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Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Después de 49 años, ¿Qué es lo que sigue?

 

Ricardo Y. Fuentes

El 31 de marzo de 1973, se fundó la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo (CPRJ) en el estado de Morelos, específicamente en el municipio de Temixco, a 14 km de Cuernavaca, la capital del estado. La CPRJ tuvo como característica principal que se consagró como un poblado que llevó a la práctica una dinámica de autogestión y de democracia popular. El dirigente de esa comunidad, Florencio Medrano Mederos, que se asumía como maoísta y buscaba instaurar una revolución socialista en el país, buscó hacer de la CPRJ un espacio social de reflexión que funcionara como modelo para partir hacía la transformación de la sociedad. De ahí que fuera llamada por muchos como: El primer territorio libre de América Latina. No obstante, el experimento social terminaría siendo interrumpido, y el 28 de septiembre, después de seis meses de mantenerse en resistencia frente al Estado, el ejército tomó el lugar y mediante el uso de la fuerza se apoderó del control de la comunidad.

Sin embargo, ¿Qué pasó con la Rubén Jaramillo? Sabemos que Florencio Medrano burlaría la ocupación militar y posteriormente radicalizaría su accionar y fundaría el Partido Proletario Unido de América (PPUA), la guerrilla que comandó hasta la fecha de su muerte en marzo de 1979. No obstante, ¿Qué suerte experimentaron las personas que se quedaron en el poblado? ¿Qué sucedió en la región con el pasar de los años? Este breve ensayo busca reflexionar sobre lo que ocurrió después de la ocupación militar de la Rubén Jaramillo y sobre lo que queda de esa experiencia de lucha social en la actualidad.

Los primeros años después de la ocupación militar

Con la entrada y ocupación del ejército en la CPRJ, la realidad del lugar comenzó a cambiar radicalmente. Lo inmediato después de la ocupación militar fue que, a pesar de que muchos de los colonos mostraron su reticencia a lo ocurrido y querían continuar en resistencia, la situación se tornó cada vez más complicada. Los militares se convirtieron en garantes de la seguridad del poblado. Y aunque comenzaron a aparecer manifestaciones de diversos sectores sociales que se solidarizaron con lo ocurrido en donde se denunciaba y se pedía que los soldados fueran desalojados del poblado, los destacamentos castrenses estuvieron posicionados en la región hasta septiembre de 1980; es decir, levantaron el cerco a la localidad siete años después, por lo que cualquier organización política contestataria de los colonos era impensable.[1]

Con el transcurso de los meses (y años) los colonos viraron (obligados) su potencia organizativa hacía solicitar los servicios básicos de vivienda que el gobierno proporcionaba al resto de la población. Los Domingos Rojos, que eran las actividades dominicales de trabajo comunitario que fueron una característica esencial de la comunidad, se mantuvieron únicamente por un par de años hasta que la terracería de las calles se culminó. Realmente dicha actividad perdió peso organizativo y su significado político. De esa forma llegó el agua potable, así como la luz eléctrica y el drenaje. Asimismo se construyó la Escuela Primaria Federal “Nicolás Bravo”, en donde por cierto algunos de los profesores de la antigua escuela durante la experiencia de la CPRJ se convirtieron en docentes con plaza ante la SEP. Podríamos decir que el Estado ejecutó un proceso de política social contrainsurgente para con el poblado.

Por otro lado, la prohibición de venta de bebidas alcohólicas que fue un distintivo durante la etapa de organización comunitaria se mantuvo (y se mantiene hasta nuestros días). Y como forma de suplir a los antiguos dirigentes del Comité de Lucha, el gobierno estatal con apoyo del gobierno federal, incentivaron que los colonos se organizaran para crear una Junta de Colonos y una Mesa Directiva, las cuales se concretaron en hacía finales de 1973 y siguieron operando como el instrumento de dirección interna por los siguientes siete años. Aunque no se puede omitir que la intervención del gobierno avivó las pugnas entre colonos y actos de corrupción de los nuevos dirigentes también se hicieron presentes.

