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El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia



El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia

Leonardo Meza Jara

I.- El estado interrumpido

Los acontecimientos recientes en los estados de Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte, no pueden ser conceptualizados como un “Estado fallido”. En los debates de los especialistas en la materia, se ha referido que en los años de surgimiento y expansión del crimen organizado hacia finales del siglo XX y principios del XXI, el Estado mexicano no ha “fallado” de manera determinante, de tal forma que haya perdido el poder para gobernar al país. 

En todo caso, las “fallas” del Estado mexicano, lo “fallido” del Estado, tienen la cualidad de lo intermitente. Hay coyunturas temporales, como los acontecimientos violentos de la semana pasada, en donde el Estado interrumpe su control social, político y económico en determinados territorios como Zapopan, Celaya,  ciudad Juárez o Tijuana. O visto desde la perspectiva geográfica, hay determinados territorios, que no son la totalidad de la geografía nacional, en donde el Estado es interrumpido en el ejercicio de su poder y su gobierno. Estamos hablando, de un Estado interrumpido temporalmente o territorialmente, de forma parcial. La interrupción temporal o territorial del Estado en el ejercicio del gobierno, puede ser mayor o puede ser menor, puede ser limitada o puede ser expandida.  Resulta complicado definir con precisión la interrupción cuantitativa o cualitativa del poder gubernamental del Estado, que opera en determinados territorios y en determinadas temporalidades, que son fluctuantes.

¿Pero, en qué consiste específicamente el “Estado interrumpido” que se ha hecho presente en los años de expansión y consolidación del crimen organizado en México? El “Estado interrumpido” se caracteriza por las siguientes cuatro cualidades:

A] El Estado interrumpido tiene lugar cuando se hace manifiesta en los hechos  una co-gobernabilidad en la que se traslapan: el poder formal y legal del Estado mexicano (los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en sus tres niveles de gobierno) y, el poder informal e ilegal de múltiples grupos del crimen organizado que han crecido cuantitativa y cualitativamente en los últimos 30 años (los poderes multiplicados y ramificados del crimen organizado, que se manifiestan en variadas organizaciones y variadas ocupaciones ilícitas). La co-gobernabilidad entre el Estado mexicano y el crimen organizado, opera de facto y se identifica en acontecimientos como el culiacanazo (“Culiacanazo: Las 3 versiones de quién ordenó liberar a Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo”, El Universal, 13 de octubre de 2020). La co-gobernabilidad referida, también se identifica en los hechos recientes sucedidos en Zapopan y Celaya (“ La violencia en Jalisco y Guanajuato fue porque reventaron un encuentro de cárteles”, Sin Embargo, 10 de agosto de 2022), o en la violencia acontecida en ciudad Juárez (“Jueves negro”, El Diario de Juárez, 12 de agosto de 2022) y Baja California Norte (“La violencia se extiende a BC: Hay ataques simultáneos en Tijuana, Tecate, Mexicali, Ensenada y Rosarito”, Proceso, 12 de agosto de 2022). Los acontecimientos de violencia generados la semana pasada por el crimen organizado en cuatro estados del país, interrumpieron de forma significativa el poder gubernamental del Estado mexicano.

B] Cuando el Estado se interrumpe, tiene lugar un desplazamiento. Si algún poder informal o ilegal, se coloca en posición de contrapoder respecto al Estado (en lo policial, lo militar, lo político, lo económico, etc.) y, el Estado no logra imponerse formal o legalmente en el ejercicio del derecho y la justicia elementales, lo que tiene lugar es un desplazamiento. Lo informal y lo ilegal del crimen organizado se colocan como un contrapoder del Estado, y tiene lugar un desplazamiento que opera de facto. El estado de derecho, cuyos componentes son políticos y jurídicos, es desplazado por una condición de informalidad e ilegalidad que está a la vista de todos de manera flagrante. El contrapoder del crimen organizado que ha desplazado sistemáticamente al Estado mexicano en los años recientes, se muestra cada vez de manera más obscena y cínica.

C] La co-gobernabilidad mediante la cual opera el crimen organizado y, el desplazamiento del poder del Estado, dan lugar a un debilitamiento del Estado. Lo que se ha visto en los acontecimientos del crimen organizado de los últimos años, es un debilitamiento del Estado, que por momentos resulta peligroso para la estabilidad y la paz social. Aquí cabe preguntarse: ¿Dónde están los límites de la fuerza militar, política, económica y social que ha construido el crimen organizado en México? ¿Dónde están los límites de la debilidad del Estado mexicano, ante la fuerza del crimen organizado? Ambas preguntas son correlativas, y tendrían que responderse de manera conjunta. Los límites de la fuerza del crimen organizado dependen del debilitamiento del Estado mexicano, y viceversa, el debilitamiento del Estado mexicano se relaciona con el crecimiento expansivo del crimen organizado en los años recientes.

