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Hernán Gómez Bruera, AMLO y la 4T. Una radiografía para escépticos

Hernán Gómez Bruera, AMLO y la 4T. Una radiografía para escépticos, México, Océano, 2021.

Adrián Rodríguez.*

En su libro Cartas para quien pretende enseñar Paulo Freire narra una anécdota muy particular. Palabras más palabras menos relata que en una ocasión, después de dictar una conferencia en una universidad, se le acercó un empresario, quien lo abordó y le dijo: “Maestro, por fín lo conozco en persona y puedo comprobar que no es el demonio que la televisión pinta de usted. No me han convencido todas sus ideas, pero ya cuento con otra perspectiva sobre su obra”.

Me parece que la labor como analista y periodista de Hernán Gómez Bruera tiene la función específica de superar bastantes prejuicios en torno al ideario, la acción y los resultados del gobierno de la llamada “Cuarta Transformación de México”, encabezada por Andrés Manuel López Obrador en la actual coyuntura política. Su método ha sido simple: no quedarse con la gran parte de lo que propagan los medios, acercarse a la materia, analizarla, pensar, discernir, comparar datos y, con base en ello, esgrimir argumentos y opiniones. Sin embargo, también hay que ver esta labor como producto de las mismas circunstancias. Hernán Gómez responde con creces al reto de la Cuarta Transformación de elevar la calidad de lo que se dice y hace en varios ámbitos de la vida pública, en su caso el ejercicio periodístico, un campo que en nuestro país sufre desde hace muchos años una crisis severa de credibilidad.

Quise iniciar esta reseña con una breve caracterización de la obra de Hernán Gómez para exponer mi posición como reseñista. Soy militante del Movimiento de Regeneración Nacional y simpatizo con su obra, aunque no pocas veces no esté de acuerdo con sus opiniones. A diferencia de otros articulistas, Hernán reconoce de entrada los avances de la actual transformación, sin que ello signifique escatimarle severas críticas. Esos rasgos le permiten navegar entre las dos aguas en que se divide casi siempre el nuevo debate público: entre los que están a favor o en contra del gobierno de López Obrador. Sin embargo, en honor a la verdad, reconocer abiertamente los avances del proceso colocan a nuestro autor más de lado de los obradoristas, con quienes no obstante prefiere mantener una “simpatía crítica”.

Todo esto me anima a considerar la obra de Hernán como esencial dentro del proceso de la transformación, puesto que de alguna manera obliga a tiros y troyanos a ponerse a hablar, a debatir, a intercambiar ideas y perspectivas que pueden devenir en la construcción de la hegemonía necesaria para consolidar la 4T.  Si la edificación hegemónica implica -como plantea Álvaro García Linera para el caso de Bolivia- la incorporación de otros sectores sociales al proceso transformador, diferentes al núcleo duro del movimiento popular, entonces resulta fundamental que tal incorporación sea acompañada por una deliberación continua del proyecto nacional en sus muy variados aspectos[1]. El trabajo de Hernán Gómez puede abonar en esa dirección, porque a diferencia de la vieja comentocracia, pone en práctica los principios de la democracia periodística, al permitir un debate amplio entre disímbolos actores de nuestra vida pública. 

II

Todo mi primer comentario me permite también caracterizar la función de un libro como AMLO y la 4T. Una radiografía para escépticos en nuestro debate nacional, en la medida en que es un compendio extendido de los continuos análisis que Hernán Gómez ha realizado en diferentes medios, desde comienzo del gobierno de López Obrador, en diciembre de 2018. Sin duda estamos ante una obra ambiciosa, que pretende encuadrar un bosque entero y al mismo tiempo enfocarlo en sus más diversas vegetaciones y faunas. Tal ejercicio podría ser suicida, puesto que a dos años y medios de haber comenzado, el gobierno de la 4T ha lanzado todos los días temas qué comentar y debatir, que pueden perder al mejor analista que no cuente con una criba que le permita ordenar y priorizar tópicos.

