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La ascensión dialéctica de lo abstracto a lo concreto

Carlos L. Garrido

En 1808 G. W. F. Hegel escribe un artículo para difusión popular haciendo la pregunta «¿Quién piensa abstractamente?» Su respuesta: «los incultos, no los educados… la buena sociedad no piensa abstractamente porque es demasiado fácil, porque es demasiado bajo.»[1] Para aquellos que no están familiarizados con el uso de lo concreto y lo abstracto en Hegel (o en el marxismo), la respuesta podría servir como una inversión impactante de cómo la conciencia popular concibe la relación entre el pensamiento abstracto y el concreto, y además, entre los tipos de personas que piensan de manera concreta y abstracta. A menudo se piensa que el filósofo es el que piensa abstractamente, contemplando cosas alejadas de lo que se piensa que es concreto o sensualmente inmediato. La analogía de Platón del filósofo como un capitán de barco condenado por «observar las estrellas» es la imaginería arquetípica de este estereotipo.[2]

¿Qué se entiende entonces por pensamiento abstracto? ¿Y por qué es tan ‘bajo’?

Uno piensa abstractamente cuando se permite juzgar los hechos de una manera que separa los hechos de los factores que crearon las condiciones para que los hechos sean hechos, pues son factores los que permiten que los hechos sean hechos (lo contrario es, por supuesto, también cierto). Cuando tomamos las cosas directamente como las experimentamos y no hacemos más preguntas sobre la plétora de factores que crearon las condiciones para lo que se experimenta directamente, entonces estamos pensando abstractamente. El sentido común tiene un dicho para este error: «nunca juzgues un libro por su caratula». El mensaje aquí es claro: condenado al error está el juicio emitido sobre la apariencia superficial.[3] Un juez de boxeo no puede juzgar apropiadamente si llega a la pelea en el duodécimo asalto. Del mismo modo, un hecho no puede ser entendido adecuadamente sin el conocimiento de las determinaciones que lo permitieron surgir.

 Por ejemplo, Hegel mira un asesinato y dice que,

El que conoce a los hombres traza el desarrollo de la mente del criminal: encuentra en su historia, en su educación, una mala relación familiar entre su padre y su madre, una tremenda dureza después de que este ser humano había hecho algún mal menor, por lo que se amargó contra el orden social, una primera reacción a esto que en efecto lo expulsó y en adelante no le permitió preservarse excepto a través del crimen. — Puede haber personas que dirán cuando escuchen tales cosas: ¡quiere excusar a este asesino![4]

Dejando de lado el impresionante psicoanálisis – un siglo antes de Freud – de la persona que cometió el asesinato, el punto de Hegel es que el contexto y la historia están siempre presentes en todos los asuntos. La amputación de una cosa o un evento de la historia y las interconexiones de las que surgió hace que la comprensión genuina de esa cosa o evento sea inviable.

 Por otro lado, el pensamiento concreto está presente cuando la cosa o evento bajo examinación es tratado de manera comprensiva, integral, en su desarrollo e interconexiones. Es aquí donde radica la verdad. Como dice Hegel en sus Discursos sobre la Historia de la Filosofía, «lo verdadero es concreto… [y] lo concreto es la unidad de diversas determinaciones».[5] Una afirmación casi idéntica se repite en la famosa sección sobre «El método de la economía política» de los Grundrisse de Marx, donde dice que «lo concreto es concreto porque es la concentración de muchas determinaciones… [una] unidad de los diversos».[6]

Aquí radica la diferencia entre el pensamiento abstracto y el concreto. El pensamiento abstracto se siente cómodo examinando las cosas divorciadas de sus determinaciones, es decir, de los factores dinámicos (tanto inmanentes como externos) que producen las cosas. Esta forma de pensamiento cosificado mata, succiona el espíritu vivo de las cosas y las trata como entidades muertas.

El pensamiento concreto, por otro lado, busca conocer las cosas en el contexto de las relaciones y de los desarrollos que lo produjeron. Sin embargo, nunca puede comenzar con lo que es más concreto. Cuando intenta hacerlo, simplemente acaricia un «concreto imaginado», una abstracción engañosa vestida con ropa de concreto.[7] El pensamiento concreto, en cambio, debe ser pensado como un proceso de ascensión de lo menos concreto (lo más abstracto), a lo más concreto. Como dice Marx, la «reproducción de lo concreto a través del pensamiento… no es un punto de partida,» sino el resultado de «un proceso de concentración».[8] El pensamiento concreto, entonces, contiene el pensamiento abstracto como un momento necesario en su ascensión hacia la reproducción concreta de lo concreto. Sin embargo, supera esta inmediatez abstracta reuniendo la plétora de determinaciones que una cosa presupone de una manera que reproduce en la mente las relaciones activas que estas determinaciones tienen entre sí dentro de una totalidad dada.

