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Una nota sobre Colombia (y la defensa a sangre y fuego del neoliberalismo)

Héctor Hernán Díaz Guevara

IIH-UMSNH

@hhdiazguevara

Tras varios días de sangrientas protestas la prensa internacional, tal vez cansada de publicar cifras sobre los muertos por covid en la India o sobre el éxito de la vacunación en Estados Unidos, ha reparado en un pobre país excafetero de Sudamérica. De nueva cuenta, por las escandalosas cifras de desaparecidos o de asesinados por la represión gubernamental en Colombia. Sin embargo, y aunque duela escribirlo, estas alarmas rojas se encontraban encendidas desde hace varios años –y aunque el proceso de paz intentó remediar esta tendencia– lo cierto es que las cifras de muertos, de masacres y de líderes sociales desaparecidos poco a poco han pasado a ser parte de la cotidianidad informativa, y cada vez más lejos de los titulares.

Sin embargo, todos estos asesinatos, tanto los que pueden ser inculpados directamente al Estado colombiano, como los que no (o al menos no directamente) encuentran tenues hilos conectores que los entrelazan y si usted tiene la disposición de ver la figura que arman estos cables, verá una violencia sistémica y que la actual crisis económica, sin precedentes en un país acostumbrado a la crisis, ha desnudado. Este hilo del que hablamos apareció revelado en la raíz de los últimos acontecimientos, presente bajo la figura de una lesiva Reforma Tributaria que gravaba a lo que queda a los sectores de ingreso medio y obligaba a declarar renta a las personas que ingresaran un millón de pesos colombianos, poco más de 400 dólares estadounidenses.

Esta Reforma, lo dicho, fue el último detonante en el país de las masacres, y fue ideada para cerrar un vacío fiscal que dejó una reforma anterior que exentaba del pago de impuestos a los grandes capitales internacionales, especulativos y mayoritariamente ligados a la minería; así como a la banca colombiana y a no más de 20 familias que han logrado apartar su suerte de la inmensa mayoría del país. Es decir, una aplicación al pie de la letra de las “buenas prácticas de administración” (sic) recomendadas por la OCDE. Esta reforma, insisto, es solo una más de todas las que se han venido firmando los años anteriores, con los gobiernos de esta pesadilla neoliberal que ha desmontado gradualmente el aparato productivo del país y ha cometido el crimen de dejar a los jóvenes con el doble de una tasa de desempleo que antes de la pandemia ya estaba por los dos dígitos. Estos crímenes han sido una política de estado. Y aunque el gobierno, acorralado por la protesta social decidió retirar la reforma tras varios días de manifestaciones, la política económica sigue siendo la misma, combinada con un aparato represivo de un cuerpo policial que desde hace décadas ha sido militarizado.

Macabramente puedo decir que ésta combinación de represión y neoliberalismo ha sido la única política pública constante en ser ejecutada unánimemente por todos los gobiernos colombianos desde César Gaviria en los noventas, pasando por Samper, Pastrana, Uribe, Santos (que formó parte del gabinete de los dos anteriores), e Iván Duque actual responsable directo de las protestas sin fin que recorren a Colombia y a Álvaro Uribe, su mentor y quien hace pocos días alentaba al Ejército y a la Policía a usar las armas para “controlar” las manifestaciones.

A Juan Carlos Monedero le escuché decir una vez que la gran crisis del capitalismo de 2008, generada por el gran capital la pagó la clase media en todo el mundo. En Colombia la crisis la hemos venido pagando todos, estas protestas se han desatado no por culpa del covid, sino lo que ha hecho este virus invisible ha sido desnudar al emperador, al sistema que hacía agua. El problema, es que la única forma de hacerlo visible ha sido tiñéndolo con sangre.

Para cerrar quisiera señalar que no ha sido la OEA (tan presta a criticar la democracia en Bolivia) ni los organismos multilaterales los que al momento de escribir estas líneas –un 4 de mayo de 2021–  han salido en defensa del pueblo de Colombia. Si solo el pueblo salva al pueblo, los colombianos están salvándose en este momento en las calles. Nos están salvando a todos.

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