Un cariz constante del libro es que por momentos se vuelve cansado para el lector, quien se enfrenta a una escritura impregnada de glosas sobre aspectos particulares (que bien podrían incluirse en un pie de página) y a las que les falta síntesis más afinadas. Me parece que ello se debe a que es una obra no concebida desde una sola idea embrionaria (¿una hipótesis?), sino de múltiples posicionamientos sobre un amplio abanico de temas. Esto, sumado a una prosa ensayística, rompe con la sistematicidad de un libro tradicional de investigación.  

Cabe señalar que Hernán Gómez presenta su extenso análisis en tres partes: el primero dedicado al partido-movimiento Morena, el segundo a las políticas del gobierno de la 4T y el tercero a los tipos de opositores a éste.  No me voy a dedicar a comentar cada uno de los subapartados de cada parte, puesto que no terminaría. Más bien, extenderé mis observaciones a cuestiones que en parte me interesa rescatar para bien de nuestra transformación; elementos que son primordiales seguir debatiendo o que son un aporte sustancial del autor, para, a guisa de mapa, adentrar al lector en algunas señalizaciones.

III

La primera parte del libro, dedicada a Morena y al obradorismo, me parece la más débil de las tres. Hasta ahora hay libros que es imperdonable que no sean citados para hablar del origen de Morena. Por ejemplo: Raíces del Movimiento de Regeneración Nacional. Antecedentes, consolidación partidaria y definición ideológica de Morena, de Héctor Alejandro Quintanar, es imprescindible, igualmente la gran crónica histórica de Jorge Gómez Naredo: La lucha continúa. Estas obras podrían hacerle ver a Hernán Gómez que lo que él llama “coalición obradorista” es realmente un instrumento: el partido Morena. El obradorismo es sólo un movimiento más dentro de Morena. En otras palabras: a Morena hay que verlo como un instrumento ideado por el obradorismo que le permite aliarse con otros sectores de la sociedad para conquistar el poder. Esto implica que no todos los actores del partido sean obradoristas. Más bien Morena es ese mecanismo que nace de un análisis que le debe mucho a Lenin: el obradorismo no puede por sí solo tomar el poder, para ello necesita formar coaliciones con otros actores, bajo los principios que todos conocemos. Esto me parece que es algo que tanto Hernán como incluso varios obradoristas no alcanzan a vislumbrar sobre los objetivos pragmáticos de Morena, y que es el meollo de querellas entre los militantes, quienes a veces manifiestan abierto repudio a miembros de otros sectores por no apegarse a su ideal obradorista o por no trabajar en el partido desde su fundación, lo cual es un grave error.

A reserva de esto, me parece que hay varios elementos a rescatar en esta primera parte y que ya pueden tomarse como aportaciones del autor, es decir, como herramientas de análisis para ulteriores investigaciones. Por una parte se debe destacar la caracterización que Hernán hace del obradorismo en el universo de los movimientos de izquierdas. Ante los constantes ataques que sufre este movimiento de parte de otros que le quieren quitar la bandera izquierdista, el autor señala que el obradorismo combina en su programa el nacionalismo y el populismo que desembocan, por ejemplo, en la búsqueda de la soberanía y la igualdad social, muy diferente a las políticas de identidad del llamado Progretariado. En la misma tesitura es relevante la clasificación que hace el autor del tipo de figuras que conforman la coalición en el gobierno de López Obrador: desde programáticos de izquierda, pasando por obradoristas incondicionales y técnicos de centro-izquierda, hasta empresarios 4T y los jóvenes, entre quienes identifica el ejercicio de un “obradorismo religioso”.

Ahora bien, otro aspecto a destacar en esta primera parte es la crítica que Hernán realiza al Partido Morena, con la que es difícil no coincidir en gran parte, sobre todo si uno es militante. Es claro el estancamiento del partido desde el triunfo de López Obrador en 2018. En nombre de intereses superiores (llámese conformar el nuevo gobierno, la pandemia y ahora la revocación de mandato) se ha relegado la urgencia de renovar dirigencias estatales y nacionales. Con excepción de la Presidencia Nacional y la Secretaría General, todo sigue igual. Es innegable que hace falta formación de cuadros y que la burocracia partidaria ha matado a la movilización en las calles. En este aspecto Hernán es incisivo.          

