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El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia

Leonardo Meza Jara

I.- El estado interrumpido

Los acontecimientos recientes en los estados de Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte, no pueden ser conceptualizados como un “Estado fallido”. En los debates de los especialistas en la materia, se ha referido que en los años de surgimiento y expansión del crimen organizado hacia finales del siglo XX y principios del XXI, el Estado mexicano no ha “fallado” de manera determinante, de tal forma que haya perdido el poder para gobernar al país. 

En todo caso, las “fallas” del Estado mexicano, lo “fallido” del Estado, tienen la cualidad de lo intermitente. Hay coyunturas temporales, como los acontecimientos violentos de la semana pasada, en donde el Estado interrumpe su control social, político y económico en determinados territorios como Zapopan, Celaya,  ciudad Juárez o Tijuana. O visto desde la perspectiva geográfica, hay determinados territorios, que no son la totalidad de la geografía nacional, en donde el Estado es interrumpido en el ejercicio de su poder y su gobierno. Estamos hablando, de un Estado interrumpido temporalmente o territorialmente, de forma parcial. La interrupción temporal o territorial del Estado en el ejercicio del gobierno, puede ser mayor o puede ser menor, puede ser limitada o puede ser expandida.  Resulta complicado definir con precisión la interrupción cuantitativa o cualitativa del poder gubernamental del Estado, que opera en determinados territorios y en determinadas temporalidades, que son fluctuantes.

¿Pero, en qué consiste específicamente el “Estado interrumpido” que se ha hecho presente en los años de expansión y consolidación del crimen organizado en México? El “Estado interrumpido” se caracteriza por las siguientes cuatro cualidades:

A] El Estado interrumpido tiene lugar cuando se hace manifiesta en los hechos  una co-gobernabilidad en la que se traslapan: el poder formal y legal del Estado mexicano (los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en sus tres niveles de gobierno) y, el poder informal e ilegal de múltiples grupos del crimen organizado que han crecido cuantitativa y cualitativamente en los últimos 30 años (los poderes multiplicados y ramificados del crimen organizado, que se manifiestan en variadas organizaciones y variadas ocupaciones ilícitas). La co-gobernabilidad entre el Estado mexicano y el crimen organizado, opera de facto y se identifica en acontecimientos como el culiacanazo (“Culiacanazo: Las 3 versiones de quién ordenó liberar a Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo”, El Universal, 13 de octubre de 2020). La co-gobernabilidad referida, también se identifica en los hechos recientes sucedidos en Zapopan y Celaya (“ La violencia en Jalisco y Guanajuato fue porque reventaron un encuentro de cárteles”, Sin Embargo, 10 de agosto de 2022), o en la violencia acontecida en ciudad Juárez (“Jueves negro”, El Diario de Juárez, 12 de agosto de 2022) y Baja California Norte (“La violencia se extiende a BC: Hay ataques simultáneos en Tijuana, Tecate, Mexicali, Ensenada y Rosarito”, Proceso, 12 de agosto de 2022). Los acontecimientos de violencia generados la semana pasada por el crimen organizado en cuatro estados del país, interrumpieron de forma significativa el poder gubernamental del Estado mexicano.

B] Cuando el Estado se interrumpe, tiene lugar un desplazamiento. Si algún poder informal o ilegal, se coloca en posición de contrapoder respecto al Estado (en lo policial, lo militar, lo político, lo económico, etc.) y, el Estado no logra imponerse formal o legalmente en el ejercicio del derecho y la justicia elementales, lo que tiene lugar es un desplazamiento. Lo informal y lo ilegal del crimen organizado se colocan como un contrapoder del Estado, y tiene lugar un desplazamiento que opera de facto. El estado de derecho, cuyos componentes son políticos y jurídicos, es desplazado por una condición de informalidad e ilegalidad que está a la vista de todos de manera flagrante. El contrapoder del crimen organizado que ha desplazado sistemáticamente al Estado mexicano en los años recientes, se muestra cada vez de manera más obscena y cínica.

