El tribunal de la memoria: regímenes de historicidad y la apelación al juicio popular en Fidel Castro y Andrés Manuel López Obrador
Luis Ángel Montiel Jiménez
Cuando se trata de conmemorar al comandante Castro, y aún más a cien años de su natalicio, es imposible que no salga a la palestra la magna autodefensa realizada por Fidel en el juicio que la dictadura de Batista intentó realizar en su contra producto del asalto al cuartel Moncada y el cuartel Manuel de Céspedes. La importancia del alegato escrito por Fidel es tanta, que continúa provocando nueva producción académica en torno a sus palabras, aun cuando estas tienen 73 años de haber sido pronunciadas. Para muestra un botón, hace poco en este mismo dossier se publicó el texto Notas sobre la recepción de La historia me absolverá del doctor Jaime Ortega, excelso ensayo que invito a leer.
«Condenadme, no importa, la historia me absolverá»[1] es la popular frase con la que el revolucionario cerró su alegato. Esta frase merece por sí sola una profunda reflexión, pues más allá de mostrar la impecable prosa de Fidel en la defensa, también muestra la densa conciencia histórica que el líder guerrillero poseía. Este fenómeno de conciencia no pertenece exclusivamente a Fidel, pertenece a la izquierda latinoamericana, tenemos el caso de Salvador Allende en Chile con su «Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.»[2] O al comandante Hugo Chávez con «El juicio de la historia en el cual estamos también incluidos, no es a una persona, es a un sistema mundial que amenaza a todos»[3]. Así podemos extraer diversos textos del cuerpo histórico de la izquierda latinoamericana y particularmente de sus dirigentes, pero aquí me gustaría vincular las palabras de Fidel con una defensa de la misma naturaleza acaecida en México en el año 2005.
Entre los años 2004 y 2005 Andrés Manuel López Obrador vivió un proceso de desafuero cuando era jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal[4]. Aunque la razón oficialista del proceso iniciado contra AMLO fue por «el delito de ’desacato judicial’, porque aparentemente como autoridad responsable desobedeció un auto de suspensión definitivo emitido por un juez federal de amparo en materia administrativa, relacionada con obras que se realizaban en el predio conocido como ’El Encino’.»[5] La izquierda mexicana argumentó que el proceso iniciado contra López Obrador se trataba de una jugada del presidente Vicente Fox por intentar obstruir el camino de la figura de AMLO (que cada día ganaba mayor popularidad) a las elecciones presidenciales de 2006. Años después el panista admitiría la siguiente confesión: «Hice todo lo que estaba en mi terreno, dentro de la ley, para que ese cuate no llegara a presidente»[6]. En este contexto el 7 de abril de 2005 durante la sesión donde se llevaría a cabo la votación sobre el proceso de desafuero, AMLO pronunció en su defensa las siguientes palabras: «Ustedes me van a juzgar, pero no olviden que todavía falta que a ustedes y a mí nos juzgue la historia.»[7] Una frase que carga la misma densidad y vínculo con la historia como la que realizó el comandante Castro 52 años antes.
Es por eso que en este breve ensayo analizaré ambas frases del entonces revolucionario Fidel Castro y del entonces jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, esto mediante dos ejes coyunturales, primero analizando la vinculación histórica de ambos personajes, a través de sus respectivas frases y también de su accionar general, con la historia y particularmente con los regímenes de historicidad y, segundo, desentramando el concepto de «juicio popular» ligado a la memoria histórica a la que ambos personajes se refieren al mencionar «el juicio de la historia».
De los regímenes de historicidad
El historiador conceptual Reinhart Koselleck postula dos conceptos de metahistoria, el «espacio de experiencia» (Erfahrungsraum) que podemos entender como «un pasado presente, cuyos acontecimientos han sido incorporados y pueden ser recordados.»[8] Y el «horizonte de expectativa» (Erwartungshorizont) que describe de la siguiente forma: «se efectúa en el hoy, es futuro hecho presente, apunta al todavía-no, a lo no experimentado, a lo que solo se puede descubrir. Esperanza y temor, deseo y voluntad, la inquietud, pero también el análisis racional, la visión receptiva o la curiosidad forman parte de la expectativa y la constituyen.»[9] Bajo estos conceptos que intentan hacer dialogar al pasado-presente y al presente-futuro el historiador François Hartog postula la categoría cultural y política de los «regímenes de historicidad», concepto que se sostiene por la tensión generada entre los conceptos de Koselleck. El régimen de historicidad es definido por Hartog como «la modalidad de conciencia de sí misma por parte de una comunidad humana»[10], aunque es más digerible entenderlo como la forma en que una sociedad, época, cultura, civilización, etc, organiza y experimenta las tres dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro.
