image_pdf

El corazón partido: sobre las elecciones en la ciudad de México

CE, Intervención y Coyuntura

El triunfo de Morena se ve empañado por la pérdida de espacios en la capital. Es claro que además de su importancia económica y su número de votantes, la Ciudad de México era un baluarte del obradorismo y eso hace más difícil el trago. ¿Cómo explicar lo que sucedió? Aquí algunas hipótesis de largo y mediano plazo:

  1. Un cambio social de gran magnitud. Entre 1985 y 2005, es decir, durante 20 años, y tras la sacudida del sismo de septiembre, la ciudad de México desarrolló una política de vivienda popular que mantuvo un relativo equilibrio socio-económico. Impulsada por el “Movimiento Urbano Popular”, primero independiente y adverso al PRI y después integrado a las dos primeras administraciones del PRD, se consiguió mantener una política de vivienda que, mantuviera vivienda barata en zonas céntricas. La erosión de esa política y su total desaparición dio surgimiento al cártel inmobiliario, que hizo crecer de manera abrumadora los desarrollos ultra mercantilizados. Hoy, el cártel no solo está en la Nápoles o la del Valle, sino que se puede encontrar en los pueblos de Coyoacán, en la otrora peligrosa Tránsito e incluso en la lejana Agrícola Oriental. La expansión de la política de vivienda ultra-mercantilizada es el signo de la derrota de la política de vivienda en clave popular. Ello generó una creciente especulación sobre el suelo, basta ver lo que pasa en colonias como la Doctores, Santa María la Ribera, Obrera, e incluso en Santo Domingo, para comprender que hay una operación de reemplazo socio-demográfica de las zonas populares. Para decirlo claro, quienes votaron ayer en contra de la 4T en su versión local, son también parte del resultado de 20 años de cambio en la política urbana y en la modificación del rostro socio-demográfico favorecido por el neoliberalismo.
  2. El cambio urbano no fue exclusivo de la Ciudad de México. Todas las capitales de la región han sufrido esos cambios, volviéndose centros financieros y comerciales, ciudades de servicios, con clases medias ascendentes que han modificado el tipo de política urbana. La particularidad mexicana consistía en que era inclinada a la izquierda, pues sostenía un rabioso sentimiento anti-priísta. Los años 90 en América Latina fueron de resistencias urbano-populares a los neoliberalismos. Los años del progresismo, en cambio, fueron de transformación de esta situación: Chávez perdió Caracas en numerosas ocasiones, Morales perdía en La Paz, aun la icónica Buenos Aires –con su impresionante marea verde– era la tierra de Macri y sigue siendo el bolsón conservador más importante en contra de Alberto Fernández. Quizá no sea del recuerdo de algunos, pero incluso en el año 2000 AMLO estuvo a punto de perder frente a Santiago Creel del PAN, partido que obtuvo muy buenos resultados bajo el efecto de arrastre de Fox. La capital no ha sido del control exclusivo de las izquierdas, aunque a veces pareciera que sí. El PAN y las rémoras significativas del PRD, reestablecieron su presencia este 6 de junio, están ahí, son una fuerza con capacidad de movilización y seguirán jugando.
  3. Hay retos que, políticamente, parecen inconseguibles. Imaginar al PAN triunfando en Iztapalapa podría ser uno. Que alguna fuerza de izquierda gane la alcaldía Benito Juárez (BJ) es el otro caso. Incluso la Miguel Hidalgo ha cedido a las siglas de izquierda, pero no la BJ. Se ha intentado de todo, perfiles combativos como el de Lenia Batres, perfiles matizados como Bernardo Bátiz o como el de Paula Soto, a medio camino entre el panismo y la concepción progresista moderna que tanto gusta a las clases medias, una candidata sin mucho sobresaltos que incluso los de la BJ podrían aceptar. Hace años, Bernardo Bátiz describió bien la dificultad de hacer política en la alcaldía: el homo narvartius dominaba ese espacio social. Se trata de un perfil de habitante de la ciudad tendiente al conservadurismo, el individualismo y en general, a reaccionar negativamente a cualquier forma de colectivismo.