C] La co-gobernabilidad mediante la cual opera el crimen organizado y, el desplazamiento del poder del Estado, dan lugar a un debilitamiento del Estado. Lo que se ha visto en los acontecimientos del crimen organizado de los últimos años, es un debilitamiento del Estado, que por momentos resulta peligroso para la estabilidad y la paz social. Aquí cabe preguntarse: ¿Dónde están los límites de la fuerza militar, política, económica y social que ha construido el crimen organizado en México? ¿Dónde están los límites de la debilidad del Estado mexicano, ante la fuerza del crimen organizado? Ambas preguntas son correlativas, y tendrían que responderse de manera conjunta. Los límites de la fuerza del crimen organizado dependen del debilitamiento del Estado mexicano, y viceversa, el debilitamiento del Estado mexicano se relaciona con el crecimiento expansivo del crimen organizado en los años recientes.

D] La co-gobernalidad entre el Estado y el crimen organizado, el desplazamiento del Estado por parte de un poder informal e ilegal y, el debilitamiento del Estado en el ejercicio del poder y el gobierno, derivan en la posibilidad de un Estado incapacitado para resolver el problema del crimen organizado en México. No se afirma que el Estado mexicano sea incapaz de resolver el problema del crimen organizado. Aunque esta cuestión puede plantearse como una pregunta: ¿El Estado mexicano se muestra capaz para resolver los problemas del crimen organizado en México, o más bien, se muestra incapaz a este respecto?

Los acontecimientos recientes y otros más pueden constituirse como una información (datos empíricos) que permita argumentar de manera ostensiva la incapacidad del Estado mexicano para resolver el problema del crimen organizado. Si una y otra vez, el Estado mexicano se ha mostrado incapaz para resolver los problemas del crimen organizado, es muy posible que se siga mostrando de esta forma. En este sentido, la idea de la incapacidad del Estado mexicano para resolver los problemas del crimen organizado se robustece.

No se trata de construir una imagen pesimista, respecto a un Estado: que co-gobierna con el crimen organizado, que ha sido desplazado, que se muestra debilitado e incapaz de resolver los problemas de inseguridad pública. Pero tampoco se trata de construir discursos optimistas, que no puedan ser sostenidos por datos empíricamente demostrables y por argumentos plenamente racionales. Sencillamente, se ponen los pies sobre la tierra,  mientras se camina sobre el territorio minado, de la historia reciente del crimen organizado en México.

II.-Entre la “necropolítica” y el “capitalismo gore”

Los acontecimientos de violencia y muerte que hemos vivido en las últimas décadas en México han reconfigurado el lenguaje mediante el cual entendemos los hechos criminales, sociales, políticos, históricos, etc. Por ejemplo, el concepto novedoso de “feminicidio” fue creado a partir de los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez, en la década de 1990. Este concepto nombra un acontecimiento de violencia y muerte que se comete sobre las mujeres, que no había sido identificado o conceptualizado como un problema.

En el marco de la violencia y la muerte generadas por el crimen organizado, junto al concepto de “feminicidio” han surgido otros conceptos como: “desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica” (Achille Mbembe, 2011), “capitalismo gore” (Sayak Valencia), etc. Los conceptos mencionados forman parte de un campo semántico novedoso. Estos conceptos tienen como objetivo nombrar acontecimientos que históricamente no habían sucedido, o que no habían sido conceptualizados desde una perspectiva determinada.

El campo semántico (de significación) al que pertenecen los conceptos mencionados se ha formado en un momento histórico que está determinado por la violencia y la muerte que han sido generados por el crimen organizado en México. Y tanto los hechos que se nombran (los acontecimientos reales) como los conceptos planteados (la teorización de los acontecimientos), reconfiguran nuestras formas de entender y vivir el mundo.

No es lo mismo entender y vivir el mundo, antes de los desmembramientos de los cuerpos cometidos por el crimen organizado, que entender y vivir el mundo después de los actos de desmembramiento que quedaron a la vista de todos. Cuando en el año 2006 fueron arrojadas cinco cabezas humanas en la pista de baile de una discoteca en Uruapan, Michoacán, el mundo del crimen organizado trastocó nuestras maneras de entender y vivir el mundo («Arrojan 5 cabezas humanas en centro nocturno de Uruapan”, La Jornada, 7 de septiembre de 2006).

