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Morena, la Cuarta Transformación y la necesidad de crear un partido político de izquierda.

Ricardo Y. Fuentes[i]

 El domingo 18 de octubre se llevaron a cabo comicios electorales en los estados de Coahuila e Hidalgo en donde se eligieron puestos legislativos locales y presidencias municipales. Los resultados fueron, sobre todo en Coahuila, aplastantes para Morena en favor del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Por increíble que pudiera parecer, en estos comicios que fueron un preparativo para las elecciones del próximo año, Morena terminó cediendo terreno político al PRI. Para los más escépticos de la politiquería oficial, seguramente los resultados de la jornada les vinieron sin cuidado; para quienes se encuentran del lado opositor al régimen y aborrecen por completo a Morena y a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), seguro los resultados se convirtieron en un bálsamo para sus anhelos de “derrumbar” a la Cuarta Transformación (en adelante 4T); y particularmente para la estructura partidista de Morena, esos resultados debieron haber sido, por lo menos, un llamado de alerta.

            El movimiento de la 4T, desde mi punto de vista, no se puede dar el lujo de perder puestos de elección popular de la forma como lo hizo Morena el 18 de octubre. Y más allá de la argumentación que exista en torno a lo acontecido en Coahuila e Hidalgo, cómo que son regiones históricamente priistas de tipo caciquil, o qué hubo coacción al voto además de irregularidades en las urnas; es más que evidente que existe una crisis estructural al interior de Morena y pareciera que la “dirigencia” del partido dejó a su suerte a los candidatos que compitieron. Es prudente y urge, que haya un ejercicio de autocrítica dentro del partido político que aún carga sobre sí el compromiso de cambiar el estado de cosas en México. Y lo primero y más importante es, sin duda alguna: construir un verdadero partido político de izquierda. 

El ejemplo más claro de la crisis que experimenta Morena se puede visualizar en las acciones de las últimas semanas respecto a quién sería el nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido, lo cual sólo evidenció que el movimiento no ha logrado avanzar hacia una vida orgánica real. A pesar de que tienen el “poder” ejecutivo, mayoría legislativa, y una base militante muy por encima de todos los demás partidos en el país; no generan consenso, y es lamentable que las distintas facciones al interior del partido estén luchando por las “cuotas” del poder. Definitivamente, todo apunta a que el hecho de que Morena ganó la presidencia de la república y se convirtió en la primera fuerza política a nivel nacional, con apenas “seis años” de existencia (y experiencia) formal como institución partidista, está calando muchos aspectos internos del movimiento, y las pugnas por el control político del partido están saliendo a flote.

            Lo más relevante es que estas luchas internas se reflejan en la sociedad de distintas formas, por ejemplo; dado que no hay un partido fortalecido orgánicamente, por lo tanto, no existe una militancia real con una formación política plena, lo cual deriva, por otro lado, a que no se repliquen prácticas de socialización para que el movimiento de la 4T tenga mayor resonancia y uniformidad. La dirigencia de Morena pareciera que ha abandonado a su base social, y aunque hay intentos de algunas organizaciones civiles que simpatizan con la 4T por socializar con el pueblo en general los “logros” del gobierno, sin el apoyo del partido como instituto orgánico del movimiento, estos ejercicios, a mi modo de ver, se vuelven estériles. Y esto no es menor, las consecuencias las podemos visualizar en los resultados electorales de Hidalgo y Coahuila. Además, no hay que olvidar que Morena, como bien lo han señalado muchos, se construyó como un partido “híbrido” que mantiene una veta de organización no sólo en lo electoral, sino también en las calles, en la movilización social: es un partido-movimiento.[ii] Sin embargo, pareciera que las cúpulas que hoy pugnan por el control del partido han olvidado eso y puede costar muy caro en un futuro.

