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La extrema izquierda en México y su incapacidad de de plantear un alternativa gobierno

Carlos Humberto Contreras Tentzohua [i]

Ricardo Y. Fuentes[ii]

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales de 2018 representó una bocanada de aire para todos aquellos quienes se oponen al asfixiante modelo económico neoliberal y a la globalización. Si bien su triunfo por lo que representó en la sociedad ha sido un gran acontecimiento para la izquierda mexicana en general, no todas las corrientes de izquierda que proliferan en el país se han mostrado complacidas por su triunfo, y varias de ellas abiertamente se oponen a él. Entre este paisaje de movimientos, grupos y pequeños partidos que se oponen a la llamada Cuarta Transformación (en adelante 4T), desde una plataforma de izquierda, podemos englobar a: anarquistas, al neozapatismo y todo lo que representa y engloba, a organizaciones comunistas y sus diversas variantes doctrinarias, así como movimientos sociales con una agenda progresista como lo es el feminismo, indigenistas, entre otros. Esta izquierda en general considera que AMLO y su gobierno encarnan un nuevo conservadurismo, pero con otra cara, y que sus políticas sociales están lejos de representar una línea política de izquierda. Más allá de los dimes y diretes, lo cierto es que vale la pena analizar qué es lo que mueve ideológica y políticamente a estas izquierdas, y por qué son incapaces de plantear alternativas viables en contraposición de lo que el gobierno está llevando a cabo. Sin embargo, en este escrito nos limitaremos en describir brevemente solo tres de estas vertientes de extrema izquierda: el anarquismo, el neozapatismo y los comunistas. 

I.- La izquierda no partidista contra la 4T: El neozapatismo y el anarquismo 

Junto a la izquierda partidista oficial actualmente representada por Morena y el PT, subsiste la llamada izquierda social representada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y todo el movimiento indigenista que opera desde y junto a su organización, algunos movimientos sociales con postulados antigubernamentales, y grupos que se identifican con el anarquismo y su línea contestataria. Nos detendremos primeramente en el anarquismo. 

Desde la caída del muro de Berlín, varios sectores de la izquierda no supieron adaptarse a los tiempos, a algunos no les quedó de otra que abrazar el liberalismo (o incluso el neoliberalismo). Asimismo, con el inicio del sigo XXI y el auge de la posmodernidad como “única e irreversible”, en México gran parte de la izquierda dejó de lado la idea de formar partidos políticos y de tomar el poder y decidió sumergirse en discursos basados en la autonomía, la resistencia y lo comunitario. Entre estas “nuevas” visiones de ver la organización social el anarquismo se presentó como una alternativa, sin embargo, lejos de tener un plan, su perspectiva fue convertir todo en caos y destrucción. 

Para el anarquismo contemporáneo (o neoanarquismo), la justificación de su accionar radica en que hacerse con el poder es inauténtico, y que no habrá cambios de verdad desde el gobierno (aunque sea de izquierda) porque contra lo que hay que luchar es contra el Estado; o porque consideran que quien toma el poder se corrompe. De esta forma, el neoanarquismo prefiere mantenerse en los movimientos sociales, en las protestas de calle, en las asambleas de barrio o comunidad, en los cafés comunitarios, en colectivos sociales, así como en el interior de campus universitarios en donde su retórica se vuelve llamativa entre jóvenes estudiantes; sin embargo, no salen de ahí. Tal postura de radicalismo a veces no es tan simple como parece, y no lo es porque tal postura oculta el hecho de que dicha izquierda no quiere el poder o no quiere tomar el gobierno, por la sencilla razón de que no puede, y no puede porque no tiene ningún plan alternativo para cambiar el estado de cosas. Sus miembros suelen ser personas que marchan en grupo y conviven en grupo, y en su idea “libertaria” de descentralizar la lucha social, las organizaciones anarquistas se vuelven dispersas, no tienen una organización real y por lo tanto carecen de liderazgo:

(…) en su culto a la espontaneidad, a la acción directa, al espectáculo, al juego (y el fuego), además del impacto mediático de su irrupción en la protesta callejera, este anarquismo sin utopía borra la elaboración ideológica. Para él, las convicciones se afirman en la acción y no en disquisiciones para iniciados.[iii]