Los acontecimientos sucedidos recientemente en Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana -entre otras ciudades- han tratado de ser conceptualizados por herramientas que resultan limitadas para entender lo que acontece en el país. En un artículo publicado en El Diario de Chihuahua, el analista Francisco Ortiz Bello conceptualiza los acontecimientos de Juárez como un acto de “terrorismo”. Para apoyar esta conceptualización, Ortiz Bello alude al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y al Código Penal Federal (“Jueves negro en Juárez”, 14 de agosto de 2022). En un desplegado publicado por la dirigencia de la Coparmex en el estado de Chihuahua, el domingo 14 de agosto de 2022, también se refieren los hechos sucedidos en Juárez como: un “acto terrorista”, que “se conjuga cuando grupos delincuenciales infunden miedo a la población que se convierte en terror bajo hechos impactantes…”

No me detengo a hacer una crítica de los contenidos semánticos (significados) o sintácticos (el orden de escritura de las palabras) del desplegado de la Coparmex en Chihuahua, que en su tercer párrafo resulta errático. Aquí se plantea, que tanto la conceptualización del artículo de Ortiz Bello como el contenido del desplegado de Coparmex-Chihuahua, que califican los acontecimientos sucedidos en Juárez como “terrorismo”, son imprecisos. La categoría conceptual del “terrorismo” resulta limitada e insuficiente para entender los acontecimientos sucedidos en Juárez.

La generalidad de los conceptos que han surgido en el contexto de violencia y muerte del crimen organizado (“desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica”, “capitalismo gore”) nombran acontecimientos históricos para los que no existía una denominación previa. Estas palabras se refieren a hechos históricamente inéditos. Habría que preguntarse: ¿Acontecimientos como los sucedidos en días pasados en ciudad Juárez, han sucedido previamente y han sido conceptualizados de manera precisa y consistente? ¿El concepto de “terrorismo” resulta suficiente para entender los hechos recientes de ciudad Juárez? ¿Se requieren conceptos novedosos para nombrar de manera precisa y consistente, los acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez?

Aún no se han creado, ni consensado, entre los académicos y los periodistas, la totalidad de los conceptos que en el marco de la violencia y la muerte del crimen organizado logren nombrar con precisión, la totalidad de los hechos que nos acontecen. Lo anterior significa que, es posible que no existan todavía los conceptos precisos para nombrar los hechos de violencia y muerte que sucedieron la semana pasada en ciudad Juárez. Lo sucedido en Juárez no son estrictamente actos de terrorismo. Los medios y los fines de los grupos del crimen organizado en México no están sujetos de una lógica terrorista, aunque han usado la violencia para generar un temor colectivo que les permite operar en beneficio propio, y en perjuicio de la sociedad y el Estado. La lógica y la funcionalidad de los acontecimientos de ciudad Juárez, son algo más que terrorismo. Quienes han conceptualizado con mayor certeza los actos del crimen organizado que tienen como objetivo controlar poblaciones y territorios a través de la violencia y la muerte, son Achille Mbembe y Sayak Valencia, mediante los términos de “necropolítica” y “capitalismo gore”, respectivamente.  

La “necropolítica” (Mbembe, 2011) es una forma de poder que rebasa al Estado, que es ejercida por actores extra-estatales como los integrantes del crimen organizado, quienes tienen la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte de poblaciones enteras. Literalmente, “necropolítica” significa una “política de la muerte”, cuyo objetivo no es el asesinato en sí mismo. Los asesinatos de la “necropolítica” que se cuentan por miles, tienen como objetivo el control y sometimiento de las poblaciones y los territorios. Los grupos del crimen organizado, cometen actos de violencia y asesinan, con la finalidad de consolidar su capacidad de producir y acumular dinero bajo una lógica capitalista. Se trata de producir y acumular dinero mediante el control de poblaciones y territorios enteros que quedan sometidos a una política de la violencia y la muerte, que rebasa la capacidad del Estado.  La “necropolítica” se manifiesta en estrategias y hechos concretos, en los que las poblaciones y los territorios son sometidos a la violencia y el asesinato intensivos, tal como sucedió en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte.