D] La co-gobernalidad entre el Estado y el crimen organizado, el desplazamiento del Estado por parte de un poder informal e ilegal y, el debilitamiento del Estado en el ejercicio del poder y el gobierno, derivan en la posibilidad de un Estado incapacitado para resolver el problema del crimen organizado en México. No se afirma que el Estado mexicano sea incapaz de resolver el problema del crimen organizado. Aunque esta cuestión puede plantearse como una pregunta: ¿El Estado mexicano se muestra capaz para resolver los problemas del crimen organizado en México, o más bien, se muestra incapaz a este respecto?

Los acontecimientos recientes y otros más pueden constituirse como una información (datos empíricos) que permita argumentar de manera ostensiva la incapacidad del Estado mexicano para resolver el problema del crimen organizado. Si una y otra vez, el Estado mexicano se ha mostrado incapaz para resolver los problemas del crimen organizado, es muy posible que se siga mostrando de esta forma. En este sentido, la idea de la incapacidad del Estado mexicano para resolver los problemas del crimen organizado se robustece.

No se trata de construir una imagen pesimista, respecto a un Estado: que co-gobierna con el crimen organizado, que ha sido desplazado, que se muestra debilitado e incapaz de resolver los problemas de inseguridad pública. Pero tampoco se trata de construir discursos optimistas, que no puedan ser sostenidos por datos empíricamente demostrables y por argumentos plenamente racionales. Sencillamente, se ponen los pies sobre la tierra,  mientras se camina sobre el territorio minado, de la historia reciente del crimen organizado en México.

II.-Entre la “necropolítica” y el “capitalismo gore”

Los acontecimientos de violencia y muerte que hemos vivido en las últimas décadas en México han reconfigurado el lenguaje mediante el cual entendemos los hechos criminales, sociales, políticos, históricos, etc. Por ejemplo, el concepto novedoso de “feminicidio” fue creado a partir de los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez, en la década de 1990. Este concepto nombra un acontecimiento de violencia y muerte que se comete sobre las mujeres, que no había sido identificado o conceptualizado como un problema.

En el marco de la violencia y la muerte generadas por el crimen organizado, junto al concepto de “feminicidio” han surgido otros conceptos como: “desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica” (Achille Mbembe, 2011), “capitalismo gore” (Sayak Valencia), etc. Los conceptos mencionados forman parte de un campo semántico novedoso. Estos conceptos tienen como objetivo nombrar acontecimientos que históricamente no habían sucedido, o que no habían sido conceptualizados desde una perspectiva determinada.

El campo semántico (de significación) al que pertenecen los conceptos mencionados se ha formado en un momento histórico que está determinado por la violencia y la muerte que han sido generados por el crimen organizado en México. Y tanto los hechos que se nombran (los acontecimientos reales) como los conceptos planteados (la teorización de los acontecimientos), reconfiguran nuestras formas de entender y vivir el mundo.

No es lo mismo entender y vivir el mundo, antes de los desmembramientos de los cuerpos cometidos por el crimen organizado, que entender y vivir el mundo después de los actos de desmembramiento que quedaron a la vista de todos. Cuando en el año 2006 fueron arrojadas cinco cabezas humanas en la pista de baile de una discoteca en Uruapan, Michoacán, el mundo del crimen organizado trastocó nuestras maneras de entender y vivir el mundo («Arrojan 5 cabezas humanas en centro nocturno de Uruapan”, La Jornada, 7 de septiembre de 2006).

Los acontecimientos sucedidos recientemente en Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana -entre otras ciudades- han tratado de ser conceptualizados por herramientas que resultan limitadas para entender lo que acontece en el país. En un artículo publicado en El Diario de Chihuahua, el analista Francisco Ortiz Bello conceptualiza los acontecimientos de Juárez como un acto de “terrorismo”. Para apoyar esta conceptualización, Ortiz Bello alude al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y al Código Penal Federal (“Jueves negro en Juárez”, 14 de agosto de 2022). En un desplegado publicado por la dirigencia de la Coparmex en el estado de Chihuahua, el domingo 14 de agosto de 2022, también se refieren los hechos sucedidos en Juárez como: un “acto terrorista”, que “se conjuga cuando grupos delincuenciales infunden miedo a la población que se convierte en terror bajo hechos impactantes…”

No me detengo a hacer una crítica de los contenidos semánticos (significados) o sintácticos (el orden de escritura de las palabras) del desplegado de la Coparmex en Chihuahua, que en su tercer párrafo resulta errático. Aquí se plantea, que tanto la conceptualización del artículo de Ortiz Bello como el contenido del desplegado de Coparmex-Chihuahua, que califican los acontecimientos sucedidos en Juárez como “terrorismo”, son imprecisos. La categoría conceptual del “terrorismo” resulta limitada e insuficiente para entender los acontecimientos sucedidos en Juárez.