Dicho lo anterior, vale la pena analizar lo que, desde mi punto de vista, hace falta para poder organizar y crear, un partido político de izquierda que pugne por el bienestar de los más desposeídos, que concilie las distintas vertientes al interior de la organización, y que piense en la consagración de un movimiento que pueda forjar una nueva manera de ver la política en el país. Y es que si bien existen quienes argumentan que deben buscarse nuevas formas de organización y representación colectiva, considero que los partidos políticos siguen siendo los actores principales que pueden lograr una mejor interacción entre el Estado y las demandas de la sociedad. El punto es qué tipo de partido y hacía dónde avanzar.

Ahora bien, un autor como Ernesto Tapia Montaner, sostiene que son tres elementos principales los que articulan a un movimiento político: organización, capacitación y acción política.[iii]  Estas tres tareas, según el autor, son las que le dan sentido y directriz a cualquier agrupación con aspiraciones gubernamentales. Quiero basar mi análisis a partir de esta postura que Tapia Montaner menciona, porque me parece ideal para entender lo que, a mi juicio, hace falta dentro de la organización de Morena, y es importante que la nueva dirigencia lo revalorice para construir un verdadero partido de la “Cuarta Transformación”.

  1. Organización Política

La organización al interior de un partido político es fundamental y se vuelve en la actividad central para poder darle vida. Ya lo decía Lenin en 1905, la organización resulta primordial “para dar estabilidad al movimiento y preservarlo”.[iv] Un partido político, por tanto, o, mejor dicho, un movimiento social que quiere erigirse como partido, necesita de una buena organización, así como de líderes capaces, que logren la edificación del organismo político. No cabe duda de que Morena en sus inicios como movimiento social en 2012, y después cuando se consagró como partido en 2014, tuvo una espléndida organización de masas que reunió a diferentes sectores sociales del país que, bajo el “cobijo” dirigencial de Andrés Manuel López Obrador, consiguieron edificar un organismo político con miras electorales y de cambio social; aglutinando a miles de personas a lo largo y ancho del país. Sin embargo, es importante decir que a pesar de que oficialmente el partido comenzó a operar hace seis años, nunca tuvo, desde mi punto de vista, una vida orgánica como instituto partidista, nunca existió un partido como tal. La organización de Morena se había caracterizado más por su potencia contestataria en las calles y en el número de ciudadanos movilizados que podían convocar; por lo que las actividades ya en forma como partido político recién comenzaron a llevarse a cabo en los albores de las elecciones del 2018.

Ante este punto, y con lo mencionado anteriormente, considero que para que una organización política perdure, es de vital importancia erigir una estructura que guíe los planteamientos y la movilización de las bases que la conforman. Indudablemente Morena tiene una base tanto militante como simpatizante, de proporciones no vistas, al menos, en los últimos 40 años; pero parecen estar operando por su propia cuenta, y eso sólo debilita la organización. No fijar una centralidad política fortalecida tiene consecuencias en las prácticas de la militancia. Por tanto, fortalecer la composición orgánica institucional de Morena, con una dirigencia que pondere la organización social, la construcción del partido desde abajo y desde la organización que se tejió hace años y, que aún apoya al movimiento en las calles, debe ser la meta inmediata; ya que sin ella el partido se romperá y el desencanto popular puede ser inevitable. Es importante revertir esa ecuación a través de la organización.

  1. Formación Política (Capacitación)

Respecto al tema de la formación política, considero que es un tópico de vital importancia para la continuidad de la 4T. Tapia Montaner define las actividades de aprendizaje al interior de los partidos como procesos de “capacitación”, sin embargo, considero que el término más adecuado para referirse a estas experiencias educativas al interior de las organizaciones políticas es el de formación política. En consecuencia, la formación política, es, a mi modo de ver, la actividad más importante al interior de un partido político. Con la formación política se asegura la continuidad de la organización, pues a través de las llamadas “escuelas de cuadros”, los partidos políticos forman a sus militantes (y simpatizantes) quienes eventualmente se convierten en los que continúan con la labor política bajo la directriz que el partido designe. Sin formación política no hay militancia, y sin militancia no hay partido. Y para las organizaciones que se definen (o que buscan ser) de izquierda, la formación política es un elemento esencial de sus prácticas militantes.

