image_pdf

Reseña de Aníbal Quijano. Reconstrucción de su vida y obra (1948-1968), de Segundo Montoya

 

Bryan Anthony Egusquiza Condori

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

bryanegusquiza.27@gmail.com

  • Montoya, Segundo (2021). Aníbal Quijano, Reconstrucción de su vida y obra (1948-1968). Lima: Heraldos Editores

El libro de Segundo Montoya aterriza la producción intelectual de Aníbal Quijano Obregón, uno de los sociólogos más originales de nuestro tiempo, sobre un espacio académico lleno de imposturas, argollas, contrabando y exotismo intelectual. Espacio académico y comunidad que no se reconoce como parte de la tradición del pensamiento crítico peruano, sino de un modo disimulado y vergonzoso. Lo cual se ve reflejado en los enfoques, cursos, temas, autores citados, bibliografía y metodología que componen las mallas curriculares de las universidades locales; donde las y los pensadores nacionales merodean fantasmalmente en comparación con sus pares euro-norteamericanos. Cabe aclarar que no pretendo una lectura chauvinista, ni desprestigiar la producción intelectual foránea y la reflexión generada sobre ella, simplemente estamos frente a un libro que nos interpela sobre el “lugar de enunciación” que ocupan los intelectuales del Sur frente a los intelectuales del Norte.

Segundo Montoya cuestiona una vieja problemática que acompaña a las universidades desde sus orígenes fundacionales en tanto “instituciones disciplinarias” de nuestra sociedad: “De este modo la universidad imponía un régimen político del conocimiento acerca de autores, corrientes, tradiciones, métodos, perspectivas… Por consiguiente, reforzaban el colonialismo mental y el prejuicio etnocentrista que consiste en ser meros reproductores del pensamiento europeo.” (p. 26). Ciertamente, el autor denota congruencia con sus palabras, puesto trae a la mesa del debate un libro dedicado a la reconstrucción de la vida y obra de Aníbal Quijano, sociólogo que suscitó permanentemente a la descolonización y subversión epistémica. Cabe resaltar que el texto, más allá de la amplia información organizada por Montoya, contiene conjeturas que deberán ser abordadas de la misma forma que Quijano pensaría aquello que denominó cuestiones abiertas y horizontes.  

En una breve y amena conversación que tuve con el autor del libro, él mostraba su firme convicción de seguir trabajando en la reconstrucción de la tradición del pensamiento crítico peruano-latinoamericano. Por ello, este trabajo de investigación es tan sólo el primero de tres volúmenes. Pese a contar con una menor cantidad de páginas, frente a los posteriores textos aún inéditos, este primer ejemplar es el que más tiempo le costó organizar y redactar. La respuesta ante dicha dificultad se explica por la singularidad de los temas abordadosy la necesidad una periodización temático-cronológica. Estamos frente a un primer volumen que transita a través de la compleja e inadvertida vida y obra menos conocida de Aníbal Quijano, he ahí la complejidad de su elaboración.

El libro se divide en cuatro apartados:1) coordenadas teórico-metodológicas para una periodización, 2) pensamiento “no escrito” (1948-1962), 3) sociología de la sospecha (1962-1965), y 4) sociología culturalista (1964-1968). El primer capítulo contiene información previa, a modo de “pautas de lectura”, para introducir al lector a la vida y obra de Aníbal Quijano. Es de gran importancia el eje denominado “movimiento de la reflexión”, puesto que sin esta noción no podemos explicar los “desplazamientos epistemológicos” que atraviesa la obra del sociólogo peruano. Ciertamente, Quijano destacaba, en diversos textos sobre Mariátegui, la importancia de abordar el “movimiento de la reflexión” mariateguiano-latinoamericano. Por esa razón, Montoya advierte que, mediante la comprensión de las tensiones del pensamiento latinoamericano, del contexto social y las experiencias vividas y cristalizadas en Mariátegui, podría entenderse de mejor manera la conciencia histórica del ser latinoamericano. Como bien señala el autor, para Aníbal Quijano, no hay obra sin vida, ni vida sin obra; dado que la vida y la obra “constituyen dimensiones de un solo y único proceso de transformación incesante” (p.42). También Montoya, introduce la noción de “desplazamiento epistemológico”,en oposición a la idea de “rupturas epistemológicas” para explicar el complejo e inadvertido “movimiento de la reflexión” que atraviesa la obra de Aníbal Quijano en sus diferentes etapas de producción. En efecto, Quijano no abandona, ni cancela sus propuestas anteriores, sino que su pensamiento describe un proceso de continuidad, de replanteamiento, de profundización y de coexistencia temática a través de una “lógica del desplazamiento”. Montoya además describe la vocación interdisciplinaria del sociólogo Aníbal Quijano, quien era aficionado a la filosofía y ferviente amante de la literatura. Por ello, para el autor del texto, Quijano fue un pensador indisciplinado e inclasificable que desarrolló de una “sociología abierta, dialogante e interrelacionada metodológicamente a otras disciplinas.” (p.6).

El segundo capítulo contiene temas relevantes muy pocas veces abordados, a saber: 1) vocación literaria, 2) su activismo político, 3) su paso por el aprismo, 4) el giro marxista y la acusación de trotskista.

Sobre su activismo político, Segundo supone que la persecución política e ilegalidad de los partidos de izquierda (APRA-PCP), sumado a la desaparición de sus primeros manuscritos sobre poesía y ciencias sociales, provocó en el joven Quijano, de veinte años, una suerte de depresión momentánea, que supero rápidamente. Dentro del periodo pensamiento “no escrito” (1948-1962) solo se conservan dos obras suyas: la primera es una antología sobre J. C. Mariátegui publicada en 1956 y la segunda una antología sobre narrativa latinoamericana (cuentos). Posteriormente, en 1997, Quijano explicaría que, en ese entonces, no sentía la necesidad de escribir, argumentando “que todo lo que él podía decir ya estaba escrito y mucho mejor”.

El capítulo III, sociología de la sospecha (1962-1965), relata la forma en la que Quijano critica y combate ciertos prejuicios ideológicos surgidos a partir de la institucionalización de la sociología en los países del Tercer Mundo. De este modo, Segundo presenta al “primer Quijano” en su camino hacia la propuesta de una “descolonización epistemológica” de las ciencias sociales. Es importante subrayar el cuestionamiento al euro-norte-américa-centrismo de las ciencias sociales y la cultura norteamericana.

El Capítulo IV, sociología culturalista (1964-1968), enfoca a Quijano pretendiendo analizar el problema de la lucha de clases en el Perú desde un enfoque culturalista. Montoya expone, mediante la interpretación de los textos y el contexto, los esfuerzos de Aníbal por comprender la identidad cultural peruana a través del concepto “grupo cholo” y de los movimientos campesinos en La Convención y Lares en Cusco.  Asimismo, como parte de este capítulo, podemos leer un buen resumen de la Mesa Redonda Todas las Sangres, ocurrida el 23 de junio de 1965.

Finalmente, Montoya nos muestra a Quijano como un intelectual en el verdadero sentido de la palabra, es decir: un hombre honesto, creativo, crítico, libre, pensante y operante. La lectura de este libro revela que las intenciones del autor van más allá de la mera biografía intelectual o del trabajo monográfico y bien documentado:  se trata de “ir con Quijano, más allá de Quijano”.