El método dialéctico es precisamente este: el método de la ascensión de lo abstracto a lo concreto. Es, como escribió Hegel, el «alma de todo conocimiento que es verdaderamente científico», y como dijo Marx, «el método científicamente correcto».[9]
Esto no niega el hecho de que la ascensión hacia la reproducción concreta de lo concreto en el pensamiento es en sí misma un proceso de abstracción mental. De la misma manera que la gran alegría produce lágrimas y grandes tristezas sonrisas, este proceso de abstracción da como fruto su opuesto: lo concreto. Como afirma elocuentemente Evald Ilyenkov: «el ascenso de lo concreto a lo abstracto y el ascenso de lo abstracto a lo concreto son dos formas mutuamente asumidas de la asimilación teórica del mundo… cada una de ellas se realiza sólo a través de su opuesto y en unidad con él».[10] Sin embargo, la antípoda que asciende de lo abstracto a lo concreto es la dominante, y, por lo tanto, la «científicamente correcta». Su opuesto, la ascensión de lo concreto a lo abstracto, es una mediación necesaria para el objetivo teórico final de reproducir lo concreto concretamente.

En resumen: el pensamiento concreto, resultado último de la ascensión dialéctica de lo abstracto a lo concreto, reproduce de manera integral para la mente los complejos movimientos e interconexiones en los que se insertan todos los fenómenos de la naturaleza y la sociedad. Al hacerlo, proporciona el método científicamente más adecuado para comprender el mundo.

 El marxismo, sin embargo, también sirve como guía para la acción, como un weltanschauung que busca cambiar (en lugar de simplemente interpretar) el mundo; por lo tanto, el proceso dialéctico de lograr una reproducción concreta de lo concreto siempre se basa y apunta hacia la praxis revolucionaria.

Biografía del Autor:

​Carlos L. Garrido es un estudiante de doctorado cubanoamericano e instructor en filosofía en la Universidad del Sur de Illinois, Carbondale (con una maestría en filosofía de la misma institución). Sus enfoques de investigación incluyen el marxismo, Hegel, el socialismo estadounidense de principios del siglo XIX y el socialismo con características chinas. Es editor del proyecto educativo marxista Midwestern Marx y del Journal of American Socialist Studies. Sus escritos populares han aparecido en docenas de revistas socialistas en varios idiomas.

Nota* Este artículo primero fue publicado en ingles en Midwestern Marx.

[1] G. W. F. Hegel. “Who Thinks Abstractly.” In Hegel: Texts and Commentary. Edited by W. Kauffman. New York: Anchor Books, 1966., pp. 462.

[2] Plato. Complete Works. Indianapolis: Hackett Publishing Company, 1997., pp. 1111.

[3] Esto excluye, por supuesto, la forma dialéctica de pensar sobre la apariencia, la cual ve la apariencia no como una distorsión de la esencia, sino a ambos en una «relación esencial» entre sí mismos: «lo que aparece muestra lo esencial, y lo esencial es a través de su apariencia». G. W. F. Hegel. The Science of Logic. Cambridge: Cambridge University Press, 2015., pp. 419.

[4] Hegel. “Who Thinks Abstractly.,” pp. 463.

[5] G. W. F. Hegel. Lectures on the History of Philosophy Vol. 2. London: Routledge and Kegan Paul, 1974., pp. 13.

[6] Karl Marx. Grundrisse. London: Penguin Books, 1973., pp. 101.

[7] Ibid., pp. 100.

[8] Ibid.

[9] G. W. F. Hegel. Logic: Being Part One of the Encyclopaedia of the Philosophical Sciences. Oxford: Clarendon Press. § 81.; Marx. Grundrisse., pp. 101.

[10] Evald Ilyenkov. The Dialectics of the Abstract and Concrete in Marx’s Capital. Delhi: Aakar Books, 2022., pp. 139.