Desde el interior de Morena, al parecer, algunos grupos fueron conscientes de la relevancia que tiene el aspecto de formar políticamente a sus bases sociales. Desde que AMLO ganó la presidencia en 2018, se edificó un Instituto Nacional de Formación Política (INFP) en donde el monero Rafael Barajas “El Fisgón”, se convirtió en director del organismo, y como brazo educativo del INFP, se formó la Escuela Nacional de Formación Política (ENFP). Desde la ENFP se han promovido cursos de formación de distintos temas, y se han impulsado, a su vez, círculos de estudio por todo el país, generando una red de círculos de estudios a nivel nacional, además de talleres y conferencias virtuales con temas que van desde la historia de México hasta tópicos de economía y política; actividades llevadas a cabo por académicos de la talla de Enrique Dussel, Armando Bartra, Lorenzo Meyer, Enrique Semo, Lucio Oliver, entre otros. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, y que me perdonen los intelectuales que encabezan estos intentos formativos, así como el mismo director del Instituto, pero esos ejercicios de poco o nada han servido para fortalecer al movimiento e impulsar la construcción del partido.

La incapacidad del INFP obedece a que en todo el tiempo que ha operado junto a la ENFP, independientemente de sus limitaciones presupuestarias, no han podido elaborar un programa de formación política para su base militante; y todas las actividades que la Escuela y el Instituto ofertan, tienen una perspectiva completamente academicista en lugar de formativa para cuadros populares. No hay una metodología y un programa bien trazados de formación. Y aunque existen redes estatales de círculos de estudio, parece ser que cada región opera desde sus intereses locales; no hay una centralidad lo cual es sin duda preocupante. Y dentro de toda la multicausalidad que puede tener esta deficiencia del Instituto, la más significativa es que, por increíble que parezca, el movimiento que hoy tiene mayoría en casi todos los rubros del gobierno no tiene definido aún su manto ideológico. Esto es importante señalar porque sin una matriz ideológica clara, puede resultar complicado definir los contenidos de la formación política y, por tanto, termina por ser un marasmo que no logra aglutinar ni fortalecer la construcción del partido. Asimismo, los que han controlado el partido en los últimos dos años, no le han brindado la importancia que merece, y aunque en los estatutos de Morena se define que el recurso público que por ley recibe el partido debe canalizarse con énfasis especial en actividades de formación de cuadros, esto no se ha realizado; el Instituto Nacional de Formación Política de Morena pareciera que sólo está de adorno, o como bálsamo de cierta facción del partido.

Por otro lado, la formación política, a mi juicio, debe entenderse como un proceso de aprendizaje que se desarrolla a través de dos dimensiones pedagógicas relacionadas entre sí: una intelectual que involucra aspectos convencionales de estudio, como la lectura de textos, talleres, etc.; y la otra, práctica (empírica), que se obtiene en la lucha diaria, en el modus vivendi de la militancia, en el quehacer cotidiano de la organización.[v] Dicho esto, es importante que se articulen las acciones formativas en una amalgama indisoluble de prácticas pedagógicas en donde sea igual de importante leer y estudiar un texto, como el ir a repartir un volante o periódico y encabezar o formar parte de un mitin o una manifestación. Por lo tanto, deben definirse bien las prácticas y los contenidos formativos al interior del INPF. Al final son estos procesos los que construyen a los militantes políticos, y sin esa formación “integral”, el partido corre el riesgo de naufragar al no tener una base social que esté consciente de la realidad que enfrenta el país.

