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Consideraciones sobre la literatura hecha por mujeres en el caribe mexicano a partir de “Sargazo”: antología literaria de jóvenes quintanarroenses.

Laura Viridiana Angulo Ruíz

Escritora y estudiante de la maestría en filosofía de la BUAP

¿Cómo se vislumbra el Caribe mexicano a los ojos del mundo? ¿Qué tipo de población es la que en este paraíso se desenvuelve en todas las esferas de la vida humana? Al margen de que al menos en teoría se han dejado atrás ya hace bastante tiempo las concepciones esencialistas respecto a la naturaleza humana, cuando pensamos en un sitio específico del globo terráqueo y queremos representarnos a los seres humanos que lo habitan solemos asociar a aquellos otros con ideas ya preconcebidas por la doxa contemporánea del mundo hiperconectado. Cuando se piensa en el Caribe mexicano y se quiere ver más allá de las playas de azul turquesa, la vida nocturna, las palmeras o los vestigios de la cultura Maya, si la vista alcanza, se puede ver a una sociedad que se ha constituido a la par de las exigencias de la vida destinada principalmente a la actividad turística.

Si la vista alcanza se verá cara a cara con el rostro de una alteridad que en el peso de las circunstancias podrá fácilmente pasar desapercibida. Los servidores turísticos están orientados a la obediencia e incluso a la complacencia de los deseos de los visitantes, no es ningún secreto que, en nuestro amado Caribe, bajo el eslogan de atraer cada vez más turismo, quienes se dedican a esta actividad de vital importancia para nuestra tierra se han supeditado a las exigencias que devienen de ser un excelente prestador de servicios. En esto no habría ningún problema si en este sentido no existiera ya un registro extendido de distintos abusos.

No obstante, aunque la cuestión del turismo en el Caribe mexicano merece la apertura de nuevas consideraciones éticas con grado de urgencia, en el escrito siguiente mi intención es abrir una discusión que a mi juicio no ha sido tan justamente tomada en cuenta y que consiste en abordar las temáticas en torno a una pregunta específica: ¿Por qué razón no existen en el Caribe mexicano una huella rastreable, que responda a una tradición, de literatura hecha por mujeres? Para ello me serviré de lo antes expuesto, así como de la antología “Sargazo” de reciente creación para exponer las problemáticas que pretendo abarcar que pueden resumirse en lo siguiente:

  1. Carencia del ámbito académico 
  2. Acaparamiento de espacios en la entidad
  3. Condiciones de marginalidad
  4. Violencia

1. Carencia de ámbito académico

Muchos estaremos de acuerdo en que el discurso que parecen promoverse en las redes sociales de que en esta época ya no es necesario involucrarse en la academia y conseguir un título para ser “alguien” suele pecar de simplista. Lo que sí es posible asegurar es que hoy en día existe una mayor apertura hacia las distintas habilidades que puede tener una persona en cualquier área, así, es totalmente bien recibido que una persona que no cuenta con un estudio formal en artes teatrales imparta cursos sobre teatro si al menos cuenta con una trayectoria de otro tipo. El Caribe mexicano es tan noble en ese aspecto aún que válida distintas formas de conocimiento no académico. 

Girando la moneda hacia el quehacer literario vale preguntarse hasta qué punto una persona puede incurrir en el sin poseer ningún tipo de conocimiento en la materia. Es sabido que grandes personajes de la literatura de hoy y siempre no han realizado estudios formales o académicos, pero muchos de ellos se formaron de manera totalmente autodidacta, lo cual es perfectamente válido, aunque debemos considerarlo cuando se persigue quizá llegar a la crítica literaria como suele suceder en esta entidad. Para llegar a concebir una crítica literaria seria, me parece, es preciso haberse formado, haber embebido de la academia, excúseme en este punto que no pretende ser una apología al academicismo, sino únicamente matizar que la crítica literaria a mi parecer precisa un conocimiento de cuestiones como estética, morfología, sintaxis, hermenéutica, por solo mencionar algunas disciplinas que la crítica literaria suele utilizar.

