Micaela y Túpac: la revolución no ha terminado

Ilustraciones de Bruno Portuguez 

Raúl Soto

1. ¿El movimiento insurgente liderado por Túpac Amaru y Micaela Bastidas fue una rebelión o una revolución? ¿Fue un gesto rebelde o una gesta revolucionaria? Estas preguntas surgieron mientras leía Tu ausencia ha sido causa para todo esto. Cartas de amor y guerra (2025), impecablemente editado por Charles Walker. Su compilación rescata la correspondencia del libro Mártires y heroínas (documentos inéditos de 1780 a 1782), publicado por Francisco A. Loayza en1945. Además, la enriquece con una introducción exhaustiva y con notas historiográficas y contextuales a cada carta. Realizando un inventario del intercambio epistolar encontramos diecinueve cartas de Micaela Bastidas a Túpac Amaru y nueve del patriota a su esposa. Walker también incluye cinco cartas de Tomasa Tito Condemayta: tres dirigidas a Túpac Amaru y dos a Micaela. El eminente historiador publicó The Tupac Amaru Rebellion en el 2014, texto imprescindible que cuenta con tres ediciones en castellano gracias al Instituto de Estudios Peruanos. Walker enfatiza en su libro magistral el protagonismo de Micaela Bastidas en la gesta iniciada el 4 de noviembre de 1780. Lo cito en traduccion mía: «Más que acompañar o respaldar a su esposo, ella lideró la rebelión junto con él». Y en su introducción a la correspondencia resume los aportes de ella: «Estas cartas demuestran que Micaela Bastidas era fundamental para la rebelión, pues evidencian sus múltiples roles como estratega, tesorera, principal consejera de Túpac Amaru y encargada de la logística y de las bases en Tungasuca y Pampamarca» (12). Aquí debo señalar una diferencia importante entre el rol dinámico de la mujer andina en la sociedad colonial y el pasivo de las criollas y peninsulares (con dos notables excepciones: Micaela Villegas en Lima y, en el caso de México, Sor Juana Inés de la Cruz).

Micaela Bastidas ejemplifica a la mujer insumisa y adelantada a su época — al igual que Tomasa Tito Condemayta— viviendo dentro de una sociedad patriarcal y colonial. En una de sus cartas a Bastidas y refiriéndose a la defensa de Acos, Tito Condemayta afirma: «Estoy tan desfavorecida para ser mujer, y con todo eso hice propio a los altos lo que he podido» (111). Ambas fueron protagonistas de la insurrección y. sin duda, les rompieron los esquemas mentales a los españoles cuando las vieron cabalgando al frente de sus tropas. En The Tupac Amaru Rebellion, Walker describe la capacidad de Bastidas como estratega militar y su pericia en asuntos logísticos: enviaba confidentes para espiar a sus enemigos y los caminos al Cusco; recibía informes de la zona controlada por los rebeldes y mandaba a sus seguidores para que protejan a los curas y criollos, así como el ganado. También viajaba a los pueblos aledaños para reclutar tropas, apelaba a diversos recursos para asegurarse de pagar y alimentar a sus soldados y se mantenía vigilante para prevenir las deserciones.

2. En la correspondencia, Bastidas le habla a su cónyuge de igual a igual — sin reparos ni temor— y el tono de las epístolas varía de acuerdo con las circunstancias. Unas veces le aconseja:

            Con que así, es preciso premeditar bien las cosas y que respondas la carta con mucha

cautela y precaución, dándole el sí, de que irás a Lampa, y a encontrar[te] con los soldados de Arequipa, para que estén descuidados en la ciudad y vayas de repente a sorprenderlo. (s/f; 66)

Otras, le exhorta:

Para conmover a los de Arequipa, es necesario que envíes a un propio con los adjuntos carteles para que se enteren en contexto; y te advierto que sea con la brevedad posible, y puedes despachar otro propio para Pachachaca a cortar el puente cuanto antes, con la precaución correspondiente. (Carta de noviembre 24, 1780; 39)  

La mayoría de las misivas que Bastidas le dirige a Túpac Amaru son cortas y se enfocan en aspectos estratégicos y logísticos. Pero la carta extensa del 6 de diciembre de 1780 revela una elocuencia y profundidad extraordinaria:

            Chepe mío:

Tú me has de acabar de pesadumbre, pues andas muy despacio paseándote en los pueblos, y más en Yauri, tardándote dos días con grande descuido, pues los soldados

tienen razón de aburrirse e irse cada uno a sus pueblos. (72)

