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Notable fortaleza del peso mexicano en este 2022 ¿son buenas noticias?

Enrique Vera Estrada

Ya es sabido que en momentos de turbulencia económica y financiera, tal y como se vive en este momento, la paridad cambiaria de todos los países es un factor que muestra mucha volatilidad en su cotización. De hecho, durante todo este 2022, las monedas de todo el mundo mostraron movimientos bruscos ascendentes y descendentes. En el caso de nuestro país la cotización para la primera semana de diciembre fue de 19.14 pesos por dólar estadounidense. Y ello podría derivar en una serie de graves problemas por diversos factores que mencionaremos más adelante.

Pero antes que nada es importante mencionar los tres tipos de regímenes cambiarios que hay en toda economía. En primer lugar, está el régimen de tipo flexible o flotante, en el cual una paridad de una moneda respecto a otra se da por la interacción de la oferta y demanda de dicha divisa en cuestión. Es decir, si existe un régimen flexible o flotante entre nuestra moneda y el dólar –que es el que se ha practicado desde hace muchos años— una mayor oferta de dólares en el país haría que la divisa yanqui fuera más barata al ser más abundante. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en estos momentos.

Por el contrario cuando hay una mayor demanda de dólares respecto a la oferta de los mismos, pues el resultado sería simple: el dólar –como toda mercancía— se encarece notablemente. Esta variación de la oferta y demanda de dólares en el país nos explica los vaivenes de la cotización entre el peso y el dólar estadounidense.

Aparte de éste régimen de libre flotación está el régimen de paridad fija y en este régimen, la cotización del precio de la paridad cambiaria se mantiene constantemente estática. Eso se dio en México durante varios años, de 1958 a 1976. El Banco de México estuvo manteniendo una fortaleza y rigidez artificiales de nuestra moneda gracias a que inyectaba grandes cantidades de dólares a la economía para mantener fijo al tipo de cambio. Sin embargo, las consecuencias desastrosas no se hicieron esperar, ya que con una inflación elevada que se daba en aquel entonces en México junto con ese tipo de cambio rígido, el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos no se hizo esperar. Y, en este punto, hay que destacar que durante muchos años la principal herramienta que utilizó nuestro país para mantener a raya a la inflación fue el congelamiento o el “anclaje” de la paridad cambiaria, ya que las importaciones no se encarecían gracias a la fortaleza inducida del peso por la intervención del Banco de México. Evidentemente, esa estrategia implicó un serio desgaste de nuestras reservas internacionales.

Finalmente está el régimen cambiario denominado “flotación sucia”, en este sistema, el Banco de México establece una banda en la cual el peso fluctúa frente al dólar estadounidense. Si la cotización del peso salía de esa banda establecida el Banco de México compraba o vendía divisas para que nuestra moneda se mantuviese en ese rango deseado. Al final de todo, el régimen que se quedó fue el de libre flotación o de tipo flexible, el cual tiene la virtud de equilibrar la balanza comercial en forma automática. Si entran más dólares de los que salen, el tipo de cambio debería de robustecerse y, en ese momento, dada la fortaleza del peso, deberían de crecer las importaciones y frenarse las exportaciones. Con esto se puede ver que con el régimen de libre flotación, el mercado hace ajustes diarios, todos los días. Y esos ajustes no son violentos, sino graduales. Durante muchos años, la paridad cambiaria en México se mantuvo rígida y solo se movía a “saltos” en fechas periódicas. Es decir, el ajuste no era ligero y gradual como con el que se da con la libre flotación.