La generalidad de los conceptos que han surgido en el contexto de violencia y muerte del crimen organizado (“desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica”, “capitalismo gore”) nombran acontecimientos históricos para los que no existía una denominación previa. Estas palabras se refieren a hechos históricamente inéditos. Habría que preguntarse: ¿Acontecimientos como los sucedidos en días pasados en ciudad Juárez, han sucedido previamente y han sido conceptualizados de manera precisa y consistente? ¿El concepto de “terrorismo” resulta suficiente para entender los hechos recientes de ciudad Juárez? ¿Se requieren conceptos novedosos para nombrar de manera precisa y consistente, los acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez?

Aún no se han creado, ni consensado, entre los académicos y los periodistas, la totalidad de los conceptos que en el marco de la violencia y la muerte del crimen organizado logren nombrar con precisión, la totalidad de los hechos que nos acontecen. Lo anterior significa que, es posible que no existan todavía los conceptos precisos para nombrar los hechos de violencia y muerte que sucedieron la semana pasada en ciudad Juárez. Lo sucedido en Juárez no son estrictamente actos de terrorismo. Los medios y los fines de los grupos del crimen organizado en México no están sujetos de una lógica terrorista, aunque han usado la violencia para generar un temor colectivo que les permite operar en beneficio propio, y en perjuicio de la sociedad y el Estado. La lógica y la funcionalidad de los acontecimientos de ciudad Juárez, son algo más que terrorismo. Quienes han conceptualizado con mayor certeza los actos del crimen organizado que tienen como objetivo controlar poblaciones y territorios a través de la violencia y la muerte, son Achille Mbembe y Sayak Valencia, mediante los términos de “necropolítica” y “capitalismo gore”, respectivamente.  

La “necropolítica” (Mbembe, 2011) es una forma de poder que rebasa al Estado, que es ejercida por actores extra-estatales como los integrantes del crimen organizado, quienes tienen la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte de poblaciones enteras. Literalmente, “necropolítica” significa una “política de la muerte”, cuyo objetivo no es el asesinato en sí mismo. Los asesinatos de la “necropolítica” que se cuentan por miles, tienen como objetivo el control y sometimiento de las poblaciones y los territorios. Los grupos del crimen organizado, cometen actos de violencia y asesinan, con la finalidad de consolidar su capacidad de producir y acumular dinero bajo una lógica capitalista. Se trata de producir y acumular dinero mediante el control de poblaciones y territorios enteros que quedan sometidos a una política de la violencia y la muerte, que rebasa la capacidad del Estado.  La “necropolítica” se manifiesta en estrategias y hechos concretos, en los que las poblaciones y los territorios son sometidos a la violencia y el asesinato intensivos, tal como sucedió en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte.

Por otra parte, el “capitalismo gore” es definido por Valencia (2016) como un territorio en el que se anudan el neoliberalismo y una “episteme de la violencia”, donde se hacen presentes la exaltación de la violencia y la crueldad, que son usados por los integrantes del crimen organizado para infundir temor y controlar poblaciones y territorios. El término “gore” es tomado por Valencia de un género cinematográfico que sobredimensiona la violencia y la muerte. El “capitalismo gore” se refiere a una representación desmesurada de la violencia y la muerte del crimen organizado, que circulan a través de las redes sociales, los medios periodísticos, las narrativas cinematográficas y televisivas. Durante la tarde y la noche del jueves 11 de agosto, circularon en las redes sociales, los periódicos y la televisión, una variedad de narrativas que exaltaron la violencia y la muerte provocadas por el crimen organizado en ciudad Juárez. Las estrategias del “capitalismo gore” pretenden una exaltación de la violencia, el miedo, la impotencia y la desesperanza, que le permiten al crimen organizado, participar de los beneficios económicos del mercado negro del capitalismo.

Los conceptos de “necropolítica” de Achille Mbembe y “capitalismo gore” de Sayak Valencia, se refieren a los condicionamientos capitalistas (neoliberales) que son parte del funcionamiento del crimen organizado en México. Los medios y los fines a partir de los cuales se define el funcionamiento de los grupos del crimen organizado, están atravesados por condicionamientos capitalistas que no pueden ser desestimados. El concepto de “terrorismo” que es aludido por Ortiz Bello y por la Coparmex-Chihuahua, no considera los condicionamientos capitalistas que están relacionados con los actos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez. Esta forma de concebir la violencia y la muerte del crimen organizado es un mecanismo de despolitización, que desestima la lógica capitalista que es sustantiva para entender los actos cometidos por los operadores del crimen organizado. La lógica capitalista de producción y acumulación de dinero, es crucial para entender el surgimiento y la consolidación del crimen organizado en México. Más que ser actos “terroristas”, los acontecimientos recientes de ciudad Juárez (Zapopan, Celaya y Tijuana), son actos “necropolíticos” o actos cuya lógica forma parte del “capitalismo gore”.