En estos casos de estudio el tiempo cronológico no es suficiente y por eso debe ceder ante la categoría cultural y política del régimen de historicidad. A pesar de los contextos políticos diferentes en los que se encuentran insertos ambos personajes, siendo la realidad de Castro una dictadura dirigida por Fulgencio Batista y sostenida por el capital estadounidense y la realidad de AMLO la de una proto-democracia republicana, el régimen de historicidad bajo el que se rigen es de corte moderno y de miras teleológicas en ambos casos. Este régimen moderno que Hartog ejemplifica con la Revolución Francesa se entiende como uno de corte futurista, que engancha el presente al futuro y siendo este segundo el que rige sobre el primero.
López Obrador y Fidel Castro desarticulan el presente representado por los tribunales que los intentan enjuiciar, en el caso del cubano, señala que
Mis razonamientos van encaminados sólo a demostrar lo falso y erróneo de la posición adoptada en la presente situación por todo el Poder Judicial, del cual cada tribunal no es más que una simple pieza obligada a marchar, hasta cierto punto, por el mismo sendero que traza la máquina, sin que ello justifique, desde luego, a ningún hombre a actuar contra sus principios. Sé perfectamente que la máxima responsabilidad le cabe a la alta oligarquía que sin un gesto digno se plegó servilmente a los dictados del usurpador traicionando a la nación y renunciando a la independencia del Poder Judicial.[11]
Mientras que el mexicano señala:
Diputadas y diputados, con sinceridad les digo que no espero de ustedes una votación mayoritaria en contra del desafuero, no soy ingenuo. Ustedes ya recibieron la orden de los jefes de sus partidos y van a actuar por consigna, aunque se hagan llamar representantes populares.[12]
Ambos hombres invierten la narrativa, pasan de ser los acusados en el banquillo a erigirse como jueces y aprovechan para señalar de ilegítimos a los respectivos tribunales que los acusan, alegando que estos no son más que expresiones de una línea autoritaria que viene de más arriba, Castro lo ejemplifica de forma brillante calificándolas como simples engranajes en la maquinaria de la dictadura, AMLO lo hace acusando a los diputados de seguir órdenes dictadas por el poder económico a pesar de ser parte de la representación popular.
De Fidel
No obstante, el «espacio de experiencia» y el «horizonte de expectativa» son particularmente diferentes en cada caso. Castro lo articula el primero en tres puntos específicos, el primero es el anclaje de su accionar como una línea de continuidad que parte del legado de los héroes patrios cubanos
Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro […] Se nos enseñó a querer y defender la hermosa bandera de la estrella solitaria y a cantar todas las tardes un himno cuyos versos dicen que vivir en cadenas es vivir en afrenta y oprobio sumidos[13]
El segundo sigue la línea del primero, pero no se limita a los nombres de los personajes históricos cubanos y a sus enseñanzas, sino a su accionar, a la lucha y la insurrección popular que estos lideraron, la cual ve Castro como espejo del presente, recuperando las líneas del general Miró Argenter: «¡Así luchan los pueblos cuando quieren conquistar su libertad: les tiran piedras a los aviones y viran los tanques boca arriba!»[14]. Y en lo tercero apela a la memoria colectiva y a la opresión generacional representada en el imperialismo colonizador y en la dictadura, Castro menciona entonces «La que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes»[15].
Por otra parte, el «horizonte de expectativa» de Castro se articula en un orden radicalmente nuevo expresado en un proceso programático mencionando objetivos particulares como «Un gobierno revolucionario con el respaldo del pueblo y el respeto de la nación […] Un gobierno revolucionario, después de asentar sobre sus parcelas con carácter de dueños a los cien mil agricultores pequeños que hoy pagan rentas, procedería a concluir definitivamente el problema de la tierra»[16], o de forma más desarrollada describiendo que «El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos». Como es visible el comandante Castro aprovecha la coyuntura para presentar un programa político que engloba las grandes preocupaciones de las que su régimen se encargaría una vez conquistado el poder, su visión teleológica vincula el presente al desarrollo del futuro materializado en un «gobierno revolucionario».
