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Zaldívar; entre las críticas de las izquierdas radicales y las enseñanzas de la historia

Luis Fernando Contreras Gallegos

El 19 de abril de 2021 se llevó a cabo en el programa de Hernán Gómez la reunión de una interesante mesa de debate compuestas por tres personalidades académicas y periodísticas. Las participaciones eran integradas por Carlos Illades, Gustavo Gordillo y Tito Garza Onofre. El motivo que los invitaba a discutir fue la polémica modificación a las leyes secundarias que se aplicó al poder judicial. Sin embargo, el encono argumentativo se canalizó hacia el ruidoso artículo transitorio que da pauta a la prolongación del cargo como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al ministro Arturo Zaldívar.

            Sobre este alargamiento de funciones han salido a flote diferentes opiniones, comentarios y análisis provenientes no solo de las esferas políticas, sino también de las trincheras académicas y, por supuesto, de las múltiples voces sociales que conforman la esfera pública. Si en este texto optamos por tomar como referente a esta mesa de debate es por dos razones: 1. La incongruencia de los sectores radicales de izquierda; 2. Por el comentario de Tito Garza, quien dice que AMLO se disputa entre la figura de Madero y de Cárdenas. Estos serían nuestros dos elementos eje y los motivos por los cuales decidimos partir de este singular encuentro. De ellos pretendemos demostrar algunas incongruencias de las críticas y las enseñanzas históricas que nos pudieran ayudar a comprender de mejor manera este peculiar artículo transitorio.

Los giros e incongruencias de las izquierdas radicales

Desde el inició de la 4tT se hicieron llegar las críticas y las oposiciones al espíritu de transformación que significa este reciente proceso histórico. Uno podría pensar que las voces más recalcitrantes provendrían de los grupúsculos mayoritariamente afectados, por ejemplo; elites políticas, elites empresariales, intelectuales orgánicos del viejo régimen y todos aquellos que se veían beneficiados de la antigua maquinaria. Misma maquinaria que resiste y que se niega a morir, la cual se caracteriza por un corporativismo y una monopolización de la representación, donde solo unas cuantas minorías encontraban respuesta a sus deseos y a sus necesidades. Mientras, del otro lado, la sociedad quedaba abandonada, sin escucha y cada vez más sumergida en los efectos negativos de esta lógica política.

No obstante, el enfado que significó la llegada de AMLO también fue compartido por los intelectuales, académicos y activistas que se identifican con las izquierdas radicales. Estos sectores manifiestan su descontento debido a que consideran que la revolución social que debe romper con el viejo régimen no puede llegar a través del reformismo. Incluso hay núcleos añejos que siguen reivindicando que la verdadera transformación solo puede consolidarse con la toma del poder por parte de los proletariados y la instauración de la dictadura de estos. Grandes partes de estos grupos se retroalimentan de ideas caducas o de un anhelo práctico que en realidad resulta inoperante. No confían en que la transformación pueda llegar de la mano de un nuevo gobierno. Estos mismos grupos esperan discontinuidades radicales y rupturas con el capitalismo que sobrevengan de la noche a la mañana. Parece ser que su horizonte de inteligibilidad política no les permite ver los ejemplos de la historia y notar que toda transformación es tardada, con sus respectivas temporalidades y sus respectivos tropiezos. Es difícil para ellos ver que el tablero histórico de la realidad mexicana impide una transformación radical, pues los poderes fácticos del antiguo régimen aún permanecen en abundancia.

Sin embargo, las últimas semanas, a partir del caso Zaldívar, parece que estos sectores ya no saben si caminar por los senderos del radicalismo o por los caminos de la legalidad y de las viejas leyes de las que hace unos meses tanto remilgaban. Después de que se anunciara la prolongación del ministro como director de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, alargando su puesto hasta 2024, los opositores conservadores, al igual que los radicales, dieron muestra de una enorme devoción al apego constitucional. Defensa que no estuvo del todo presente durante los sexenios anteriores y las violencias cometidas contra los derechos humanos, a los recursos de la nación y a la propiedad privada. El PRIAN tuvo diferentes gobiernos que se caracterizaron por el pisoteo constitucional, pero estos grupos no mostraron el enfado que ahora denuestan contra un artículo transitorio.