Por lo tanto, considero que como partido político que aspira representar una alternativa de izquierda y en contra del neoliberalismo, es sustancial que la dirigencia de Morena, en representación de la base social que posee, defina el corpus ideológico mediante el cual se guíen las acciones políticas de formación de cuadros de la organización. Y aunque estoy consciente de que muchas veces las ideologías tienden a ser elásticas en sus delimitaciones de identidad que las conforman, sostengo que la izquierda contiene rasgos que le son inherentes los cuales le otorgan una identidad propia. Por consiguiente, de lo que se trata es de construir nuevos sujetos políticos conscientes de la realidad y que busquen transformar la situación social, y eso se va a conseguir únicamente a través de una formación ético-política de la base militante y simpatizante que el partido y el movimiento de la 4T tiene, aprovechando la plataforma política que Morena ostenta. Y si se aspira superar en un futuro inmediato la política de alianzas sumamente pragmática que ha caracterizado a Morena desde 2018, por lo que han sido blanco de muchas críticas; y si también se quiere avanzar dejando la dependencia que se ha generado en torno a la figura de AMLO; es ineludible que se comiencen a formar los “nuevos” cuadros del partido que representaran la lucha social y la esperanza de millones de personas en un futuro para nada lejano.

III. Acción Política

La acción política es entendida como aquellas prácticas de interacción y convocatoria que un partido político tiene con sus bases sociales y la sociedad civil. Dicho esto, Morena desde su fundación tuvo una característica singular: la movilización social. Millones de personas apoyaron la organización, tuvieron un poder de convocatoria inusitado en la historia del país, y desde la dirigencia de AMLO, supieron canalizar el hartazgo social generalizado. La acción política de Morena tuvo la peculiaridad de movilizar contingentes enormes de masas populares, el problema es que esa organización ha quedado a la deriva; pareciera que se ha dejado de lado, y las esporas que aún hay de eso, viven en la desorganización constante, actúan autónomamente, lo cual es contraproducente para la acción política que el partido y el gobierno necesita. En los últimos meses se ha dejado solo al gobierno federal, los embates desde distintos flancos en contra de la 4T se hacen presentes todos los días, y las organizaciones que buscan repeler esos “ataques” en defensa del movimiento lo hacen sin tener repercusiones palpables. Esto se debe a que no hay una estructura orgánica que ordene o que sepa aglutinar la movilización social, la acción política de la organización.

Por lo tanto, la acción política del partido (y del movimiento) debe entrar en vinculación constante y de forma organizada, con las movilizaciones populares que existen y que pueden impulsar las causas políticas de la 4T, por ejemplo; con sindicatos obreros, con grupos campesinos, con organizaciones estudiantiles, con grupos feministas o en apoyo del movimiento LGBT+, entre otros. ¿Cuándo el partido y cuándo el movimiento? Es la pregunta que se hacen Javier Sainz y Jaime Ortega,[vi] la respuesta, para mí, es simple: SIEMPRE. Es por ello que la acción política que el partido debe emprender es a través de la conciliación entre los dos polos: el burocrático y las formas de lucha en la sociedad. Dicho lo anterior, se necesita una buena organización desde la cúpula morenista que de pie a ejercicios de formación política reales para la base militante y simpatizante y que estos ejercicios se vinculan con prácticas de acción política tanto en las calles como al interior del partido. No hay vuelta atrás, el reto del “nuevo” partido es enorme, y corresponde a las demandas que la 4T ha establecido.

