Hiperpolítica. Politización extrema sin consecuencias políticas
Tlacaelel Acosta
- Anton Jäger. (2026). Extreme politization without political consequences. Verso Books.
Hace unos meses salió la traducción al inglés de “Hyperpolitik: Extreme Politisierung ohne politische Folgen”, escrito por el teórico político belga Anton Jäger y publicado originalmente en el 2023 por la prestigiosa editorial alemana Suhrkamp. El libro se ha traducido simultáneamente al francés, italiano y portugués. Su extensión es de 108 páginas y está dividido en cuatro capítulos más un prefacio, una sección de agradecimientos y notas. El marco teórico combina elementos de teoría política y social tanto clásica como contemporánea (Karl Marx y Friedrich Engels, Max Weber, Robert Putnam, Nancy Fraser, Theda Skocpol, etc.) aunque también se apoya en la filosofía y literatura. No faltan las referencias a Franz Kafka, Jean Baudrillard, Michel Houellebecq, Slavoj Žižek, entre otros. Los casos empíricos que se ilustran se circunscriben en lo fundamental a los países de Europa occidental y a los Estados Unidos de Norteamérica, siendo escasas las menciones de América Latina.
La idea central del libro gira en torno al concepto de “hiperpolítica”, que es para su autor una nueva forma política caracterizada por una repolitización extrema y una institucionalización baja. ¿Qué significa esto? Que la acción política hoy se encuentra ultra-politizada —todo se ha vuelto político, desde los deportes que ves, los productos que compras, hasta como cuidas tu salud—, y sin embargo, a diferencia de tiempos pretéritos, no pasa absolutamente nada. No se crean nuevas instituciones ni prácticas o proyectos duraderos; nada explota o eclosiona abriendo el sendero para algo cualitativamente distinto. Pareciera que vivimos en un interregno permanente, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no nace todavía, como lo dijo en una ocasión Gramsci.
Para robustecer su argumentación, Jäger nos invita a pensar los marcos de acción política a partir de cuatro formas históricas más o menos generalizables que sirven como orientaciones o “tipos ideales”. 1) la política de masas (1918-1989), donde la politización e institucionalización eran elevadas por la propia naturaleza de la política de organizaciones, identidades y proyectos identificables; 2) la pospolítica (1989-2008), marcada primero por la utopía hecha pedazos ―expresión acuñada por Ludolfo Paramio―, luego por el advenimiento de formas de participación política no tradicionales que desafiaban al establishment; 3) la antipolítica (2008-2020), que encarnó una década distinguida por una repolitización en la que, no obstante, no se creó capital social y los partidos políticos tradicionales y sindicatos entraron en mayor declive; y la 4) hiperpolítica (2020-¿?) donde los niveles de politización alcanzan niveles similares a los del siglo pasado pero con una institucionalización casi nula.
En la hiperpolítica actual todos tienen una postura, o al menos una opinión política sobre algo. Se informan a través de algún medio de su preferencia (generalmente a través de las redes sociales), e incluso participan en algún grupo, organización, colectivo o movimiento, pero el grado de compromiso y el costo de participar es bajo, y por consecuencia, el valor de sus esfuerzos también lo es. Dice el autor del libro que “cualquiera se puede unir a un canal de Telegram, o ser invitado a un chat grupal; el precio de la membresía es bajo, los costos por salirse son aún más bajos”. Sin embargo, la hiperpolítica no implica la inexistencia de acontecimientos importantes en la esfera de la política y las relaciones internacionales. Todo lo contrario. Se viven tiempos turbulentos y de notable intensidad, pero a contrasentido de lo que uno esperaría o desearía, no hay consecuencias políticas evidentes. Un claro ejemplo de esto último fueron las protestas que siguieron en los EE. UU al asesinato de George Floyd en el 2020 donde se movilizaron millones de personas a nivel local, nacional e internacional, y al final, los resultados fueron más bien decepcionantes. Hechos análogos que pudieran confirmarse en retrospectiva fueron las más recientes movilizaciones del 2026 contra Immigration and Customs Enforcement (ICE) donde el desenlace fue similar.
La hiperpolítica se manifiesta como una especie de fenómeno difuso y volátil en el que la decepción y el enojo se acompañan de ciclos cortos de emoción y esperanza, para después, regresar a la indignación y reiniciar el ciclo. En este sentido, la hiperpolítica se convierte en una versión extrema de la antipolítica que inició tras la crisis financiera del 2008, solo que ahora en torno a la hipótesis que la política se encuentra presente en todos los ámbitos, borrando incluso la separación entre la vida pública y la vida privada. El libro termina con la siguiente frase reveladora de un síntoma de época: “Mi generación oscila constantemente entre la realización que tenemos que seguir avanzando, y que debemos de ser rápidos en ello, y el sentimiento de que todo es en vano. El verdadero reto ―que las cosas cambien― parece casi imposible.