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Revueltas y las disputas por su memoria

Hugo Nateras Jiménez

Historiador

 

El día de ayer Luis Hernández Navarro, coordinador de Opinión de La Jornada, publicó un texto por demás interesante, y polémico, a propósito de dos acontecimientos: el 45 aniversario de la muerte de José Revueltas y la más reciente visita de AMLO a las antiguas Islas Marías, ahora transformadas en el “Centro de Educación Ambiental y Cultural Muros de Agua José Revueltas”.[1]A lo largo del artículo se advierte que el objetivo del columnista es, justamente, impugnar la apropiación del legado del comunista originario de Durango y su incorporación al panteón oficial de la 4T, y para ello trata de echar mano de algunas citas en las que se evidenciaría el pensamiento y las posiciones políticas del “insumiso e inclaudicable escritor rebelde”.

De entrada, nos dice Hernández, la incorporación del autor de El apando no es un hecho aislado o fortuito, y en eso estamos plenamente de acuerdo, ya que es parte de la construcción de una narrativa política que desde el presente busca asumirse como heredera, de una u otra manera, de esas vías negadas de la historia mexicana contemporánea, en la que la izquierda comunista tiene un papel muy relevante, aunque no único. Y el traslado de los restos de Valentín Campa y Arnoldo Martínez Verdugo en 2019 a la Rotonda de los Personas Ilustres vendría a ser uno de los momentos más significativos de este esfuerzo estatal.

Sin embargo, hay un par de cuestiones presentes en el texto sobre las que nos gustaría plantear un dialogo y una posible critica. La primera de éstas es aquella a través de la cual se nos dice que en el hipotético caso de que Revueltas siguiera vivo, y a pesar de los guiños que realizara la 4T para atraerlo, éste no se habría sumado al esfuerzo democratizador que se viene gestando desde el 1 de julio del 2018. No habría colaborado, nos dice Hernández, porque fue un militante “fiel a sus posiciones”, que nunca abandonó el marxismo en tanto guía para la acción y reflexión.

Y no se trata aquí de cuestionar esta afirmación en tanto tal, la probable distancia entre Revueltas y el gobierno actual, y tampoco me interesa hablar en nombre de los muertos para argumentar, a contrapelo, que “si Revueltas viviera con la 4T anduviera”. El centro de nuestro cuestionamiento recae más bien en el procedimiento que utiliza el autor para llegar a esa conclusión y las consecuencias políticas que se pueden derivar. Esto es, la crítica se dirige a la construcción de una imagen ideal de Revueltas, hipercrítico, puro e inmaculado tanto en su marxismo como en su actuar político, a partir de citas sacadas de contexto y utilizadas a modo.

Esta forma de proceder, muy común en ciertos sectores de la izquierda actual, en la que, a través de imágenes ideales, pensamientos congelados, o ideas sacadas totalmente de sus contextos de producción se disputan las herencias teóricas o políticas de algunas de las figuras revolucionarias más relevantes generalmente contribuye a la parálisis política, pues se renuncia al análisis del presente, con sus múltiples combates, condensaciones de fuerzas y contradicciones, para dar paso a la sanción en nombre del pasado y sus personajes míticos.

El segundo de los elementos que nos gustaría explorar, y que está estrechamente ligado con el primero, es aquel en el que Hernández Navarro afirma que “Revueltas nunca estuvo de acuerdo en las luchas por transformar el Estado desde dentro. Cuando le preguntaron si creía en ellas, respondió que han sido una gran mentira”. Sin duda resulta problemático, por no decir imposible, sostener esta idea de un Revueltas antipolítico durante toda su vida, pues sin ir más lejos uno se encuentra desde muy temprano en su biografía política con su labor en las Juventudes Socialistas Unificadas de México (JSUM) y el mismo Partido Comunista Mexicano (PCM) durante el auge del cardenismo, y después con su participación, a ratos olvidada, entre las décadas de 1940 y 1950 en el Partido Popular fundado por Vicente Lombardo Toledano.

Pero precisamente aquí vemos de forma clara una de las consecuencias de construir trayectorias lineales y usar un puñado de ideas, elaboradas en un momento político particular, para clasificar todo un corpus de pensamiento, olvidando los nudos, las contradicciones, los vínculos o desajustes con las realidades y los conflictos sociales en las que se gestan. Ser fiel a Revueltas, de acuerdo a la manera en que lo presenta Hernández, sería creer que las luchas por y dentro del Estado son inútiles y no tienen sentido. En ocasiones parece ser que es más importante recuperar a nuestros pensadores e intelectuales mostrándose fieles a una “línea teórica”, para obtener una “imagen pura de ellos”, a que los evoquemos manchados de realidad, interviniendo de cuerpo entero con sus ideas, erradas o no, en las coyunturas políticas que les tocó vivir.

