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Narcotráfico: el comodín político de la clase media

*César Martínez

(@cesar19_87)

La agresividad de esa clase media identificada con Felipe Calderón valiéndose de sucesos reales como el ‘Culiacanazo’ y también ficticios para fabricar la imagen de un México en caos (y de paso chantajear e incitar a que agentes del Ejército, Marina Armada y Guardia Nacional desacaten la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza y cometan violaciones a derechos humanos) debe preguntarnos qué entiende esta franja tan peculiar de nuestra sociedad acerca de los conceptos de Estado de Derecho, legalidad, igualdad jurídica y autoridad, ya para no hablar del ‘habeas corpus’ y la presunción de inocencia.

Claro, en vista de la vinculación a proceso en Estados Unidos por contubernio con el narco por parte de Genaro García Luna, brazo derecho del ex presidente Calderón, bien podría afirmarse que se trata de simple hipocresía, de modo que el debate terminaría incluso antes de empezar. Y, sin embargo, resulta necesario analizar el uso del narco como comodín y garrote político para conocer la idea de Estado que está más allá de los nombres propios dentro del imaginario de la amplia mayoría de nuestra clase media: el despotismo, la mano dura y el uso de la fuerza bruta como solución exprés para problemáticas de índole social. En otras palabras, es la ideología de Estado que gobernó México desde de la década de los años 80 y hasta 2018.

Un buen punto de partida para desmenuzar la ideología de Estado que permeó en la clase media mexicana durante más de 30 años es el pensamiento del finado maestro Arnaldo Córdova, cuya presencia formó e informó al Obradorismo en el plano de las ideas durante los difíciles años de lucha de oposición. Suya fue la tesis central, el punto uno del Proyecto Alternativo de Nación, acerca de que “el Estado [neoliberal] se había convertido en una oligarquía, un comité al servicio de unos cuantos y por lo tanto ya no estábamos en presencia de un Estado como tal.” Para Córdova, el neoliberalismo definido como régimen de privilegio tenía dos consecuencias negativas: una, que el Estado en nuestro país se había convertido en el principal violador de la ley; y otra, que debilitando el vínculo entre poder y legalidad el Estado se tornó débil por vicio de que las negligencias hacia la delincuencia de cuello blanco a nivel de oficina (banqueros, extranjeros imperialistas, grandes evasores fiscales y traficantes de influencias) ocasionaron vacíos de poder aprovechados por la delincuencia organizada a nivel de calle. Así, el Obradorismo se fijó el objetivo de recuperar al Estado haciendo valer el Estado de Derecho en general, y el espíritu de la Constitución de 1917, en particular.

“Los mexicanos podemos gobernarnos muy bien con estas leyes”, solía decirle Córdova a López Obrador, “pero si cualquiera las lee se dará cuenta que su problema es que no se aplican.”

De esto último es tan indispensable el ideario político de Córdova: el espíritu de la Constitución del 17 de acuerdo a él representa una crítica contundente a la dictadura porfirista en cuanto a régimen de privilegio, despótico y autoritario, pero también caótico, débil y pusilánime. Podemos decir que si Arnaldo Córdova tuvo el valor de salir de su burbuja universitaria para involucrarse en el Movimiento de Transformación fue porque su área de interés escolar, la consolidación histórica del Estado mexicano a través de las instituciones legales, estaba siendo gravemente destruida por el régimen neoliberal, justo de la misma manera que el Porfirismo hizo de la Constitución de 1857 una reliquia más en el museo de la historia.

Pero, volviendo al debate frente a la base social que hoy día sostiene a la derecha en México acerca del carácter del Estado, lo que debe recuperarse de Córdova es que el régimen de privilegio (llámese Porfirismo o Neoliberalismo) históricamente se ha legitimado posicionando la narrativa del caos como el problema más apremiante en países donde las masas populares son pobres, improductivas, ignorantes, incivilizadas, violentas y anárquicas, como sostenían científicos e intelectuales porfiristas como Justo Sierra o Emilio Rabasa. En el diálogo con ellos, el maestro Córdova reconoce que el derecho sin fuerza se reduce a precepto moral (con lo cual acepta la problemática de la gobernabilidad), pero también explica que un Estado que se vale de su fuerza para violar sistemáticamente la legislación carecerá de legitimidad y por lo tanto de gobernabilidad. No hay una sin la otra: “Los medios extralegales de gobierno son medios que, por muy frecuentes que lleguen a ser, no son formas permanentes o continuas de dominación.” [1]

Vale recuperar para el debate actual contra el calderonismo el tipo de Estado de Derecho proyectado por el espíritu de la Constitución de 1917 según una frase dicha por Venustiano Carranza que Córdova cita textual: “Allí donde cualquier agente de la autoridad se considera capacitado para obrar a su capricho, que no tiene freno que lo contenga en sus arranques de ira, ni sentimiento que lo impulse a ver en los demás hombres, seres que merecen respeto, y que es precisamente para hacer guardar éste a los reacios, a los refractarios a toda idea de derecho, para lo que la autoridad pública es necesaria, allí, repito, no puede haber más que anarquía que es la tiranía desordenada de muchos, o despotismo que es la tiranía de uno solo.”[2]

El eco de Arnaldo Córdova se escucha claramente cuando se dice que “la paz es fruto de la justicia” y que “no se puede apagar el fuego con el fuego”: la Constitución y sus leyes reglamentarias dictan los límites del Estado en el uso de la fuerza bajo el principio de la gobernabilidad como resultado de la aplicación de la ley sin discriminación de clase social. Viéndola así, la clase media calderonista carece de cultura del Estado de Derecho por partida doble, pues degrada el poder del Estado al uso arbitrario de la fuerza bruta, y además se vale del narco como imagen ideológica que oculta su obsesión por reprimir y dirigir la violencia política contra la gente del Pueblo. Sin educación en términos de legalidad y ‘habeas corpus’, estamos lidiando con todo un sector de la sociedad mexicana cuya ideología de Estado consiste en exigir que sean otros y otras quienes peguen y reciban los garrotazos.

*Maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura estadounidense por la Universidad de Exeter.

[1] Córdova, Arnaldo (1972) La Formación del Poder Político en México, página 92.

[2] Venustiano Carranza en Córdova, Arnaldo (1973) La Ideología de la Revolución Mexicana: la formación del nuevo régimen, página 243.