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Durango expresión de la decadencia política.

Sergio Álan Piña

¿Cuántas formas de decadencia puede haber? ¿Y por qué casi todas están ligadas al régimen de corrupción impuesto por el PAM-PRI-PRD-MC?

Diversos Gobiernos de la República Mexicana han entrado en severas crisis políticas, y estos tipos de situaciones no vienen de la nada, son productos históricos de una serie de malos manejos que hoy se exponen a niveles nacionales. Ya sea por redes sociales, transmisión de información mediante gremios, organización o movilización popular. El hecho es que hay situaciones locales que trascienden a nivel nacional para ser juicio de la opinión pública. Y vuelve a evidenciarse que la mayoría de los medios de comunicación (salvo raras y muy honrosas excepciones) son replicantes de lo evidente, es noticia porque está en boca de todos.

Es interesante que en las narrativas oficiales de gobiernos estatales se suela expresar como problema al gobierno federal. Como si el paraíso en el que se vivía fuese interrumpido abruptamente por el mal mismo. Los conatos de problemas se intensifican más por las próximas elecciones de representantes en algunos Estados, es por esa misma razón que se busca no solucionar un problema sino terminar con rapidez los escándalos mediáticos que representan; para mala fortuna construir narrativas políticas en medio (y sobre) de una pandemia pone en evidencia los terribles y más mezquinos intereses de esos sectores.

El actual gobierno de Durango, tiene una configuración peculiar no sólo por las alianzas en su camino a la administración del gobierno, también por la forma en cómo se empezaron a conformar los nichos de poder. Las narrativas de supuesta estabilidad ligadas a la transición de partidos que van del PRI al PAN, y que intentaron imponer, hoy ya no son sostenibles. El gobierno adoptó una política de partido y adaptó prácticas de un desgastado priismo en muchas de sus instituciones como la impartición de justicia, el uso discrecional de recursos, la cooptación de diversos órganos autónomos para dar anuencia a sus actos. Hay dos golpes fundamentales a esta lógica en dos niveles distintos, las elecciones federales del 2018 y las elecciones municipales del 2019 donde se reconfiguran fuerzas políticas.   

En medio de una pandemia, con recursos limitados, con desgastes sociales significativos, con gremios cada vez más inconformes, municipalidades empobrecidas sin conexiones efectivas y una serie de derroches en obra pública, se pretendió poner en práctica mecanismos de coerción a capricho personal avalados desde las instituciones judiciales. No es la primera vez que se presencian prácticas de esa forma, pero hay casos que trascienden por la naturaleza del conflicto[i] cuando se pretende judicializar las prácticas médicas en medio de una situación tan compleja.

Entre la ignorancia, nepotismo, influyentísimo que van de mano del aparato público y una ausencia de Estado de Derecho con mínimas garantías, resulta necesario reflexionar sobre lo acontecido. En términos políticos, algunos casos son un recordatorio de que las fuerzas se recomponen. Por otra parte, en medio de muchos escándalos, el papel que se ha tenido en la Alianza Federalista es un total absurdo, sin la anuencia de la mayoría ciudadana participar en un foro de esa naturaleza es condenar a todo un Estado a la ruina total, el lugar donde está la política panista. Durango depende casi de forma absoluta de la federación y aporta al PIB menos de lo que recibe, si añadimos que la nómina de los altos funcionarios de la administración gubernamental está muy por encima de su trabajo real, entonces querer dar manotazos en la mesa por capricho partidista es para la gran mayoría de duranguenses poco menos que un insulto. De nuestra parte queda una obstinación por la justicia que ellos negaron.   

Las elecciones que vienen exigen un análisis de la decadencia, algo muy parecido a una autopsia de la llamada “transición”. Evaluar la participación de los poderes, y en lo posible buscar el fundamento de su reconstrucción. Si partidos como Morena no saben deducir su programa de gobierno desde las demandas populares que supuso el fracaso del gobierno panista, sencillamente se inscriben fuera de la transformación y se colocan como un partido que debe ser transformado y no como partido transformador.

Se dice que Durango es como Springfield, quizá por ser un poco amarillo o porque en sus últimas temporadas se muestra la decadencia en muchos sentidos forzando las tramas a un fin abrupto. Hay quienes por otra parte, lo asocian a Macondo, porque nunca pasa nada porque todo se repite –es curiosa la analogía porqué cuando en Macondo entró el tiempo histórico el lugar pereció de forma mágica–, en cambio en Durango parece que hay quienes a fuerza de magia no desean que el tiempo histórico, con todas sus demandas, entre y le dan fin de forma abrupta. Durango no es Springfield, ni Macondo, no es y todavía no ha sido pero tiene posibilidades que a fuerza de empuje las haremos llegar.             

[i]Como ejemplo el caso de una médica local https://www.animalpolitico.com/2020/12/liberan-medica-azucena-calvillo-tentativa-homicidio-durango/