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La Revolución o “sólo en el fango prospera la semilla”

Adrián Rodríguez

Profesor, investigador, militante del Movimiento de Regeneración Nacional

En algún momento de 1923 y 1924, el revolucionario mexicano Francisco J. Múgica escribió en su diario: “En las revoluciones sólo hay dos clases de personas: las que la hacen y a quienes beneficia”. Con ello Múgica reescribía y le ponía su sello personal a una frase que se le adjudica a Napoleón Bonaparte, que reza: “en las revoluciones hay dos clases de personas: las que las hacen y las que se aprovechan de ellas”.

La reescritura de estas dos líneas deja entrever lo que Múgica entendía por el proceso revolucionario al que pertenecía y del que era uno de sus participantes más íntegros. Despoja la frase de Napoleón de su sentido negativo, omitiendo a las personas que se aprovechan de las revoluciones, para en su lugar poner a los beneficiados por ellas. Con dicha omisión parece que Múgica asume plenamente que en las revoluciones hay oportunistas, advenedizos y aprovechados que son inevitables en eventos de esta índole. Para él, lo verdaderamente importante son los resultados positivos que se desprenden de esos procesos negativos. Parece entonces que Múgica reconoce tácitamente una fórmula. Por decirlo de alguna manera: en toda revolución, la negativa combinación de los factores no altera el producto, porque siempre hay avances y conquistas de derechos, beneficios para la gente.

Creo que tal fórmula de Múgica para conceptualizar las revoluciones también se puede observar en textos de otros revolucionarios mexicanos. Por ejemplo, en el poema “Oscuridades”, del escritor nacido en Guanajuato, Práxedis Guerrero, se puede leer:

 

La sombra es sudario para la impostura, la vanidad y los oropeles; por eso hay tantos que la odian.

La sombra mata la inútil belleza de las piedras preciosas que cautivan las mentes primitivas.

En las sombras nacen las tempestades y las revoluciones que destruyen, pero también fecundan.

El carbón, piedra obscura que tizna las manos que la tocan, es fuerza, es luz, es movimiento cuando ruge en el fogón de la caldera.

La rebeldía del proletario obscuro es progreso, libertad y ciencia cuando vibra en sus puños y trepida en su cerebro.

En el fondo de las tinieblas toman forma los seres y empiezan las palpitaciones de la vida.

En el vientre del surco la simiente germina.

La obscuridad de la nube es la fertilidad de los campos; la obscuridad del rebelde es la libertad de los pueblos.

“Oscuridades” está firmado el 25 de septiembre de 1910 en los Ángeles, California.  Parece que ya presagiaba lo que se vendría en México. Práxedis usa en su poema elementos oscuros (sombras, tempestades, tinieblas, carbón, revoluciones) que no obstante se tornan -o presagian- fecundidad, libertad, luz, progreso. En ese sentido, concibe la misma fórmula que Múgica pero en otros términos. En su caso vuelve explícita la relación: todo progreso es presidido por una catástrofe, incluso, es parte de ella, no puede existir sin ella. ¿Habrá leído Múgica este poema para después conceptualizar el proceso revolucionario mexicano como una revoltijo del que necesariamente salieron frutos buenos? No creo. Mi hipótesis es que nacen de una experiencia propia en la lucha.

            El novelista Mariano Azuela también llegó a concebir algo semejante en su autógrafo para la Biblioteca Nacional, en 1935. Entre otras conceptos, Azuela dejó escrito:

…entre los férreos maxilares de la historia quedaremos triturados por igual todos los que hemos vivido en los días amargos y trágicos de nuestro México, perdidos en el montón anónimo… Pronto vamos a desaparecer, severamente juzgados; pero sobre nuestra propia escoria se levantará la obra de redención de los de abajo, a los que consciente o inconsciente todos hemos cooperado. Y entonces lo que despertamos a nuestra raza, los que conseguimos abrirle los ojos, valdremos tanto como los que mañana la eduquen. Y por eso a todos nos alcanzará la absolución final. Urgía hacer nacer a nuestro México, y ésa es nuestra tragedia y en ella vivimos…

Más adelante añade:

…hambre de verdad, de justicia y belleza eterna se apoderará no muy tarde de los engañados de hoy y desencantados de mañana y por esa hambre el mundo sufrirá la transformación más maravillosa. Como el día después de la noche. El odio nunca fue simiente y en el odio hemos hecho despertar al hombre. Pero sólo en el fango prospera la semilla…

Igualmente, Azuela hace referencia a la escoria, el fango, el odio, la noche, como precedentes de la redención, la semilla, el día. Es decir, aún en las peores condiciones que se haya dado la revolución, se lograron avances y conquistas, cambios papables, que no se hubieran conseguido de otra manera. Dice Azuela que ello es una tragedia en la que vivimos. No es casual que la conceptualización de esa tragedia sea por un medio estético, en el caso de Práxedis y Azuela, puesto que el arte es una forma, según Nietzsche, de hacernos una representación de lo espantoso de la existencia para poder vivir.

Para finalizar, creo ver en las conceptualizaciones que Múgica, Azuela y Práxedis hacen de la revolución (la fórmula: lo positivo es precedido por lo negativo), es también semejante a la mezcla de virtud y terror que Zizek indaga en la persona de Robespierre en su conocido estudio sobre este. En su libro es posible encontrar claves. Se plantea que en la revolución hay terror, si se entiende por esto “la justicia rápida, severa e inflexible”. Según Robespierre ese terror nace de la virtud, sin la cual el terror es funesto. Como consecuencia de ello, revolucionarios como Saint-Just escribieron: “Lo que produce el bien general es siempre terrible”. En esencia, para los revolucionarios franceses, especialmente para Robespierre, el terror que nace de la virtud es revolucionario, porque, a diferencia del que produce la tiranía, responde a la justicia y al amor: “ese amor aún más sublime y más puro a toda la humanidad, sin el cual una gran revolución no es más que un crimen atroz”.

 

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