El hecho de que no haya, pues, instituciones que brinden una formación académica en estos rubros impide que haya crítica en el sureste de nuestro estado, lo que a su vez tiene que ver con la falta de orientación hacia quienes desean escribir o escriben ya y buscan espacios. La antología Sargazo, editada por Viviana Caamal, Saulo Aguilar y David Ortiz, quienes llevan ya una trayectoria dentro de las letras, reúne voces de escritores en distintos géneros es una de las escasas respuestas que se han dado para tratar de ofrecer nuevos bríos a la literatura de Quintana Roo.

Me parece relevante mencionarlo a este punto ya que ha sido un esfuerzo por visibilizar a aquellos a quienes no se les ha dado voz; harían falta desde luego más personas que se aventuren en la creación de este tipo de antologías. Sin embargo, como se intentará matizar en lo siguiente, la cuestión de la carencia de universidades o agentes especializados en esta área es solo una parte de los obstáculos que tienen las mujeres del Caribe mexicano para desarrollarse dentro de la literatura.

2. Acaparamiento de espacios

Como es sabido, el acaparar consiste en acumular o retener cualquier género de cosas, si se considera que en el Caribe mexicano los espacios orientados a las artes son más bien escasos o nulos podrá advertirse la gravedad de este problema. Por acaparamiento de espacios entiendo la acción de algunas personas o grupos de personas de apropiarse de los pocos estímulos que existen en el fomento específico de la literatura de la entidad. Es mi deseo apuntar algunos comentarios al respecto.

  1. El primero es que desde muy jóvenes quienes hemos aspirado a desarrollarnos en esta disciplina hemos sido conscientes de este hecho, lo que quiere decir que la migración hacia otros estados es un fenómeno que ocupa a las nuevas generaciones que buscan desarrollarse profesionalmente en esta área, sin embargo, un gran porcentaje no posee ni los recursos, ni los apoyos necesarios para migrar. 
  2. En segundo lugar, si se sondea la lista de nombres de los escritores de nuestro estado desde su fundación se advertirá que como es lógico, la mayoría provienen de otros estados o bien, del extranjero, esto en sí no tiene nada de problemático, a menos que veamos que los pocos recursos se han destinado a la literatura han sido en su gran mayoría direccionados a las mismas personas. Suele decirse que Quintana Roo no posee una voz literaria marcada o que ésta se encuentra en un proceso de construcción, el hecho de que los recursos se destinen a las mismas personas no parece una vía para fomentar la literatura en nuestro estado y encontrar nuevas propuestas.

Me gustaría aclarar que, en este sentido la creación literaria en Quintana Roo ha sido sostenida por la inversión privada y/o particular, de manera que las editoriales, escritores y cualquier manifestación literaria independiente en el estado ha sido enarbolada no por dinero del estado, sino por la propia voluntad de aquellos que han querido aportar algo a la cultura de la región, y que quienes conocemos el estado de cosas respecto a la literatura en Quintana Roo comprendemos esto y nos hallamos obligadamente en miras a otros horizontes.

3. Condiciones de marginalidad

La marginalidad es un fenómeno hartamente estudiado por las ciencias sociales y se distingue por su carácter multidimensional, no responde a una sola causa; hasta ahora los puntos anteriores han sido generales pues remiten a problemáticas que se interponen en el discurrir literario de nuestro estado y afectan a mujeres y hombres por igual. Pese a que la marginación en nuestro estado es un tema sumamente pertinente e implica un exhaustivo análisis, a partir de lo siguiente me gustaría matizar algunas consideraciones respecto a la marginalidad orientada hacia las mujeres escritoras de nuestra entidad, particularmente aquellas que laboran en el sector turístico.

Pensar en Quintana Roo es pensar en modos de existencia y realidades bastante demarcados respecto a los del resto de la república. La mirada fría del sector turístico en el que labora un gran porcentaje de habitantes del estado no ayuda, al contrario, recrudece las condiciones de marginalidad. Si el estilo de vida en el lado caribeño de nuestro país está constituido por su actividad más vital, el turismo, entonces podremos distinguir a grandes rasgos dos estilos de vida dentro de la industria turística, el del turista y el del prestador de servicios, que es el que permea y marca la realidad del estilo de vida de un gran porcentaje de mujeres en el Caribe mexicano.