 Entre estos grupos anarquistas podemos ubicar al llamado “Bloque Negro” el cual es un grupo de colectivos que operan en diferentes ciudades del país, y son quienes han llevado a cabo las protestas más llamativas en la Ciudad de México; la mayoría de las notas periodísticas en donde el anarquismo se ve involucrado tienen que ver con dicha organización. Sin embargo, los “reflectores” que el movimiento llega a tener son más por la forma violenta en que protestan que por plantear algo interesante. En general, el anarquismo contemporáneo en México carece de planes de acción concretos, y prefieren ocultarlo con un nihilismo puro, son grupos “sin objetivos claros más allá de la resistencia y la protesta (…) cuyo fin es crear caos, confusión e inestabilidad sólo porque sí.”[iv]

Esta izquierda se destaca por su lenguaje contestatario, no obstante: ¿Qué proponen? Es decir, ¿Esta izquierda ha propuesto algún proyecto político? ¿O simplemente se limitan a protestar? La terca realidad mostró que por lo general dichos movimientos no “pudieron obtener (…) posiciones articuladas y más o menos precisas que pudieran constituir un programa de acción alternativo y para los próximos años.”[v] Su visión de limitarse únicamente a la organización comunitaria los vuelve “invisibles” para el resto de la sociedad. Y al momento de ejecutar sus acciones en manifestaciones, como las pintas, quemas o rompimiento de cristales, los ha llevado ser una izquierda que no cuenta con apoyo popular y sus demandas no tienen un respaldo social. De esa manera, el neoanarquismo pretende crear caos y confusión para así combatir al capitalismo, pero no se dan cuenta que el capitalismo también crea caos y confusión, y a diferencia de ellos, suele ser más efectivo.

            Ahora bien, dentro de esta misma vertiente de izquierda podemos incluir al EZLN y todo su movimiento, que de ser una guerrilla que buscaba derrocar el régimen priista de los noventa, pasó a ser un movimiento social de resistencia contra el gobierno mexicano y el capitalismo en general. El neozapatismo, como también suele conocérsele, terminó cayendo en una actitud anarquizante oponiéndose a todos los gobiernos y partidos políticos en México, incluso de izquierda, y terminaron arropando la idea de que se puede cambiar el mundo sin la necesidad de tomar el poder. Influenciados por el posmodernismo y las “nuevas” formas de pensar la política, se convirtieron en los principales promotores de la retórica que reivindica la resistencia, la vida comunitaria y las consignas de la autonomía y la autogestión. 

No obstante, desde 2001 el neozapatismo comenzó a venir a la baja en su poder de convocatoria, y en 2006, 2012 y 2018, consideraron que la única forma de volverse el centro de atención era atacar al ahora presidente de México: Andrés Manuel López Obrador, para así presentarse ellos como la única (y autentica) izquierda en el país; cuando la realidad era que para el grueso de la sociedad el EZLN sólo era un recuerdo lejano de la década de 1990. Y a pesar de que en 2017-18 intentaron junto al Consejo Nacional Indígena (CNI) postular una candidatura independiente a la presidencia de la república en la figura de María de Jesús Patricio (Marichuy), no lograron juntar las firmas necesarias para obtener el registro y que el nombre de Marichuy apareciera en la boleta; y más allá de los impedimentos que el CNI y el EZLN argumenten que existieron en su contra, el proceso evidenció que ese movimiento carece de organización y un proyecto político bien definido. 

Quienes siguen al EZLN y su organización es más por convicción que por el hecho de que el neozapatismo realmente pudiera cambiar algo, pues lo cierto es que al aislarse de la sociedad más se alejaban de donde ocurrían las cuestiones importantes; y eso sólo ha confirmado que su movimiento, sus intelectuales y las personas que los apoyan caen en la irrelevancia. Salvo oponerse a todo lo que proponga y ejecute el gobierno de la 4T, el neozapatimso poco o nada pesa hoy en día en la vida política de México, y es así como se mantienen en el comportamiento tan predecible que tuvo la izquierda antipartidista durante toda la era neoliberal, ése de la mera resistencia que a los poderosos les convenía. 

            Anarquistas, EZLN y sus seguidores, caen en lo mismo: oponerse sin alternativas ni programas políticos concretos. Quieren ver al Estado como el único enemigo, pero se equivocan. Les han hecho creer a varias personas, sobre todo a jóvenes que estudian carreras de humanidades o ciencias sociales y/o que militan en colectivos, que la izquierda siempre tiene que conformarse con protestar contra el Estado, y no aspirar a gobernar desde el Estado pues éste es necesariamente represor. Tal sin sentido es tomado como máxima a seguir, y esos jóvenes sin dudarlo se vuelven anarquistas y/o seguidores del EZLN, por ello cuando actúan, como en las manifestaciones y peleas contra la policía, creen estar haciendo la revolución, y no se dan cuenta que su modo de operar poco o nada influye en la realidad, y políticamente es irrelevante. 

