Joven marxista chino: ¿Por qué la visita de Trump a China me recuerda los últimos días de la Unión Soviética?*

Zi Hengmo

Traducción de Carlos Garrido

El presidente Donald J. Trump participa en una ceremonia de bienvenida en el Aeropuerto Internacional de Pekín, miércoles 13 de mayo de 2026. (Foto oficial de la Casa Blanca por Daniel Torok, dominio público)

Nota del traductor: El presente texto es un comentario desde la izquierda independiente china. Este artículo ha atraído gran atención entre los socialistas en China. Es un buen ejemplo de la diversidad que existe dentro del enorme espectro de la izquierda china. El joven autor, Zi Hengmo, es una voz crítica importante en ese movimiento, sus análisis se comparten ampliamente en medios de izquierda online y han generado debate incluso en círculos revolucionarios. Aquí presentamos su comparación de advertencia entre la visita de Trump a China y los últimos días de la Unión Soviética.

 

Camaradas, soy Zi Hengmo.

Ha aterrizado recientemente el avión del otro lado del Pacífico. Se ha desplegado la alfombra roja, los flashes estallaron, y una vez más la noticia de la visita de Trump a China ha llenado todos los titulares.

Los medios rebosan de elogios y palabras bonitas como «deshielo», «ganar-ganar», «cooperación pragmática» y «acuerdo histórico». Algunos intelectuales chinos de orientación occidental, compradores financieros y los llamados intelectuales «racionales, neutrales, objetivos»[1] están jubilosos, como si fuera una fiesta. Es como si la firma del astuto hombre de negocios en un acuerdo hiciera desaparecer instantáneamente todos los bloqueos externos y las contradicciones internas que enfrenta China.

Pero cuando miro las imágenes de los brindis, de esos rostros sonrientes y aduladores, siento un escalofrío helado. No sé por qué, pero esta escena me provoca un fuerte malestar físico y una sensación de déjà vu histórico.

La similitud es asombrosa. Es exactamente como cuando la Unión Soviética estuvo al borde del abismo a finales de los años ochenta, cuando Gorbachov se reunía frecuentemente con políticos occidentales – las copas tintineaban y celebraban su última fiesta, como si no hubiera un mañana.

Hoy usaré el aparato analítico del materialismo histórico para examinar más de cerca este espectacular «show» diplomático. Cuando un país se enfrenta a las sonrisas y la «cooperación» del imperio, y deja de lado el análisis de clase – ¿cuál es el resultado? ¿Una oportunidad para un desarrollo pacífico, o el peligro de ser arrastrado gradualmente al abismo?

I

Veamos primero una historia no tan lejana, pero que ha sido olvidada de manera muy conveniente y deliberada.

A mediados y finales de los años ochenta, la estructura económica soviética enfrentaba graves problemas y las contradicciones internas se agravaron drásticamente. En ese momento, el liderazgo soviético bajo Gorbachov optó por no confiar en la amplia clase trabajadora del país para llevar a cabo reformas socialistas. En cambio, llegaron a una conclusión extremadamente absurda y fatal: mientras abandonemos la confrontación ideológica, mientras mostremos a Occidente la suficiente «sinceridad», los estadounidenses nos aceptarán y las crisis de la Unión Soviética se resolverán.

Así comenzó un espectáculo llamado «Nuevo Pensamiento»[2]. De 1985 a 1991, el liderazgo soviético padeció una especie de «síndrome de la pasarela» y se reunió con frecuencia con los presidentes estadounidenses Reagan y Bush padre. Ginebra, Reikiavik, Washington, Moscú, Malta… En cada cumbre, los medios soviéticos proclamaron la reunión como un «hito histórico para la paz mundial».

¿Qué precio pagó la Unión Soviética por las sonrisas de los estadounidenses? ¿Por una sola palabra de elogio de los medios occidentales? ¿Cuánto le costó?

Introdujeron un desarme unilateral, ellos mismos destruyeron sus misiles de medio alcance, abandonaron el liderazgo del bloque del Este de Europa, e incluso abolieron internamente el artículo 6 de la constitución que garantizaba el papel dirigente del Partido Comunista. Gorbachov escribió ingenuamente en su libro «Nuevo Pensamiento»: «Los intereses comunes de la humanidad están por encima de los intereses de clase».