De AMLO
En su caso, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal arma su «horizonte de experiencia» al recuperar «la historia, que es la maestra de la vida»[17] y además de hacer un recuento de los logros de su mandato al frente de la capital del país al mencionar el «crecimiento económico, generación de empleos, construcción de obras públicas, de educación, salud y vivienda y de apoyo a los más humildes y olvidados» [18], también, como el comandante Fidel, vincula la presencia de personajes históricos de la vida política de México a su proyecto de nación, recordando el momento
cuando se obtuvieron con engaños las renuncias de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, la mayoría de la Cámara de Diputados cometió la indignidad de desaforarlos que a eso equivalió aceptar sus renuncias y de prestarse a la farsa de legalizar, siempre preocupados porque todo sea legal, un nombramiento que duró en el poder 45 minutos, tiempo suficiente para que el tal Pedro Lascuráin nombrara como Secretario de Relaciones Exteriores a Victoriano Huerta y luego renunciara convirtiendo a El Chacal en Presidente de la República.[19]
Es de conocimiento público la admiración de López Obrador por el «Apóstol de la democracia» Francisco I. Madero y es por es esa misma razón que el relato sale a la palestra, pues más allá del reconocimiento de la figura de Madero, AMLO traza una línea entre la Cámara de Diputados que en ese momento lo desaforaba, con la Cámara de Diputados que en 1913 aceptó la renuncia de Madero y el vicepresidente Pino Suárez, condenándolos así a la muerte.
Además de la figura de Madero, AMLO también menciona al «Siervo de la Nación», vinculando los males contra los que este combatió, como los males que aquejaban al país en 2005: «Son los que han convertido al país en un océano de desigualdades, con más diferencias económicas y sociales que cuando Morelos proclamó que debía moderarse la indigencia y la opulencia.»[20]
Como complemento, el «horizonte de expectativa» de López Obrador se vincula con la posibilidad de acceder al poder al mencionar «me quieren quitar mis derechos políticos, con miras a las elecciones del 2006.»[21] Y al asegurar que la orden de evitar su llegada a la presidencia es dada por el poder de quienes ostentan el capital[22]. A diferencia de Fidel que perfila su proyecto de nación a través de lo que se desea hacer en su «horizonte de expectativa», AMLO lo realiza en su «espacio de experiencia» cuando brinda una lista breve de los logros que ha materializado como Jefe de Gobierno. No obstante, López Obrador enriquece su «horizonte de expectativa» rechazando aquella herramienta con la que Fidel llegará al poder: «No soy un ambicioso vulgar. No llevaré a nadie al enfrentamiento. Todo lo que hagamos se inscribirá en el marco de la resistencia civil pacífica.»[23]. Lo cual es entendible por los contextos que cada dirigente de izquierda vivía en su momento, siendo para Fidel posible librar una revolución, mientras que para Andrés Manuel no, lo que lo llevaría a optar por la resistencia civil pacífica.
Un breve apunte sobre el «juicio popular»
Para no abusar de la extensión de este ensayo únicamente se realizará a continuación una breve reflexión que invite al desarrollo más completo de este tema en un futuro. «La Historia», que usan ambos personajes al momento de realizar sus alegatos y particularmente cuando la mencionan en las citas ya presentadas en la introducción de este texto, no hacen referencia a la Historia escrita por la academia, sino a la «memoria colectiva» esa que Maurice Halbwachs describía como los «instrumentos que [se] utiliza[n] para reconstruir una imagen del pasado acorde con cada época y en sintonía con los pensamientos dominantes de la sociedad.»[24] Aunque en el contexto de los alegatos de ambos líderes se podría vincular con la crítica de Walter Benjamin contra la «historia de los vencedores»[25], haciendo que la memoria colectiva, emanada del pueblo, se desvincule del discurso oficialista, quitándole al Estado la facultad jurídica de dictar veredicto para darle esta potestad a las masas.
Conclusiones
El «Condenadme, no importa, la historia me absolverá»[26] de Fidel Castro y el «Ustedes me van a juzgar, pero no olviden que todavía falta que a ustedes y a mí nos juzgue la historia.»[27] de AMLO guardan en sí una densidad en materia de teoría política que se puede estudiar a través de la historia conceptual, ejercicio realizado en este breve ensayo que nos lleva a conocer, como Fidel y Andrés Manuel, en sus diferentes contextos, entendieron el presente que les acechaba como un modernismo futurista y teleológico con el que impulsaron su imagen, saliendo del banquillo de acusados y erigiéndose en juez que señala la ilegalidad del proceso que se les realizaba, emanado por intereses perversos ligados al capital. Andrés Manuel entiende el presente-futuro de su momento con miras a conseguir la Presidencia de la República sin iniciar la violencia y sin renunciar a sus ideales, por la vía democrática, para ampliar el proyecto que ya ha instaurado sobre Distrito Federal. Fidel Castro comprende el presente-futuro de su coyuntura con miras a arribar al poder por la vía de la revolución, para instaurar un estado absolutamente contrario a la dictadura de Batista y mostrando un proyecto político programático erigido en seis grandes problemáticas cubanas.
En última instancia, ambas proclamas trascienden la coyuntura del banquillo de los acusados para convertirse en manifiestos fundacionales. Aunque desde trincheras operativas distintas, la vía armada frente a la vía institucional, tanto Fidel Castro como Andrés Manuel López Obrador lograron reconfigurar la narrativa del juzgamiento: transformar la persecución estatal en el catalizador ideológico que los posicionó, ante la memoria colectiva, no como los vencidos del momento, sino como los ejecutores necesarios de la transformación histórica.
