado la idea de formar partidos políticos y de tomar el poder y decidió sumergirse en discursos basados en la autonomía, la resistencia y lo comunitario. Entre estas “nuevas” visiones de ver la organización social el anarquismo se presentó como una alternativa, sin embargo, lejos de tener un plan, su perspectiva fue convertir todo en caos y destrucción. 

Para el anarquismo contemporáneo (o neoanarquismo), la justificación de su accionar radica en que hacerse con el poder es inauténtico, y que no habrá cambios de verdad desde el gobierno (aunque sea de izquierda) porque contra lo que hay que luchar es contra el Estado; o porque consideran que quien toma el poder se corrompe. De esta forma, el neoanarquismo prefiere mantenerse en los movimientos sociales, en las protestas de calle, en las asambleas de barrio o comunidad, en los cafés comunitarios, en colectivos sociales, así como en el interior de campus universitarios en donde su retórica se vuelve llamativa entre jóvenes estudiantes; sin embargo, no salen de ahí. Tal postura de radicalismo a veces no es tan simple como parece, y no lo es porque tal postura oculta el hecho de que dicha izquierda no quiere el poder o no quiere tomar el gobierno, por la sencilla razón de que no puede, y no puede porque no tiene ningún plan alternativo para cambiar el estado de cosas. Sus miembros suelen ser personas que marchan en grupo y conviven en grupo, y en su idea “libertaria” de descentralizar la lucha social, las organizaciones anarquistas se vuelven dispersas, no tienen una organización real y por lo tanto carecen de liderazgo:

(…) en su culto a la espontaneidad, a la acción directa, al espectáculo, al juego (y el fuego), además del impacto mediático de su irrupción en la protesta callejera, este anarquismo sin utopía borra la elaboración ideológica. Para él, las convicciones se afirman en la acción y no en disquisiciones para iniciados.[iii]

 Entre estos grupos anarquistas podemos ubicar al llamado “Bloque Negro” el cual es un grupo de colectivos que operan en diferentes ciudades del país, y son quienes han llevado a cabo las protestas más llamativas en la Ciudad de México; la mayoría de las notas periodísticas en donde el anarquismo se ve involucrado tienen que ver con dicha organización. Sin embargo, los “reflectores” que el movimiento llega a tener son más por la forma violenta en que protestan que por plantear algo interesante. En general, el anarquismo contemporáneo en México carece de planes de acción concretos, y prefieren ocultarlo con un nihilismo puro, son grupos “sin objetivos claros más allá de la resistencia y la protesta (…) cuyo fin es crear caos, confusión e inestabilidad sólo porque sí.”[iv]

Esta izquierda se destaca por su lenguaje contestatario, no obstante: ¿Qué proponen? Es decir, ¿Esta izquierda ha propuesto algún proyecto político? ¿O simplemente se limitan a protestar? La terca realidad mostró que por lo general dichos movimientos no “pudieron obtener (…) posiciones articuladas y más o menos precisas que pudieran constituir un programa de acción alternativo y para los próximos años.”[v] Su visión de limitarse únicamente a la organización comunitaria los vuelve “invisibles” para el resto de la sociedad. Y al momento de ejecutar sus acciones en manifestaciones, como las pintas, quemas o rompimiento de cristales, los ha llevado ser una izquierda que no cuenta con apoyo popular y sus demandas no tienen un respaldo social. De esa manera, el neoanarquismo pretende crear caos y confusión para así combatir al capitalismo, pero no se dan cuenta que el capitalismo también crea caos y confusión, y a diferencia de ellos, suele ser más efectivo.

            Ahora bien, dentro de esta misma vertiente de izquierda podemos incluir al EZLN y todo su movimiento, que de ser una guerrilla que buscaba derrocar el régimen priista de los noventa, pasó a ser un movimiento social de resistencia contra el gobierno mexicano y el capitalismo en general. El neozapatismo, como también suele conocérsele, terminó cayendo en una actitud anarquizante oponiéndose a todos los gobiernos y partidos políticos en México, incluso de izquierda, y terminaron arropando la idea de que se puede cambiar el mundo sin la necesidad de tomar el poder. Influenciados por el posmodernismo y las “nuevas” formas de pensar la política, se convirtieron en los principales promotores de la retórica que reivindica la resistencia, la vida comunitaria y las consignas de la autonomía y la autogestión. 

No obstante, desde 2001 el neozapatismo comenzó a venir a la baja en su poder de convocatoria, y en 2006, 2012 y 2018, consideraron que la única forma de volverse el centro de atención era atacar al ahora presidente de México: Andrés Manuel López Obrador, para así presentarse ellos como la única (y autentica) izquierda en el país; cuando la realidad era que para el grueso de la sociedad el EZLN sólo era un recuerdo lejano de la década de 1990. Y a pesar de que en 2017-18 intentaron junto al Consejo Nacional Indígena (CNI) postular una candidatura independiente a la presidencia de la república en la figura de María de Jesús Patricio (Marichuy), no lograron juntar las firmas necesarias para obtener el registro y que el nombre de Marichuy apareciera en la boleta; y más allá de los impedimentos que el CNI y el EZLN argumenten que existieron en su contra, el proceso evidenció que ese movimiento carece de organización y un proyecto político bien definido. 