III.- Los lugares vacíos de la verdad y la justicia

La historia reciente de México es una cartografía de la violencia y la muerte que se expanden y oscurecen. Podemos saber de algunos lugares donde recientemente han sucedido acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado, como Juárez, Zapopan, Celaya o Tijuana. Pero no sabemos todos los lugares de México donde han sucedido los acontecimientos de violencia y muerte del crimen organizado. Hay territorios oscurecidos a lo largo del país, lugares donde la violencia y la muerte se esconden, entre la clandestinidad y la impunidad.

El país no es una enorme fosa clandestina donde se depositan los cadáveres de miles de desaparecidos. Sino que hay territorios de los que no sabemos, territorios que no logramos ver y que no pueden ser dichos todavía. Hay territorios de oscuridad y de vacío donde acontecen la violencia y la muerte. Hay lugares donde se ha formado un limbo de verdades no dichas, de justicias no cumplidas, de historias que no se cierran y se muestran como una herida abierta e inconclusa.

Una parte del problema del crimen organizado en México es saber lo acontecido recientemente en los estados de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato o Baja California Norte. Pero otra parte de este problema, la más significativa tal vez, es no saber (el problema de la verdad) y no juzgar (el problema de la justicia) todos los acontecimientos que nos han convertido en un país atravesado de forma rotunda por la violencia y la muerte. La clandestinidad y la impunidad que han sostenido históricamente el avance del crimen organizado en México, se han construido en base a dos tipos de estrategias:

– Hay una serie de acciones que oscurecen la verdad y la justicia. No sabemos, por ejemplo, el lugar en que fueron asesinados los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, y tampoco sabemos dónde están sus cuerpos. En este caso y en muchos otros, la impartición de la justicia es un lugar que ha quedado oscurecido. Aquí cabe preguntarse, ¿cómo iluminar los lugares oscurecidos de la verdad y la justicia, en un contexto en el que predominan la posverdad (el relativismo) y la injusticia (la ilegalidad y la impunidad)?

– Hay una serie de acciones que vacían de sentido a la historia y la política. Los acontecimientos recientes de violencia que se extendieron desde Jalisco hasta Baja California Norte, son la evidencia de una historia de violencia y muerte que no cesa, y que da lugar a la formación de una imagen pesimista del futuro. Junto a lo anterior, la actividad de la política muestra otra vez sus fallas y su incapacidad para resolver el problema del crimen organizado en México. De esta forma, el sentido de la historia y el sentido de la política son vaciados de contenido. Aquí se pregunta: ¿cómo reconstruir el sentido esperanzador de la historia y de la política en México, en un contexto en el que la historia y la política están habitadas por una incertidumbre y una desesperanza que por momentos resultan abrumadoras?

A contrapelo de la clandestinidad y la impunidad, hacen falta estrategias para consolidar la verdad y la justicia de las víctimas del crimen organizado. A su vez, se requieren estrategias para resignificar la historia y la política, de tal forma que la esperanza se imponga ante la desesperanza. 

IV.- Las orillas imprecisas de la tragedia

El concepto de “tragedia” que se desprende la literatura (Sófocles y Eurípides) y la filosofía griega (Aristóteles), no pertenece solo al ámbito de la ficción. La tragedia no es solo parte de un poema épico, de una obra de teatro o de algún texto narrativo de carácter imaginario. La tragedia forma parte de la realidad humana e histórica. La tragedia son pedazos de lo real del mundo que por su carga de oscuridad y angustia no puede ser mirado (el horror de los cuerpos descuartizados), no puede ser nombrado (la ausencia de verdad y justicia en los casos de los asesinados y los desaparecidos por el crimen organizado) y no puede ser pensado con certeza (la incertidumbre de la violencia que se extiende hacia el futuro).  

Lo real y lo histórico de la tragedia actual de la violencia y la muerte en México, puede ser conceptualizado a partir de las cinco cualidades siguientes: 

– Es una violencia que se expande cuantitativa o cualitativamente.

– Es desestabilidad social y política que irrumpe y se prolonga.

– Es zozobra que llega al grado de oscuridad de la penumbra. 

– Es miedo que paraliza e inhabilita las posibilidades de intervención humana.

– Es desesperanza que nos hace colocar los pies sobre la angustia y que oscurece el horizonte histórico.

Las cinco cualidades definitorias mediante las cuales se conceptualiza lo real y lo histórico de la tragedia, aplican para definir los acontecimientos de violencia y muerte actuales. En Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana, las acciones del crimen organizado se caracterizan por: una violencia que se expande, una desestabilidad que se prolonga, una zozobra que por momentos se oscurece demasiado, un miedo que inhabilita y una desesperanza que se vuelve angustiante. 