Él creía que con solo quitarse la armadura, deponer las armas, e incluso entregar voluntariamente su espada a la otra parte, el imperio estadounidense se convertiría en un filántropo bien educado – y vendría con grandes cantidades de dólares y tecnología avanzada para salvar la economía soviética.

¿Cuál fue el resultado?

En el diccionario del imperio no existe la palabra «misericordia». Solo «la ley del más fuerte».

Cuando el liderazgo soviético lo había perdido todo – seguridad nacional, barreras geopolíticas, integridad ideológica – no recibió ni un solo centavo de un «Plan Marshall». Lo que los estadounidenses les dieron fue una picadora de carne llamada «terapia de choque», un plan de privatización que vendió los activos estatales soviéticos acumulados durante décadas a un puñado de oligarcas. Al final, solo pudieron observar impotentes cómo la bandera roja que había ondeado durante 74 años era arriada en el Kremlin.

Quien renuncia a la lucha para mendigar unidad, al final no obtiene unidad. Lo que le espera es una masacre sin piedad.

II

De vuelta al presente.

¿Quién es Trump?

No es de ningún modo un «buen amigo». Tampoco es el «hombre de negocios pragmático» que algunos «intelectuales públicos» chinos[3] afirman.

Es una bestia que la burguesía monopolista estadounidense ha desatado en su actual crisis de declive –una bestia que ha arrancado todas las máscaras falsas de Estados Unidos. Su «América Primero» es, en esencia, el desarrollo del imperialismo en su forma más extrema, descarada y desnuda.

No le importa la moral blanda y sentimental. Para él, lo único que importa es exprimir cada última gota de ganancia. Cuando vuela a Pekín en su jet privado, cuando se sienta frente a ti en la mesa de negociaciones y sonríe, lo que sus ojos miran no es en absoluto un gran plan para la paz de la humanidad.

Lo que está vigilando es cuándo podrán derribarse nuestras barreras financieras para que el capital sanguinario de Wall Street fluya sin obstáculos. Vigila cuándo nuestras empresas estatales pueden ser desmembradas y privatizadas y convertidas en sabrosos bocados en las bocas de los oligarcas multinacionales. Vigila cómo nuestra cadena de suministro industrial de alta tecnología puede quedar permanentemente bloqueada en el nivel más bajo, para que podamos ser para siempre solo una fábrica de ensamblaje y un taller de explotación para los estadounidenses.

Esto es evidente cuando se sabe que la esencia del imperialismo es el saqueo.

¿Crees que si compras unos cuantos cientos de aviones Boeing más, importas unas decenas de miles de toneladas más de soja y abres unas cuantas licencias más en el sector financiero, puedes satisfacer su apetito? Es como cortarte carne de tu propio muslo para alimentar a un tigre. Después de cortar la carne de tu muslo y alimentar al tigre hoy, no te lo agradecerá. Solo pensará que eres débil y fácil de intimidar, y mañana te comerá el corazón.

Basar el futuro del país y del pueblo en la esperanza de hacer un «acuerdo comercial perfecto» con el imperialismo es una forma de capitulación incluso más primitiva y vulgar que el «Nuevo Pensamiento» del revisionismo soviético.

III

Lo que realmente me preocupa no es la visita de Trump. Que los líderes imperialistas vengan a negociar y a ejercer presión es una necesidad objetiva –tan segura como la lluvia que cae del cielo.

Lo que realmente me asusta son los caballos de Troya dentro del país que aprovechan esta visita para avivar el ambiente a nuestras espaldas y hacer planes que desconocemos.

Cada vez que hay contacto de alto nivel entre China y Estados Unidos, los compradores chinos, las élites occidentalizadas y los formadores de opinión sin columna vertebral se deleitan en un éxtasis colectivo.

Aprovechan la ocasión para crear un clima de opinión: «¡Miren, hasta el presidente estadounidense viene! La confrontación no lleva a ninguna parte. ¡Tenemos que integrarnos en el mundo occidental!»

Lo que ellos llaman «integración» puede traducirse como: «Abandonar la resistencia, rendirse por completo».

Bajo la coartada de «mejorar las relaciones entre China y Estados Unidos», diseminan el veneno del neoliberalismo en casa.

Dirán que para mostrar sinceridad a Estados Unidos y para crear «buenas condiciones para los negocios», ya no podemos centrarnos en hacer que nuestras empresas estatales sean grandes y fuertes. Debemos implementar «reformas de los derechos de propiedad» (es decir, privatización). Debemos relajar los derechos de los trabajadores. Y debemos dar rienda suelta al capital.

