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Mexican socialists: Sobre Harnecker, la pequeña burguesía y la 4T

Alejandro González Basurto*

En Memorias del subdesarrollo (1968) –una de las obras maestras del cine cubano posterior a la Revolución– el director Tomás Gutiérrez Alea narra las desventuras y frustraciones de Sergio Carmona, un intelectual clasemediero (pequeñoburgués, siguiendo la terminología marxista) que decide quedarse a vivir en Cuba tras el triunfo del Movimiento 26 de Julio y el subsecuente establecimiento de un modelo político y económico socialista.

A través de los pensamientos de su protagonista, el filme reflexiona sobre la percepción de la pequeña burguesía intelectual hacia la Revolución cubana. A pesar de que Sergio acude a las tertulias que buscan generar las nuevas ideas hegemónicas, sus pensamientos íntimos siguen reflejando el desprecio que siente por el proletariado cubano (“Hasta los sentimientos del cubano son subdesarrollados: sus alegrías y sus sufrimientos son primitivos y directos, no han sido trabajados y enredados por la cultura”). A pesar de que rechazó huir a Miami, le incomoda habitar La Habana socialista (“Pensar que antes la llamaban el París del Caribe. Ahora más bien parece una Tegucigalpa del Caribe”). En fin, mientras el filme avanza, es cada vez más patente el distanciamiento entre las expectativas de Sergio Carmona y el proceso revolucionario realmente existente.

Me sirvo de esa referencia a Memorias del subdesarrollo para introducir un tema que me parece relevante en México en la actualidad: el distanciamiento ideológico y político que experimenta un sector de la pequeña burguesía intelectual “de izquierda” hacia el proceso de irrupción de las masas en la política que comenzó en 2018.

Una anotación, antes de entrar al análisis de la cuestión: ¿A qué haremos referencia cuando hablamos de la pequeña buguesía intelectual? Harnecker caracteriza a la pequeña burguesía intelectual como aquel grupo social compuesto por individuos relacionados con los aparatos ideológicos de la sociedad, como escuelas, universidades, iglesias, arte y la comunicación masiva (los profesores, clero, escritores, artistas, periodistas, profesionistas liberales, etc.)[1]. Sobre las posturas políticas e ideológicas de este sector, Harnecker señala se caracterizan por la inestabilidad: tienden a fluctuar entre posiciones revolucionarias y posiciones reaccionarias, tratando muchas veces de conciliar los intereses de las clases antagónicas en posiciones intermedias que, en última instancia, sólo favorecen a las posiciones reaccionarias [2].

Una vez hecha esa aclaración conceptual, procedo al análisis: bajo la consigna “Primero los pobres”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegó al poder en 2018, respaldado por más de 30 millones de votantes. Un análisis sociodemográfico de las personas que participaron en ese ejercicio democrático nos permite saber que el votante obradorista promedio fue hombre, de entre 26 y 35 años, con escolaridad alta (universidad o posgrados) e ingresos altos [3]. De esos resultados, es posible intuir que la pequeña burguesía intelectual, en específico su ala “de izquierda”, fue fundamental para que AMLO resultara electo presidente.

Sin embargo, a pesar de la aprobación mayoritaria del gobierno, en donde el 63% de los mexicanos aprueba a AMLO al mes de febrero de 2021 [4], es posible identificar un distanciamiento entre una parte de la pequeña burguesía intelectual “de izquierda” y la Cuarta Transformación. Si bien, este sector representa una proporción pequeña de la población, sus críticas adquieren un gran alcance debido a su cercanía con los aparatos ideológicos de la sociedad. Además, representan un grupo social variopinto: Desde miembros reconocidos de la comunidad artística hasta estudiantes universitarios becados por el Estado. Desde académicos e intelectuales que fueron funcionales a los gobiernos neoliberales hasta influencers y twitteros progresistas. Desde activistas de ONGs liberales hasta periodistas de los medios afines al viejo régimen.  

