¿Un gobierno de Abelardo es un regreso al uribismo?
Santiago Beltrán Sánchez
Frente a los resultados del pasado periodo electoral en Colombia, es posible afirmar que el anacronismo invade parte del análisis político actual. Existe una pretensión histórica al equiparar los fenómenos contemporáneos de la extrema derecha colombiana con los ocurridos durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez. A pesar de las similitudes, de las propuestas reaccionarias enarboladas por Abelardo de la Espriella y de los peligros que corre la democracia ante el fascismo, la situación sincrónica con la que opera la democracia actual colombiana es distante a la de hace veinte años atrás. No hay duda de los riesgos inminentes a nivel social que se avecinan en alineación con la agenda propia de la derecha hegemónica. Basta con revisar los resultados a nivel económico, político y social de los países del Cono Sur que han adaptado discursos políticos con dicha alineación. No obstante, asimilar, agrupar e interpretar iteraciones poco diferenciadas impediría vislumbrar las posibilidades y fortalezas de la izquierda colombiana.
¿El posible gobierno entrante representa la seguridad democrática del uribismo?
El sociólogo Francisco Leal Buitrago (2011), quien destinó parte de su obra a analizar la estructura histórico-social de la seguridad democrática de Álvaro Uribe, argumentaba, para el año 2011, que las políticas castrenses habían sido desatendidas por parte de la sociedad civil. Dicho programa, bajo el disfraz de la alternatividad, encabezó ineludiblemente una política ofensiva con epicentro en los resultados, que se visibilizaba mediáticamente. El incremento, la tecnificación y la profesionalización de las fuerzas militares no tradujeron necesariamente el fin del conflicto; por el contrario, produjeron una de las mayores catástrofes de violencia estatal en Colombia a inicios del milenio.
Por supuesto, es posible afirmar que los discursos guerreristas que prometieron seguridad ampliaron no solamente el gasto y el incremento del ámbito castrense. También reformularon la mutabilidad del conflicto, posibilitando para los adversarios, enemigos del Estado (grupos insurgentes), el fortalecimiento. No es difícil pensar, para aquellos contradictores del gobierno hoy amenazante, que lo anterior pueda volver a suceder.
No obstante, es imposible desconocer los triunfos políticos y sociales que se han venido correlacionando con los movimientos de izquierda desde hace casi una década hasta la actualidad, a saber: el proceso de paz, las comisiones de la verdad, el estallido social, la Justicia Especial para la Paz, la reforma laboral y la reforma pensional, por mencionar algunos. Esto permite reinterpretar la condición histórica de Colombia, pues la desatención civil que identificaba Buitrago (2011), aquella que reforzó la seguridad, ha sido disipada.
De este modo, el gobierno entrante no se encuentra con una oposición insípida, representada bajo la lógica partidista. Ineludiblemente se va a enfrentar a un grupo de actores políticos plurales, que identifican los padecimientos de las dinámicas sociales; la precarización y explotación laboral; las arbitrariedades estatales; las problemáticas ambientales y las diferentes formas de violencia. La constitución del actor social y político se representa, como lo explicita el Centro Nacional de Memoria Histórica (2024), en el estallido social, que evidenció cómo, bajo el control violento defendido por la seguridad desde el discurso estatal, se impulsó una agenda de la protesta social, configurando paulatinamente en los colectivos un sentido comunal y una demanda democrática en el sistema político.
En este sentido, es necesario interpelar el discurso violento de Abelardo, como también es menester identificar que la Colombia a la que le hace frente no es estática. Las intenciones guerreristas ya no son translúcidas, como se defendieron en el uribismo; son explícitas. Y su develación se la debemos a una sociedad civil con capacidad política y organizativa.
El fortalecimiento del proyecto progresista
Independientemente de la trayectoria, de los aciertos o desaciertos del gobierno de Gustavo Petro y del Pacto Histórico (tema discutible en escenarios académicos y políticos), existe una realidad legítima: bajo el marco de los resultados electorales y representada en la campaña de Iván Cepeda, la izquierda se ha fortalecido. Desde Carlos Gaviria hasta Iván Cepeda, la participación subió casi 18 puntos porcentuales en veinte años. El escenario catastrófico para los sectores de derecha, de centro e incluso de izquierda frente al gobierno progresista fue exagerado; el argumento se sustenta en los resultados del 21 de junio, de manera que los pronósticos derrotistas fueron equívocos.