Sin embargo, la comunidad siguió existiendo y la fuerza estatal nunca logró desplazaros de sus viviendas; sólo que el nombre del poblado sufrió un cambio muy simbólico, pues el gobierno estatal no aceptó que se llamara Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, así que a partir de 1974 la comunidad se reconoció como: Colonia Rubén Jaramillo, es decir, se le quitó el adjetivo de Proletaria. Para 1979 comenzaron a expedirse los primeros títulos de propiedad y en 1980, mismo año en que los militares abandonaron el poblado, se instaló la Ayudantía Municipal, por lo que la Junta de Colonos y la Mesa Directiva quedaron desplazadas. El tiempo convirtió la experiencia política y organizativa en un recuerdo dentro de la memoria (colectiva) de sus participantes.

La Rubén Jaramillo y un doloroso presente

Paulatinamente, como se dijo, la comunidad se convirtió en una colonia popular más a la par de que el municipio de Temixco crecía, quedando el poblado en el centro de un territorio que a inicios del siglo XXI terminó siendo completamente urbanizado. El municipio de Temixco hoy en día forma parte de la Zona Metropolitana de Cuernavaca, y por tanto, se encuentra en la dinámica económica de la capital de Morelos; lo que ha hecho que actualmente sea uno de los territorios más densamente poblados del estado. Sin embargo, como otra cara de la realidad, Temixco es también uno de los municipios más violentos e inseguros de la región.

En enero de 2016, por ejemplo, el nombre de Temixco aparecería como noticia nacional porque su presidenta municipal en turno, Gisela Mota Ocampo, sería asesinada en su hogar por un grupo delictivo. Para 2019, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública a nivel nacional, Temixco formaba parte de los 50 municipios más peligrosos del país, estando en la posición número 15.[2] El problema central, como lo es en la mayoría de las regiones del país donde la inseguridad permea, es el crimen organizado y las pugnas por el control del mercado de los narcóticos. Y curiosamente, una de las poblaciones del municipio más vinculadas al problema de la inseguridad y el narcotráfico, es la Rubén Jaramillo.

Igualmente en 2016, la Colonia Rubén Jaramillo formaba parte de las 30 colonias más peligrosas del estado de Morelos, y por un tiempo el cuerpo de colonias de la zona donde la Rubén Jaramillo se ubica ocupaba la sexta posición a nivel nacional en secuestros.[3] Actualmente sigue siendo parte de los llamados “focos rojos” por la intensidad del problema en torno a la seguridad. Las causas, como en la mayoría de los problemas sociales, son estructurales. En este caso vienen de un abandono de los gobiernos locales hacía la población. Los soldados que “custodiaban” la colonia debido a la subversión que representaba en 1973, se retiraron en 1980 porque creyeron que ya no necesitaban estar apostados en la región, y por prácticamente dos décadas, la comunidad se mantuvo en la deriva como una población alejada y con el estigma social de ser un “nido de maleantes”.

Con la urbanización y el incremento demográfico discrecional del municipio, la situación no cambio, además de que muchas personas de las que llegaron a habitar las nuevas colonias a la redonda, e inclusive en la misma Rubén Jaramillo debido a lotes que se abandonaron o vendieron, se inmiscuyeron en el crimen organizado y paulatinamente la situación de la zona respecto al problema de seguridad se agudizó. Hay una realidad actualmente en la región, posiblemente, incomprensible. El tejido social, como en muchas partes del país, se encuentra desfragmentado, derruido por los problemas que azotan a la población.

Recuperemos la memoria del pueblo 

En sus famosas Tesis sobre la historia, el filósofo alemán Walter Benjamín se preguntaba lo siguiente: “¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga del aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?” En su crítica al historicismo, Benjamín hacía un ejercicio de reflexión en dónde invitaba a ver en el pasado un significado para el presente, en entender que la historia no sólo es hacer una descripción de lo que fue, sino que en el discurso histórico se encontraba una herencia que pervive en la conciencia a través del tiempo… Sin embargo, ¿Cómo conseguir que ese pasado y esa reflexión penetre en lo más hondo de la conciencia colectiva?