En fechas recientes, algunos analistas han puesto su mirada sobre ese grupo, que en principio apoyó al obradorismo electoralmente y poco a poco se ha distanciado de él: Por ejemplo, Adela Cedillo señala que el origen del conflicto se encuentra en el desinterés de AMLO por cumplir con las expectativas de las clases medias ilustradas, acompañado de los recortes presupuestales contra instituciones artísticas, de educación superior e investigación científica, los cuales se han agravado debido a la pandemia por COVID-19 [5].

Jorge Puma, en cambio, sitúa el origen del conflicto en un nivel ideológico, pues señala que la manera en que los votantes mexicanos históricamente han entendido a “la izquierda” –y cuya praxis estaría representada por el gobierno obradorista– está lejos de la idealización de las clases medias ilustradas que apoyan una agenda progresista (temas como el aborto, el matrimonio igualitario o la adopción por parejas del mismo sexo, por muy legítimas y necesarias que son, resultarían poco significativas para el ancho del electorado “de izquierda” mexicano) [6].

En concordancia con Jorge Puma, considero que el origen de las discrepancias es, esencialmente, la distancia de clase entre la agenda de la pequeña burguesía intelectual y la de las masas populares, y a continuación ahondaré en este punto.

Tras dos años en el poder, y pese a sus múltiples contradicciones, es innegable que el gobierno obradorista ha sido congruente con la consigna “Primero los pobres”. Muestra de ello, es la profunda política social basada en transferencias no condicionadas que, a diferencia de la política social neoliberal, brinda a sus beneficiarios la libertad total para utilizar los recursos de acuerdo con sus necesidades y sin una visión clientelar. En el mismo sentido, el histórico aumento del salario mínimo, las reformas laborales en materia de democracia sindical y al sistema de pensiones, el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras domésticas y las iniciativas de ley para prohibir el outsourcing son muestra del compromiso del gobierno hacia la clase trabajadora. Es plausible pensar que, en el imaginario colectivo de las clases populares, la agenda que el obradorismo ha desplegado es “de izquierda”, por su carácter eminentemente social y en beneficio de los sectores históricamente marginados.

La pequeña burguesía “de izquierda”, en cambio, sostiene una agenda basada en los derechos individuales, claramente influenciada por el progresismo estadounidense. Poco les significan las reivindicaciones laborales, pues su lugar en el sistema de producción los aliena y les vuelve ajenos a las problemáticas que experimentan en el día a día los trabajadores que ganan el salario mínimo o pertenecen a un sindicato. Poco les importan los montos o el hecho de que las transferencias monetarias sean condicionadas o no, porque nunca han sido beneficiarios de un programa social del gobierno.

Si bien, en primera instancia la consigna “Primero los pobres” les pareció lo suficientemente legítima para votar al obradorismo, se distanciaron del movimiento cuando se dieron cuenta que “Primero los pobres” implicaba, en ocasiones, tener que renunciar a sus propios privilegios de clase. Su reacción visceral respecto de la extinción de fideicomisos en un contexto de crisis económica y sanitaria generalizada –fideicomisos que, además, operaron con total opacidad y corrupción durante el régimen neoliberal–, es un ejemplo perfecto de la defensa individualista de la pequeña burguesía hacia sus intereses y su agenda de clase.

Al igual que Sergio Carmona en Memorias del subdesarrollo, la pequeña burguesía intelectual “de izquierda” no tiene el menor interés de incorporarse a las masas populares, a las cuales mira con desconfianza por considerarlas supersticiosas, anti-científicas e irracionales. Incapaces de aceptar la incorporación de las masas a la toma de decisiones públicas, la pequeña burguesía “de izquierda” acusa que las consultas populares organizadas por el obradorismo son un ejercicio de simulación y, en cambio, reivindican la democracia representativa liberal-burguesa. Incrédulos ante el hecho de que las masas populares se han convertido a sí mismas en protagonistas de la Historia, señalan que el obradorismo es una secta y que sus seguidores son irracionales y acríticos. Debido a su fobia hacia lo colectivo, les parece inconcebible que el gobierno proponga una cartilla esbozando los principios de una moral pública mínima, pero ellos mismos defienden sus valores individualistas y pequeño burgueses con la pasión de un pastor evangélico (véase, la cultura de la cancelación).