Los hechos recientes en las ciudades mencionadas forman parte de una tragedia cuya temporalidad histórica es de larga duración. La tragedia de la violencia y la muerte del crimen organizado en México se inscribe en un momento de larga duración histórica, que es impredecible hacia el futuro. Y tal vez, esto es lo más trágico del momento histórico que nos toca vivir. Nadie puede establecer con certidumbre, el momento histórico en el que se detendrán la violencia y la muerte del crimen organizado.

Una de las cualidades fundamentales de la tragedia, es su capacidad de trascender históricamente. Y en todo caso, tendríamos que analizar las formas mediante las cuales la tragedia humana ha trascendido históricamente, repitiéndose de formas diferentes, prolongándose hacia un futuro que tiene la forma de una herida abierta o, transformándose en una violencia que resulta inaudita por su grado de inhumanidad. Lo más abismal de la tragedia actual en México, está significado por las maneras de tratar los cuerpos de los asesinados y los desaparecidos. Las técnicas mediante las cuales se descuartizan o se disuelves los cuerpos, tiene como objetivo fragmentar o borrar por completo los rastros de la muerte o de la vida…

 




Narcotráfico: el comodín político de la clase media



Narcotráfico: el comodín político de la clase media

*César Martínez

(@cesar19_87)

La agresividad de esa clase media identificada con Felipe Calderón valiéndose de sucesos reales como el ‘Culiacanazo’ y también ficticios para fabricar la imagen de un México en caos (y de paso chantajear e incitar a que agentes del Ejército, Marina Armada y Guardia Nacional desacaten la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza y cometan violaciones a derechos humanos) debe preguntarnos qué entiende esta franja tan peculiar de nuestra sociedad acerca de los conceptos de Estado de Derecho, legalidad, igualdad jurídica y autoridad, ya para no hablar del ‘habeas corpus’ y la presunción de inocencia.

Claro, en vista de la vinculación a proceso en Estados Unidos por contubernio con el narco por parte de Genaro García Luna, brazo derecho del ex presidente Calderón, bien podría afirmarse que se trata de simple hipocresía, de modo que el debate terminaría incluso antes de empezar. Y, sin embargo, resulta necesario analizar el uso del narco como comodín y garrote político para conocer la idea de Estado que está más allá de los nombres propios dentro del imaginario de la amplia mayoría de nuestra clase media: el despotismo, la mano dura y el uso de la fuerza bruta como solución exprés para problemáticas de índole social. En otras palabras, es la ideología de Estado que gobernó México desde de la década de los años 80 y hasta 2018.

Un buen punto de partida para desmenuzar la ideología de Estado que permeó en la clase media mexicana durante más de 30 años es el pensamiento del finado maestro Arnaldo Córdova, cuya presencia formó e informó al Obradorismo en el plano de las ideas durante los difíciles años de lucha de oposición. Suya fue la tesis central, el punto uno del Proyecto Alternativo de Nación, acerca de que “el Estado [neoliberal] se había convertido en una oligarquía, un comité al servicio de unos cuantos y por lo tanto ya no estábamos en presencia de un Estado como tal.” Para Córdova, el neoliberalismo definido como régimen de privilegio tenía dos consecuencias negativas: una, que el Estado en nuestro país se había convertido en el principal violador de la ley; y otra, que debilitando el vínculo entre poder y legalidad el Estado se tornó débil por vicio de que las negligencias hacia la delincuencia de cuello blanco a nivel de oficina (banqueros, extranjeros imperialistas, grandes evasores fiscales y traficantes de influencias) ocasionaron vacíos de poder aprovechados por la delincuencia organizada a nivel de calle. Así, el Obradorismo se fijó el objetivo de recuperar al Estado haciendo valer el Estado de Derecho en general, y el espíritu de la Constitución de 1917, en particular.

“Los mexicanos podemos gobernarnos muy bien con estas leyes”, solía decirle Córdova a López Obrador, “pero si cualquiera las lee se dará cuenta que su problema es que no se aplican.”

De esto último es tan indispensable el ideario político de Córdova: el espíritu de la Constitución del 17 de acuerdo a él representa una crítica contundente a la dictadura porfirista en cuanto a régimen de privilegio, despótico y autoritario, pero también caótico, débil y pusilánime. Podemos decir que si Arnaldo Córdova tuvo el valor de salir de su burbuja universitaria para involucrarse en el Movimiento de Transformación fue porque su área de interés escolar, la consolidación histórica del Estado mexicano a través de las instituciones legales, estaba siendo gravemente destruida por el régimen neoliberal, justo de la misma manera que el Porfirismo hizo de la Constitución de 1857 una reliquia más en el museo de la historia.