Me imagino que todos los que estudiamos el pasado, y sobre todo aquellos que nos vinculamos analíticamente con temas de la izquierda en el siglo XX, el algún momento nos hemos preguntado: ¿Qué papel cumplen las historias de lucha social del siglo pasado en el imaginario colectivo hoy en día? ¿Hasta qué punto la herencia histórica es palpable entre las personas? Mucho se habla de la herencia histórica y de los cambios políticos, sociales y culturales que se emprendieron en el país gracias a las diversas expresiones de movilización social a lo largo del siglo anterior. Sin embargo, la gente del común, las que caminan día a día a su trabajo, que atraviesan campos, calles, plazas, en las que se libraron luchas populares, huelgas, movimientos estudiantiles, etc. ¿Son conscientes del sudor y la sangre que costó conseguir una sociedad un poco más plural, política y culturalmente ablando? ¿Conocen ese pasado? Difícilmente podemos tener una respuesta clara de ello.

Ahora bien, seamos más específicos, con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo que se fundó hace 49 años en el estado de Morelos ¿Cuánta población de la que hoy habita en el poblado es consciente de que pisan un suelo edificado a través de la lucha social? ¿Saben quién fue Florencio Medrano Mederos? Indiscutiblemente existen historias que por su potencia contestataria, en ocasiones, las clases dominantes buscan la manera de arrinconarlas en el olvido, intentan desapartarlas de los recuerdos y la memoria popular; con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo se buscó en cierta medida hacerlo. Por ejemplo, su caso es poco conocido en el estado de Morelos. Lo que se llega a escuchar sobre la experiencia no pasa de la mirada generalizada de que fue un poblado que se fundó por “paracaidistas” que se “robaron” unos terrenos. Asimismo, en la actualidad no poca gente sigue nombrando al lugar como “Villa de las Flores” en vez de “Rubén Jaramillo”, esto debido a las constantes campañas de desprestigio que desde la época de su fundación y durante los años siguientes el gobierno local y los medios de comunicación se encargaron de llevar a cabo.

Dicho lo anterior, hay que preguntarnos, ¿cómo construir una nueva realidad en la región? Es evidente que hace falta una política social y cultural que pueda virar la problemática hacía una situación más asequible para los habitantes del lugar. Pero así como pasaron décadas para llegar a la situación que se vive hoy en día, del mismo modo se requerirán años para subsanar los daños sociales. Por lo pronto, consideramos, es relevante comenzar con resarcir el olvido para con la historia del poblado. Encontrar formas de penetrar en la conciencia colectiva de los habitantes que en la actualidad radican y mantienen su vida en la Colonia Rubén Jaramillo. Recuperar la memoria histórica ayuda a comprender de dónde venimos y a entender la herencia del pasado como un continuum que todavía el día de hoy trastoca nuestra vida cotidiana. Rememorar, sin duda, puede convertirse en un mecanismo poderoso de cohesión social.

De manera fortuita, en los últimos años ha habido un intento impulsado desde el interior de la comunidad porque la historia de la organización que dio origen al poblado sea conocida y, de alguna manera, genere reflexión y conciencia entre los habitantes del lugar. Por ejemplo, actualmente existe un gran mural en lo que hoy es la calle principal de la colonia que se elaboró en 2018 conmemorando los 45 años de la fundación de la comunidad. Y aunado a más actividades culturales, como eventos todos los 31 de marzo para conmemorar la fundación del poblado, eventos que buscan cargarse con una visión histórica, paulatinamente se ha buscado rememorar la lucha que libró aquel grupo de hombres y mujeres en el año de 1973. Paulatinamente, esperemos, el estado de cosas en la región cambie. La tarea puede resultar complicada, pero en esencia, el objetivo sigue siendo el mismo que se plantearon los fundadores de la CPRJ en 1973: cambiar la realidad por una más justa.

 

 

[1] La razón por la cual elementos del ejército se postraron en la comunidad por siete años, fue porque debido a que Florencio Medrano se encontraba en la clandestinidad, creían que en cualquier momento podía aparecerse por el poblado o, algún colono o su familia, podría brindarles las pistas para atraparlo.

[2] Temixco y Yautepec, entre los 50 municipios más peligrosos del país. Disponible en línea en: https://www.elregional.com.mx/temixco-y-yautepec-entre-los-50-municipios-mas-peligrosos-del-pais

[3]  16 colonias de Temixco padecen secuestros, homicidios, feminicidios y robos; “gobierno estatal incrementa la tragedia”. Disponible en línea en: https://revoluciontrespuntocero.mx/16-colonias-de-temixco-padecen-secuestros-homicidios-feminicidios-y-robos-gobierno-estatal-incrementa-la-tragedia/