image_pdf

De Auschwitz a la Gallera [1]: poesía, vestigio, cenizas y ocultamientos/desapariciones

 

Daniel Otero[2] 

Después de que las vidas y los cuerpos ardan en llamas, las cenizas son el residuo latente de una combustión cuyo incendio puede volver a propagarse en cualquier momento, pese a los operativos transicionales destinados a silenciar el pasado culpable con sus neutros pactos del encubrimiento.” – Pedro Lemebel[3]

Pensar en la poesía de Paul Celan remite inmediatamente al luto, a la tragedia, a la ceniza, a los campos de concentración. Pero ¿qué más nos está queriendo decir el poeta creando un arte tan exquisito y tan contundente? En sus poemas “Stretto”, “Química”, » y “Todtnauberg[4] remiten al vestigio, a la ceniza que se convierte en un concepto crucial en su línea de pensamiento filosófico y político. Nos habla de esa búsqueda por la verdad, verdad que no queremos ver como sociedad, aquella que algunas otras personas buscan con desesperación y les elude.

Es inevitable, también, pensar en Celan sin su bagaje, sin su historia personal y de cómo ésta misma lo llevó a escribir a modo de resistencia: frente a un mundo que negaba su existencia en la postura de Adorno en la famosa cita “después de Auschwitz no es posible escribir poesía” (Ibarlucía, 1999). Celan encontró en lo poético una manera de decir lo que no se podía nombrar en su época.

También, es a través de su poesía que logra llegar a un momento muy simbólico para él y para todas las víctimas del genocidio: la visita a la cabaña privada de Heidegger. Es bien conocido que Heidegger apoyó los ideales del Nazismo y que permaneció en silencio con respecto al holocausto. Es desde este silencio, desde lo que no se dice, desde donde Celan retoma en su poema Todtnauberg para describir el encuentro con Heidegger y, según algunos analistas como Jean Bollack, que confrontarlo mediante el ocultamiento que la poesía permite aún en una Alemania dividida y en un momento histórico en dónde era prohibido hablar de los sucesos del régimen Nazi.

Según Bollack, el título mismo del poema esconde la realidad vivida por Celan. Ella dice: “El nombre de «Todtnauberg», el paraje de la Selva Negra que da título al poema, debe descomponerse en cada una de sus sílabas. Este análisis puede arrojar «Toten-Au»: el «prado de los muertos», y la «montaña» (Berg) puede asociarse al verbo «bergen», que aquí más bien se refiere a la acción de proteger y preservar que a la de ocultar solamente. Esta lectura tampoco excluye que la primera sílaba «Todt» se pueda relacionar con la organización nazi homónima, de la que los padres de Celan fueron probablemente víctimas, y que la sílaba «au» restituya la presencia del campo de exterminio de Auschwitz.” (Bollack, 2000)

Como ilustra dicho ejemplo, parte de la genialidad de Celan está en crear esos vestigios lingüísticos que asoman la realidad que es muy cruda para ver a simple vista y que en este caso muy concreto podía incluso causar su desprestigio y muerte. La poesía o el acto poético, entonces, devienen en arma potente que oculta en los intersticios del lenguaje, del símbolo, la estética y sentimiento, aquello que los sistemas opresores quieren desaparecer/despojar.

Derrida es otro de los autores que han explorado esos ocultamientos. El más emblemático es el que se encuentra en el capítulo de “la différance” en su libro Márgenes de la filosofía, en dónde explica cómo un concepto puede cambiar radicalmente en su significado con el simple hecho de cambiar una letra en la palabra que, además, es indetectable en su estado fonético. Es hasta que se escribe que se devela, a manera de vestigio, el misterio de la palabra (Derrida, 1994).

