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Nuestra Crítica

Sergio Álan Piña

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de ser crítico del gobierno federal, ahora que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador encabeza una reconfiguración de la visión del Estado; críticos a toda costa, de lo que se haga y no se haga; hay quienes con la vara muy en alto van dictando imperativamente lo que debe hacerse, con la seguridad propia de quien tiene la razón, porque para ellos la razón se tiene. Una cosa tremendamente curiosa es que, en este afán por ser críticos a toda costa, haya coincidencias entre las izquierdas más laxas y diversas, y las derechas más ortodoxas y anticuadas ¿Qué clase de crítica los puede conjuntar? ¿Esa es la crítica que queremos la que nos empate en juicios? No. Definitivamente nuestra crítica no es la de las derechas y hacerla coincidir es darle al adversario la potencia que no tiene, el ímpetu moral que perdió porque nosotros lo recuperamos.

Acompañar el cambio de régimen y gobierno en México en la Cuarta Transformación no es prestarse a la mirada esquiva de no saber reconocer errores. Acompañar es salir de la narrativa inmediatista, maniquea y limitada de lo absolutamente bueno y malo, del total acierto y del total fracaso. De la definición de diccionario sobre el qué hacer, a veces acertada pero gris, pues palpitar es más que su enunciado. Acompañar e incidir en el cambio es inscribirnos en los horizontes históricos de los límites y los alcances del actuar político, de las demandas de quienes nos precedieron, quienes lanzaron al horizonte metas para ser realizadas. Nuestra crítica no quiere definiciones para hacer las cosas, quiere hacer para definirlas.

Aunque no nos guste comprendemos los nichos de la gobernanza en tensión; a diferencia de quienes en un exceso retórico dan por hecho que el gobierno cambia lo histórico, nosotros comprendemos el gobierno como resultado histórico. Es cierto que inscribirse desde un carácter militante a la narrativa de una Cuarta Transformación no nos vuelve defensores ad náuseam del «obradorismo» pero tampoco críticos a toda costa, no aspiramos a la medalla religiosa. Partimos de la verosimilitud porque la vida social es práctica y en cuanto tal le debemos un análisis. Pensar que necesitamos la estampa ideológica (de izquierda, marxista, neoliberal, capitalista) para analizar un gobierno es un error. Nuestra crítica sabe que la práctica vale por lo que es y no por lo que dice ser, en ese sentido sabemos a qué atenernos y tomamos partido.

Por ello buscamos comprender las contradicciones de la herencia de Estado, los sesgos de perspectiva del gobierno, no disfrazamos nuestras derrotas de escepticismos, ni hacemos expresiones maximalista de los grandes fracasos. La política es también horizonte, nuestra crítica no sólo tiene presente sino busca un futuro, es una vieja tonta que mueve montañas, por ello los nuevos sabios se afanan al escepticismo. Para ellos la universalidad moral está en sí mismos, son “el ejemplo”, seres mejores que Cristo. Nosotros no, somos minúsculos pero enfáticos sobre la realidad histórica, no estamos exentos del fallo y no actuamos como si lo estuviésemos.

Nuestros esfuerzos no están con quienes buscan, de forma complaciente y reaccionaria, el optimismo en lo ideal y el pesimismo en lo real. No esa fórmula. Nuestro optimismo está en la voluntad, y si somos pesimistas a la hora de pensar es porque sabemos dónde poner las piezas. Porque aunque no parezca, escribimos lo que pensamos, pensando lo que escribimos. Por ello, será raro pero posible que en ciertos márgenes entre derechas e izquierdas los juicios coincidan, pero nuestros fundamentos no pueden coincidir. Su crítica no es la nuestra, tanto ustedes como nosotros vemos y atestiguamos lo real, pero la gran diferencia es que ustedes en lo real no ven lo posible y nuestra crítica sí.