Por otra parte, el “capitalismo gore” es definido por Valencia (2016) como un territorio en el que se anudan el neoliberalismo y una “episteme de la violencia”, donde se hacen presentes la exaltación de la violencia y la crueldad, que son usados por los integrantes del crimen organizado para infundir temor y controlar poblaciones y territorios. El término “gore” es tomado por Valencia de un género cinematográfico que sobredimensiona la violencia y la muerte. El “capitalismo gore” se refiere a una representación desmesurada de la violencia y la muerte del crimen organizado, que circulan a través de las redes sociales, los medios periodísticos, las narrativas cinematográficas y televisivas. Durante la tarde y la noche del jueves 11 de agosto, circularon en las redes sociales, los periódicos y la televisión, una variedad de narrativas que exaltaron la violencia y la muerte provocadas por el crimen organizado en ciudad Juárez. Las estrategias del “capitalismo gore” pretenden una exaltación de la violencia, el miedo, la impotencia y la desesperanza, que le permiten al crimen organizado, participar de los beneficios económicos del mercado negro del capitalismo.

Los conceptos de “necropolítica” de Achille Mbembe y “capitalismo gore” de Sayak Valencia, se refieren a los condicionamientos capitalistas (neoliberales) que son parte del funcionamiento del crimen organizado en México. Los medios y los fines a partir de los cuales se define el funcionamiento de los grupos del crimen organizado, están atravesados por condicionamientos capitalistas que no pueden ser desestimados. El concepto de “terrorismo” que es aludido por Ortiz Bello y por la Coparmex-Chihuahua, no considera los condicionamientos capitalistas que están relacionados con los actos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez. Esta forma de concebir la violencia y la muerte del crimen organizado es un mecanismo de despolitización, que desestima la lógica capitalista que es sustantiva para entender los actos cometidos por los operadores del crimen organizado. La lógica capitalista de producción y acumulación de dinero, es crucial para entender el surgimiento y la consolidación del crimen organizado en México. Más que ser actos “terroristas”, los acontecimientos recientes de ciudad Juárez (Zapopan, Celaya y Tijuana), son actos “necropolíticos” o actos cuya lógica forma parte del “capitalismo gore”.

III.- Los lugares vacíos de la verdad y la justicia

La historia reciente de México es una cartografía de la violencia y la muerte que se expanden y oscurecen. Podemos saber de algunos lugares donde recientemente han sucedido acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado, como Juárez, Zapopan, Celaya o Tijuana. Pero no sabemos todos los lugares de México donde han sucedido los acontecimientos de violencia y muerte del crimen organizado. Hay territorios oscurecidos a lo largo del país, lugares donde la violencia y la muerte se esconden, entre la clandestinidad y la impunidad.

El país no es una enorme fosa clandestina donde se depositan los cadáveres de miles de desaparecidos. Sino que hay territorios de los que no sabemos, territorios que no logramos ver y que no pueden ser dichos todavía. Hay territorios de oscuridad y de vacío donde acontecen la violencia y la muerte. Hay lugares donde se ha formado un limbo de verdades no dichas, de justicias no cumplidas, de historias que no se cierran y se muestran como una herida abierta e inconclusa.

Una parte del problema del crimen organizado en México es saber lo acontecido recientemente en los estados de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato o Baja California Norte. Pero otra parte de este problema, la más significativa tal vez, es no saber (el problema de la verdad) y no juzgar (el problema de la justicia) todos los acontecimientos que nos han convertido en un país atravesado de forma rotunda por la violencia y la muerte. La clandestinidad y la impunidad que han sostenido históricamente el avance del crimen organizado en México, se han construido en base a dos tipos de estrategias:

– Hay una serie de acciones que oscurecen la verdad y la justicia. No sabemos, por ejemplo, el lugar en que fueron asesinados los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, y tampoco sabemos dónde están sus cuerpos. En este caso y en muchos otros, la impartición de la justicia es un lugar que ha quedado oscurecido. Aquí cabe preguntarse, ¿cómo iluminar los lugares oscurecidos de la verdad y la justicia, en un contexto en el que predominan la posverdad (el relativismo) y la injusticia (la ilegalidad y la impunidad)?