Quienes siguen al EZLN y su organización es más por convicción que por el hecho de que el neozapatismo realmente pudiera cambiar algo, pues lo cierto es que al aislarse de la sociedad más se alejaban de donde ocurrían las cuestiones importantes; y eso sólo ha confirmado que su movimiento, sus intelectuales y las personas que los apoyan caen en la irrelevancia. Salvo oponerse a todo lo que proponga y ejecute el gobierno de la 4T, el neozapatimso poco o nada pesa hoy en día en la vida política de México, y es así como se mantienen en el comportamiento tan predecible que tuvo la izquierda antipartidista durante toda la era neoliberal, ése de la mera resistencia que a los poderosos les convenía. 

            Anarquistas, EZLN y sus seguidores, caen en lo mismo: oponerse sin alternativas ni programas políticos concretos. Quieren ver al Estado como el único enemigo, pero se equivocan. Les han hecho creer a varias personas, sobre todo a jóvenes que estudian carreras de humanidades o ciencias sociales y/o que militan en colectivos, que la izquierda siempre tiene que conformarse con protestar contra el Estado, y no aspirar a gobernar desde el Estado pues éste es necesariamente represor. Tal sin sentido es tomado como máxima a seguir, y esos jóvenes sin dudarlo se vuelven anarquistas y/o seguidores del EZLN, por ello cuando actúan, como en las manifestaciones y peleas contra la policía, creen estar haciendo la revolución, y no se dan cuenta que su modo de operar poco o nada influye en la realidad, y políticamente es irrelevante. 

Las críticas de estos grupos al sistema capitalista no pasan de ser moralistas y superficiales, y tal modo de pensar va unido a su modo de actuar. Sus acciones no van más allá de participar en disturbios sin sentido, o en colectivos con prácticas triviales como vender café con la imagen del “Subcomandante Marcos” (ahora Galeano), u organizar conciertos de Ska y bailar en el Slam. Asimismo, son grupos que no pasan de vociferar y suscribir consignas apasionadas como el “mandar obedeciendo” del EZLN, o el “¡No pasarán!” de los republicanos en Madrid; o de cantar en sus marchas la canción “A las barricadas” de la banda Los Muertos de Cristo.

En general son organizaciones que buscan “cambiar” la realidad a partir de un estilo de vida, sin embargo, termina por ser una izquierda “insuficiente” y sin un proyecto político viable. Tanto el anarquismo como el neozapatismo funcionan como gimnasia moral, pero no como política, ambos se encuentran condenados a la derrota, en la cual, por cierto, pareciera que se sienten cómodos. Son parte de esa izquierda que lejos de cambiar la realidad que detestan, la refuerzan. Por ello, creemos pertinentes, para este caso, las palabras de Antonio Gramsci quien no dudaba en afirmar que, “quien basa su acción en mera fraseología ampulosa, en el frenesí de la palabrería, en el entusiasmo romántico, es simplemente un demagogo y no un revolucionario.”[vi]

 

II.- La izquierda “partidista” frente a la 4T: Los comunistas 

Del otro lado de la atmosfera política de izquierda que se opone a la 4T, se encuentran las organizaciones que, con un discurso anticapitalista, pero con la idea de la vanguardia partidista, se identifican con el comunismo. Estos grupos y pequeños partidos, cada uno con su distintivo doctrinario, desde siempre se han posicionado en contra de todo lo que AMLO y Morena representan. Para ellos la 4T es la expresión mexicana de la socialdemocracia, y dado que la mayoría de estas organizaciones se guían en postulados teóricos del comunismo ortodoxo de corte estalinista, todo lo socialdemócrata termina por ser “enemigo de la revolución” al cual hay que combatir. Creemos sugerente hablar brevemente sobre su origen.

El comunismo como epíteto de un partido político con aspiraciones a gobernar el país dejó de existir en 1981 cuando el Partido Comunista Mexicano (PCM) desapareció después de 61 años de historia.[vii] Y aunque siguieron existiendo organizaciones que aspiraban al comunismo (o al socialismo) en el país, algunas desaparecieron y en los noventa el Partido de la Revolución Democrática (PRD) copó la identidad de la izquierda en México por varios años.  

Dicho esto, los partidos y movimientos comunistas que proliferan en el México contemporáneo tienen su origen como respuesta a la desaparición del comunismo como alternativa política en el país. Y a diferencia de la izquierda de tipo anarquista o allegada al neozapatismo, los comunistas mexicanos del siglo XXI se han mantenido firmes a las convicciones que reza el dogma, y no se dejaron influenciar por las “nuevas” vertientes posmodernas de ver la política y el poder. Para el “neocomunismo”, por llamarlo de alguna manera, la meta sigue siendo: conquistar el poder e instaurar la dictadura del proletariado a través de la vanguardia obrera y campesina. 

