La vida eterna del Obispo Rojo

 Luis Rodrigo Wesche Lira

¿El capitalismo es anticristiano? ¿Son compatibles el cristianismo y el comunismo? En el recién estrenado documental Obispo Rojo (2025) dirigido por el director mexicano Francesco Taboada Tabone, que narra la vida del obispo de Cuernavaca don Sergio Méndez Arceo, encontramos respuestas prácticas a ambas preguntas. A partir de un arduo trabajo de archivo y la recolección de testimonios de amigos, ayudantes, feligreses, teólogos, periodistas, activistas, refugiados y exguerrilleros, el filme presenta de forma amena ―y hasta por momentos divertida― a un obispo con rostro humano, próximo a la gente, lejos del aura sacra que suele rodearlos. ¿Cómo se construyó su figura?

Sergio Méndez Arceo nació en 1907 en la capital del país. Por influencia de su tío arzobispo decidió tomar los hábitos. Estudió filosofía y teología durante más de una década en Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1938 y un año después obtendría el grado de Doctor en Historia. En 1952 lo nombran obispo de la Diócesis de Cuernavaca, pero no inició con el pie izquierdo. Los testimonios recuerdan a un Méndez Arceo disciplinado, rígido y conservador al punto de prohibir la lectura de los periódicos en el seminario. ¿Qué lo hizo cambiar?

En el documental hay dos episodios decisivos. El primero es el encuentro que tuvo con el disruptivo monje benedictino Gregorio Lamarcier (1912-1987), quien en un monasterio del estado de Morelos innovó la liturgia católica años antes del Concilio Vaticano II, al mismo tiempo que introdujo el psicoanálisis en los propios monjes. Inspirado en lo que sucedía en el convento benedictino, el obispo decidió remodelar la catedral de Cuernavaca, con el fin de que el sacerdote ya no le hablara de espaldas y en un idioma inentendible al pueblo; ahora debía mirarlo de frente y acercarse a él. Años después, al ser refrendada la renovación litúrgica por Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, con Méndez Arceo la misa aprendió a moverse literalmente al ritmo del pueblo, con mariachis, jazz o cantos indígenas.

Pero la “conversión” del obispo aún no era completa. Al igual que Pablo de Tarso, antes llamado Saulo, en el camino a Damasco, sólo había caído y quedado en el desconcierto intraeclesiástico. Fue hasta su encuentro con huelguistas textiles en Morelos que renació un nuevo apóstol. Al inicio de la disputa acudieron a él los grandes empresarios de Morelos porque le solicitaron que fungiera como intermediario, sin embargo, en su primera entrevista con uno de los líderes del movimiento encarcelados, Méndez Arceo vio a Jesucristo en el rostro del trabajador textil. Palabras más, palabras menos, el líder lo interpeló diciéndole que su lucha era justa y que, si realmente quería apoyarlos, debía caminar con los pobres y comer pan duro como ellos, no venir en representación de los ricos como era su caso. Los testimonios cuentan que él se quedó en silencio. Le agradeció al trabajador textil por hablarle con esa franqueza y hacerle ver sus errores, y le pedía que cuando saliera por favor lo invitara a comer pan duro con él. Había nacido el Obispo Rojo.

Méndez Arceo quedo incapacitado para ser intermediario o juez. Como se los compartió a los empresarios morelenses a su regreso, había decidido tomar parte, la parte de los desfavorecidos. Desde ese momento, el documental muestra cómo se vinculó activamente con las causas sociales en Morelos, por ejemplo, con la comuna que hubo en la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo en 1973; en el país entero durante las guerrillas a las cuales apoyó con recursos, refugio y hasta dándoles la razón; y en Latinoamérica, ya fuera protestando de la mano de los oprimidos durante sus visitas en los distintos países, impulsando el encuentro de Cristianos por el Socialismo o respaldando la continuidad de la revolución cubana y la Unidad Popular de Salvador Allende.

Como dirá en muchas entrevistas, si el cristianismo es liberación, entonces debe combatir cualquier estructura que esclavice al ser humano y apoyar los movimientos que luchen por ello.

Seguramente don Sergio Méndez Arceo estaría de acuerdo en que respondiéramos las preguntas iniciales de esta reflexión con el siguiente pasaje del evangelio de Mateo 25, pero leyéndolo al ritmo del jazz o el mariachi:

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?  ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.  Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. […] De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

Aunque don Sergio Méndez Arceo falleció el 5 de febrero de 1992, el documental de Francesco Taboada es una prueba de que el Obispo Rojo, caminando de la mano de los más profanos y comiendo pan duro con ellos, logró la vida eterna.