Pero, volviendo al debate frente a la base social que hoy día sostiene a la derecha en México acerca del carácter del Estado, lo que debe recuperarse de Córdova es que el régimen de privilegio (llámese Porfirismo o Neoliberalismo) históricamente se ha legitimado posicionando la narrativa del caos como el problema más apremiante en países donde las masas populares son pobres, improductivas, ignorantes, incivilizadas, violentas y anárquicas, como sostenían científicos e intelectuales porfiristas como Justo Sierra o Emilio Rabasa. En el diálogo con ellos, el maestro Córdova reconoce que el derecho sin fuerza se reduce a precepto moral (con lo cual acepta la problemática de la gobernabilidad), pero también explica que un Estado que se vale de su fuerza para violar sistemáticamente la legislación carecerá de legitimidad y por lo tanto de gobernabilidad. No hay una sin la otra: “Los medios extralegales de gobierno son medios que, por muy frecuentes que lleguen a ser, no son formas permanentes o continuas de dominación.” [1]

Vale recuperar para el debate actual contra el calderonismo el tipo de Estado de Derecho proyectado por el espíritu de la Constitución de 1917 según una frase dicha por Venustiano Carranza que Córdova cita textual: “Allí donde cualquier agente de la autoridad se considera capacitado para obrar a su capricho, que no tiene freno que lo contenga en sus arranques de ira, ni sentimiento que lo impulse a ver en los demás hombres, seres que merecen respeto, y que es precisamente para hacer guardar éste a los reacios, a los refractarios a toda idea de derecho, para lo que la autoridad pública es necesaria, allí, repito, no puede haber más que anarquía que es la tiranía desordenada de muchos, o despotismo que es la tiranía de uno solo.”[2]

El eco de Arnaldo Córdova se escucha claramente cuando se dice que “la paz es fruto de la justicia” y que “no se puede apagar el fuego con el fuego”: la Constitución y sus leyes reglamentarias dictan los límites del Estado en el uso de la fuerza bajo el principio de la gobernabilidad como resultado de la aplicación de la ley sin discriminación de clase social. Viéndola así, la clase media calderonista carece de cultura del Estado de Derecho por partida doble, pues degrada el poder del Estado al uso arbitrario de la fuerza bruta, y además se vale del narco como imagen ideológica que oculta su obsesión por reprimir y dirigir la violencia política contra la gente del Pueblo. Sin educación en términos de legalidad y ‘habeas corpus’, estamos lidiando con todo un sector de la sociedad mexicana cuya ideología de Estado consiste en exigir que sean otros y otras quienes peguen y reciban los garrotazos.

*Maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura estadounidense por la Universidad de Exeter.

[1] Córdova, Arnaldo (1972) La Formación del Poder Político en México, página 92.

[2] Venustiano Carranza en Córdova, Arnaldo (1973) La Ideología de la Revolución Mexicana: la formación del nuevo régimen, página 243.




De Auschwitz a la Gallera : poesía, vestigio, cenizas y ocultamientos/desapariciones



De Auschwitz a la Gallera [1]: poesía, vestigio, cenizas y ocultamientos/desapariciones

 

Daniel Otero[2] 

Después de que las vidas y los cuerpos ardan en llamas, las cenizas son el residuo latente de una combustión cuyo incendio puede volver a propagarse en cualquier momento, pese a los operativos transicionales destinados a silenciar el pasado culpable con sus neutros pactos del encubrimiento.” – Pedro Lemebel[3]

Pensar en la poesía de Paul Celan remite inmediatamente al luto, a la tragedia, a la ceniza, a los campos de concentración. Pero ¿qué más nos está queriendo decir el poeta creando un arte tan exquisito y tan contundente? En sus poemas “Stretto”, “Química”, » y “Todtnauberg[4] remiten al vestigio, a la ceniza que se convierte en un concepto crucial en su línea de pensamiento filosófico y político. Nos habla de esa búsqueda por la verdad, verdad que no queremos ver como sociedad, aquella que algunas otras personas buscan con desesperación y les elude.

Es inevitable, también, pensar en Celan sin su bagaje, sin su historia personal y de cómo ésta misma lo llevó a escribir a modo de resistencia: frente a un mundo que negaba su existencia en la postura de Adorno en la famosa cita “después de Auschwitz no es posible escribir poesía” (Ibarlucía, 1999). Celan encontró en lo poético una manera de decir lo que no se podía nombrar en su época.

También, es a través de su poesía que logra llegar a un momento muy simbólico para él y para todas las víctimas del genocidio: la visita a la cabaña privada de Heidegger. Es bien conocido que Heidegger apoyó los ideales del Nazismo y que permaneció en silencio con respecto al holocausto. Es desde este silencio, desde lo que no se dice, desde donde Celan retoma en su poema Todtnauberg para describir el encuentro con Heidegger y, según algunos analistas como Jean Bollack, que confrontarlo mediante el ocultamiento que la poesía permite aún en una Alemania dividida y en un momento histórico en dónde era prohibido hablar de los sucesos del régimen Nazi.