Entre el mosaico de organizaciones que se autodenominan comunistas, podemos encontrar las siguientes: el Partido Comunista de México, el Partido Comunista de México (Marxista-Leninista), el Partido Comunista Mexicano-Bandera Roja, el Partido de los Comunistas, entre otros. La mayoría de ellos, algunos más que otros, se han mostrado contrarios y han sido muy críticos de AMLO y la 4T, sobre todo los primeros dos partidos que comparten las siglas PCM y PCM (M-L). Estos grupos utilizan expresiones como: “Los gobiernos de la 4T tienen una naturaleza burguesa-represiva”[viii] u “Obrador vendrá a reforzar la dominación de clase capitalista, con (una) gestión socialdemócrata y medidas populistas”.[ix] Para ellos el cambio verdadero está en la organización obrera y popular bajo la dirección de un Partido Comunista; por ello buscan incorporarse en organizaciones gremiales, de barrio o campesinas (aunque en estas últimas no tanto). Sin embargo, la realidad es diferente, y al igual que el anarquismo y el EZLN, los comunistas se encuentran en la irrelevancia social y política; por fuera de sus círculos militantes, no tienen apoyo popular. 

Vale hacer una pequeña reflexión histórica. El PCM del siglo pasado fue un partido político duramente criticado desde diferentes flancos, la mayoría llegaba a la misma conclusión: era una organización sumamente vertical, sectaria, en donde no había lugar para la crítica y las expulsiones de militantes por pensar contrario al “dogma” fueron recurrentes. Es una visión muy dura para analizar a un movimiento de gran trascendencia política a nivel nacional, por lo que es prudente matizar. Sin duda el PCM de los años cuarenta y cincuenta bajo la dirección de Dionisio Encina comparte las características mencionadas, pero a partir de los años sesenta y sobre todo en los setenta, hubo un ejercicio importante de autocrítica y con Arnoldo Martínez Verdugo como Secretario General, el PCM comenzó a operar de forma distinta apegado a la realidad mexicana.[x]

Retomando el análisis, consideramos que los comunistas de hoy en día que buscan edificar nuevamente un partido bajo la bandera de Marx y Lenin lo están haciendo más parecido al PCM de Encina que al de Verdugo, a quien, de hecho, lo consideran como “traidor” del movimiento comunista. La visión del mundo de estas organizaciones gira en torno a una perspectiva trasnochada de manual soviético en donde Trotsky sigue siendo el enemigo principal. Pareciera que la historia se repite, pero ahora en forma de “comedia” ¿Será que aquella “frase” que Marx escribiera en el 18 Brumario de Luis Bonaparte en 1851 cobra relevancia para un caso como este? Posiblemente. Por ejemplo, en uno de los órganos de difusión del grupo que se nombra hoy en día como Partido Comunista de México, se puede leer lo siguiente como eje principal de la organización: 

Seamos claros: éste frente es contra los trotskistas, eurocomunistas, maoístas, anarquistas, contra los movimientistas, los promotores del marxismo latinoamericano, socialismo democrático, socialismo del siglo XXI, socialismo a la mexicana (…).[xi]

De igual forma en el portal electrónico del grupo que se denomina PCM (ML), se puede leer los siguiente: 

Somos firmes y convencidos discípulos de Marx, Engels, Lenin y Stalin y por tanto seguros combatientes por el triunfo de la táctica y la estrategia de la revolución proletaria y la dictadura revolucionaria del proletariado. Debatimos y damos la lucha teórica e ideológica contra las desviaciones reformistas, oportunistas, socialdemócratas y revisionistas.[xii]

Como puede apreciarse, su dogmatismo es innegable, y a pesar de que estas organizaciones buscan ser la vanguardia que organice a obreros y campesinos, su discurso no impacta en el grueso de las organizaciones populares en el país. Sus militantes son en su mayoría jóvenes con una convicción política enorme, pero con una visión de la realidad muy reducida y doctrinaría; sus actividades políticas bien podrían ser calificadas como de sectas en donde cualquier indicio de desobediencia, es castigado. Y aunque tienen contacto con algunas organizaciones sindicales, su discurso y sus acciones no van más allá de la protesta y la manifestación. Carecen de análisis críticos y su perspectiva intelectual no rebasa las citas que puedan aprenderse de memoria de algún texto clásico de Marx, Lenin o Stalin. De ahí su incapacidad de plantear una alternativa política viable. Sin duda, Marx (y el marxismo) tiene aún mucho que “decirnos”, pero leerlo nuevamente en clave del “socialismo real” no es una opción.