Tal es el caso del Doctor Carlos Illades, quien a pesar de ser uno de los intelectuales más críticos frente a las estructuras del poder político en México, parece que su desagrado hacia la 4T lo lleva a manifestar ciertas inconsistencias en su postura. El intelectual, durante el programa de Hernán Gómez, menciona que las distintas reformas que buscan implementarse tienen que avanzar con un apego a las reglas democráticas y constitucionales ya establecidas. Su esperanza radica en que las instancias que subsecuentemente revisen el transitorio, que toca a Zaldívar, “hagan lo propio para que no prospere”. Es decir, que AMLO, si quiere lograr las reformas energéticas y al poder judicial, lo haga apegado al orden instituido y “no dándole vueltas a la ley”.

Minutos después, a medida que la mesa de debate proseguía, el Doctor Illades no repara en sus contradicciones argumentativas. Él menciona que lo que pasa en México no puede ser catalogado como una revolución. Si lo que hoy vemos fuera una revolución, según las palabras de Illades, seria notable una transformación radical del Estado, de las leyes y de sus instituciones. Al grado de que saca a colación ejemplos históricos de verdaderas revoluciones, según sus creencias, como la francesa o la rusa. Mismas revoluciones que, cabe anotar, no prosperaron de la forma en la que lo hicieron por un respeto y una devoción a las reglas, leyes y constituciones de los antiguos regímenes.

Como podemos ver, Illades, en un primer momento, critica a la 4T por las medidas agresivas que para algunos pudieran significar un agravio constitucional. Más aún, su sugerencia es que los futuros triunfos reformistas se logren con un total apego a las estipulaciones legales. Paradójicamente, minutos después pone a relucir la ya conocida crítica de que la 4T no es tan radical y revolucionaria como a él le gustaría. Tanto así que pone de ejemplo la Revolución Francesa y a la Revolución Rusa. Procesos históricos que, insistimos, triunfaron por no ser tan ecuánimes ante los mecanismos legales e institucionales del viejo régimen.

Esta imagen es un reflejo fiel de muchas de las incongruencias que arrastran las supuestas izquierdas radicales. Cuando ven que la transformación de la 4T avanza a un ritmo lento y progresivo levantan el estandarte crítico de que hace falta más radicalidad y desmontar tajantemente el viejo orden institucional y estatal que está a merced de los grupos conservadores. Cómicamente, cuando la 4T toma una medida más estricta y directa para aplicar las reformas contra el nepotismo, entonces voltean su estandarte y piden prudencia y respeto por las instituciones y por el Estado mismo, todo encarnado en una tajante devoción constitucional. Todo indica que partes de estos sectores desconocen los procesos históricos de construcción democrática y de cómo estos, muchas de las veces, necesitan de medidas severas y excepcionales ante una manada de hienas que solo esperan el momento adecuado para derribar lo poco que se ha avanzado. Es por eso por lo que aterrizaremos dicha problemática a la historia de la construcción democrática en México y lo que de aquí podemos extraer de aprendizaje.

AMLO, entre Madero y Cárdenas o entre Madero y Juárez

Al finalizar esta mesa de debate, Gustavo Gordillo, analista político, hace mención que Andrés Manuel se encuentra en un conflicto de similitudes históricas que le emparenta en personalidad y en práctica con Madero y con Cardenas. Con Madero, según Gustavo, debido a esa praxis de querer efectuar los cambios y la transformación únicamente mediante el instrumento de su personalidad carismática. Cárdenas, del otro lado, por sus anhelos tendientes a conquistar el progreso.

Los símiles históricos que construye Gustavo son interesantes para este texto, no porque pongamos el acento en qué tanto se parece AMLO a Madero y a Cárdenas, sino porque consideramos que la praxis política de estos presidentes puede dar claves de lectura sobre cómo está actuando Andrés Manuel y algunas piezas clave de la 4T. Sin embargo, consideramos que, para entender el movimiento que se llevó a cabo en el caso Zaldívar, es mejor utilizar un símil con Juárez y no con Cárdenas. Es decir, la revisión histórica de la política mexicana, específicamente en estas dos personalidades, ofrece un cuadro de errores y aciertos que hay que tener en cuenta para entender si el repentino artículo transitorio es o no una violación constitucional y una falta hacia la democracia. O, por el contrario, un paso estricto y directo necesario para la defensa y construcción de la democracia misma.

