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La oposición, Washington y el acto de tocar las puertas del infierno  

Leonardo Meza Jara

El lunes pasado, los líderes de la oposición (Marko Cortés del PAN, Alejandro Moreno del PRI y Jesús Zambrano del PRD) sostuvieron una reunieron en Washington con representantes de la OEA (Organización de Estados Americanos) y de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), solicitando una intervención para ponerle límites a la narcopolítica en México en la era de Morena y la 4T.

¿Por qué razones los panistas, priistas y perredistas no solicitaron antes una intervención para atender el problema de la narcopolítica en México, que ha tenido múltiples beneficiarios? La respuesta parece obvia. Pero lo más paradójico del caso, no está en la respuesta a la pregunta planteada, sino en el papel que ha jugado Washington en la política y el narcotráfico en México. Washington es el lugar simbólico donde se tejen o destejen los hilos de la narcopolítica latinoamericana. Washington es la más alta sede del poder geopolítico estadounidense, donde se autorizan los mecanismos que han inducido la narcopolítica en América Latina.

Cito fragmentos de cinco libros que demuestran el intervencionismo de Washington en los años caóticos de la historia mexicana, donde las fronteras de la política y el narcotráfico se confunden:

– “Entre 1981 y 1984 (Manuel) Buendía recibió información de otro periodista llamado Velasco de Veracruz, acerca de que las guerrillas de Guatemala estaban siendo entrenadas en un rancho propiedad de Rafael Caro Quintero en Veracruz. Las operaciones del campo de entrenamiento fueron conducidas por la CIA, usando como cubierta a la Dirección Federal de Seguridad…” (Anabel Hernández, “Los señores del narco”, 2011, P. 94 y 95).

– «Fernando Gaxiola me explicó que, gracias a la colaboración con la DEA, el Mayo y el Chapo habrían logrado prácticamente exterminar a sus acérrimos rivales, los Arellano Félix, con lo cual se aplicaba el viejo refrán de “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. Lo que no lograron solos el Mayo y el Chapo, lo lograron en mancuerna con la agencia antidrogas.» (Anabel Hernández, “El traidor. El diario secreto del hijo del Mayo”, 2019, P. 268).

– «Existe una retórica que ha cobrado fuerza y suele adjudicarle al “narco” la causa de la creciente violencia e inseguridad. Sin embargo… se pone de relieve que no necesariamente son los grupos del “narco” los que controlan los territorios. El papel que llegan a desempeñar es de brazo ejecutor, pero cuando se trata de comunidades enteras que han desaparecido, es fundamental dirigir la atención a los intereses empresariales en torno a los recursos naturales.» (Federico Mastrogiovanni, “Ni vivos, ni muertos. La desaparición forzada en México como estrategia del terror”, 2017, P. 281).

–  «Las distintas emergencias atribuidas al narcotráfico a partir del giro securitario a finales de los ochenta en México han sido conflictos construidos desde las estrategias de representación concebidas deliberadamente por los sistemas políticos de Estados Unidos y México. En un sentido estricto, el “narco” nunca ha sido una verdadera amenaza para ninguno de los dos países. Advierte Astorga: “Atribuirle decenas de miles de miembros a una organización determinada es una simple fantasía de las autoridades, lo que a su vez alimenta las fantasías populares, las mitologías”. Esa fantasía tiene actualmente un uso político específico: ha permitido al actual gobierno federal en México, bajo el discurso de seguridad nacional, restablecer controles policiales en distintas ciudades del país donde grupos políticos y empresariales habían detentado el control de las economías clandestinas negando al gobierno federal cualquier privilegio y ganancia.» (Oswaldo Zavala, “Los cárteles no existen”, 2018, P. 233).

– «Proponemos el término de capitalismo gore para hacer referencia a la reinterpretación dada a la economía hegemónica y global en los espacios (geográficamente) fronterizos… Tomamos el término “gore” de un género cinematográfico que hace referencia a la violencia extrema y tajante. Entonces, con capitalismo gore nos referimos al derramamiento de sangre explícito e injustificado (como el precio que paga el tercer mundo que se aferra a seguir las lógicas del capitalismo, cada vez más exigentes), el altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con el crimen organizado, el género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de “necroempoderamiento.”» (Sayak Valencia, “Capitalismo gore. Control económico, violencia y narcopoder”, 2016, P. 25).

Las citas de los libros de Hernández, Mastrogiovanni, Zavala y Valencia, dejan en claro los mecanismos a través de los cuales Washington interviene en el trazado de la narcopolítica en latinoamérica. ¿Qué fueron a hacer entonces los líderes de la oposición a Washington? Fueron a tocar las puertas de la casa del diablo, para pedirle que los salve del infierno…

 

 

 

 

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