 

Reflexión final 

En conclusión, consideramos que cualquier movimiento que busque la justicia social debe ser fruto de una política bien dirigida, con un plan concreto y un liderazgo competente; contrario a la praxis de grupos de extrema izquierda como los anarquistas, el EZLN o los comunistas. De acuerdo con Jorge Puma, la izquierda en la actualidad debe tener una perspectiva política apegada a la realidad del momento.[xiii] Por ello, aunque esta extrema izquierda ha criticado fuertemente al gobierno de la 4T, su crítica no ha sido acompañada de una alternativa concreta, lo cual evidencia que hay una incapacidad política detrás de su discurso. Además, así como AMLO ha señalado a estos grupos tildándolos de conservadores, estos han revirado los ataques tachando todo lo que la 4T emana como una “falsa izquierda”, como si existieran certificados de autenticidad o pureza. En consecuencia, creemos que las organizaciones de extrema izquierda moralizan la política en demasía, lo cual se traduce en no poder plantear un proyecto político viable y para toda la sociedad. 

Es evidente que en México se necesitan repensar alternativas de gobierno desde la izquierda, pues en caso de la llamada 4T fracase, hará falta un movimiento que logre encausar el desencanto popular; por ello, parafraseando a Armando Bartra, se vale seguir trabajando por una transformación más radical de las estructuras socioeconómicas. Lo que no se vale es olvidar que el país ya cambió, hay nuevos protagonistas y el escenario es otro.[xiv]

 

 

 

Referencias bibliográficas 

Bartra A., (2018), Ganamos, en Memoria, Recuperado de: https://revistamemoria.mx/?p=2258

Gramsci, A (2001) El Estado y el socialismo. Recuperado el 7 de noviembre de 2020 de: https://www.marxists.org/espanol/gramsci/estsoc.htm

Hernández N. L., (2019), El fantasma del comunismo mexicano, en La Jornada, Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2019/11/26/opinion/021a2pol

Illades, C. (2020) La Izquierda y los intelectuales, en Milenio, Recuperado de: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-izquierda-y-los-intelectuales

Modonesi M., (2017) La crisis histórica de los comunistas mexicanos, en Illades (coord.) Camaradas. Nueva historia del comunismo en México, México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 302-347.

Ortega, J. (2020), Herencia roja. Reflexiones sobre el centenario del Partido Comunista Mexicano, en Letras Históricas, Núm. 23, México, Universidad de Guadalajara. pp. 195-223

Puma J., (2020), ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, en Revista Común, Recuperado de: https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

Rodríguez, A., O.  (2002), Izquierdas e izquierdismo, México, Siglo XXI. 

___________.  (2015), Las izquierdas en México, México, Editorial Orfila.

[i] Licenciado en Filosofía y Maestro en Humanidades por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, correo electrónico ccontret@gmail.com

[ii] Licenciado en Historia y Maestro de Investigación Educativa por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, correo electrónico fucas1908@gmail.com

[iii] Carlos Illades, (2020) La izquierda y los intelectuales, en Milenio, 3 de julio, disponible en línea en https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-izquierda-y-los-intelectuales.

[iv] Octavio Rodríguez Araujo, (2015), Las izquierdas en México, México: Editorial Orfila. p.12

[v] Octavio Rodríguez Araujo, (2002), Izquierdas e izquierdismo, México: Siglo XXI. p.194

[vi] Antonio Gramsci, (2001) El Estado y el socialismo. Texto disponible en línea en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/estsoc.htm

[vii] Massimo Modonesi, (2017) La crisis histórica de los comunistas mexicanos, en Carlos Illades (coord.) Camaradas. Nueva historia del comunismo en México, México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 302-347

[viii] Los gobiernos de la 4T tienen una naturaleza burguesa-represiva, en Vanguardia Proletaria, Núm. 581, del 1 al 15 de agosto de 2020, disponible en línea en https://pcmml.org/wp-content/uploads/2020/08/Vanguardia-Proletaria-581.pdf

[ix] “Verdades y mentiras del Gobierno de López Obrador”, disponible en línea en  https://elcomun.es/2020/09/02/verdades-y-mentiras-del-gobierno-de-lopez-obrador/

[x] Jaime Ortega, (2020), Herencia roja. Reflexiones sobre el centenario del Partido Comunista Mexicano, en Letras Históricas, Núm. 23, México: Universidad de Guadalajara. pp. 195-223

[xi] El Machete, Núm. 1, noviembre de 2012, disponible en línea en http://elcomunista.nuevaradio.org/el-machete-revista-de-teoria-y-politica-del-pcm/

[xii] Partido Comunista de México (Marxista Leninista), ¿Quiénes somos?, disponible en línea en https://pcmml.org/quienes-somos/  

[xiii] Jorge Puma, (2020), ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, en Revista Común, Recuperado de: https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

[xiv] Armando Bartra, (2018), Ganamos, en Memoria, Recuperado de: https://revistamemoria.mx/?p=2258




Morena, la Cuarta Transformación y la necesidad de crear un partido político de izquierda




Compartir en facebook
Compartir en twitter

Morena, la Cuarta Transformación y la necesidad de crear un partido político de izquierda.