Sabemos que la vida en el sector turístico es de sumo demandante, que el empleo en este rubro muchas veces roba a la persona el tiempo que debiera dedicar a ese conjunto de prácticas mediante las cuales el individuo sustenta una relación consigo mismo que constituyen el cuidado de sí (Chirolla, 2006). Muchas de las creadoras de literatura en nuestra entidad laboran en la industria turística, muchas de ellas atienden más de una actividad, es decir, son madres, son estudiantes o tienen más de un empleo.

El tiempo que dedican a la creación literaria es de suma valía, un tiempo que aun siendo oro suele no ser valorado pues se enfrentan a sendos obstáculos, algunos de ellos ya esbozados. La marginalidad no implica únicamente la escasez de recursos sino el no disponer del tiempo para recrearse y el temor constante a perder el empleo y con ello no poder asegurarse de los insumos más básicos para la subsistencia.

4. Violencia

Abordar el tema de la violencia hacia las mujeres es adentrarse en una temática muy compleja; no es mi deseo abordar las causas sino las consecuencias orientadas hacia las mujeres que escriben, para ello baste decir que soy consciente de que este tema incumbe a toda la población por igual, simplemente es mi deseo encaminar este tema al panorama de cualquier creadora de literatura residente a de esta parte del mundo, la siguiente cuestión me servirá de orientación: ¿De qué manera la violencia puede entorpecer la creación literaria hecha por mujeres en nuestro estado?

La violencia en nuestro estado es un fenómeno del que somos parte, nos incluye, en muchos casos desde su raíz, aunque posee diversos orígenes, su avance denuncia el desarraigo en nuestra sociedad que se ha mostrado incapaz de identificarse con cualquier alteridad. En otras palabras y acercándome al pensamiento de Emmanuel Levinas, nuestra sociedad caribeña prefiere no mirar el rostro del otro, rehuyendo así al encuentro con un rostro otro en toda su dimensión ética. Como matizan Echeverri y Aguirre, (2010), “El rostro habla; emerge y se expresa” (p.180). El problema es que ese otro, el otro que es violentado e ignorado puede ser cualquiera de nosotros y/o nosotras.

La violencia del lado caribeño del país ya es una violencia normalizada por todos y todas, sabemos que la situación en el resto del país no es distinta, lo alarmante es que esa normalización de la violencia ha llevado a la aceptación implícita o explícita de la misma. En este escenario los actos de violencia no parecen conducirse a su final, muy al contrario, cada día se renueva el saldo de mujeres y hombres sujetos de violencia.

Vivimos, con miedo, incertidumbre y procurando tomar nuestras precauciones y no cruzarnos con la gente y el lugar equivocado. La libertad de expresión en nuestra entidad es más bien de carácter mítico o idealista, desde el momento en que una persona no puede expresarse, ni habitar esta existencia sin miedo pues la creación literaria se ve amenazada y con ello desde luego el trabajo de las creadoras se ve ofuscado.

A modo de breve conclusión:

Como maticé al inicio, estas consideraciones no son los únicos impedimentos pero sí algunos de los más notables que encuentran las escritoras para realizar literatura, quisiera terminar diciendo que a pesar de estos y otros obstáculos la creación literaria existe y que la presente antología, Sargazo: antología literaria de jóvenes quintanarroenses, es un ejemplo de ello, ya que ilustra la necesidad de mayores instancias para el desenvolvimiento de la actividad literaria y cultural que tanta falta le hace a este el lado caribeño de nuestro país.

Bibliografía

Chirolla, O.G. (2006). Foucault y el sujeto político. Ética del cuidado de sí.   Nómadas, núm. 26, pp. 241-243. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/1051/105115241023.pdf

 Echeverri, J., Aguirre, C. (2010). Rostro y alteridad: de la presencia plástica a la desnudez ética. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. no. 1. Recuperado de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Colombia/alianza-cinde-umz/20131203062206/art.LuisGuillermoJaramillo.pdf

Rotzer, J. (1986). Entrevista con Emmanuel Levinas. Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, Vol. 37 Núm. 1. Recuperado de: https://revistas.ucm.es/index.php/ASHF/article/view/66211/4564456553323

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