Las críticas de estos grupos al sistema capitalista no pasan de ser moralistas y superficiales, y tal modo de pensar va unido a su modo de actuar. Sus acciones no van más allá de participar en disturbios sin sentido, o en colectivos con prácticas triviales como vender café con la imagen del “Subcomandante Marcos” (ahora Galeano), u organizar conciertos de Ska y bailar en el Slam. Asimismo, son grupos que no pasan de vociferar y suscribir consignas apasionadas como el “mandar obedeciendo” del EZLN, o el “¡No pasarán!” de los republicanos en Madrid; o de cantar en sus marchas la canción “A las barricadas” de la banda Los Muertos de Cristo.

En general son organizaciones que buscan “cambiar” la realidad a partir de un estilo de vida, sin embargo, termina por ser una izquierda “insuficiente” y sin un proyecto político viable. Tanto el anarquismo como el neozapatismo funcionan como gimnasia moral, pero no como política, ambos se encuentran condenados a la derrota, en la cual, por cierto, pareciera que se sienten cómodos. Son parte de esa izquierda que lejos de cambiar la realidad que detestan, la refuerzan. Por ello, creemos pertinentes, para este caso, las palabras de Antonio Gramsci quien no dudaba en afirmar que, “quien basa su acción en mera fraseología ampulosa, en el frenesí de la palabrería, en el entusiasmo romántico, es simplemente un demagogo y no un revolucionario.”[vi]

 

II.- La izquierda “partidista” frente a la 4T: Los comunistas 

Del otro lado de la atmosfera política de izquierda que se opone a la 4T, se encuentran las organizaciones que, con un discurso anticapitalista, pero con la idea de la vanguardia partidista, se identifican con el comunismo. Estos grupos y pequeños partidos, cada uno con su distintivo doctrinario, desde siempre se han posicionado en contra de todo lo que AMLO y Morena representan. Para ellos la 4T es la expresión mexicana de la socialdemocracia, y dado que la mayoría de estas organizaciones se guían en postulados teóricos del comunismo ortodoxo de corte estalinista, todo lo socialdemócrata termina por ser “enemigo de la revolución” al cual hay que combatir. Creemos sugerente hablar brevemente sobre su origen.

El comunismo como epíteto de un partido político con aspiraciones a gobernar el país dejó de existir en 1981 cuando el Partido Comunista Mexicano (PCM) desapareció después de 61 años de historia.[vii] Y aunque siguieron existiendo organizaciones que aspiraban al comunismo (o al socialismo) en el país, algunas desaparecieron y en los noventa el Partido de la Revolución Democrática (PRD) copó la identidad de la izquierda en México por varios años.  

Dicho esto, los partidos y movimientos comunistas que proliferan en el México contemporáneo tienen su origen como respuesta a la desaparición del comunismo como alternativa política en el país. Y a diferencia de la izquierda de tipo anarquista o allegada al neozapatismo, los comunistas mexicanos del siglo XXI se han mantenido firmes a las convicciones que reza el dogma, y no se dejaron influenciar por las “nuevas” vertientes posmodernas de ver la política y el poder. Para el “neocomunismo”, por llamarlo de alguna manera, la meta sigue siendo: conquistar el poder e instaurar la dictadura del proletariado a través de la vanguardia obrera y campesina. 

Entre el mosaico de organizaciones que se autodenominan comunistas, podemos encontrar las siguientes: el Partido Comunista de México, el Partido Comunista de México (Marxista-Leninista), el Partido Comunista Mexicano-Bandera Roja, el Partido de los Comunistas, entre otros. La mayoría de ellos, algunos más que otros, se han mostrado contrarios y han sido muy críticos de AMLO y la 4T, sobre todo los primeros dos partidos que comparten las siglas PCM y PCM (M-L). Estos grupos utilizan expresiones como: “Los gobiernos de la 4T tienen una naturaleza burguesa-represiva”[viii] u “Obrador vendrá a reforzar la dominación de clase capitalista, con (una) gestión socialdemócrata y medidas populistas”.[ix] Para ellos el cambio verdadero está en la organización obrera y popular bajo la dirección de un Partido Comunista; por ello buscan incorporarse en organizaciones gremiales, de barrio o campesinas (aunque en estas últimas no tanto). Sin embargo, la realidad es diferente, y al igual que el anarquismo y el EZLN, los comunistas se encuentran en la irrelevancia social y política; por fuera de sus círculos militantes, no tienen apoyo popular. 