Ricardo Y. Fuentes[i]

 El domingo 18 de octubre se llevaron a cabo comicios electorales en los estados de Coahuila e Hidalgo en donde se eligieron puestos legislativos locales y presidencias municipales. Los resultados fueron, sobre todo en Coahuila, aplastantes para Morena en favor del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Por increíble que pudiera parecer, en estos comicios que fueron un preparativo para las elecciones del próximo año, Morena terminó cediendo terreno político al PRI. Para los más escépticos de la politiquería oficial, seguramente los resultados de la jornada les vinieron sin cuidado; para quienes se encuentran del lado opositor al régimen y aborrecen por completo a Morena y a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), seguro los resultados se convirtieron en un bálsamo para sus anhelos de “derrumbar” a la Cuarta Transformación (en adelante 4T); y particularmente para la estructura partidista de Morena, esos resultados debieron haber sido, por lo menos, un llamado de alerta.

            El movimiento de la 4T, desde mi punto de vista, no se puede dar el lujo de perder puestos de elección popular de la forma como lo hizo Morena el 18 de octubre. Y más allá de la argumentación que exista en torno a lo acontecido en Coahuila e Hidalgo, cómo que son regiones históricamente priistas de tipo caciquil, o qué hubo coacción al voto además de irregularidades en las urnas; es más que evidente que existe una crisis estructural al interior de Morena y pareciera que la “dirigencia” del partido dejó a su suerte a los candidatos que compitieron. Es prudente y urge, que haya un ejercicio de autocrítica dentro del partido político que aún carga sobre sí el compromiso de cambiar el estado de cosas en México. Y lo primero y más importante es, sin duda alguna: construir un verdadero partido político de izquierda. 

El ejemplo más claro de la crisis que experimenta Morena se puede visualizar en las acciones de las últimas semanas respecto a quién sería el nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido, lo cual sólo evidenció que el movimiento no ha logrado avanzar hacia una vida orgánica real. A pesar de que tienen el “poder” ejecutivo, mayoría legislativa, y una base militante muy por encima de todos los demás partidos en el país; no generan consenso, y es lamentable que las distintas facciones al interior del partido estén luchando por las “cuotas” del poder. Definitivamente, todo apunta a que el hecho de que Morena ganó la presidencia de la república y se convirtió en la primera fuerza política a nivel nacional, con apenas “seis años” de existencia (y experiencia) formal como institución partidista, está calando muchos aspectos internos del movimiento, y las pugnas por el control político del partido están saliendo a flote.

            Lo más relevante es que estas luchas internas se reflejan en la sociedad de distintas formas, por ejemplo; dado que no hay un partido fortalecido orgánicamente, por lo tanto, no existe una militancia real con una formación política plena, lo cual deriva, por otro lado, a que no se repliquen prácticas de socialización para que el movimiento de la 4T tenga mayor resonancia y uniformidad. La dirigencia de Morena pareciera que ha abandonado a su base social, y aunque hay intentos de algunas organizaciones civiles que simpatizan con la 4T por socializar con el pueblo en general los “logros” del gobierno, sin el apoyo del partido como instituto orgánico del movimiento, estos ejercicios, a mi modo de ver, se vuelven estériles. Y esto no es menor, las consecuencias las podemos visualizar en los resultados electorales de Hidalgo y Coahuila. Además, no hay que olvidar que Morena, como bien lo han señalado muchos, se construyó como un partido “híbrido” que mantiene una veta de organización no sólo en lo electoral, sino también en las calles, en la movilización social: es un partido-movimiento.[ii] Sin embargo, pareciera que las cúpulas que hoy pugnan por el control del partido han olvidado eso y puede costar muy caro en un futuro.

Dicho lo anterior, vale la pena analizar lo que, desde mi punto de vista, hace falta para poder organizar y crear, un partido político de izquierda que pugne por el bienestar de los más desposeídos, que concilie las distintas vertientes al interior de la organización, y que piense en la consagración de un movimiento que pueda forjar una nueva manera de ver la política en el país. Y es que si bien existen quienes argumentan que deben buscarse nuevas formas de organización y representación colectiva, considero que los partidos políticos siguen siendo los actores principales que pueden lograr una mejor interacción entre el Estado y las demandas de la sociedad. El punto es qué tipo de partido y hacía dónde avanzar.

Ahora bien, un autor como Ernesto Tapia Montaner, sostiene que son tres elementos principales los que articulan a un movimiento político: organización, capacitación y acción política.[iii]  Estas tres tareas, según el autor, son las que le dan sentido y directriz a cualquier agrupación con aspiraciones gubernamentales. Quiero basar mi análisis a partir de esta postura que Tapia Montaner menciona, porque me parece ideal para entender lo que, a mi juicio, hace falta dentro de la organización de Morena, y es importante que la nueva dirigencia lo revalorice para construir un verdadero partido de la “Cuarta Transformación”.