Al tomar esta caracterización e imagen que nos presenta Hernández como motivo, y con la intención de mostrar la existencia de otros Revueltas a los que quizá podría ser interesante rescatar, vamos a evocar de manera muy breve un conjunto de intervenciones políticas, pero no de manera aislada, abstracta, sino haciéndolas dialogar con su momento político en el que surgen, y que no es otro que durante una de las experiencias nacional-populares más importante del siglo XX mexicano: el cardenismo. Con esto no buscamos ofrecer otras recetas para analizar el presente, sanciones para determinar qué es o no es revolucionario, o determinar qué luchas sí son importantes o cuáles no. Sólo queremos mostrar al militante e intelectual comunista en acción, interviniendo en su presente y tratando de contribuir con sus ideas a los procesos sociales que estaban en marcha.

Durante el mes de junio de 1938, en pleno contexto de los Frentes Populares y las movilizaciones por la expropiación petrolera, Revueltas desde Mérida, Yucatán, escribió para El Machete un artículo titulado “H. P. de América”, en el que se ocupó de las discusiones que se generaron en la X Convención del Partido Comunista de Estados Unidos. Y lo hizo porque desde su perspectiva una de las lecciones políticas que había que extraer de ese evento era la de entender que no se trataba de elaborar un programa que saliera únicamente de la cabeza de los comunistas, sino un “un programa sacado de la vida del pueblo, un programa que entiendan y anhelen las mayorías, un programa capaz de soldar a la mayoría del pueblo en un solo bloque”.[2]

Quizá motivado por las lecturas del pasado mexicano que venía realizando desde un par de años atrás (de la mano de autores como Luis Chávez Orozco, Rafael Ramos Pedrueza y Alfonso Teja Zabre, entre otros), Revueltas parece empeñado en tratar de fundamentar la estrategia política y las alianzas obrero-campesinas con el gobierno de Cárdenas más allá de la simple táctica momentánea. Para él la razón de que diversos movimientos políticos y culturales se estuvieran uniendo y además lucharan en contra de las fuerzas reaccionarias en todo el mundo debía buscarse en otro lado. Revueltas quería encontrar el origen del programa de lucha en la vida del pueblo mexicano. Y así se lo hacía saber a su amigo Efraín Huerta a través de una carta:

No, no puede ser un accidente que el movimiento comunista mundial vuelva los ojos a la tradición de cada pueblo: vuelva los ojos en EE. UU. a Lincoln y Jefferson; en Francia a Robespierre y Marat y toda la inmensa, colosal, cultura francesa: en México (¿en México?) todavía no hemos sabido volver a las tradiciones realmente mexicanas. No fue por acuerdo del 7° Congreso; ha sido una imposición violenta de la vida. (…) por eso tenemos ahí, en nuestras vidas de hoy, en nuestra sangre, en nuestra actividad, en nuestros discursos, en nuestras palabras dichas o escritas, una voz tremenda, toda una voz de siglos que nos dicta mejor que la circunstancial y objetiva sujeción a una táctica.[3]

Con esta problemática a la vista, Revueltas publicó posteriormente en el periódico comunista el día 29 de junio un texto al que tituló “Una ruta a discusión”. En éste escribió desde su lugar como dirigente juvenil y buscó dirigirse a sus compañeros de las juventudes para hacerles saber que ellos tenían tareas distintas a las generaciones que los habían precedido, y con esto no buscaba repetir una perogrullada y mucho menos usar “un lenguaje convencional y muerto”. Pues si bien reconocía el valor y la heroicidad de muchos camaradas que se habían desarrollado en el entorno complicado de la lucha clandestina, también señalaba las consecuencias negativas que les había dejado este proceso, como eran el hermetismo y la inacción frente a otros problemas de la vida. Con esta crítica Revueltas quería mostrar cómo a la vez que se enriquecieron de “sabias nuevas, puras en el sentido elevado y marxista de la palabra”, también habían entrado en un proceso de deshumanización al quedar atrapados en los rígidos marcados de una disciplina casi dogmática.[4]