La enseñanza que nos deja Madero

Empecemos por Madero. El coahuilense es una de las figuras más importantes a la hora de hablar sobre los procesos de construcción democrática en México. Su papel medular en la revolución mexicana fue más accidental que bien meditado. Madero nunca tuvo la intención de convertirse en la chispa social que hiciera explotar todo un movimiento revolucionario enfocado en destruir las estructuras del antiguo régimen. De hecho, nadie lo esperaba, incluso los embajadores internacionales de ese momento mandaban telegramas a sus respectivos países ofreciéndoles discursos de tranquilidad, pues todos convenían en que no pasaría de los frecuentes y ya conocidos tumultos.

La relevancia de Madero radica en que fue uno de los personajes políticos más críticos frente al régimen de Porfirio Diaz. Sus reproches se dirigían hacia la dinámica política clásica del porfiriato. Una política clientelar y hermética donde solo cabían unas cuantas voces. La única forma de participar en las decisiones del país era a través de las relaciones filiares, de cercanía y de amistad hacia Porfirio Díaz. No existía lugar de participación para la sociedad y tampoco para grupos opositores a los designios autocráticos de Díaz.

La voz y los dictámenes de Don Porfirio se habían convertido en autoridades tajantes que no podían ser refutadas o contradichas. La sociedad terminó por acatar este mando dictatorial por dos motivos. En primer lugar, porque al principio consideraban plausible su prolongación, pues había frenado las continuas rivalidades, guerras y conflictos que habían asolado a la reciente nación por cerca de 50 años. En segundo lugar, si logró esto es porque su gobierno se caracterizó por la mano fuerte, por la represión severa del “mátalos en caliente”.

Asi pues, la dictadura porfiriana se auto legitimaba mediante el discurso de que cualquier apertura política para darle cabida a nuevos grupos sociales colocaba el riesgo latente de regresar a la anarquía. Por eso mismo, no existía mejor mecanismo político de paz y estabilidad que cerrar la participación a unos cuantos grupos cercanos.

Madero no congeniaba en lo más mínimo con este modus operandi social y político. Él estaba convencido de que la única manera de recuperar y poner a funcionar nuevamente a la democracia era mediante una participación política más amplia que hiciera estallar esos clásicos compadrazgos. Su propuesta era que los accesos a cargos públicos se obtuvieran mediante vías democráticas y no por mecanismos clientelares de heredar los puestos de gobierno a los hijos, yernos, familiares o amigos. De la misma manera, luchaba para que los pueblos tuvieran la suficiente autonomía que les permitiera escoger a sus propias autoridades. Las reivindicaciones maderistas y sociales, pues, tomaron gradualmente forma hasta sintetizarse en el “Plan de San Luis”.

Sin embargo, Madero va a tropezar en un severo error que lo va a conducir hasta su propia muerte y la de su hermano. El coahuilense confió en que dichas modificaciones hacia la democracia se podían lograr mediante una conciliación con los grupos porfiristas y, más aún, con el propio Porfirio Díaz. Es por ello que, cuando Madero ve el estallido social que se ha generado, inmediatamente retrocede y trata de calmar al pueblo enfurecido. Lamentablemente para Madero, el fuego ya estaba esparcido.

En vista de que la Revolución Mexicana insospechadamente ya se encontraba en la puerta, Madero pacta con grupos militares y políticos porfiristas, como Limantour. El objetivo de estas alianzas era afianzar un trato en el que se aseguraran algunos cambios que devolvieran la tranquilidad al pueblo y esto los condujera nuevamente a la paz.

No obstante, Madero pierde de vista que estas elites de caciques y terratenientes provenían de orígenes militares e incluso de bandolerismo y que no iban a renunciar tan fácil a sus privilegios. El coahuilense se hunde en su ingenuidad al pensar que voluntariamente estos grupos de poder iban a deslindarse de sus posiciones privilegiadas, todo para construir el horizonte y la apertura democrática que buscaba Madero.