¿Qué diferencia hay entre estas personas y la nomenklatura soviética (Nota del traductor: la élite soviética) que vendió secretos de Estado y disolvió la Unión Soviética solo para comprar cosméticos en París o enviar a sus hijos a la Ivy League? No pueden esperar a que China se rinda a Estados Unidos.

Porque solo cuando al capital se le da rienda suelta en la fiesta desenfrenada pueden lavar las enormes sumas de dinero negro que han transferido en secreto al extranjero, y transformarse ellos mismos en una nueva clase de oligarcas que viven a costa del pueblo.

Mao Zedong ya señaló con gran perspicacia en 1959: «El objetivo estratégico del imperialismo es la evolución pacífica[4]… Nos destruirán –desde dentro».

La gente que en casa predica que «China y Estados Unidos son inseparables» y que «el dinero lo puede comprar todo» es el caballo de Troya que el imperialismo ha colocado dentro de nosotros. Mientras existan aquí, el peligro de que repitamos el destino de la Unión Soviética es real.

IV

Algunos preguntarán: «Pero Zi Hengmo, ¿entonces no podemos tener ningún contacto con los estadounidenses? ¿Estamos obligados a encerrarnos y luchar hasta el amargo final?»

Incorrecto. Ese es el truco habitual de los falsos izquierdistas: crear confusión con sofismos y falsas oposiciones.

Por supuesto que necesitamos negociar. Por supuesto que necesitamos tener contacto. ¡Pero nunca debemos deponer las armas! Nunca debemos vender los intereses centrales del país ni sacrificar los intereses de la clase trabajadora.

En 1972, el presidente estadounidense Nixon visitó China. En aquel entonces, China era mucho más pobre que hoy, y el clima internacional era mucho más duro. ¿Pero cómo recibió el presidente Mao a Nixon?

No fue al aeropuerto a recibirlo. Estaba sentado en su estudio de Zhongnanhai (ed. residencia de Mao y sede del gobierno central), rodeado de viejos libros chinos, y recibió al líder imperialista – en sus propios términos. Porque Nixon se estaba hundiendo en el lodazal de la Guerra Fría.

Mao le dijo a Nixon: «Me gusta negociar con la derecha».

¿Por qué? Porque la derecha no esconde nada; tienen la explotación y la hegemonía escritas en la frente. Pero eso de ningún modo significa que Mao se identificara con las acciones imperialistas de Estados Unidos. Cuando se firmó el Comunicado de Shanghái, China insistió en escribir:

«Donde hay opresión, hay resistencia. Los países quieren independencia, las naciones quieren liberación, y el pueblo quiere revolución –esto se ha convertido en una fuerza imparable de la historia».

Negociamos con ustedes estando erguidos. Negociamos para romper su cerco y explotar las contradicciones internas del imperialismo para fortalecernos –no para mendigar su misericordia. Importamos su tecnología y capital para construir un estado socialista fuerte– ¡no para permitir que nuestra clase trabajadora vuelva a ser esclava de los capitalistas!

Esa es la actitud y esos son los principios que caracterizan a un revolucionario proletario cuando se enfrenta al imperialismo estadounidense – nada menos.

Epílogo

A principios de diciembre de 1989, en la isla de Malta en el Mediterráneo. Mijaíl Gorbachov, presidente del Presidium del Sóviet Supremo, y el presidente estadounidense George H.W. Bush celebraron una reunión histórica a bordo del barco de pasajeros soviético «Maxim Gorki».

Afuera rugía una tormenta. Las enormes olas parecían anunciar la caída de un imperio poderoso. En este barco que se balanceaba, Gorbachov aceptó casi todas las demandas de los estadounidenses. Anunció unilateralmente que no interferiría en los levantamientos de Europa del Este, y prometió unilateralmente fuertes recortes de armamento – todo a cambio de las promesas verbales de Bush de «ayuda económica» y «apoyo a las reformas soviéticas». Palabras vacías.

Después de la reunión, Gorbachov anunció con orgullo a los medios: «El mundo está dejando una época y entrando en otra. Estamos al comienzo de un largo camino hacia una era de paz duradera».

Se veía a sí mismo como el gran arquitecto de la historia. Pero no sabía que Bush escribió estas frías y brutales palabras en su diario: «Ganamos. Lo están entregando todo – ni siquiera tuvimos que levantar un dedo».