  1. Organización Política

La organización al interior de un partido político es fundamental y se vuelve en la actividad central para poder darle vida. Ya lo decía Lenin en 1905, la organización resulta primordial “para dar estabilidad al movimiento y preservarlo”.[iv] Un partido político, por tanto, o, mejor dicho, un movimiento social que quiere erigirse como partido, necesita de una buena organización, así como de líderes capaces, que logren la edificación del organismo político. No cabe duda de que Morena en sus inicios como movimiento social en 2012, y después cuando se consagró como partido en 2014, tuvo una espléndida organización de masas que reunió a diferentes sectores sociales del país que, bajo el “cobijo” dirigencial de Andrés Manuel López Obrador, consiguieron edificar un organismo político con miras electorales y de cambio social; aglutinando a miles de personas a lo largo y ancho del país. Sin embargo, es importante decir que a pesar de que oficialmente el partido comenzó a operar hace seis años, nunca tuvo, desde mi punto de vista, una vida orgánica como instituto partidista, nunca existió un partido como tal. La organización de Morena se había caracterizado más por su potencia contestataria en las calles y en el número de ciudadanos movilizados que podían convocar; por lo que las actividades ya en forma como partido político recién comenzaron a llevarse a cabo en los albores de las elecciones del 2018.

Ante este punto, y con lo mencionado anteriormente, considero que para que una organización política perdure, es de vital importancia erigir una estructura que guíe los planteamientos y la movilización de las bases que la conforman. Indudablemente Morena tiene una base tanto militante como simpatizante, de proporciones no vistas, al menos, en los últimos 40 años; pero parecen estar operando por su propia cuenta, y eso sólo debilita la organización. No fijar una centralidad política fortalecida tiene consecuencias en las prácticas de la militancia. Por tanto, fortalecer la composición orgánica institucional de Morena, con una dirigencia que pondere la organización social, la construcción del partido desde abajo y desde la organización que se tejió hace años y, que aún apoya al movimiento en las calles, debe ser la meta inmediata; ya que sin ella el partido se romperá y el desencanto popular puede ser inevitable. Es importante revertir esa ecuación a través de la organización.

  1. Formación Política (Capacitación)

Respecto al tema de la formación política, considero que es un tópico de vital importancia para la continuidad de la 4T. Tapia Montaner define las actividades de aprendizaje al interior de los partidos como procesos de “capacitación”, sin embargo, considero que el término más adecuado para referirse a estas experiencias educativas al interior de las organizaciones políticas es el de formación política. En consecuencia, la formación política, es, a mi modo de ver, la actividad más importante al interior de un partido político. Con la formación política se asegura la continuidad de la organización, pues a través de las llamadas “escuelas de cuadros”, los partidos políticos forman a sus militantes (y simpatizantes) quienes eventualmente se convierten en los que continúan con la labor política bajo la directriz que el partido designe. Sin formación política no hay militancia, y sin militancia no hay partido. Y para las organizaciones que se definen (o que buscan ser) de izquierda, la formación política es un elemento esencial de sus prácticas militantes.

Desde el interior de Morena, al parecer, algunos grupos fueron conscientes de la relevancia que tiene el aspecto de formar políticamente a sus bases sociales. Desde que AMLO ganó la presidencia en 2018, se edificó un Instituto Nacional de Formación Política (INFP) en donde el monero Rafael Barajas “El Fisgón”, se convirtió en director del organismo, y como brazo educativo del INFP, se formó la Escuela Nacional de Formación Política (ENFP). Desde la ENFP se han promovido cursos de formación de distintos temas, y se han impulsado, a su vez, círculos de estudio por todo el país, generando una red de círculos de estudios a nivel nacional, además de talleres y conferencias virtuales con temas que van desde la historia de México hasta tópicos de economía y política; actividades llevadas a cabo por académicos de la talla de Enrique Dussel, Armando Bartra, Lorenzo Meyer, Enrique Semo, Lucio Oliver, entre otros. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, y que me perdonen los intelectuales que encabezan estos intentos formativos, así como el mismo director del Instituto, pero esos ejercicios de poco o nada han servido para fortalecer al movimiento e impulsar la construcción del partido.