Lo que va a suceder es que estos grupos porfiristas van a fraguar una conspiración contra Madero y lo van a conducir directamente hacia su muerte en el evento histórico que hoy conocemos como “La decena trágica”. Madero tuvo diferentes avisos de esta conspiración. Las notificaciones le llegaron por parte de su hermano Gustavo e, incluso, del propio Villa. Sin embargo, Madero confiaba en que los pactos y las formas convenidas iban a ser respetadas por los grupos de porfiristas.

El error histórico que nos deja Madero es que, como dice Taibo II, hay momentos de la historia en los que tienes que defender la democracia a tiros o te asesinan y tiran todo lo mucho o poco que se haya logrado. Madero nunca optó por medidas estrictas y tajantes. Su confianza en los pactos con los grupos porfiristas lo llevaron a pensar que estos grupos voluntariamente iban a renunciar a sus prácticas de privilegios. El coahuilense, por no querer enardecer más el incipiente proceso de revolución, concilia con el grupo político que le dará la muerte. Curiosamente en este caso, son las medidas titubeantes y de conciliación con el enemigo las que tiran la posibilidad de la democracia.

Por otro lado, existen episodios en donde lo mejor para construir o defender la democracia es saltarse un poco las formas y actuar de una manera más tajante. Tal es la valiosa enseñanza que nos deja Benito Juárez.

Juárez y sus enseñanzas

Juarez es otra de las imágenes históricas que nos pudieran transmitir algunas enseñanzas sobre medidas severas y poco comunes tomadas contra aquellos grupos que unen esfuerzos para tirar abajo los logros de la construcción democrática.

Al Benemérito de las Américas le tocó recibir un país prácticamente en ruinas. Las problemáticas sobre las que Juarez tenía que actuar no eran solamente las inmediatas, sino que había una serie de dificultades que se habían construido durante una larga temporalidad histórica y que seguían infligiéndole daño al país y a la sociedad. Estaba, por ejemplo, todas las problemáticas irresueltas que no se habían zanjado una vez obtenida la independencia. Hay que contar tambien la presencia de fuertes grupos de poder conservadores que no querían alterar el estatus quo y deseaban mantener la dinámica política con todo y sus herencias coloniales. Mismos grupos que defendían a capa y espada la presencia de la iglesia en decisiones gubernamentales y el dominio de ésta en rubros como la educación. Más aún, un país desmoralizado por la invasión de los Estados unidos y su efecto más doloroso; la pérdida de una gran parte del territorio del norte.

El gobierno de Juárez tuvo el deber histórico de maniobrar sobre este sinuoso camino de malas herencias. Ninguno de los problemas recientemente citados había dejado de tener lugar. Los conservadores mantenían grandes cotos de poder; la iglesia era un obstáculo para los valores republicanos y democráticos; y los Estados Unidos continuaban con misiones filibusteras para apropiarse de más territorio, especialmente el Istmo de Tehuantepec y Baja California, al igual que Sonora y Chihuahua. El país, en ese entonces, no tenía ni un poco de cimientos gubernamentales; la sociedad estaba fracturada en rebeliones y conflictos internos; el caótico aparato gubernamental estaba sumamente endeudo y en una situación vulnerable frente a los poderes extranjeros.

Juárez viene de una larga tradición de liberalismo, que pudiéramos decir empieza a tomar fuerza en México desde Gomez Farías. El oaxaqueño, junto a todos los liberales que van a dar cuerpo la reforma, estaban convencidos de que el país tenía que reconstruirse para así tomar norte hacia el progreso, la democracia y el liberalismo. Sin embargo, como podemos ver en la enorme lista anterior, todos los adscritos a la reforma iban a tener enormes problemas al intentar desmontar estos poderes fácticos que tenían al país en pedazos.

No vamos a dar repaso a la extensa carrera de Juárez y la construcción de la popularidad que lo llevó a convertirse en presidente. Basta mencionar que los cargos desempeñados variaron entre puestos menores, gobernador de Oaxaca y hasta presidente de la Suprema Corte de Justicia.

