Sobre una carta de Raya Dunayevskaya a José Aricó (1981)[1]

 Introducción

Peter Hudis

Marcelo Starcenbaum

Al momento de recibir la carta de Dunayevskaya, Aricó se encontraba en la Ciudad de México. Había llegado allí exiliado en 1976 luego del golpe de Estado producido en Argentina. Desde la década de 1950, Aricó había desplegado una importante labor editorial e intelectual en el país sudamericano. En el contexto abierto por la desestalinización y el impacto de la Revolución cubana, Aricó fundó una de las principales revistas de la izquierda argentina: Pasado y Presente. Esta revista, cuya fundación le costó la expulsión del Partido Comunista Argentino, se publicó en dos etapas durante principios de la década de 1960 y mediados de la de 1970. Con una marcada impronta gramsciana, Pasado y Presente propició una modernización de la cultura de izquierda argentina, la cual incluyó principalmente la apertura a los saberes contemporáneos y el diálogo político con las experiencias nacional-populares. La revista Pasado y Presente tuvo también una dimensión editorial: los Cuadernos de Pasado y Presente, una experiencia de traducción y edición de la tradición marxista signada por una perspectiva abierta y crítica. Una vez instalado en México, Aricó continuó con el trabajo editorial. Este se llevó a cabo principalmente a través de la Biblioteca del Pensamiento Socialista de la editorial Siglo XXI. Es en calidad de responsable de dicha colección que Aricó recibió esta carta por parte de Dunayevskaya.

Dunayevskaya había nacido en Ucrania en 1910 y llevada de niña a Estados Unidos en 1921. Luego de volverse activa en los movimientos comunista y trotskista en la década de 1920 y comienzos de la de 1930, fue secretaria de Trotsky durante su exilio en México en los años 1937-1938. En el estallido de la Segunda Guerra Mundial, rompió con Trotsky por su defensa de la Rusia estalinista como “Estado obrero degenerado”. Se abocó a un estudio exhaustivo de fuentes originales de los primeros planes quinquenales de la Unión Soviética, argumentando que se trataba de una sociedad de capitalismo de Estado. En la década de 1940, descubrió los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y los cuadernos de Lenin sobre la Ciencia de la lógica de Hegel de 1914-1915, y fue la primera en publicarlos en inglés. Codirigió un grupo disidente del movimiento trotskista, la tendencia Johnson-Forest, junto a C.L.R. James y Grace Lee Boggs, desde 1941 hasta su ruptura con el trotskismo a principios de la década de 1950.   

A partir de la década de 1950 escribió, tanto en publicaciones académicas como militantes, numerosos análisis sobre lo indisociable de los escritos del joven Marx de El Capital, así como sobre la ambivalencia filosófica de Lenin. A mediados de aquella década desarrolló la filosofía del humanismo marxista en su primer libro, Marxismo y libertad, el cual reivindicaba las raíces estadounidenses y los conceptos humanistas universales del pensamiento de Marx. Este libro fue traducido al italiano, francés, chino, castellano, farsi y árabe. En 1973, con el objetivo de abordar el vacío filosófico de los momentos revolucionarios, publicó Filosofía y revolución, en cual explica la dialéctica hegeliana “en sí y para sí” y en relación con las luchas revolucionarias en curso. Este libro fue traducido al italiano, alemán, castellano, chino y farsi.

Activista del movimiento por la liberación de la mujer desde sus comienzos, Dunayevskaya publicó un estudio sobre las contribuciones de Rosa Luxemburg y los “nuevos momentos” del pensamiento de Marx (en 1981) tal como se revelan en sus escritos sobre sociedades tecnológicamente subdesarrolladas de finales de su vida. Desde la década de 1950 hasta la de 1980, Dunayevskaya escribió ampliamente sobre acontecimientos y procesos políticos desarrollados en el mundo no-occidental, centrándose especialmente en China, África, América Latina y Medio Oriente. Mantuvo diálogo con numerosos teóricos, entre ellos Herbert Marcuse, Erich Fromm, Hanna Batatu, Silvio Frondizi, Rodolfo Mondolfo y Adrienne Rich. Sus documentos están disponibles en la Raya Dunayevskaya: Humanismo marxista – Medio siglo de desarrollo mundial, una colección de quince mil páginas alojadas en el archivo de la Universidad Wayne State, en Detroit-Michigan.