La incapacidad del INFP obedece a que en todo el tiempo que ha operado junto a la ENFP, independientemente de sus limitaciones presupuestarias, no han podido elaborar un programa de formación política para su base militante; y todas las actividades que la Escuela y el Instituto ofertan, tienen una perspectiva completamente academicista en lugar de formativa para cuadros populares. No hay una metodología y un programa bien trazados de formación. Y aunque existen redes estatales de círculos de estudio, parece ser que cada región opera desde sus intereses locales; no hay una centralidad lo cual es sin duda preocupante. Y dentro de toda la multicausalidad que puede tener esta deficiencia del Instituto, la más significativa es que, por increíble que parezca, el movimiento que hoy tiene mayoría en casi todos los rubros del gobierno no tiene definido aún su manto ideológico. Esto es importante señalar porque sin una matriz ideológica clara, puede resultar complicado definir los contenidos de la formación política y, por tanto, termina por ser un marasmo que no logra aglutinar ni fortalecer la construcción del partido. Asimismo, los que han controlado el partido en los últimos dos años, no le han brindado la importancia que merece, y aunque en los estatutos de Morena se define que el recurso público que por ley recibe el partido debe canalizarse con énfasis especial en actividades de formación de cuadros, esto no se ha realizado; el Instituto Nacional de Formación Política de Morena pareciera que sólo está de adorno, o como bálsamo de cierta facción del partido.

Por otro lado, la formación política, a mi juicio, debe entenderse como un proceso de aprendizaje que se desarrolla a través de dos dimensiones pedagógicas relacionadas entre sí: una intelectual que involucra aspectos convencionales de estudio, como la lectura de textos, talleres, etc.; y la otra, práctica (empírica), que se obtiene en la lucha diaria, en el modus vivendi de la militancia, en el quehacer cotidiano de la organización.[v] Dicho esto, es importante que se articulen las acciones formativas en una amalgama indisoluble de prácticas pedagógicas en donde sea igual de importante leer y estudiar un texto, como el ir a repartir un volante o periódico y encabezar o formar parte de un mitin o una manifestación. Por lo tanto, deben definirse bien las prácticas y los contenidos formativos al interior del INPF. Al final son estos procesos los que construyen a los militantes políticos, y sin esa formación “integral”, el partido corre el riesgo de naufragar al no tener una base social que esté consciente de la realidad que enfrenta el país.

Por lo tanto, considero que como partido político que aspira representar una alternativa de izquierda y en contra del neoliberalismo, es sustancial que la dirigencia de Morena, en representación de la base social que posee, defina el corpus ideológico mediante el cual se guíen las acciones políticas de formación de cuadros de la organización. Y aunque estoy consciente de que muchas veces las ideologías tienden a ser elásticas en sus delimitaciones de identidad que las conforman, sostengo que la izquierda contiene rasgos que le son inherentes los cuales le otorgan una identidad propia. Por consiguiente, de lo que se trata es de construir nuevos sujetos políticos conscientes de la realidad y que busquen transformar la situación social, y eso se va a conseguir únicamente a través de una formación ético-política de la base militante y simpatizante que el partido y el movimiento de la 4T tiene, aprovechando la plataforma política que Morena ostenta. Y si se aspira superar en un futuro inmediato la política de alianzas sumamente pragmática que ha caracterizado a Morena desde 2018, por lo que han sido blanco de muchas críticas; y si también se quiere avanzar dejando la dependencia que se ha generado en torno a la figura de AMLO; es ineludible que se comiencen a formar los “nuevos” cuadros del partido que representaran la lucha social y la esperanza de millones de personas en un futuro para nada lejano.

III. Acción Política

La acción política es entendida como aquellas prácticas de interacción y convocatoria que un partido político tiene con sus bases sociales y la sociedad civil. Dicho esto, Morena desde su fundación tuvo una característica singular: la movilización social. Millones de personas apoyaron la organización, tuvieron un poder de convocatoria inusitado en la historia del país, y desde la dirigencia de AMLO, supieron canalizar el hartazgo social generalizado. La acción política de Morena tuvo la peculiaridad de movilizar contingentes enormes de masas populares, el problema es que esa organización ha quedado a la deriva; pareciera que se ha dejado de lado, y las esporas que aún hay de eso, viven en la desorganización constante, actúan autónomamente, lo cual es contraproducente para la acción política que el partido y el gobierno necesita. En los últimos meses se ha dejado solo al gobierno federal, los embates desde distintos flancos en contra de la 4T se hacen presentes todos los días, y las organizaciones que buscan repeler esos “ataques” en defensa del movimiento lo hacen sin tener repercusiones palpables. Esto se debe a que no hay una estructura orgánica que ordene o que sepa aglutinar la movilización social, la acción política de la organización.

Por lo tanto, la acción política del partido (y del movimiento) debe entrar en vinculación constante y de forma organizada, con las movilizaciones populares que existen y que pueden impulsar las causas políticas de la 4T, por ejemplo; con sindicatos obreros, con grupos campesinos, con organizaciones estudiantiles, con grupos feministas o en apoyo del movimiento LGBT+, entre otros. ¿Cuándo el partido y cuándo el movimiento? Es la pregunta que se hacen Javier Sainz y Jaime Ortega,[vi] la respuesta, para mí, es simple: SIEMPRE. Es por ello que la acción política que el partido debe emprender es a través de la conciliación entre los dos polos: el burocrático y las formas de lucha en la sociedad. Dicho lo anterior, se necesita una buena organización desde la cúpula morenista que de pie a ejercicios de formación política reales para la base militante y simpatizante y que estos ejercicios se vinculan con prácticas de acción política tanto en las calles como al interior del partido. No hay vuelta atrás, el reto del “nuevo” partido es enorme, y corresponde a las demandas que la 4T ha establecido.