Bibliografía
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Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. 1.ª ed. Editorial Itaca, 2008.
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Chávez, Hugo. Vengo a denunciar 200 años de agresión. 1.ª ed. Ministerio de Comunicación e Información, 2006
Flores, Imer B. 2006. «Sobre Las Respuestas (in)correctas En El Derecho: A propósito Del «desafuero» De Andrés Manuel López Obrador». Cuestiones Constitucionales. Revista Mexicana De Derecho Constitucional 14 (2006): 253 – 283. https://doi.org/10.22201/iij.24484881e.2006.14.5760.
Hartog, François. Regímenes de Historicidad. Presentismo y experiencias del tiempo. 1.ª ed. Universidad Iberoamericana de México, 2007.
Koselleck, Reinhart. Futuro pasado. 1.ª ed. Ediciones Paidós, 1993.
La Octava. «El día que Vicente Fox dijo que ‘se iba a encargar’ que AMLO no llegara a la presidencia». Video de Facebook, 1:40. Publicado el 8 de abril de 2026. https://www.facebook.com/share/v/1Vn1bmU64E/.
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Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria, 1.ª ed. Anthropos Editorial, 2004.
[1] Fidel Castro. La historia me absolverá. 1.ª ed. (Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, 1993), 158.
[2] Redacción La tinta, “«Se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre»”, La Tinta, 12 de sep. De 2016. https://latinta.com.ar/2016/09/12/se-abriran-las-grandes-alamedas-por-donde-pase-el-hombre-libre/
[3] Hugo Chávez, Vengo a denunciar 200 años de agresión. 1.ª ed. (Ministerio de Comunicación e Información, 2006), 66.
[4] Hoy ciudad de México.
[5]Imer B. Flores, «Sobre Las Respuestas (in)correctas En El Derecho: A propósito Del “desafuero” De Andrés Manuel López Obrador». Cuestiones Constitucionales. Revista Mexicana De Derecho Constitucional 14 (2006): 256, https://doi.org/10.22201/iij.24484881e.2006.14.5760.
[6] La Octava, “El día que Vicente Fox dijo que ‘se iba a encargar’ que AMLO no llegara a la presidencia”, video de Facebook, 1:40, publicado el 8 de abril de 2026, https://www.facebook.com/share/v/1Vn1bmU64E/.
[7] Andrés Manuel López Obrador, “A 16 años del desafuero”, video de YouTube, 9:57, publicado el 8 de abril de 2021, https://youtu.be/bLjWPtZJOUQ?si=Hpm86J8ELpBDjjq3.
[8] Reinhart Koselleck, Futuro pasado, 1.ª ed, (Ediciones PAIDOS: 1993), 338.
[9] Koselleck, Futuro pasado…, 338.
[10] François Hartog, Regímenes de Historicidad. Presentismo y experiencias del tiempo, 1.ª ed, (Universidad Iberoamericana de México: 2007), 30.
[11] Fidel Castro, La historia me absolverá…, 117.
[12] Andrés Manuel López Obrador, “A 16 años…”
[13] Fidel Castro, La historia me absolverá…, 156.
[14] Fidel Castro, La historia me absolverá…, 63.
[15] Fidel Castro, La historia me absolverá…, 66.
[16] Fidel Castro, La historia me absolverá…, 73 – 74.
[17] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO cumple 20 años: Discurso íntegro ante Diputados”, RegeneraciónMX, 7 de abr. De 2025. https://regeneracion.mx/desafuero-de-amlo-cumple-20-anos-discurso-integro-ante-diputados2/
[18] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…”
[19] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…”
[20] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…”
[21] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…”
[22] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…” “Un empresario me contó que el 10 de junio del año pasado, en una reunión en casa de Rómulo O´Farrill, ese grupo compacto de intereses creados le dijo al ciudadano Presidente, palabras más, palabras menos: Nos has quedado mal, no has podido llevar a cabo las privatizaciones y la reforma fiscal, pero eso ya no es lo que nos importa. Ahora lo único que te pedimos es que por ningún motivo permitas que ese populista de Andrés Manuel llegue a la Presidencia.”
[23] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…”
[24] Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria, 1.ª ed. (Anthropos Editorial: 2004), 10.
[25] Walter Benjamin. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. 1.ª ed. (Editorial Itaca, 2008), 41 – 42. “quienes dominan en cada caso son los herederos de todos aquellos que vencieron alguna vez. Por consiguiente, la empatía con el vencedor resulta en cada caso favorable para el dominador del momento.”
[26] Fidel Castro, La historia me absolverá…, 158.
[27] Mesa de Redacción, “Desafuero de AMLO…”
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