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Fil Zócalo: la fiesta del libro para el pueblo

Foto de Yllich Escamilla @yllich_es

Juan Schulz

Durante diez días se suspendieron las lluvias en la Ciudad de México para que se realizara la edición XXI de la Feria del libro en el Zócalo. Bajo un sol potente más de 230 editoriales ofrecieron sus libros (y demás artefactos) para que los asistentes se tentaran a comprar algo. Por los corredores de la FIL más de un editor me confiesa: ya nos hacía mucha falta. La feria no se realizó en 2020 de manera presencial por la pandemia, que como sabemos acabó con muchas vidas, pero que en términos gremiales acabó con algunas editoriales; otras quedaron precarias y sin la posibilidad de imprimir novedades. 

Una librera me cuenta que vendieron en el primer fin de semana casi lo que vendieron en todo el mes que lleva abierta Volcana, la nueva librería de la Santa María de la Ribera. Un chico de Guerrero que puso su editorial apenas en 2020 agotó el tiraje de su libro de cuentos. Había ganas de que sucediera la feria, pero en el gremio editorial nadie esperaba el éxito que fue.

Tampoco ninguno de los organizadores con los que platiqué esperaba el éxito de afluencia que tuvo la feria. Cifras oficiales hablan de más de un millón de asistentes. En varias ocasiones los foros estuvieron llenos y a veces hasta con gente afuera parada en el sol mirando en las pantallas. La gente: jubilados, familias, estudiantes, gente del pueblo. Un público participativo que preguntaba y si era necesario cuestionaba a los ponentes. En una charla en conmemoración por los 50 años de la publicación de Las venas abiertas de América Latina, un maestro normalista del público tomó la palabra para reclamar de que hayan invitado a un abogado que dedicó su tiempo en el micrófono a contar 3 anécdotas de cuando vio a Eduardo Galeano, en vez de comentar acerca del libro.  

Si algo distingue a esta feria del libro de otras es su carácter popular, su propósito de tener en el centro a los lectores (en vez de a escritores de pescuezo estirado) y su voluntad de diversificar los temas puestos a discutir. En los foros hubo conversaciones de muchísimo valor: las lingüistas y activistas Yasnaya Aguilar y Violeta Vázquez Rojas sostuvieron una charla sobre las lenguas indígenas. Estuvieron presentes en discusiones lo mismo colectivos feministas que colectivos de editoriales independientes. Llegaron youtubers exitosos como Manuel Pedrero, el joven de 19 años que hace unos meses le dio una lección a López Dóriga en un video que tiene casi 300 mil vistas. Colectivos de desaparecidas presentaron la situación de sus demandas y debatieron sobre los alcances de sus organizaciones; Morgana, la cantante de ópera transexual, junto con otras colegas, entre ellas la diputada María Clemente, la primera diputada transexual mexicana, además de intercambiar puntos de vista hicieron un balance de los logros alcanzados por sus comunidades. Participaron poetas nacionales e internacionales. Hubo mesas para hablar de las luchas sociales de los pueblos. Básicamente se habló de los temas que suelen ser excluidos en los medios de comunicación. El zócalo, de cierta forma, se vuelve un termómetro de las inquietudes políticas de estos tiempos. Desde ahí podemos sentir un país vivo que discute la realidad de sus problemas con una experiencia de lucha cada vez más rica.    

Si bien, naturalmente hay muchas voces afines o militantes de la cuarta transformación que vive el país, el foro estuvo abierto para voces críticas y disidentes como los periodistas Luis Hernández Navarro de La Jornada, Témoris Grecko o Ernesto Ledesma, entre otras voces que suelen exponer sus inconformidades o discrepancias. También la derecha tuvo espacio para discurrir. Pero si en un periódico o en una televisión el 90% de los espacios lo ocupan voces de la derecha, en el zócalo ocurre lo contrario: a lo mucho ocupa el 10%. Con toda justicia se les da un espacio minoritario. En sus medios privados ya tienen suficiente micrófono.

Haciendo leña del árbol caído podemos afirmar que la pandemia nos dejó una manera de interactuar que seguramente llegó para quedarse: el modo presencial combinado con el virtual; las transmisiones en internet que quedan grabadas, además de la presencia virtual de expositores permitió que pudiéramos escuchar a figuras internacionales como Tariq Ali, Corbyn o Varoufakis.   