Como se desprende de la carta, Dunayevskaya tenía interés en que la editorial Siglo XXI publicara su libro Rosa Luxemburgo. La liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. Como también se menciona allí, no era la primera vez que Dunayevskaya trataba sobre la traducción de su obra al castellano. Filosofía y revolución. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao había sido publicado por Siglo XXI en 1977. El libro sobre el que trata la carta no fue, sin embargo, publicado por Siglo XXI; su edición se llevará a cabo en 1985 por la también editorial mexicana Fondo de Cultura Económica. El otro elemento relevante de la carta es el interés despertado en Dunayevskaya por el libro Marx y América de Aricó. En dicho trabajo, Aricó prolongaba algunas indagaciones realizadas antes de su exilio alrededor de los virajes en la obra de Marx hacia la consideración de las vías no capitalistas a la revolución. En los Cuadernos de Pasado y Presente, Aricó había traducido y publicado los textos de Marx sobre la comuna rural rusa, la situación política de Irlanda y otros materiales sobre el colonialismo y el imperialismo. En Marx y América Latina, Aricó se preguntaba particularmente por las dificultades de Marx para comprender la realidad latinoamericana, las cuales se evidenciaban en su texto sobre Bolívar de 1857. Al respecto, Dunayevskaya parecía encontrar en dicho trabajo un ejercicio afín en torno al descentramiento del corpus marxiano y la recuperación de sus dimensión humanista y liberadora.                     

 

Carta

24 de Noviembre de 1981

Querido José Aricó:

Fue un gran placer para mí recibir sus saludos personales a través de Anne Jaffe[2], quien también me trajo su libro Marx y América Latina, al cual volveré más adelante.

Primero debo informarle que la copia de mi obra Rosa Luxemburgo. La liberación femenina y la filosofía marxista de la Revolución que tiene Siglo XXI no es la versión final. Por supuesto, cualquier editor puede decidir si quiere publicarlo, ya que todo lo que está involucrado en el cambio, la sección tercera del capítulo onceavo, fue desarrollado por mí en un capítulo final completamente nuevo, titulado “Los últimos escritos de Marx señalan un camino hacia los años 1980”. Acabo de terminar la corrección de estilo. Como escritor, seguro que entiende que un autor no puede leer la obra al día siguiente de terminarla sin decidirse a introducir algunos cambios. Como pequeño ejemplo, me gustaría citar una nueva nota a pie de página de ese capítulo.

Dado que estaba analizando el Tercer Mundo como si fuera un todo unificado, ya que mi preocupación era la filosofía de la revolución de Marx —que, en su última década, estaba pasando de la concentración europea hacia el Este, a las formaciones económicas precapitalistas, etc.- sentí que América Latina debía ser singularizada y desarrollada, como lo hice en un folleto bilingüe que acabamos de publicar: Las revoluciones de Latinoamerica en realidad, en el pensamiento, al que contribuí con el texto “El Salvador: la guerra genocida de Reagan y las revoluciones latinoamericanas incompletas” donde desarrollo el concepto de revoluciones inacabadas, de Bolivia a México, de Guatemala a Chile, etc. Los otros ensayos del folleto son: “La dimensión campesina en América Latina: su prueba de la relación de la teoría a la organización” de Mike Flug; y “El Salvador en revolución” de Francisco[3]. Haré que se lo envíen por separado.

¿Consiguió que una editorial mexicana traduzca e imprima mi último trabajo? Me gustaría enviarle la última versión. Mi editor, quien también controla los derechos extranjeros, es:

HUMANITIES PRESS, Inc.

Dr. Simon Silverman, Director

171 1st Ave.