Vale hacer una pequeña reflexión histórica. El PCM del siglo pasado fue un partido político duramente criticado desde diferentes flancos, la mayoría llegaba a la misma conclusión: era una organización sumamente vertical, sectaria, en donde no había lugar para la crítica y las expulsiones de militantes por pensar contrario al “dogma” fueron recurrentes. Es una visión muy dura para analizar a un movimiento de gran trascendencia política a nivel nacional, por lo que es prudente matizar. Sin duda el PCM de los años cuarenta y cincuenta bajo la dirección de Dionisio Encina comparte las características mencionadas, pero a partir de los años sesenta y sobre todo en los setenta, hubo un ejercicio importante de autocrítica y con Arnoldo Martínez Verdugo como Secretario General, el PCM comenzó a operar de forma distinta apegado a la realidad mexicana.[x]

Retomando el análisis, consideramos que los comunistas de hoy en día que buscan edificar nuevamente un partido bajo la bandera de Marx y Lenin lo están haciendo más parecido al PCM de Encina que al de Verdugo, a quien, de hecho, lo consideran como “traidor” del movimiento comunista. La visión del mundo de estas organizaciones gira en torno a una perspectiva trasnochada de manual soviético en donde Trotsky sigue siendo el enemigo principal. Pareciera que la historia se repite, pero ahora en forma de “comedia” ¿Será que aquella “frase” que Marx escribiera en el 18 Brumario de Luis Bonaparte en 1851 cobra relevancia para un caso como este? Posiblemente. Por ejemplo, en uno de los órganos de difusión del grupo que se nombra hoy en día como Partido Comunista de México, se puede leer lo siguiente como eje principal de la organización: 

Seamos claros: éste frente es contra los trotskistas, eurocomunistas, maoístas, anarquistas, contra los movimientistas, los promotores del marxismo latinoamericano, socialismo democrático, socialismo del siglo XXI, socialismo a la mexicana (…).[xi]

De igual forma en el portal electrónico del grupo que se denomina PCM (ML), se puede leer los siguiente: 

Somos firmes y convencidos discípulos de Marx, Engels, Lenin y Stalin y por tanto seguros combatientes por el triunfo de la táctica y la estrategia de la revolución proletaria y la dictadura revolucionaria del proletariado. Debatimos y damos la lucha teórica e ideológica contra las desviaciones reformistas, oportunistas, socialdemócratas y revisionistas.[xii]

Como puede apreciarse, su dogmatismo es innegable, y a pesar de que estas organizaciones buscan ser la vanguardia que organice a obreros y campesinos, su discurso no impacta en el grueso de las organizaciones populares en el país. Sus militantes son en su mayoría jóvenes con una convicción política enorme, pero con una visión de la realidad muy reducida y doctrinaría; sus actividades políticas bien podrían ser calificadas como de sectas en donde cualquier indicio de desobediencia, es castigado. Y aunque tienen contacto con algunas organizaciones sindicales, su discurso y sus acciones no van más allá de la protesta y la manifestación. Carecen de análisis críticos y su perspectiva intelectual no rebasa las citas que puedan aprenderse de memoria de algún texto clásico de Marx, Lenin o Stalin. De ahí su incapacidad de plantear una alternativa política viable. Sin duda, Marx (y el marxismo) tiene aún mucho que “decirnos”, pero leerlo nuevamente en clave del “socialismo real” no es una opción.

 

Reflexión final 

En conclusión, consideramos que cualquier movimiento que busque la justicia social debe ser fruto de una política bien dirigida, con un plan concreto y un liderazgo competente; contrario a la praxis de grupos de extrema izquierda como los anarquistas, el EZLN o los comunistas. De acuerdo con Jorge Puma, la izquierda en la actualidad debe tener una perspectiva política apegada a la realidad del momento.[xiii] Por ello, aunque esta extrema izquierda ha criticado fuertemente al gobierno de la 4T, su crítica no ha sido acompañada de una alternativa concreta, lo cual evidencia que hay una incapacidad política detrás de su discurso. Además, así como AMLO ha señalado a estos grupos tildándolos de conservadores, estos han revirado los ataques tachando todo lo que la 4T emana como una “falsa izquierda”, como si existieran certificados de autenticidad o pureza. En consecuencia, creemos que las organizaciones de extrema izquierda moralizan la política en demasía, lo cual se traduce en no poder plantear un proyecto político viable y para toda la sociedad. 