Según Bollack, el título mismo del poema esconde la realidad vivida por Celan. Ella dice: “El nombre de «Todtnauberg», el paraje de la Selva Negra que da título al poema, debe descomponerse en cada una de sus sílabas. Este análisis puede arrojar «Toten-Au»: el «prado de los muertos», y la «montaña» (Berg) puede asociarse al verbo «bergen», que aquí más bien se refiere a la acción de proteger y preservar que a la de ocultar solamente. Esta lectura tampoco excluye que la primera sílaba «Todt» se pueda relacionar con la organización nazi homónima, de la que los padres de Celan fueron probablemente víctimas, y que la sílaba «au» restituya la presencia del campo de exterminio de Auschwitz.” (Bollack, 2000)

Como ilustra dicho ejemplo, parte de la genialidad de Celan está en crear esos vestigios lingüísticos que asoman la realidad que es muy cruda para ver a simple vista y que en este caso muy concreto podía incluso causar su desprestigio y muerte. La poesía o el acto poético, entonces, devienen en arma potente que oculta en los intersticios del lenguaje, del símbolo, la estética y sentimiento, aquello que los sistemas opresores quieren desaparecer/despojar.

Derrida es otro de los autores que han explorado esos ocultamientos. El más emblemático es el que se encuentra en el capítulo de “la différance” en su libro Márgenes de la filosofía, en dónde explica cómo un concepto puede cambiar radicalmente en su significado con el simple hecho de cambiar una letra en la palabra que, además, es indetectable en su estado fonético. Es hasta que se escribe que se devela, a manera de vestigio, el misterio de la palabra (Derrida, 1994).

Además de esta descripción, Derrida nos dice que la “diferancia» (différance) tiene otro ocultamiento aún más profundo, hasta ontológico. Él dice, partiendo del signo en la escritura, que «el signo representa lo presente en su ausencia” (Derrida, 1994, pg. 45). Es decir, así como en el ejemplo del ocultamiento en el intercambio en la letra en différance, lo que importa no es solo lo que (se) dice sino lo que está ausente, lo que no se dice. Derrida elabora este concepto llevándolo hacia la reflexión de la presencia y lo que significa que aún estando presente (la letra) haya un ocultamiento (¿desaparición?) que traiciona al concepto mismo y lo amplía. Esta ampliación solo es posible por la pregunta ontológica de lo que está presente a través de su ausencia. Como nos menciona Ricardo Ibarlucía en un análisis sobre Celan y sus poesías: «Los poemas de Celan no dicen el silencio: nombran «un indecible horror a través del silencio»” (Ibarlucía, 1999)

¿Qué nos dice lo que no se nombra, lo que está ausente? y ¿por qué es importante rastrear el vestigio, la búsqueda? Estas preguntas solo tienen sentido cuando hablamos de lo concreto y uno de los elementos que conecta, en mi opinión, a Celan con nuestra época es la desaparición forzada. No es solamente porque históricamente el método de la desaparición forzada fue implementado por primera vez por los nazis en lo que llamaron el decreto la noche y la niebla, sino porque pareciera que Auschwitz quedó en el pasado como un grave error en la historia y, sin embargo, aquí en México existen centros de exterminio que, aunque no tienen los alcances numéricos que los campos de concentración, comparten el horror, la tortura, la incertidumbre, la devastación y la muerte.

En febrero del 2020 participé en la 5ta Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas. Lo que en particular este año cambió para la brigada, fue encontrarnos con el horror de varios lugares: al rededor de 15, denominadas “cocinas”. Las “cocinas” son lugares en dónde el grupo del crimen organizado que liderea la región, los Zetas, llevan a personas para torturarlas, asesinarlas, desollarlas, desmembrarlas, meterlas en ácido y después quemar los cuerpos para que no exista rastro identificable de ADN: cenizas.

Fuimos a una de ésas denominadas “cocinas” en un predio llamado la Gallera. En este predio, además de encontrar varios restos humanos, huesos, encontramos varias pilas enormes de cenizas. El primer día que asistieron a ese lugar yo no pude estar presente porque acompañé a la búsqueda en las morgues locales. Sin embargo, cuentan que aquél primer día cuando Mary Herrera, mujer que busca a sus 4 hijos desaparecidos y es lidereza de la Red de Enlaces Nacionales, (colectivo de colectivos que organiza el ejercicio de las brigadas nacionales de búsqueda), vio los montoncitos de cenizas, se arrodilló y gritó con todas sus fuerzas abrazando las cenizas.

Se me hace un hueco en el estómago con el simple recuerdo de la visita a la Gallera. De ver esos montoncitos de cenizas junto a la ropa de cientos de personas y las huellas y rasguños que se encontraban en las paredes de aquél sombrío lugar. El hueco se ensancha al pensar en el motivo del alarido desgarrador de una madre que se le ha roto el corazón por segunda vez: las cenizas, al ser una materia de la cual no se puede extraer ADN para su identificación, significa una doble desaparición, la desaparición permanente.