La mayoría de las narrativas de la derecha durante la campaña de 2022, el discurso de la polarización, los escenarios caóticos reproducidos mediáticamente, entre otros, no encontraron total sintonía con gran parte de la sociedad civil y la realidad política del país. Dentro de la izquierda, escritoras como Patricia Lara (2024) vaticinaban tempestades de efecto boomerang para los sectores alternativos en caso de no cumplirse las propuestas del gobierno. Pero el triunfo del fascismo hubiera sido contundente en caso de un malestar social generalizado y relacionado con el hastío gubernamental; de la misma manera, las elecciones representaron un rechazo de envergadura a las propuestas de extrema derecha en varias esferas sociales, lo cual no puede pasarse por alto.
Asimismo, los elevados y crecientes escenarios de participación demuestran el posicionamiento social identificado con la agenda progresista colombiana. No es un secreto la conquista de una sólida plataforma legislativa que respalda la elección ciudadana por el Pacto Histórico. De igual manera, cabe resaltar el perfeccionamiento programático y la solidez ética de las propuestas que se robustecieron durante la campaña de Iván Cepeda. Según Marx (2003), toda la consolidación de la izquierda y su permanencia en el tiempo es directamente proporcional a la potencial autocrítica, y esta fue evidente en el planteamiento del sector progresista durante las contiendas electorales. Cada una de estas verdades permite negar la iteración histórica y el derrotismo generalizado.
¿Qué faltó prever para la izquierda progresista de Colombia?
Diferentes analistas asumen y responsabilizan, en caso de existir una eventual derrota, al gobierno de Gustavo Petro y su gestión. Otros entienden que el antipetrismo generalizado se manifestó en las urnas con Abelardo de la Espriella. Estas apreciaciones requerirían de análisis de profundidad que en este escrito no se van a debatir. No obstante, los sectores de la oposición al gobierno del Pacto cooptaron dichos discursos y el triunfo electoral indiscutiblemente fue para la extrema derecha. Esto quiere decir que las aseveraciones, discutibles o no, arriba mencionadas, no fueron suficientes para enfrentar la campaña de Iván Cepeda.
Otros analistas, faltos de probidad, entienden que la política necesariamente debe estar referida al dominio, negando el verdadero sentido de lo político y, necesariamente, de lo público, relacionado con la confluencia de lo común (Arendt, 2016). Por esta razón, tildan a la campaña de Iván Cepeda de no ejercer un control discursivo, mediático y carismático, asemejándola a las herramientas usadas por la derecha para hacer del debate trascendental un espectáculo, calificándola como una campaña con derrota (Beltrán, 2026). Por esta misma vía, han equiparado la última campaña de Iván Cepeda con la de Petro en 2022, generando nuevos anacronismos. La propuesta de Cepeda representó el adverso a la espectacularización de las discusiones públicas y reivindicó el sentido ético y originario de la política, configurada desde la base ciudadana, una antítesis para la propuesta de la derecha. De este modo, el análisis de las posibles fallas se simplifica en los métodos y niega los antecedentes históricos y objetivos que atraviesan este momento del país.
Los análisis de la derrota de Cepeda son más funcionales y reafirman el sentimiento del triunfo de Abelardo, y nunca entendieron la mutabilidad discursiva de la izquierda orgánica. Los argumentos basados en la no asistencia a los debates, la confianza en las encuestas, el poco ejercicio mediático y la distancia frente al gobierno anterior, por mencionar algunos, desconocen la actividad programática de la campaña, para las que Cepeda siempre tuvo un sustento no solamente metodológico, también conceptual en el marco de lo político. Estas perspectivas derrotistas legitiman el enfoque de campaña de Abelardo, posicionándola como innovadora, cuando desde la época de Joseph Goebbels, en la Alemania nazi, se usaban los medios para vender no a un candidato, sino a una marca llena de símbolos, tal como hizo la campaña de los “Defensores de la Patria”. La campaña de Cepeda superó con creces la condición instrumentalista de la ciudadanía como simples votantes, los dotó de sentido contextual y los preocupó por temas trascendentales, como la crisis climática, la discriminación, la explotación laboral, el extractivismo y la ética del cuidado, entre otros.
¿Qué ocurrió entonces? El panorama de la derecha demandó una transformación que la izquierda no fue capaz de reinterpretar. Parece ser que el anacronismo en primera vuelta estuvo concentrado en denunciar y torpedear el agónico uribismo tradicional, pasando por alto la amenaza y transformación de la derecha que crecía no solo en Colombia, sino en varios países de América Latina. Las condiciones históricas y las amenazas que paulatinamente emergieron con Rodolfo Hernández en las elecciones de 2022 fueron insuficientes para entender el nuevo perfilamiento de discurso político que encarnó, posteriormente, Abelardo de la Espriella.