Reflexión final. La necesidad de un partido de izquierda

En conclusión, vale la pena destacar que desde el inicio de campaña de AMLO en 2018 y desde su toma de protesta, la línea general del gobierno cuatroteísta ha sido: ir en contra del neoliberalismo y buscar ser un cambio de régimen. Y aunque es evidente que las aspiraciones del gobierno están lejos de representar una alternativa anticapitalista, es incuestionable que sí buscan trastocar nervios sensibles del sistema político mexicano desde una perspectiva nacionalista y popular, y eso sin duda ya es un gran avance. En suma, considero que la llamada 4T es apenas el inicio, es el movimiento que logró la hombrada de quitar a aquella clase aristocrática que se había anquilosado en el poder. Al final lo que se busca es construir una verdadera democracia representativa y popular en un sendero sinuoso y poco desarrollado como el mexicano. Por ello, es necesario que se construya un partido de “Nuevo Tipo” (como se decía en los setenta); apoyado en la organización social, cimentado en el pueblo, que sepa articular las distintas visiones que lo convergen, adecuado a nuestra época y apegado a la realidad que vivimos. Y, sobre todo, que sea un instrumento de diálogo constante entre las demandas de la sociedad y las políticas públicas que se implementan. Sin otra alternativa viable de organización política, es necesario un partido que encauce y canalice las exigencias sociales.

El próximo año hay elecciones, y según el Instituto Nacional Electoral, pueden ser las que más participación tengan en la historia del país por el número de votantes dentro del padrón electoral actualmente, en donde se elegirán puestos clave sobre todo en el poder legislativo, por lo que es fundamental que la estructura morenista esté bien organizada y con una línea de acción bien definida; de lo contrario, estaríamos en el preámbulo de una involución política con consecuencias sociales terribles. La 4T tiene su futuro en las elecciones, veremos si Morena, con Mario Delgado y Citlalli Hernández, deciden ponerse a la altura de las exigencias.

Referencias

Korol Claudia, (2007), La formación política de los movimientos populares latinoamericanos, en OSAL, Año VIII, N° 22 septiembre, Buenos Aires: CLACSO.

Lenin, (1979), ¿Qué hacer?, en Obras Escogidas de Lenin en Tres Tomos, T. 1, URSS: Editorial Progreso.

Pedro Miguel, (2020) “Morena Partido y Movimiento”, en La Jornada, 28 de febrero, disponible en línea en https://2020/02/28/opinion/019a1pol

Tapia Montaner Ernesto, (1984) Capacitación política y formación de cuadros, en Nueva Sociedad, Núm.74, septiembre- octubre, Buenos Aires, Argentina: Fundación Friedrich Ebert. Pp. 35-42

Sainz Javier y Ortega Jaime, (2020), Reformular la ecuación: ¿Cuándo el partido y cuándo el movimiento?, en La Visión de los Vencidos. Órgano informativo del Frente de Apoyo Crítico a la 4a Transformación de México, 15 de octubre, disponible en línea en http://lavisiondelosvencidos.com/portada.html

[i] Licenciado en Historia y Maestro en Investigación Educativa, ambos grados por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Correo electrónico: yanuelrfc@gmail.com

[ii] Pedro Miguel, (2020) “Morena Partido y Movimiento”, en La Jornada, 28 de febrero, disponible en línea en https://2020/02/28/opinion/019a1pol. Recuperado el 25 de octubre de 2020

[iii] Ernesto Tapia Montaner, (1984) Capacitación política y formación de cuadros, en Nueva Sociedad, Núm.74, septiembre- octubre, Argentina: Fundación Friedrich Ebert. Pp. 35-42

[iv] Lenin, (1979), ¿Qué hacer?, en Obras Escogidas de Lenin en Tres Tomos, T. 1, URSS: Editorial Progreso. Pág. 225

[v] Claudia Korol, (2007), La formación política de los movimientos populares latinoamericanos, en OSAL, Año VIII, N° 22 septiembre, Buenos Aires: CLACSO.

[vi] Javier Sainz y Jaime Ortega, (2020), Reformular la ecuación: ¿Cuándo el partido y cuándo el movimiento?, en La Visión de los Vencidos. Órgano informativo del Frente de Apoyo Crítico a la 4a Transformación de México, 15 de octubre, disponible en línea en http://lavisiondelosvencidos.com/portada.html. Recuperado el 20 de octubre de 2020.