En ese sentido, cuando la pequeña burguesía pontifica desde sus estrados: “El obradorismo no es de izquierda”, no tienen como punto de referencia a los grandes movimientos de masas que se han desplegado durante las últimas dos décadas en América Latina. De manera análoga al progresismo estadounidense, asocian a Cuba, Venezuela y Nicaragua con autoritarismo, sin reparar en el hostigamiento imperialista del que han sido víctimas históricamente. Asimismo, parecen ignorar que sus críticas son exactamente las mismas que sus contrapartes pequeño burguesas han realizado a proyectos de cambio profundo como el correísmo, el evismo o el lulismo; críticas que han sido funcionales al golpismo de las derechas de aquellos países. Sus referentes “de izquierda” se encuentran arriba, en el Norte Global: Barack Obama, Joseph Biden, Justin Trudeau, Bernie Sanders y las banderas progresistas y liberales que esos personajes representan.

En fin, si es verdad que el ser social determina la conciencia social, podemos concluir que el distanciamiento entre la pequeña burguesía “de izquierda” y el obradorismo ha sucedido como consecuencia natural de las diferencias de clase imperantes entre ambos. Curiosamente, dos partidos marginales (PRD y MC) intentan dar cauce a las banderas de la pequeña burguesía de izquierda, con magros resultados electorales. Concluyo que, en el corto y mediano plazo, no parece viable la irrupción de alguna opción pequeñoburguesa que dispute la hegemonía del discurso y la política “de izquierda” al obradorismo.

Para cerrar este texto, rescato una aguda crítica que Álvaro García Linera lanzó en 2015 a la pequeña burguesía “de izquierda” boliviana, y que me parece de gran actualidad para la realidad mexicana:

“Permítanme aquí criticar a esta izquierda de cafetín, izquierda deslactosada. Es una izquierda perfumada que observa el fragor de los procesos desde el balcón de un café o desde la televisión […] Su pseudo radicalismo abstracto e inoperante no apuntala ninguna movilización ni refuerza la acción colectiva de los sectores populares, campesinos obreros o indígenas. Eso sí, su discurso aglutina el conservadurismo y el racismo de sectores acomodados, que bajo el camuflaje de un discurso pseudo izquierdista o pseudo ambientalista buscan desprestigiar los procesos revolucionarios. Al no impulsar la movilización autónoma de las clases subalternas, ni ser alternativa de poder real, estos pseudo radicales trabajan para los restauradores del neoliberalismo.” [7]

[1] Harnecker, M. (1972).  Lucha de clases (I y II) Cuadernos Nº 4 de la serie: Cuadernos de Educación Popular: ¿Qué es el socialismo?,  Editora Nacional Quimantú, lª ed., l972, Disponible en:  http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/otros/20111026110018/clases.pdf

[2] Ídem.

[3] Parametría (2018). ¿Quiénes eligieron a AMLO como presidente?, Disponible en: https://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=5053

[4] El Financiero (2021). Aprobación de AMLO recibe ‘empujoncito’ por las vacunas: sube a 63% en febrero, Disponible en: https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/aprobacion-de-amlo-recibe-empujoncito-por-las-vacunas-sube-a-63-en-febrero

[5]   Cedillo, A. (2020). El nacionalismo revolucionario de AMLO y su confrontación con la clase media ilustrada, Nexos, Disponible en:  https://www.nexos.com.mx/?p=48366

[6] Puma, J. (2020).  ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, Revista Común, Disponible en:  https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

[7] García Linera, Á. (2015). Discurso Contra el pseudoizquierdismo de cafetín, Disponible en:  https://www.youtube.com/watch?t=94&v=DeZ7xtBJT8U

* Maestro en Administración y Políticas Públicas por el CIDE.