Atlantic Highlands, New Jersey

07716

Por favor hágame saber el estado de sus conversaciones con los editores, y le agradezco el trabajo que realiza a favor de mi obra. Quisiera señalarle también que en 1983 se cumplen cien años de la muerte de Karl Marx, y que por lo tanto habrá mercado e interés filosófico en los trabajos sobre Marx que estén listos para ser publicados en 1982. Naturalmente, considero que mi trabajo no es sólo sobre Rosa Luxemburgo y la liberación de la mujer sino que, principalmente, es el primero que aborda la obra de Marx en su totalidad y plantea un desafío a todos los marxistas posteriores a Marx, comenzando por Engels, quien no estaba precisamente urgido de publicar los numerosos escritos de Marx. Me resultó interesante el hecho de que en su libro, Marx y América Latina, usted cuestiona el hecho de haberse concentrado en el Marx “científico” y dejado de lado el humanismo y el cosmopolitismo -que por supuesto no se reduce a Europa occidental.    

En tanto trabajó sobre mi otra obra, Filosofía y revolución, sabe que fui la primera en traducir los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, y de hecho soy la fundadora del humanismo marxista en Estados Unidos. En lo que respecta a mi última obra, comencé a cuestionar a Engels, y me alegró saber que usted no considera a Engels de la misma manera que a Marx. Los Cuadernos etnológicos que Lawrence Krader transcribió de los cuadernos de Marx de 1880-1882, son la razón por la cual comencé a desarrollar esa sección del capítulo 11 como el nuevo capítulo 12, el cual conecta con los primeros escritos de Marx sobre el concepto de hombre/mujer, y expande el continente de su pensamiento y la revolución como una totalidad que fue adquiriendo nuevas dimensiones en la última década de su producción escrita.  

Fue ésto lo que, en cierto sentido, hizo que me interese en su trabajo. Sin embargo, cuando no se tienen escritos de Marx sobre el tema, uno trata de concentrarse en la metodología dialéctica antes que en citas directas. Cuando uno compara lo que Marx escribió sobre Rusia como la mayor amenaza para terminar prediciendo que la Revolución estallaría allí antes que en Occidente; o sobre China como un imperio que vegeta “a despecho del espíritu del tiempo” para luego considerarla durante la Rebelión Taiping como superior a la pasividad de los obreros europeos de la década de 1850; o El Capital y su “tendencia histórica a la acumulación capitalista” para luego terminar negando su carácter universal, insistiendo en que sólo se aplicaba al Occidente industrial; o cuando se lo ve “enamorado” de los árabes estando en Argelia en 1882; resulta evidente que, aún siendo un gran filósofo y erudito, y el descubridor de un nuevo continente de pensamiento y revolución al que llamó “un nuevo humanismo”, el rasgo distintivo es la dialéctica de la liberación, y lo que llamaba “nuevas pasiones y nuevas fuerzas” para construir la sociedad sobre totalmente nuevas y verdaderamente humanas. El mayor desafío que Marx nos plantea para esta época es llevar a cabo la “revolución permanente”.    

Esta nota se ha hecho demasiado larga, pero realmente deseo que iniciemos un diálogo entre nosotros, y si mi última obra es publicada, pueda ir a México y charlar “en persona”. Después de todo, es un lugar muy distinto a cuando viví allí como secretaria de Trotsky en 1937 y 1938. Y si bien fue muy emocionante vivir en la tierra de Cárdenas siendo él el primero en nacionalizar el petróleo, soy una persona muy distinta desde que rompí con Trotsky y desarrollé tanto la teoría del capitalismo de Estado como el humanismo de Marx.

Por favor manténgame al tanto sobre la traducción y traducción en México, de modo que el centenario de Marx no signifique el final sino nuevos comienzos. 

Atentamente

Raya Dunayevskaya

[1] La carta que reproducimos a continuación se encuentra en la Biblioteca José Aricó de la Universidad Nacional de Córdoba, la cual contiene el archivo personal del intelectual marxista argentino. 

[2] Anne Jaffe era una abogada feminista estadounidense miembro del Women’s Liberation News and Letters Committee, una organización fundada por Duyanevskaya y dedicada a las luchas de las personas negras, las mujeres y los chicanos en Estados Unidos. En octubre de 1981, viajó a Perú para una serie de conferencias sobre Rosa Luxemburgo (Nota de los Editores.)

[3] Los autores de los mencionados ensayos eran Michael Connolly y Francisco Aquino respectivamente (N.E.).

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