No es frivolidad señalar que, dentro de las virtudes de esta FIL, es la facilidad que ofrece para poder escaparse de ella y volver fácilmente. No hay filas ni taquillas para entrar: aunque si hay filas para pagar en los puestos más exitosos como el del Fondo de Cultura Económica. No es poca cosa saber que se está a unas cuadras de los tacos de cochinita del Coox Hanal, de las cocinas oaxaqueñas de la calle Santísima; o si uno anda más roto no faltan los de canasta en las calles aledañas. Por no hablar de las cantinas. En cambio, si uno va a la Feria del libro y la Rosa de la UNAM irremediablemente queda atrapado en el pedregal. Si uno va a otra de las ferias que están planeadas para ser el negocio de unos cuantos: queda atrapado en un salón de exposiciones que tienen un ambiente que se siente más cercano a Expo Tu Boda que a una fiesta cultural para la gente de a pie.

Todos los días hubo conciertos de música clásica, de son cubano, de rock, etcétera. Cantó el trovador Gabino Palomares y un público entusiasta recibió con entusiasmo a la cantante Vivir Quintana, quien abrió su escenario para que fuera un espacio de protesta por los feminicidios. Y no faltó el homenaje para una de las bandas más emblemáticas de nuestra ciudad: Botellita de Jerez.

Por la feria es fácil encontrarse a Paco Ignacio Taibo II caminando a ritmo de pingüino. Habla y todos lo escuchan: incendia foros de risas o aplausos. Paco es una leyenda viva que ha logrado lo que pocos: es querido por el pueblo lector y detestado por la derecha. Niños, jóvenes y viejos lo buscan para que les firme su libro o les tomen la foto. No hay un personaje en el país que promueva la lectura mejor que él y Paloma Saiz, directora de la feria y de la Brigada para leer en libertad.

Los foros estuvieron dedicados a 3 personas fallecidas en 2021. A Enrique González Rojo, a Francisco Hagenbeck y a Antonio Helguera. Tres personajes que representan parte de un nuevo enfoque: un poeta comunista, un autor de lo que la “alta” literatura llamaba “subgéneros” y un caricaturista. Tres representantes de tradiciones silenciadas o incómodas para los intelectuales del viejo régimen. A los comunistas, cuando menos, los encerraban cuando los incomodaban; a los que escribían “subgéneros” como Hagenbeck, los ninguneaban.

En el homenaje al caricaturista Helguera me tocó entrevistar a una señora que coleccionaba los recortes de sus cartones y conmovida contó como a partir de ahí ella podía entender más fácilmente la realidad política. El cartón, la caricatura, con más de un siglo de tradición en México ha nutrido (y se ha nutrido) al muralismo, al grabado, y se ha mantenido como una de las herramientas de comunicación críticas más eficaces del país.

Por primera vez todas las charlas contaron con traductores en Lengua de señas mexicana. El reto al que se enfrentaron fue mayúsculo cuando interpretaban al vuelo la poesía. Vale mucho la pena revisar los videos y apreciar la celeridad con la que guían con gestos las lecturas para aquellas personas con discapacidad auditiva.

Por la situación sanitaria la feria se hizo con apremio. No sé sabía si iba poder llevar a cabo de manera presencial. Eso no impidió que la fuera un gran éxito para las editoriales y para los lectores. No por eso no me gustaría dejar de mencionar dos cuestiones que pueden mejorar mucho: la inclusión de las infancias y de las ciencias. Hubo cuentacuentos y presentaciones de libros para niños y niñas, pero la feria podría ser todavía mejor si hubiera un área y un programa específico para ellos. Durante la presentación del libro del médico norteamericano que presentó Hugo López Gatell, se pudo ver que hay mucha gente ávida de conocer la divulgación científica crítica. Las humanidades, principalmente la historia, ocupan un 70% del programa. Para la siguiente ojalá se pueda incorporar más esa parte del conocimiento.

Al soleado zócalo podían entrar las bicicletas; podían entrar las mascotas. Después de año y medio los habitantes de la ciudad de México volvimos a lo público.  Durante el primer fin de semana de la FIL, el titular de la Secretaría de Movilidad informó: “¡Rompimos récord en Muévete en Bici! 97,882 personas  El último récord fue el 24/03/19 con 93,622”. Para el siguiente fin de semana (el de la clausura) se rebasaron las 100 mil personas. Esto nos habla de una ciudadanía ávida de habitar el espacio público. 

Esta feria es un parteaguas que deja atrás el confinamiento. En la inauguración la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum fue muy clara con el propósito de la feria:

“Es una feria del libro muy diferente a otras ferias del libro, esa es la gran característica. Hay otras ferias del libro que a lo mejor se leen en los periódicos, se ven en la televisión, pero que se cobra la entrada y que los libros se venden a un precio poco accesible. A lo mejor se invita a premios nobeles, pero en realidad no fomenta lo que nosotros fomentamos: el derecho a la lectura. Porque en este país lo que está cambiando es que se convierte en un país de derechos, en una ciudad de derechos. Esta feria del libro representa que la lectura no es un privilegio sino un derecho de todas y todos los mexicanos.”

 

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