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¿Un golpe en Perú? ¿Un golpe de Quién?

CE, Intervención y Coyuntura

Esta semana fueron días álgidos para Perú en los cuales se ha llevado acabo el proceso de vacancia[1]del presidente Pedro Castillo que era cuestión anunciada. En lo que va de año y medio de su gobierno, este fue el tercer y último intento de destitución que se llevó acabo. Hoy, que se votaría en el Congreso dicho proceso, Castillo intentó adelantarse al Congreso anunciando su disolución y llamando a una Constituyente, cuestión que ha quedado en el aire por lo vertiginoso de los acontecimientos, que no sólo han derivado en la detención del propio Castillo, sino en la asunción de la presidencia por parte de Dina Boluarte.

Desde que fue anunciada la disolución del Congreso en este día se dio una cascada de renuncias de varios congresistas y se ha comenzado a hablar de un golpe de Estado por parte del presidente. Si bien la medida que tomó Castillo se puede ver problemática, tampoco era una cuestión que no haya tenido respaldo popular. El Congreso peruano tampoco gozaba de una buena legitimidad por parte de la población y es clara su orientación de derecha y como el papel que ha jugado en los intentos de sacar a Castillo del Poder. De hecho, para algunos analistas, más que una defensa de la democracia por parte del Congreso, se puede decir que este fue quién dio el golpe la desconocer rotundamente las decisiones de Castillo y ser respaldado por los poderes militares.

En consideración del analista Martín Guerra, ha sido un año y medio en que los congresistas de derecha han tratado al Perú como si fueran sus dueños sin dejar ni un día de desplegar sus acciones golpistas, erigiendose como un poder paralelo al poder ejecutivo y del voto popular tomando desiciones tanto políticas como del propio presupuesto peruano. [2]

Los poderes empresariales, militares y oligárquicos han puesto fin al gobierno de Pedro Castillo pero esto no significa que se haya puesto fin a la crisis política que atraviesa Perú. Con una clase política que no goza de legitimidad, con un Congreso que no representa a los sectores populares y con una presidenta que desde sus inicios se presentó como contraria al gobierno de Castillo, y aunque militó en las filas de Perú Libre y fue electa como Vicepresidenta junto a Castillo, a principios de este año se separó de este partido. Aunque se ha desmarcado constantemente de la política de Castillo, no se puede decir que el Congreso que hoy la legitima este totalmente a su favor. Tal parece que la única cuestión que cohesiona a la oposición que hoy sacó a Castillo del poder se agotó con esta misma acción y no hay otra cuestión o acuerdo que seguir, por lo tanto, no hay un eje o programa de gobierno común que puedan impulsar de manera conjunta.

Aunque en la toma de posesión la nueva presidenta del Perú apeló a que su gobierno verá por los sectores más desfavorecidos, por “los nadie, por los excluidos”, es claro que el mensaje de la derecha es justo que nadie que provenga de los sectores populares, de los pueblos originarios, puede pensar asumir posiciones de gobierno. El racismo incrustado en la clase política peruana ha sido un factor que también ha jugado simbólicamente en el hecho de que a Castillo nunca se le dejó gobernar.

Perú vive una crisis política profunda y que no se ve que vaya a terminar con este nuevo gobierno de facto; hay que recordar que, de 2018 a la fecha, son 6 los gobiernos que han sido destituidos y en todos ellos el Congreso ha jugado un papel determinante, lo cual ha sido posible por la fragilidad de los gobiernos que han asumido el poder en este periodo de 4 años y por la fragmentación política que ha impedido que los gobiernos se fortalezcan, especialmente el de Castillo en el cual las esperanzas populares de un cambio parecen estar derrotadas.

[1] https://agnitio.pe/articulo/la-vacancia-presidencial-y-la-permanente-incapacidad-moral-en-el-peru/

[2] veáse https://www.youtube.com/watch?v=teMkjUgh5Fg