Kajsiu y Restrepo (2024), en un estudio titulado Las elecciones presidenciales de 2022 en Colombia: el surgimiento de una derecha antipolítica, a pesar de describir, según los académicos, un “populismo” en la izquierda, logran identificar los cambios inscritos en la morfología de las ideologías colombianas. De este modo, especialmente en el espectro de la derecha, las interpretaciones mediáticas y los reduccionismos de la política tradicional impidieron, para 2022, entender la naturaleza corporativa de quien se denominaba “outsider” en esa puntual dimensión histórica. No cabe duda de que las intenciones en ambas campañas, las de Abelardo y las de Rodolfo, tienen el mismo tinte: la defensa de la empresa, el fortalecimiento acérrimo de la propiedad privada, el debilitamiento del sector público, entre otros. Sin embargo, la promesa de la seguridad, la apropiación nacionalista y el simbolismo terminaron perfeccionando la marca que perfiló al candidato De la Espriella como presidente electo.
Lo que queremos expresar se sustenta en dos afirmaciones. La izquierda colombiana falló: por un lado, no se anticipó durante la campaña a la tendencia latinoamericana alineada con la emergencia de políticos de extrema derecha afines a los intereses de los Estados Unidos, como fue el caso de Milei, Bukele y Kast, por mencionar algunos. Por el otro, no fue prevenida frente al refinamiento electoral y al aprendizaje de la derecha entre el balotaje de 2022 y la contienda de 2026. Dentro de la misma evaluación hecha por el Pacto Histórico, se reconoció que las discusiones colocadas sobre la mesa se concentraron en la representación del uribismo y no en el embrionario abelardismo. Esto evidencia la condición analítica sincrónica de la interpretación del progresismo y la carencia del estudio diacrónico que demandaba la realidad política del país.
Consideración final
Ante el triunfo del fascismo, es ineludible pensar en el riesgo que corren los derechos adquiridos gracias a la movilización social. El anquilosamiento de la retórica crítica uribista, el anacronismo y la falta de prevención olvidaron, en el marco del debate político, las transformaciones histórico-sociales producto de las luchas de una década. Pues la prioridad fue defender las conquistas del gobierno del Pacto Histórico, evidentemente producto de los movimientos sociales. Ahora, la organización obliga a pensar en la evidente amenaza fascista producto del miedo, como enseña la historia, frente a las izquierdas fortalecidas. Por fortuna, la sutil máscara democrática de la extrema derecha devela su verdadera intención ante una sociedad consciente y robusta políticamente. La izquierda colombiana comprende contra qué fenómeno está luchando. La realidad social es diferente a la de inicios del milenio y los aprendizajes para los sectores alternativos son muchos.
Actualmente es impensable defender, para el caso colombiano, desde el marco del discurso liberal, la democracia a partir solamente de la institucionalidad y la constitucionalidad. Hoy, la salvaguarda para muchos sectores de centro y liberales son las instituciones, como si ellas estuvieran deslindadas de los imaginarios sociales, como lo diría Castoriadis (2013). Por la misma vía, fue muy interesante ver la actividad artística, social y comunitaria durante las últimas dos semanas de campaña. Siguiendo con esta idea, las instituciones estatales y parlamentarias no defenderán la democracia por sí solas; solo el debate público, la confluencia de los sectores marginales de la sociedad y la movilización social en las calles podrán defenderla frente al fascismo imperante. Por lo tanto, la movilización debe ser permanente.
Referencias
- Arendt, H. (2016). La promesa de la política (J. Kohn, comp.; E. Cañas, trad.). Booket / Paidós. (Obra original publicada en 2005).
- Beltrán, J. (23 de junio de 2026). Autopsia de una derrota anunciada: los errores que llevaron a Iván Cepeda del favoritismo al fracaso. Cambio. https://cambiocolombia.com/elecciones-colombia-2026/articulo/2026/6/errores-ivan-cepeda-elecciones-abelardo-redes-constituyente
- Castoriadis, C. (2013). La institución imaginaria de la sociedad (A. Vicens & M. A. Galmarini, trads.). Tusquets Editores.
- Centro Nacional de Memoria Histórica. (2024). El pueblo en las calles: memorias de resistencia y represión en el estallido social de 2021 (Vol. 1). CNMH.
- Kajsiu, B., & Restrepo-Ossa, A. M. (2024). Las elecciones presidenciales de 2022 en Colombia: el surgimiento de una derecha antipolítica. Desafíos, 36(2), 1-32. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/desafios/a.14517
- Leal Buitrago, F. (2006). La inseguridad de la seguridad: Colombia 1958-2005. Editorial Planeta.
- Leal-Buitrago, F. (2011). Una visión de la seguridad en Colombia. Análisis Político, 24(73), 3–36.
- Lara, P. (2024). Siembra vientos y recogerás tempestades: La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinos. Editorial Planeta.
- Marx, C. (2003). El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1.ª ed.). Fundación Federico Engels. (Obra original publicada en 1851).