A Juárez le toca la persecución por parte de los grupos santaanistas, quienes acometían una purga liberal. Debido a este acoso Juarez es capturado y mandado al exilio, el cual concluirá en Nueva Orleans. Es en este territorio donde conocerá a algunos proscritos de la dictadura de Santa Ana y congeniará muy bien con ellos, por ejemplo: Melchor Ocampo y Ponciano Arriaga. Una vez organizado junto a estas nuevas personalidades, que pasan a formar parte de su vida y pensamiento político, deciden acudir al estallido de la Revolución de Ayutla.  Asimismo, ya con Comonfort como presidente, le toca espectar el golpe de Estado que se comete contra éste a manos de Zuloaga.

El golpe de Estado contra Comonfort se llevó a cabo el 21 de enero de 1857. Es a partir de ese suceso que Comonfort se ve orillado a dejar el país y en su lugar Juárez pasa a ocupar el cargo presidencial. Juárez, desde ese momento queda como responsable de continuar la lucha por la reforma y por los triunfos alcanzados y expresados en la constitución de 1857. Las dificultades no eran menores; los grupos conservadores querían tirar los logros obtenidos, y para ello contaban con mejor armamento y con el dinero del clero, quienes apoyaban su causa antiliberal.

Es así como el país se divide en dos facciones de gobierno. Por un lado, el Gobierno Constitucional, conformado por los liberales y encabezado por Juárez. Del otro lado, el Supremo Gobierno, que entre sus filas se daban lugar los grupos más conservadores, apoyados y financiados por la iglesia. El conflicto que surge entre estos dos frentes va a conocerse como “Guerra de Reforma”.

En este proceso de transformación que fue la reforma, Juárez y los liberales tenían planeado el implementar las modificaciones necesarias que inhabilitaran las estructuras coloniales que aún se filtraban en el ejercicio político e institucional, al igual que en todas las prácticas cotidianas. Este proceso fue encaminado hacia la obtención de una construcción democrática y hacia una república representativa que pusiera los cimientos de lo que despues sería el Estado moderno mexicano.

Estos objetivos tenían por instrumento a las Leyes de Reforma. Estas leyes en un primer momento buscaban una nacionalización de los bienes eclesiasticos. Medida que era necesaria en primer lugar para mutilar la fuente de financiamiento de los conservadores; en segundo lugar, para que los liberales a partir de esa nacionalización pudieran obtener un ingreso que les posibilitara el financiamiento de su causa.

No obstante, las leyes de reforma no se limitaban al especto eclesiástico y a la nacionalización de sus bienes. Estas leyes significaban un proceso de transformación multidimensional que trastocaba diferentes aspectos. Su propósito era transformar la administración de justicia, la formulación de nuevos códigos civiles y criminales, la introducción del sistema de jurados y la eliminación de gastos tribunales. Asimismo, una expansión del sistema educativo que tendría por resultado más escuelas primarias y secundarias, además de una secularización educativa.

En 1860, Gonzales Ortega logra obtener el triunfo militar que pondría punto final a la guerra de reforma. Una vez derrotado el militar conservador Miramón, los ejercitos liberales podían avanzar y entrar triunfalmente a la Ciudad de México. Sin embargo, esto no significaba que el proyecto liberal y republicano de la reforma hubiera encontrado su punto culminante o su realización total. Los liberales, al igual que Juarez, sabían que lo difícil no había sido la guerra, sino que las verdaderas dificultades comenzaban ahora en la reconstrucción y aplicación de las reformas en tiempos de triunfo.

Juárez, el 28 de diciembre de 1860, promulga oficialmente, ya con el triunfo y la Ciudad en sus manos, las Leyes de Reforma. Proyecto que iba a ser la piedra angular para transformar la condición política, social y económica de México. Por otro lado, el encontrar la forma de aplicar las reformas iba a significar nuevamente un problema. La misma dificultad de siempre volvía a aparecer; el gobierno juarista y su gabinete se encontraban desgastados económicamente y, si querían cumplir el proyecto de reforma, tenían que girar la situación y encontrar fuentes de financiamiento.