Solo dos años y veinte días después, el 25 de diciembre de 1991, la Unión Soviética colapsó. El gigante rojo que una vez había hecho temblar a todo el mundo capitalista occidental se desmoronó después de haberse mutilado a sí mismo, destrozado por el capital multinacional occidental y los oligarcas nacionales.

¿Y qué pasó con Gorbachov, que creía haber traído la paz al mundo? Unos años más tarde, para ganar unas pocas perras, apareció como un payaso siendo la mascota en un comercial estadounidense de Pizza Hut, rodeado de clientes curiosos. Frente a la cámara, estaba con una porción de pizza capitalista occidental y una sonrisa aduladora. Fue el momento más trágico e irónico del siglo XX.

Hoy, cuando el avión privado del imperio vuelve a aterrizar en nuestro suelo, cuando nos enfrentamos de nuevo a acuerdos que dicen traer un «ganar-ganar» y «prosperidad»;

Les diré a todos los camaradas:

No se dejen deslumbrar por las sonrisas ni por los números tentadores. En cambio, mantengan la mirada fija en lo único que importa: ¿Todavía tenemos el poder para defender los intereses de la clase trabajadora y nuestra soberanía nacional?

Si deponemos las armas porque anhelamos una comodidad temporal y un «acuerdo» ilusorio, entonces la tormenta sobre Malta podría golpearnos en cualquier momento. Y la próxima vez, el imperialismo se habrá preparado – ni siquiera quedará un trozo de pizza del Pizza Hut para nosotros.

Zi Hengmo (子珩墨) es un joven escritor marxista chino y comentarista en línea. Escribe sobre antiimperialismo, desigualdad global, temas sociales y teoría socialista en la esfera pública de Internet china, y ha publicado artículos en varias plataformas de izquierda y medios autogestionados. Sus textos afilados lo han convertido en una voz destacada dentro de la gran esfera pública de izquierda china. Zi Hengmo proviene de un pueblo de la provincia de Shandong y tiene una licenciatura de la Universidad de Shandong.

*El artículo fue publicado originalmente por Utopia y traducido del chino.

[1] Nota del traductor: 理中客 (Lǐ Zhōng Kè) es un término que se usa peyorativamente en la izquierda china. Describe a una persona que afirma ser racional, neutral y objetiva, pero que en realidad evita tomar posición o esconde una agenda de derecha detrás de una fachada de razón.

[2] Nota del traductor: «Nuevo Pensamiento» – la doctrina política e ideológica introducida por Gorbachov a finales de los años ochenta

[3] Nota del traductor: En chino, 公知 (gōng zhī) es un acortamiento de «intelectual público» (公共知识分子). Originalmente un término neutral o incluso positivo para académicos y profesionales que participan en el debate público con posturas críticas e independientes, el concepto se difundió en China después de 2004, cuando la revista *Southern People Weekly* publicó una lista especial de «50 intelectuales públicos que han marcado a China». En los últimos años, sin embargo, el término ha adquirido un significado negativo en la izquierda china. Ahora se usa a menudo despectivamente para describir a personas que – bajo la apariencia de ser «independientes» y «críticos» – alaban sistemáticamente los valores occidentales mientras presentan el sistema político y las condiciones sociales de China bajo una luz consistentemente negativa. La expresión se corresponde parcialmente con el «intelectual público» del debate occidental, pero debido al contexto político específico de China ha adquirido una connotación mucho más negativa y politizada.

[4] Nota del traductor: «Evolución pacífica» (和平演变, hépíng yǎnbiàn) es un concepto que se origina en la política exterior de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Fue formulado por el secretario de Estado estadounidense John Foster Dulles a finales de los años cincuenta como un desarrollo de la doctrina original de George F. Kennan sobre la «coexistencia pacífica» entre los bloques socialista y capitalista (formulada en el famoso «Telegrama largo» de Kennan en 1946). En discursos de 1957-58, Dulles argumentó a favor de usar «medios pacíficos» para «acelerar la evolución de las políticas gubernamentales dentro del bloque sino-soviético» y así «acortar la vida útil esperada del comunismo». La idea era que los estados socialistas podrían transformarse desde dentro – sin confrontación militar, sino a través de la influencia gradual de ideas extranjeras, presión económica e infiltración cultural.

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