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Materialismo Político-Económico: el retorno de la historicidad en la materialidad viva

Oscar David Rojas Silva

Los Modos de Producción Históricos (MPH) contienen la información nuclear de la dinámica relacional que establece una comunidad para producirse y reproducir la vida. Con esto, la ciencia del materialismo histórico supo detectar las distintas fases históricas que vamos transitando como género humano, como una serpiente que va mudando de piel cada cierto tiempo[1]. Esto significa que con cada MPH se va enriqueciendo el contenido de la formación social y que son detectables tendencias específicas de hacia dónde se dirige el modo en el que la especie humana va planteando y resolviendo sus problemas materiales.

El movimiento posmoderno –que no es más que el momento polarizado del idealismo secular– se encargó de eliminar cualquier noción histórica de las determinaciones materiales, centró sus acometidas para relativizar en extremo y reducir la comunidad a una suma de sujetos atomizados y con pretensiones marcadamente egoístas; pero, además, con un formato ideológico que sustituyó las cosmovisiones de los pueblos a una especie de decálogo de axiomas bajo la lógica justificadora de la explotación capitalista. Se construyó un Sistema Ideológico sofisticado que permite construir una narrativa mistificadora que habrá de propagarse por medios de comunicación, por universidades y, por supuesto, mediante la práctica cotidiana que construye un sentido común que gobierna la racionalización de los prejuicios del capital.

El sistema capitalista hace su aparición histórica como una fuerza destructora de organismos comunitarios, todo en aras del establecimiento de la relación de dominio entre el capital y el trabajo. Esta desigualdad constituyente, la separación absoluta entre fuerzas productivas y medios de producción, necesita de la normalización a-histórica de este formato social. Con esto quiero argumentar que el punto central y fuerza del Sistema Ideológico dominante está en la desaparición sistemática del principio constructivo de la historia[2].

Por ello, el materialismo histórico se vuelve criptonita para el historicismo y, con ello, para la lógica de justificación y normalización de relaciones de dominio. El tema puede resultar, para algunos, como una exquisitez filosófica, pero en realidad, a los ojos metodológicos de Marx, debe saberse que las definiciones filosóficas son la antesala para las posturas políticas que se encienden cada cierto tiempo en revolución. De la filosofía a la revolución hay pocos pasos.

Lo que queremos decir con este comentario es que los MPH son el núcleo o materialización de un Sistema Ideológico que los acompaña. Las comunidades producen cosmovisiones y estas permiten comprender el tipo de transición que ocurre en la comunidad como una totalidad orgánica, no como una suma de accidentes frankesteinianos. Es por ello por lo que la renovación del Materialismo Histórico necesita recuperar la parte activa de sus fuentes[3] para realizar el análisis del desarrollo ideológico de las comunidades. Con este paso construimos un puente sólido para unificar el análisis económico profundo y el desarrollo político de las revoluciones que revolucionan las formaciones estatales.

La vieja batalla del idealismo y el materialismo sigue viva. Pero no se trata de escoger entre una de estas vías sino de superarlas dialécticamente. El materialismo histórico de Marx hace esta labor. Para ello, propongo una actualización de este puente y reconocer la unidad de la esfera de la economía y la política para comprender la fenomenología del mercado mundial a inicios del siglo XXI. Le podemos enunciar Materialismo Político-Económico a esta propuesta que establece esta conexión analítica por medio del análisis ideológico de la comunidad en cuestión.

Así como en las discusiones en las ciencias físicas, el mundo cuántico ha puesto de cabeza las nociones tradicionales sobre el universo, en la economía política como ciencia también se pueden identificar los fenómenos como sistemas complejos donde la subjetividad interviene en la materialidad. Como postula Hegel, no hay nada fuera de la totalidad por lo que la forma en la cual proyectamos nuestra cosmovisión es determinante para los cambios de fase histórica. El sistema ideológico es una de las últimas barreras antes del fenecimiento de un formato social, cuando comienzan a mostrarse sus falencias y desbordes irracionales es cuando se anuncia el nacimiento de una nueva fase histórica.

La tragedia aquí se convierte rápidamente en una buena noticia.

 

Bibliografía

Marx, K. (1843) 1967. La Sagrada Familia. Juan Grijalbo Editor. México.

Benjamin, W. (1942) 2008. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. ITACA & UNAM. México.

Marx, K.(1845) 2015. Antología. Siglo XXI editores. Buenos Aires

[1] “Tan pronto como el judío y el cristiano reconozcan que sus respectivas religiones no son más que diferentes fases de desarrollo del espíritu humano, diferentes pieles de serpiente que ha cambiado la historia, y el hombre la serpiente que muda en ellas de piel, no se enfrentarán ya en un plano religioso, sino solamente en un plano crítico, científico, en un plano humano. La ciencia será, entonces, su unidad. Y las antítesis en el plano de la ciencia se encarga de resolverlas la ciencia misma.” Marx, K. (1843) 1967. La Sagrada Familia. Juan Grijalbo Editor. México. p. 17

[2] “El historicismo culmina con todo derecho en la historia universal. Es de ella tal vez de la que la historiografía materialista se diferencia más netamente que de ninguna otra en cuestiones de método. La historia universal carece de una armazón teórica. Su procedimiento es aditivo: suministra la masa de hechos que se necesita para llenar el tiempo homogéneo y vacío. En el fundamento de la historiografía materialista hay en cambio un principio constructivo.” Benjamin, W. (1942) 2008. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. ITACA & UNAM. México. p.54

[3] “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluido el de Feuerbach–  es que sólo concibe las cosas, la realidad, lo sensible, bajo la forma de objeto o de intuición, pero no como actividad sensiblemente humana, no como práctica [Praxis], no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, en contraposición con el materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensible, como tal.” Marx, K.(1845) 2015. Antología. Siglo XXI editores. Buenos Aires. p. 107.

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