Además de esta descripción, Derrida nos dice que la “diferancia» (différance) tiene otro ocultamiento aún más profundo, hasta ontológico. Él dice, partiendo del signo en la escritura, que «el signo representa lo presente en su ausencia” (Derrida, 1994, pg. 45). Es decir, así como en el ejemplo del ocultamiento en el intercambio en la letra en différance, lo que importa no es solo lo que (se) dice sino lo que está ausente, lo que no se dice. Derrida elabora este concepto llevándolo hacia la reflexión de la presencia y lo que significa que aún estando presente (la letra) haya un ocultamiento (¿desaparición?) que traiciona al concepto mismo y lo amplía. Esta ampliación solo es posible por la pregunta ontológica de lo que está presente a través de su ausencia. Como nos menciona Ricardo Ibarlucía en un análisis sobre Celan y sus poesías: «Los poemas de Celan no dicen el silencio: nombran «un indecible horror a través del silencio»” (Ibarlucía, 1999)

¿Qué nos dice lo que no se nombra, lo que está ausente? y ¿por qué es importante rastrear el vestigio, la búsqueda? Estas preguntas solo tienen sentido cuando hablamos de lo concreto y uno de los elementos que conecta, en mi opinión, a Celan con nuestra época es la desaparición forzada. No es solamente porque históricamente el método de la desaparición forzada fue implementado por primera vez por los nazis en lo que llamaron el decreto la noche y la niebla, sino porque pareciera que Auschwitz quedó en el pasado como un grave error en la historia y, sin embargo, aquí en México existen centros de exterminio que, aunque no tienen los alcances numéricos que los campos de concentración, comparten el horror, la tortura, la incertidumbre, la devastación y la muerte.

En febrero del 2020 participé en la 5ta Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas. Lo que en particular este año cambió para la brigada, fue encontrarnos con el horror de varios lugares: al rededor de 15, denominadas “cocinas”. Las “cocinas” son lugares en dónde el grupo del crimen organizado que liderea la región, los Zetas, llevan a personas para torturarlas, asesinarlas, desollarlas, desmembrarlas, meterlas en ácido y después quemar los cuerpos para que no exista rastro identificable de ADN: cenizas.

Fuimos a una de ésas denominadas “cocinas” en un predio llamado la Gallera. En este predio, además de encontrar varios restos humanos, huesos, encontramos varias pilas enormes de cenizas. El primer día que asistieron a ese lugar yo no pude estar presente porque acompañé a la búsqueda en las morgues locales. Sin embargo, cuentan que aquél primer día cuando Mary Herrera, mujer que busca a sus 4 hijos desaparecidos y es lidereza de la Red de Enlaces Nacionales, (colectivo de colectivos que organiza el ejercicio de las brigadas nacionales de búsqueda), vio los montoncitos de cenizas, se arrodilló y gritó con todas sus fuerzas abrazando las cenizas.

Se me hace un hueco en el estómago con el simple recuerdo de la visita a la Gallera. De ver esos montoncitos de cenizas junto a la ropa de cientos de personas y las huellas y rasguños que se encontraban en las paredes de aquél sombrío lugar. El hueco se ensancha al pensar en el motivo del alarido desgarrador de una madre que se le ha roto el corazón por segunda vez: las cenizas, al ser una materia de la cual no se puede extraer ADN para su identificación, significa una doble desaparición, la desaparición permanente.

Todos los nombres, todos los nombres

quemados

con ella. Tanta

ceniza que bendecir. Tanta

tierra ganada

sobre

los ligeros, tan ligeros

anillos

de almas.” (Oyarzun, 1997, pg. 76)

Estos poemas hablan directamente a esta experiencia vivida, encarnada en mi piel y en mis sueños más profundos. Un alarido que no presencié y sin embargo, lo llevo a cuestas como ese huracán de incertidumbres del que hablan Strettoy Química de Celán. Puedo ver con claridad esa noche que no requiere de estrellas[5], esa quietud infinita impregnada de muerte, pero más que de muerte de impunidad, de injusticias. Aferrándonos a esa huella sin fraude, escrita en la tierra, en la hierba, bajo esa noche quieta[6]. Lechuzas en fuga[7], con aquel ADN que nunca sabremos descifrar. El canto nuestro convertido en oración y rezo al tomarnos de las manos circundando los montones de ceniza mojada por la lluvia debido al descuido de los peritos, salmos que devienen entierro digno para esas personas que fueron asesinadas y permanecerán en el anonimato.