Todos los nombres, todos los nombres

quemados

con ella. Tanta

ceniza que bendecir. Tanta

tierra ganada

sobre

los ligeros, tan ligeros

anillos

de almas.” (Oyarzun, 1997, pg. 76)

Estos poemas hablan directamente a esta experiencia vivida, encarnada en mi piel y en mis sueños más profundos. Un alarido que no presencié y sin embargo, lo llevo a cuestas como ese huracán de incertidumbres del que hablan Strettoy Química de Celán. Puedo ver con claridad esa noche que no requiere de estrellas[5], esa quietud infinita impregnada de muerte, pero más que de muerte de impunidad, de injusticias. Aferrándonos a esa huella sin fraude, escrita en la tierra, en la hierba, bajo esa noche quieta[6]. Lechuzas en fuga[7], con aquel ADN que nunca sabremos descifrar. El canto nuestro convertido en oración y rezo al tomarnos de las manos circundando los montones de ceniza mojada por la lluvia debido al descuido de los peritos, salmos que devienen entierro digno para esas personas que fueron asesinadas y permanecerán en el anonimato.

Años.

Años, años, un dedo

palpa hacia abajo, palpa hacia arriba, palpa

alrededor:

costuras, tangibles, aquí

se abre, mucho, separándose, aquí

se vuelve a adherir — ¿quién

lo recubrió?” (Oyarzun, 1997, pg. 65)

Años, años, años de abandono que, en lo concreto significan años de impunidad, años de dolor, años de duelo permanente. Dedos, huesos, cráneos al pie de la tierra. ¿Quién los recubrió? ¿Quién permitió esta barbarie? ¿Quién recubrió no solo bajo la tierra sino bajo archivos y papeles burocráticos sin sentido los casos de tantas personas desaparecidas? ¡Fue el Estado! ¿Quién enterró en el silencio tanto horror? ¿Quién coció como oro el silencio de los inocentes?[8] ¡Es el grito desesperado de los familiares en búsqueda que cimbrará en el putrefacto sistema de corrupción, violencia e impunidad!

La lección oculta, también, surge desde la experiencia misma de Celan: Ante la desaparición forzada (ocultamiento cometido, coadyuvado u omitido por el Estado) poesía, pues son la poesía y los actos poéticos los que nos permiten resistir de una forma velada (oculta) y protegida hasta encontrar justicia, verdad y memoria. Y, ¿qué acción más poética que la de un familiar arriesgando todo, en medio de las cenizas y la muerte para buscar a quién ama? Si el sistema opresor con su capitalismo Gore nos desaparece, entonces hagamos poesía para resistir, para re-escribir nuestras realidades.

Bibliografía

Bollack, Jean (2000) El monte de la muerte: el sentido de un encuentro entre Celan y Heidegger, pg. 2

Derrida, Jacques (1994) Márgenes de la filosofía, capítulo “la différance”, Les Editions de Minuit, pg. 37-49. (45)

Gándara, Sugeyry Romina (25/02/2020) En un campo de exterminio de Los Zetas se cuelan cenizas. Buscan lo que sea: un diente, una astilla, Periódico Digital Sin Embargo. Recuperado de https://www.sinembargo.mx/25-02-2020/3735982

Ibarlucía, Ricardo (1999) Simiente de lobo: Celan, Adorno y la poesía después de Auschwitz, Revista Trans/Form/Ação vol.21-22 no.1, párrafos 18 y 19. Recuperado de http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0101-31731999000100011

Oyarzun, Pablo (1997) Paul Celan Poemas, poemas “Stretto”, pg. 64-70; “Química” pg. 76-77; y “Todtnauberg” pg. 121

Richard, Nelly (2018) Abismos temporales Feminismo, estéticas travestis y teoría queer, Editorial Metales Pesados, P. 79


[1] La Gallera es un predio recientemente descubierto por la 5ta Brigada Nacional de Búsqueda en Veracruz, México que ha sido utilizado por el crimen organizado para reducir a cenizas los restos de las personas secuestradas/desparecidas. Como referencia de la Gallera y la 5ta Brigada Nacional de Búsqueda ver el artículo del periódico digital Sin Embargo, con autoría de Sugeyry Romina Gándara.

[2] Daniel Otero es estudiante de la maestría en Teoría Crítica en 17, Instituto de Estudios Críticos. Es colaborador del Centro de Estudios Ecuménicos que a través del eje de iglesias acompaña a las Brigadas Nacionales de Búsqueda.

[3] Cita recuperada de una entrevista realizada a Pedro Lemebel por Nelly Richard en su libro Abismos Temporales, 2018.

[4] Todos los poemas están disponibles en la antología de Poemas de Paul Celan traducidos y recopilados por Pablo Oyarzun, 1997, páginas 64-70, 76-77 y 121 respectivamente.

[5] Ibid, pg. 64

[6] Ibid

[7] Ibid, pg. 69

[8] Ibid, pg. 77


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