La amenaza más inmediata era que los conservadores no habían apagado del todo su deseo de tirar la reforma y de eliminar a la Constitución de 1857. Estos grupos de conservadores, entonces, comenzaron a operar mediante la guerrilla y a generar tumultos esporádicos a lo largo de toda la república. Contenerlos se hacía algo cada vez más difícil, especialmente por la situación de financiar las contiendas militares. Además, personajes conservadores viajaron a Europa para pedir el apoyo de los países imperialistas. Su anhelo era que estos impusieran un régimen monárquico y esto les permitiera recuperar nuevamente los viejos privilegios e imponer de nuevo el conservadurismo.

El éxito de Juárez nuevamente danzaba sobre un piso sostenido en alfileres. Y es aquí donde nos interesa demostrar la forma astuta, estratégica y tenaz que Juárez ocupó para salvaguardar el proyecto de la reforma y a la Constitución de 1857. El benemérito de las américas sabía que el peligro nuevamente lo acechaba. El riesgo provenía de los ataques conservadores que no cesaban; de tensiones internas que comenzaban a darse dentro de su gabinete y de una invasión extranjera que no se esperaba, además de personajes locales que comenzaban a acaparar grandes cantidades de poder.

Juárez ante estas dificultades decide actuar tajantemente, en junio de 1861 le solicita al congreso el otorgamiento de poderes excepcionales, por lo cual se terminaron anulando transitoriamente las garantías individuales. Es decir, Juárez sabía que los riesgos eran demasiados y que si no atacaba con fuerza y decisión los resultados iban a ser desastrosos. La mejor forma de proteger a la reforma y a la constitución era mediante una parcial suspensión de ésta. El Congreso accede a la petición de Juárez, siempre y cuando esa medida fuerte le ayude a intervenir de forma más decisiva sobre los focos de rebelión conservadora y ante la división social.

La suspensión de las garantías individuales y el ataque a los conservadores se convirtió en un éxito momentáneo. La invasión del ejército francés y la llegada de Maximiliano van a significar una pausa en este periodo de reequilibrio. El oaxaqueño, ante la nueva dificultad externa, le solicita al congreso una extensión de las medidas excepcionales que le otorgan más poder al ejecutivo. La ampliación de la excepcionalidad iba hacia dos caminos. Por un lado, alargar su tiempo de gobierno. Segundo, decretar que todo aquel que colaborara con los franceses fuera pasado por una corte marcial y se le aplicaran medidas capitales. Este último decreto era necesario, a pesar de que contravenía con puntos constitucionales. De no aplicarse, las traiciones y los auxilios a los franceses iban a conducir a un escenario trágico que ni Juárez ni nadie iba a poder controlar.

El uso de estas medidas excepcionales que se le otorgaron a Juarez no acabaron ahí. Esos poderes brindados al ejecutivo, Juarez los ocupó para saldar cuentas con los caciques que le comenzaban a generar dolores de cabeza por los abusos y por su falta de compromiso con la reforma. Tal es el caso de Vidaurri. Este cacique tenía tanto poder en la zona de Coahuila y Nuevo León que podía retar a cualquier poder. Además, su prepotencia siempre lo llevó a negarse a brindar apoyo para las causas nacionales. Los registros dicen que Vidaurri del cobro de impuestos de su región probablemente ingresaba más dinero que la propia Ciudad de México. A pesar de eso nunca colaboró con las urgencias económicas, aún en tiempos de invasión. Juárez durante mucho tiempo no pudo tocar a Vidaurri, pues los poderes fácticos que tenía este último eran demasiados. Sin embargo, con los poderes excepcionales que Juárez tenía y en una coyuntura que desfavoreció a Vidaurri, el oaxaqueño decide enfrentarse con el cacique y ajustar cuentas pasadas. Una medida dura pero que al final benefició el avance de la reforma.

Uno podría pensar desde cierta perspectiva que Juárez fue un violador de los principios constitucionales y que él fue el primero en pisotear la constitución que tanto defendió. No obstante, la realidad es otra. Juárez nunca hizo otra cosa más que buscar las condiciones adecuadas para el despliegue de la reforma y para la aplicación de esta. Asi ello significara tomar medidas severas que se salieran un poco de los marcos constitucionales. Juárez, a diferencia de Madero siempre supo que uno no puede conciliar por siempre con los poderes que se oponen a la democracia y al republicanismo. Juárez fue un personaje astuto que supo todo el tiempo cuando actuar con silencio y cuando actuar con agresividad.