Es evidente que en México se necesitan repensar alternativas de gobierno desde la izquierda, pues en caso de la llamada 4T fracase, hará falta un movimiento que logre encausar el desencanto popular; por ello, parafraseando a Armando Bartra, se vale seguir trabajando por una transformación más radical de las estructuras socioeconómicas. Lo que no se vale es olvidar que el país ya cambió, hay nuevos protagonistas y el escenario es otro.[xiv]

 

 

 

Referencias bibliográficas 

Bartra A., (2018), Ganamos, en Memoria, Recuperado de: https://revistamemoria.mx/?p=2258

Gramsci, A (2001) El Estado y el socialismo. Recuperado el 7 de noviembre de 2020 de: https://www.marxists.org/espanol/gramsci/estsoc.htm

Hernández N. L., (2019), El fantasma del comunismo mexicano, en La Jornada, Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2019/11/26/opinion/021a2pol

Illades, C. (2020) La Izquierda y los intelectuales, en Milenio, Recuperado de: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-izquierda-y-los-intelectuales

Modonesi M., (2017) La crisis histórica de los comunistas mexicanos, en Illades (coord.) Camaradas. Nueva historia del comunismo en México, México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 302-347.

Ortega, J. (2020), Herencia roja. Reflexiones sobre el centenario del Partido Comunista Mexicano, en Letras Históricas, Núm. 23, México, Universidad de Guadalajara. pp. 195-223

Puma J., (2020), ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, en Revista Común, Recuperado de: https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

Rodríguez, A., O.  (2002), Izquierdas e izquierdismo, México, Siglo XXI. 

___________.  (2015), Las izquierdas en México, México, Editorial Orfila.

[i] Licenciado en Filosofía y Maestro en Humanidades por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, correo electrónico ccontret@gmail.com

[ii] Licenciado en Historia y Maestro de Investigación Educativa por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, correo electrónico fucas1908@gmail.com

[iii] Carlos Illades, (2020) La izquierda y los intelectuales, en Milenio, 3 de julio, disponible en línea en https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-izquierda-y-los-intelectuales.

[iv] Octavio Rodríguez Araujo, (2015), Las izquierdas en México, México: Editorial Orfila. p.12

[v] Octavio Rodríguez Araujo, (2002), Izquierdas e izquierdismo, México: Siglo XXI. p.194

[vi] Antonio Gramsci, (2001) El Estado y el socialismo. Texto disponible en línea en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/estsoc.htm

[vii] Massimo Modonesi, (2017) La crisis histórica de los comunistas mexicanos, en Carlos Illades (coord.) Camaradas. Nueva historia del comunismo en México, México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 302-347

[viii] Los gobiernos de la 4T tienen una naturaleza burguesa-represiva, en Vanguardia Proletaria, Núm. 581, del 1 al 15 de agosto de 2020, disponible en línea en https://pcmml.org/wp-content/uploads/2020/08/Vanguardia-Proletaria-581.pdf

[ix]Verdades y mentiras del Gobierno de López Obrador”, disponible en línea en  https://elcomun.es/2020/09/02/verdades-y-mentiras-del-gobierno-de-lopez-obrador/

[x] Jaime Ortega, (2020), Herencia roja. Reflexiones sobre el centenario del Partido Comunista Mexicano, en Letras Históricas, Núm. 23, México: Universidad de Guadalajara. pp. 195-223

[xi] El Machete, Núm. 1, noviembre de 2012, disponible en línea en http://elcomunista.nuevaradio.org/el-machete-revista-de-teoria-y-politica-del-pcm/

[xii] Partido Comunista de México (Marxista Leninista), ¿Quiénes somos?, disponible en línea en https://pcmml.org/quienes-somos/  

[xiii] Jorge Puma, (2020), ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, en Revista Común, Recuperado de: https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

[xiv] Armando Bartra, (2018), Ganamos, en Memoria, Recuperado de: https://revistamemoria.mx/?p=2258