Es importante mencionar el concepto de la balanza de pagos, el cual mide el nivel de existencias de dólares en el país. Si entran más dólares de los que salen, esta variable mostrara un saldo positivo, lo cual se reflejará en un crecimiento de las reservas internacionales en el Banco de México. A su vez ello originara una apreciación de nuestra moneda respecto a la divisa yanqui. Sin embargo, puede darse la situación de que el exceso de entrada de divisas provoque que el volumen de circulante en la economía mexicana crezca en cantidades poco apropiadas generando con ello un riesgo de inflación. El exceso de entrada de dólares al país puede detonar un alza de precios al consumidor. En esa situación lo que hace el Banco de México es “esterilizar” divisas mediante la subasta de grandes cantidades de lotes de bonos públicos, con lo que se absorbe el exceso de liquidez derivado de la gran entrada de divisas. Incluso el Banco de México maneja los famosos bonos BREMS ( bonos de regulación monetaria) para hacer que la masa monetaria en la economía no crezca sin mesura y sin control. Un exceso de circulante en la economía no es sinónimo de crecimiento económico.

La pregunta principal que nos podemos hacer es ¿por qué el peso está ganando terreno y está apreciándose frente al dólar? ¿cuáles son los efectos y repercusiones? Evidentemente, las respuestas serian que el stock de dólares en el país ha crecido a pesar de la turbulencia económica y financiera que se ha dado en este 2022. Las entradas de dólares por exportaciones –incluyendo las petroleras– han crecido en mayor proporción que las importaciones hechas y los pagos de las deuda pública y privadas  del país. Es de llamar la atención que en este año el gobierno federal pagó casi un billón de pesos por concepto de intereses del pago de la deuda externa. Y también sería importante considerar que muchos inversionistas extranjeros están liquidando sus posiciones de bonos del gobierno federal mexicano. Pero esta salidas, o este drenaje de divisas por concepto de importaciones y pagos de deuda, son compensados por las entradas de exportaciones, créditos externos, remesas e inversiones extranjeras. Es vital mencionar que los casi 60 mil millones de dólares que entrarán en este 2022 por remesas serán un elemento que explique en buenas medida la fortaleza del peso y del consumo de 4.9 millones de familias mexicanas, que según el INEGI reciben una entrada mensual promedio de 380 dólares.

El fortalecimiento del peso frente al dólar tiene como principal virtud coadyuvar al ataque frontal consta la inflación. Incluso muchas familias se ven beneficiadas porque pueden comprar artículos importados a un menor precio. Gracias a la apreciación cambiaria la inflación puede ser menor, ya que una gran cantidad de industrias mexicanas no son eficientes y, por lo tanto, producen a precios más caros, perjudicando al consumidor. Con el fortalecimiento del peso la inflación podría reducirse al darse la entrada masiva de más productos e insumos a precios más económicos. Sin embargo, durante muchos años una gran cantidad de economistas han criticado la fortaleza excesiva del peso, afirmando que la baratura de los productos importados está desmantelando a muchas empresas e industrias, que no pueden competir con los productos extranjeros que llegan a precios artificialmente bajos por la apreciación cambiaria. En esa tesitura siempre se ha recomendado todo lo contrario: que se tenga un peso competitivo –barato– para impulsar nuestras exportaciones en los mercados externos. Con un peso sumamente robusto nuestras exportaciones se colocan en los mercados externos a precios más caros y, por ende, menos competitivos.

En este aspecto, se puede ver que la apreciación cambiaria tiene en beneficio de abaratar las importaciones y, con ello, reducir el nivel de precios en el país. Pero a su vez tiene un efecto poco deseable al provocar un déficit en la balanza comercial al fomentar las importaciones o compras desde el exterior y a su vez reducir la competitividad de los productos mexicanos en el extranjero. Y ello a pesar de la baratura de la mano de obra mexicana.

Finalizando, podemos citar los beneficios globales de una apreciación cambiaria que son los siguientes: reducción de la inflación a través de importaciones más baratas; menores pagos y transferencias de recursos –calculado en pesos— por concepto de la deuda externa; mayor confianza del inversionista en la moneda, con lo cual, el flujo de divisas continuaría desapareciendo en el mercado negro de la divisa –el dólar— pues ese mercado aparece cuando su precio es elevado, y por ello, se da un contrabando para conseguirlos a un precio más reducidos; los turistas mexicanos salen ganando al poder comprar más dólares a precios más económicos para hacer un viaje de placer o comprar mercancías en los mercados externos.