– Hay una serie de acciones que vacían de sentido a la historia y la política. Los acontecimientos recientes de violencia que se extendieron desde Jalisco hasta Baja California Norte, son la evidencia de una historia de violencia y muerte que no cesa, y que da lugar a la formación de una imagen pesimista del futuro. Junto a lo anterior, la actividad de la política muestra otra vez sus fallas y su incapacidad para resolver el problema del crimen organizado en México. De esta forma, el sentido de la historia y el sentido de la política son vaciados de contenido. Aquí se pregunta: ¿cómo reconstruir el sentido esperanzador de la historia y de la política en México, en un contexto en el que la historia y la política están habitadas por una incertidumbre y una desesperanza que por momentos resultan abrumadoras?

A contrapelo de la clandestinidad y la impunidad, hacen falta estrategias para consolidar la verdad y la justicia de las víctimas del crimen organizado. A su vez, se requieren estrategias para resignificar la historia y la política, de tal forma que la esperanza se imponga ante la desesperanza. 

IV.- Las orillas imprecisas de la tragedia

El concepto de “tragedia” que se desprende la literatura (Sófocles y Eurípides) y la filosofía griega (Aristóteles), no pertenece solo al ámbito de la ficción. La tragedia no es solo parte de un poema épico, de una obra de teatro o de algún texto narrativo de carácter imaginario. La tragedia forma parte de la realidad humana e histórica. La tragedia son pedazos de lo real del mundo que por su carga de oscuridad y angustia no puede ser mirado (el horror de los cuerpos descuartizados), no puede ser nombrado (la ausencia de verdad y justicia en los casos de los asesinados y los desaparecidos por el crimen organizado) y no puede ser pensado con certeza (la incertidumbre de la violencia que se extiende hacia el futuro).  

Lo real y lo histórico de la tragedia actual de la violencia y la muerte en México, puede ser conceptualizado a partir de las cinco cualidades siguientes: 

– Es una violencia que se expande cuantitativa o cualitativamente.

– Es desestabilidad social y política que irrumpe y se prolonga.

– Es zozobra que llega al grado de oscuridad de la penumbra. 

– Es miedo que paraliza e inhabilita las posibilidades de intervención humana.

– Es desesperanza que nos hace colocar los pies sobre la angustia y que oscurece el horizonte histórico.

Las cinco cualidades definitorias mediante las cuales se conceptualiza lo real y lo histórico de la tragedia, aplican para definir los acontecimientos de violencia y muerte actuales. En Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana, las acciones del crimen organizado se caracterizan por: una violencia que se expande, una desestabilidad que se prolonga, una zozobra que por momentos se oscurece demasiado, un miedo que inhabilita y una desesperanza que se vuelve angustiante. 

Los hechos recientes en las ciudades mencionadas forman parte de una tragedia cuya temporalidad histórica es de larga duración. La tragedia de la violencia y la muerte del crimen organizado en México se inscribe en un momento de larga duración histórica, que es impredecible hacia el futuro. Y tal vez, esto es lo más trágico del momento histórico que nos toca vivir. Nadie puede establecer con certidumbre, el momento histórico en el que se detendrán la violencia y la muerte del crimen organizado.

Una de las cualidades fundamentales de la tragedia, es su capacidad de trascender históricamente. Y en todo caso, tendríamos que analizar las formas mediante las cuales la tragedia humana ha trascendido históricamente, repitiéndose de formas diferentes, prolongándose hacia un futuro que tiene la forma de una herida abierta o, transformándose en una violencia que resulta inaudita por su grado de inhumanidad. Lo más abismal de la tragedia actual en México, está significado por las maneras de tratar los cuerpos de los asesinados y los desaparecidos. Las técnicas mediante las cuales se descuartizan o se disuelves los cuerpos, tiene como objetivo fragmentar o borrar por completo los rastros de la muerte o de la vida…