A pesar de que el saludo es afectuoso como de costumbre —«Chepe mío»— , Bastidas usa el apóstrofe para empezar el cuerpo compuesto por nueve párrafos, de acuerdo con la edición de Walker. El establece un diálogo implícito y directo con su interlocutor. Túpac Amaru se convierte en el narratario. Lamentablemente, no se ha encontrado la respuesta del revolucionario cusqueño y no sabemos si tuvo tiempo para escribirla: la última carta fechada por él corresponde al primero de diciembre de 1780. Es evidente que el tono recriminatorio y bastante sarcástico domina el discurso de la patriota:

Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto, pues yo misma soy capaz de entregarme a los enemigos para que me quiten la vida, porque veo el poco anhelo que ves este asunto tan grave, que corre detrimento la vida de todos y estamos en medio de los enemigos, que no tenemos hora segura de vida y por tu causa están a pique de peligrar todos mis hijos y los demás de nuestra parte. (72)

Bastidas sube el volumen demostrando frustración y rabia por la demora de su esposo, quien no parece entender el peligro que corre ella, su familia y sus tropas. En el párrafo tercero repite el riesgo de la deserción, y la derrota, mencionado en el primero:

            Harto te he encargado que no te demores en esos pueblos, donde no hay que hacer cosa

            ninguna, pero tú te ocupas en pasear sin traer a consideración que los soldados carecen de

mantenimiento, aunque se les dé plata, y esta que ya se acabará al mejor tiempo; y entonces se retirarán todos, dejándonos desamparados, para que paguemos con nuestras vidas, porque ellos (como habrás reconocido) solamente van al interés y a sacarnos los ojos de la cara (…)

Y se perderá toda la gente que tengo prevenida para la bajada del Cuzco; y este se unirá con los soldados de Lima, que ya tienen muchos días de camino. (72)

La perspicacia de Bastidas le permite predecir sus muertes a manos del sanguinario Areche, así como la traición y la deserción masiva cuando finalmente Túpac Amaru decide atacar el Cusco en enero de 1781. Hasta ahora los historiadores siguen debatiendo por qué no atacó la capital inca en diciembre, antes de que llegaran las tropas realistas de Lima:

            Bastantes advertencias te di para que inmediatamente fueses al Cuzco, pero has dado

            todas a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho, poniendo

            los cañones en el cerro de Piccho y otras tramoyas tan peligrosas, que ya no eres sujeto de

            darles avance. (73)

En todo caso, esta carta demuestra que Bastidas era una mejor estratega intuitiva debido a su falta de formación militar, que Túpac Amaru también carecía.

Toda la carta tiene una coherencia discursiva extraordinaria y demuestra la elocuencia verbal de Bastidas. En su sagaz introducción a la correspondencia, Walker afirma que Bastidas dictaba las cartas en quechua a los amanuenses bilingües y estos las transcribían al castellano. Esta práctica de usar escribientes era generalizada durante la colonia entre la casta letrada. Bastidas mantiene el estilo de su carta con una despedida fría e impersonal, sin duda para enfatizar el contenido del mensaje. En vez de usar el habitual «Tu Mica», firma «Es tu esposa».

3. La diferencia entre rebelión y revolución, en el caso de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, no es una cuestión de semántica. Si bien el movimiento insurrecto liderado por ellos no triunfó militarmente, sí revolucionó —cambió radicalmente— la dinámica de las relaciones con el poder colonial. Usando una metáfora: abrió horizontes revolucionarios. Cuando Areche lee la sentencia de Túpac Amaru, el 15 de mayo de 1781, la califica de «rebelión o insurrección general de indios, mestizos y otras castas», y lo hace desde su perspectiva como representante del status quo empleando la terminología al uso. No será hasta principios del siglo XIX, cuando el término revolución adquiere el significado de sublevación popular y, al mismo tiempo, se refiere a los cambios estructurales de índole político y económico consecuencia de ella. Es en este sentido que calificamos como revolución —y no como rebelión— el proyecto histórico de Micaela Bastidas y Túpac Amaru. Esta revolución sirvió como catalizador para el surgimiento de otros movimientos insurreccionales contra la corona española, que culminó con la derrota definitiva del ejército realista en la batalla de Ayacucho (1824). Es más, se prolonga hasta el siglo XX con el atípico Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, acaudillado por Velasco. E incluso hasta hoy, porque la consolidación del Perú como nación integral sigue siendo un proyecto inacabado. Parafraseando a Pablo Macera, Túpac Amaru y Micaela Bastidas viven en el imaginario popular y la memoria colectiva. Así lo demuestran las protestas regionales del Sur Andino —en Puno, Cusco, Ayacucho. Arequipa y Apurímac— conta el gobierno espurio de Dina Boluarte. La revolución de Micaela y Túpac no ha terminado.

Pawling, NY, mayo del 2026

 

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