Años.

Años, años, un dedo

palpa hacia abajo, palpa hacia arriba, palpa

alrededor:

costuras, tangibles, aquí

se abre, mucho, separándose, aquí

se vuelve a adherir — ¿quién

lo recubrió?” (Oyarzun, 1997, pg. 65)

Años, años, años de abandono que, en lo concreto significan años de impunidad, años de dolor, años de duelo permanente. Dedos, huesos, cráneos al pie de la tierra. ¿Quién los recubrió? ¿Quién permitió esta barbarie? ¿Quién recubrió no solo bajo la tierra sino bajo archivos y papeles burocráticos sin sentido los casos de tantas personas desaparecidas? ¡Fue el Estado! ¿Quién enterró en el silencio tanto horror? ¿Quién coció como oro el silencio de los inocentes?[8] ¡Es el grito desesperado de los familiares en búsqueda que cimbrará en el putrefacto sistema de corrupción, violencia e impunidad!

La lección oculta, también, surge desde la experiencia misma de Celan: Ante la desaparición forzada (ocultamiento cometido, coadyuvado u omitido por el Estado) poesía, pues son la poesía y los actos poéticos los que nos permiten resistir de una forma velada (oculta) y protegida hasta encontrar justicia, verdad y memoria. Y, ¿qué acción más poética que la de un familiar arriesgando todo, en medio de las cenizas y la muerte para buscar a quién ama? Si el sistema opresor con su capitalismo Gore nos desaparece, entonces hagamos poesía para resistir, para re-escribir nuestras realidades.

Bibliografía

Bollack, Jean (2000) El monte de la muerte: el sentido de un encuentro entre Celan y Heidegger, pg. 2

Derrida, Jacques (1994) Márgenes de la filosofía, capítulo “la différance”, Les Editions de Minuit, pg. 37-49. (45)

Gándara, Sugeyry Romina (25/02/2020) En un campo de exterminio de Los Zetas se cuelan cenizas. Buscan lo que sea: un diente, una astilla, Periódico Digital Sin Embargo. Recuperado de https://www.sinembargo.mx/25-02-2020/3735982

Ibarlucía, Ricardo (1999) Simiente de lobo: Celan, Adorno y la poesía después de Auschwitz, Revista Trans/Form/Ação vol.21-22 no.1, párrafos 18 y 19. Recuperado de http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0101-31731999000100011

Oyarzun, Pablo (1997) Paul Celan Poemas, poemas “Stretto”, pg. 64-70; “Química” pg. 76-77; y “Todtnauberg” pg. 121

Richard, Nelly (2018) Abismos temporales Feminismo, estéticas travestis y teoría queer, Editorial Metales Pesados, P. 79


[1] La Gallera es un predio recientemente descubierto por la 5ta Brigada Nacional de Búsqueda en Veracruz, México que ha sido utilizado por el crimen organizado para reducir a cenizas los restos de las personas secuestradas/desparecidas. Como referencia de la Gallera y la 5ta Brigada Nacional de Búsqueda ver el artículo del periódico digital Sin Embargo, con autoría de Sugeyry Romina Gándara.

[2] Daniel Otero es estudiante de la maestría en Teoría Crítica en 17, Instituto de Estudios Críticos. Es colaborador del Centro de Estudios Ecuménicos que a través del eje de iglesias acompaña a las Brigadas Nacionales de Búsqueda.

[3] Cita recuperada de una entrevista realizada a Pedro Lemebel por Nelly Richard en su libro Abismos Temporales, 2018.

[4] Todos los poemas están disponibles en la antología de Poemas de Paul Celan traducidos y recopilados por Pablo Oyarzun, 1997, páginas 64-70, 76-77 y 121 respectivamente.

[5] Ibid, pg. 64

[6] Ibid

[7] Ibid, pg. 69

[8] Ibid, pg. 77

Share on facebook
Share on twitter