Supimos también desde un principio que hay una franja de la delegación, las colonias Narvarte, Del Valle, Nápoles, cubierta de innumerables edificios de apartamentos, impenetrables a la propaganda política escrita; sus ocupantes generalmente no la aceptaron, todo lo tratan por el interfón, todo lo rechazan y piden que se le entregue al conserje, es imposible hablar con ellos cara a cara.

Son el núcleo conservador, no fanático, por que ni de eso son capaces, a los que José Angel Conchello llamó alguna vez el homo narvartinus, personas que tienen poco o ningún contacto con su entorno social, sabe poco de sus vecinos y nada de su comunidad, viven corriendo entre sus torres de viviendas y sus torres de oficinas, su contacto con el mundo es la televisión y el celular, sus preocupaciones son el nuevo automóvil, el ascenso al que aspiran, las palmas de sus superiores y su problema mayor es decidir a donde irán en las próximas vacaciones.[1]

Es ese tipo de homo narvartius el que soporta al clan panista que se ha apoderado de la delegación y que ha hecho ya una causa común en impedir una transición en la delegación.

  1. Voto de castigo. Universitarios, algunos integrantes de movimientos como el feminista o el ambientalista. Onegeneros quienes se reivindican como sociedad civil. Todos a quienes se les cerró el grifo presupuestal, las transferencias sectoriales, en general, los recursos económicos, tienen buenas razones para estar enojados con la política de la 4T. No así en términos legales o de derechos, donde la capital es de avanzada y es difícil imaginar que hay alguna deuda significativa que aun no se haya saldado. Se trata de un voto de molestia por los cambios en la relación entre el Estado y la sociedad y el cuestionamiento del lugar que estas asociaciones tuvieron durante el neoliberalismo. Difícil revertir esa situación de enojo, pues modificar las condiciones y los escenarios de la nación ha implicado hacerles a un lado, quitarles protagonismo, relegarles incluso. Lo más probable es que hayan reaccionado votando en contra de Morena y ello no es raro ni es extraño. Una transformación como la que está en curso no puede agradar ni quedar bien con todas y todos. Porque es eso, justamente: una transformación.
  2. La terrible tragedia fue capitalizada, sin embargo, no directamente. Es muy probable que el accidente en la Línea 12 impactara más en núcleos de clase media que tendencialmente hubieran favorecido a Morena. Lo cierto es que, más allá del dolor, los habitantes de esa delegación suelen entender la importancia del metro y de cómo transformó la dinámica de la conexión. Más que otra cosa, lo que desean es que el servicio se reestablezca y no ocurra algo así nuevamente. El discurso moralizante de redes sociales y de la corrección política sobre la “periferia” les es indiferente.
  3. El fuego amigo. La eleccion fue, también, una escaramuza sobre la sucesión del 2024 y Claudia Sheinbaum salió maltrecha. Y no porque haya una evaluación negativa sobre su gestión, pues parece mantener índices de aprobación favorables. Sin embargo, la lógica de grupos y disputas internas parece haber favorecido a algunos personajes. Se sabe bien que Monreal guarda espacios que han sido capitalizados en favor de la alianza opositora. El fuego amigo torpedeó, no cabe duda, pues hay quien quiere minar a la aspirante a suceder a AMLO. Es la política, también existente, de pasillos y prebendas, de negociaciones y espacios. Donde la lealtad es solo con los líderez pragmáticos. Aquí la crítica a Morena es más que justificada, incluso en su sección capitalista se ha labrado una tendencia oportunista.

El corazón de la ciudad está partido. Quedó evidenciada la diferencia social labrada en la ciudad. Dos ciudades, de hecho, una que en las dificultades de la cotidianidad viene del oriente a trabajar por salarios asociados a la precariedad y la otra, la ilustrada, bien pensante y progresista, que se ha distanciado del proyecto nacional-popular. El sector “progre” ha tomado su posicionamiento. No hace falta convencerles con argumentos, pues lo suyo es el dolor del bolsillo y de pérdida de protagonismo en la gestión estatal. Es momento de retomar la política popular en la Ciudad de México

[1] https://www.jornada.com.mx/2009/07/11/opinion/028a1cap

Share on facebook
Share on twitter