Reflexión final. La necesidad de un partido de izquierda

En conclusión, vale la pena destacar que desde el inicio de campaña de AMLO en 2018 y desde su toma de protesta, la línea general del gobierno cuatroteísta ha sido: ir en contra del neoliberalismo y buscar ser un cambio de régimen. Y aunque es evidente que las aspiraciones del gobierno están lejos de representar una alternativa anticapitalista, es incuestionable que sí buscan trastocar nervios sensibles del sistema político mexicano desde una perspectiva nacionalista y popular, y eso sin duda ya es un gran avance. En suma, considero que la llamada 4T es apenas el inicio, es el movimiento que logró la hombrada de quitar a aquella clase aristocrática que se había anquilosado en el poder. Al final lo que se busca es construir una verdadera democracia representativa y popular en un sendero sinuoso y poco desarrollado como el mexicano. Por ello, es necesario que se construya un partido de “Nuevo Tipo” (como se decía en los setenta); apoyado en la organización social, cimentado en el pueblo, que sepa articular las distintas visiones que lo convergen, adecuado a nuestra época y apegado a la realidad que vivimos. Y, sobre todo, que sea un instrumento de diálogo constante entre las demandas de la sociedad y las políticas públicas que se implementan. Sin otra alternativa viable de organización política, es necesario un partido que encauce y canalice las exigencias sociales.

El próximo año hay elecciones, y según el Instituto Nacional Electoral, pueden ser las que más participación tengan en la historia del país por el número de votantes dentro del padrón electoral actualmente, en donde se elegirán puestos clave sobre todo en el poder legislativo, por lo que es fundamental que la estructura morenista esté bien organizada y con una línea de acción bien definida; de lo contrario, estaríamos en el preámbulo de una involución política con consecuencias sociales terribles. La 4T tiene su futuro en las elecciones, veremos si Morena, con Mario Delgado y Citlalli Hernández, deciden ponerse a la altura de las exigencias.

Referencias

Korol Claudia, (2007), La formación política de los movimientos populares latinoamericanos, en OSAL, Año VIII, N° 22 septiembre, Buenos Aires: CLACSO.

Lenin, (1979), ¿Qué hacer?, en Obras Escogidas de Lenin en Tres Tomos, T. 1, URSS: Editorial Progreso.

Pedro Miguel, (2020) “Morena Partido y Movimiento”, en La Jornada, 28 de febrero, disponible en línea en https://2020/02/28/opinion/019a1pol

Tapia Montaner Ernesto, (1984) Capacitación política y formación de cuadros, en Nueva Sociedad, Núm.74, septiembre- octubre, Buenos Aires, Argentina: Fundación Friedrich Ebert. Pp. 35-42

Sainz Javier y Ortega Jaime, (2020), Reformular la ecuación: ¿Cuándo el partido y cuándo el movimiento?, en La Visión de los Vencidos. Órgano informativo del Frente de Apoyo Crítico a la 4a Transformación de México, 15 de octubre, disponible en línea en http://lavisiondelosvencidos.com/portada.html

[i] Licenciado en Historia y Maestro en Investigación Educativa, ambos grados por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Correo electrónico: yanuelrfc@gmail.com

[ii] Pedro Miguel, (2020) “Morena Partido y Movimiento”, en La Jornada, 28 de febrero, disponible en línea en https://2020/02/28/opinion/019a1pol. Recuperado el 25 de octubre de 2020

[iii] Ernesto Tapia Montaner, (1984) Capacitación política y formación de cuadros, en Nueva Sociedad, Núm.74, septiembre- octubre, Argentina: Fundación Friedrich Ebert. Pp. 35-42

[iv] Lenin, (1979), ¿Qué hacer?, en Obras Escogidas de Lenin en Tres Tomos, T. 1, URSS: Editorial Progreso. Pág. 225

[v] Claudia Korol, (2007), La formación política de los movimientos populares latinoamericanos, en OSAL, Año VIII, N° 22 septiembre, Buenos Aires: CLACSO.

[vi] Javier Sainz y Jaime Ortega, (2020), Reformular la ecuación: ¿Cuándo el partido y cuándo el movimiento?, en La Visión de los Vencidos. Órgano informativo del Frente de Apoyo Crítico a la 4a Transformación de México, 15 de octubre, disponible en línea en http://lavisiondelosvencidos.com/portada.html. Recuperado el 20 de octubre de 2020.