Esta crítica del dogma en las filas comunistas que Revueltas realizó iba encaminada a mostrar la incapacidad que habían tenido muchos comunistas para leer la coyuntura, para advertir los horizontes políticos que se abrían, impensados durante mucho tiempo, así como las nuevas condiciones sobre las cuales podían desplegar su trabajo. Pues su cerrazón teórica les impedía entender que la marcha de la Revolución mexicana no se detenía, a pesar de ellos y de los obstáculos que la rodeaban. Y por esto les recordaba a sus camaradas que el mismo Cárdenas se había dirigido a todos desde San Luis Potosí pidiendo trabajo y construcción, ya que no era sólo “su revolución” sino la de ellos también. Aunque era claro en señalar que no les demandaba que establecieran un seguidismo miope, sino que buscaba llamar su atención “sobre la rica, dinámica, la insospechada condición de la vida, que nunca se desarrolla conforme a fórmulas previas y esquematizadas”.[5]

La revolución mexicana es una parte de la revolución que nosotros anhelamos; de la revolución que inspira todos nuestros actos y nuestra vida. No podemos simplemente aplaudir, sonreír, sentirnos complacidos, acaso pensando entre nosotros: ‘¡pero qué tal ahora que venga la nuestra, la verdadera revolución…!’ No hay otra verdad que ésta. Ésta en que tenemos que actuar; esta en la que tenemos que vivir. No hay que esperar un solo minuto más: necesitamos ponernos de pie en medio de la misma entraña de la revolución mexicana.[6]

Este ponerse de pie en las entrañas mismas del proceso revolucionario de esos años llevó a Revueltas no sólo a trabajar arduamente en pos de la unificación de las juventudes mexicanas y a apoyar al régimen cardenista, sino que también lo motivó a sumergirse profundamente en el pasado revolucionario del país. Producto de esta inmersión fueron sus trabajos “La Revolución mexicana y el proletariado”, que salió publicado en 1938 como folleto en una editorial del PRM, y “La Independencia Nacional, un proceso en marcha” que le publicó la Editorial Popular, del PCM, en 1939.[7]Con estos textos buscó combatir la inacción de muchos de sus camaradas comunistas, al sostener que una de las tareas más importantes del proletariado mexicano, y del movimiento revolucionario en su conjunto, era la de “trazar desde el punto de vista teórico los caminos propios sobre los cuales se desenvuelve la revolución en México”. Intentó ver en las luchas de ese periodo los ecos de las batallas pasadas y enraizar las aspiraciones y las dinámicas revolucionarias en la larga historia del pueblo mexicano Con ello no se refería a la aplicación de fórmulas de manera esquemática, o a despachar la historia nacional de un plumazo con conceptualizaciones fáciles, sino escuchar la voz de los siglos para “elaborar la teoría propia, los métodos propios, el camino propio que sigue la revolución de acuerdo con las características nacionales”.[8]

Finalmente, y parafraseando a Bolívar Echeverría en su análisis sobre Marx, podríamos decir que el pensamiento y la acción política revueltiana son como una especie de sustancia que puede tomar diferentes formas según el lugar desde el que se le evoque para fundamentar ciertas posturas políticas presentes. Y esto es así en parte porque no existe un Revueltas, hay varios sujetos homónimos llamados José Revueltas que actuaron en distintos contextos político intelectuales. Pero frente a aquellos que congelan o petrifican algunas de sus ideas y adoptan algunos textos, o citas, como piedras inamovibles sobre las cuales levantan sus posiciones teórico políticas, nosotros optaremos siempre por trabajar con su pensamiento como algo impuro, situado, contradictorio e inacabado, con el cual tenemos que entrar en diálogo crítico permanente. No sé qué pensaría él de la 4T, y tampoco sé si me interese, pues de lo que se trata, en la actualidad, es ir con Revueltas más allá del mismo Revueltas para situarnos en la entraña del conflictivo proceso político en el que nos encontramos y construir, desde ahí, nuestros propios caminos que nos lleven a la profundización democrática tan necesaria para nuestro país.

 

[1] https://www.jornada.com.mx/2021/04/13/opinion/017a2pol

[2] José Revueltas, “H. P. de América, El Machete, México, D. F., 13 de junio de 1938, p. 7.

[3] Citado en Antonio Cajero Vázquez, “Efraín Huerta y José Revueltas: crónica de una amistad literaria (1937-1938)”, Literatura mexicana, vol. 27, núm.1, México, enero-junio 2016, p. 126. El subrayado es nuestro.

[4] José Revueltas, “Una ruta a discusión”, El Machete, México, D. F., 29 de junio 1938, p. 21.

[5] Revueltas, 1938, p. 24.

[6] Revueltas, 1938, p. 24.

[7] Al tiempo que en las páginas de La Voz de México, el órgano periodístico que sustituyó a El Machete, sostuvo una intensa polémica con José Alcorta sobre la misma temática entre los meses de diciembre de 1938 y enero de 1939

[8] José Revueltas, “La revolución mexicana y el proletariado”, Obra Política, tomo 2, México, Era, 2020, p. 495.

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