El triunfo de la reforma muy seguramente no fue el que el Benemérito esperaba, pues las dificultades que se le antepusieron terminaron por ralentizar los procesos de transformación. A pesar de ello, las leyes de la reforma y el triunfo del liberalismo iban a generar los cimientos del Estado mexicano moderno. Los espectadores extranjeros hacían llegar a sus países que México nunca había gozado de tanta estabilidad y paz desde que Juárez tomó el poder. Lamentablemente el proceso de transformación se clausuró de un golpe porque ni Lerdo ni Díaz estuvieron a la altura del proyecto y de la grandeza de Juárez. Otra enseñanza que hay que tener en cuenta y que bien valdría para reflexionar los riesgos del obradorismo despues de Obrador.

Conclusiones

El artículo transitorio que permite a Zaldívar mantenerse en su cargo durante dos años más ha sido fuertemente criticado. Los enfados al respecto no solamente han provenido de los sectores conservadores que ven sus intereses en riesgo, sino también de grupos de izquierda que pasaron en unos días de la radicalidad al amor y devoción por las constituciones.

La crítica hacia el artículo transitorio se ha mantenido en una supuesta violencia contra la democracia misma y contra los principios de la constitución. Sin embargo, hacer una crítica que todo lo quiere ver o color de blanco o color negro es optar por un camino estéril. En una medida como esta hay que poder observar los matices, las minucias y los procesos históricos, solo así se podrá entender si verdaderamente es un acto que vulnera la democracia o si, por el contrario, es una medida poco ortodoxa para el sostén y la construcción de la democracia misma.

El poder judicial, a lo largo de este corto periodo de transformación, ha significado un frente de lucha en el que se han ocultado los intereses conservadores. Es un poder que ha permanecido lejano a la neutralidad y al cuidado de los intereses populares. Al contrario, el poder judicial ha sido una de las tantas instancias que han sido parasitadas por la lógica corrupta, corporativista neoliberal que se ha construido durante poco más de 70 años.

Andrés Manuel y las piezas importantes de la 4T son conscientes que la llegada al poder no era la parte más difícil. El verdadero reto está y estará en la transformación de un Estado que ha sido secuestrado entre redes de macro criminalidad y macro corrupción. Es decir, un Estado que solo servía para cumplir las necesidades de una minoría. Hoy día la 4T gradualmente recompone y recupera al Estado de esos grilletes que le impiden llevar a cabo su función popular y representativa.
AMLO sabe que, mientras no logre anular ese dispositivo de nepotismo y corrupción que se articula en el poder judicial, las reformas necesarias para la transformación no van a poder llevarse a cabo. Hasta el momento Zaldívar ha hecho un papel comprometido con esta transformación. La salida de este ministro puede dar oportunidad a que los grupos conservadores y empresariales filtren un caballo de troya y haga aún más difícil la aprobación de las reformas necesarias para el cambio.

Las enseñanzas históricas que aquí revisamos nos han demostrado que son estos momentos en los que hay que actuar de forma decisiva. Por un lado, está la enseñanza de Madero, quien pensó que la conciliación con las estructuras del antiguo régimen podía conducir al cambio. Lamentablemente para el chihuahuense, su enorme espiritu democrático no se vio acompañado de medidas más drásticas y eso lo llevo a su muerte. Por otro lado, tenemos la enseñanza de Juárez, quien tuvo que defender los procesos de transformación de la reforma y la constitución de 1857 muchas de las veces con una anulación de la constitución misma ¿Eso hace de Juárez un déspota? Por supuesto que no, si él no hubiera actuado de esa manera no solo los franceses hubieran acabado con él, sino también los conservadores o el propio Vidaurri quien cada vez acumulaba más poder.

La 4T ha actuado de una forma muy astuta. Hasta el momento ha dado muestra de saber cuándo dar la mano y avanzar en silencio y de cuándo soltarla y actuar de formas más drásticas. Así pues, el artículo transitorio que prolonga a Zaldívar no es un despropósito contra la democracia, sino una acción que da muestra de que AMLO piensa, como dice Taibo II, “defender la democracia a tiros”.

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