IV

La segunda parte del libro -dedicada a las acciones del gobierno obradorista- es para mi la más sustancial y la que revela la veta especialista de Hernán Gómez, como su pericia en las políticas públicas de Gobiernos progresistas, con quienes ha trabajado en Brasil y Argentina.

            Me parece que la primera lectura atinada del autor es reconocer que el gobierno de la 4T es un gobierno de izquierda, en la medida en que un porcentaje fuerte de recursos está dirigido a incorporar a la gran masa de desposeídos y olvidados del país dentro de la esfera de los derechos humanos. Señala el autor que, a diferencia de los programas neoliberales que se identifican por hacer intervenciones focalizadas, el gobierno de la 4T busca la universalidad en la política social, tanto en la práctica como en la letra (con su inclusión en la Constitución). Esa ambición política es visible en los programas sociales, como las pensiones para adultos mayores, las becas para todos los jóvenes de bachillerato y los apoyos para las personas con discapacidad. Estas acciones son prueba fehaciente, para el autor, de que en López Obrador hay una genuina búsqueda de la justicia social, aunque no esté totalmente de acuerdo con algunas de las formas de implementación de los programas.

Otra aportación significativa del autor en esta misma vía es la identificación de los programas sociales que exigen a los beneficiarios una acción participativa y no meramente pasiva, como lo son Sembrando Vida, que busca la autogestión comunitaria con apoyos a 430 mil campesinos de todo el país. Igualmente sucede con el programa La Escuela es Nuestra, que también fomenta la organización comunitaria con apoyos entregados a los comités de los padres de familia para el mejoramiento material de las escuelas. Lo mismo se puede decir de algunas acciones llevadas a cabo por la SEDATU en torno a la vivienda.   

Otro gran atino en el análisis de Hernán Gómez es reconocer que el actual gobierno de la 4T está trabajando decididamente en la recuperación de la autoridad del Estado ante los poderes fácticos que lo tenían secuestrado. Esto mediante medidas claras, como la política de seguridad con la creación de la Guardia Nacional; la soberanía energética con el rescate de Pemex y la promulgación de la Ley de la Industria Eléctrica; la soberanía alimentaria a través de precios de garantía para alimentos básicos y la entrega de apoyos directos a un millón de ejidatarios; la lucha contra la corrupción mediante, por ejemplo, detectar, corregir y castigar la evasión fiscal; el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores con el aumento en los salarios mínimos y la Reforma laboral que va dirigida a terminar con el llamado outsourcing y a impulsar la libertad sindical.

En esta misma línea, cabe destacar que en el proceso de recuperación de la autoridad estatal, se le ha tachado a AMLO de autoritario, lo cual, señala el autor, no es correcto: el que López Obrador desempeñe un liderazgo en un gobierno progresista (como sucede con muchos movimientos políticos importantes) no es necesariamente sinónimo de autoritarismo. Tal es un matiz que los críticos del obradorismo no ven y que exhibe lo pueril de sus análisis. Es así, por ejemplo, que estos grupos de comentaristas no ven que el supuesto militarismoimplementado por López Obrador, es realmente la inauguración de una nueva relación con las fuerzas armadas, en quienes confía un gran sector de la población mexicana y que, ante un panorama difícil sin muchas opciones, se le ha invitado a participar activamente en un sin fin de actividades: desde la construcción del aeropuerto Felipe Ángeles, pasando por el combate el huachicol, la administración de puertos y la operación del Tren Maya, hasta la vigilancia de los suministros en las vacunas contra el Covid o la entrega de los programas sociales en los lugares más apartados del país. Es una manera, afirma Hernán Gómez, de “tener contentos a los militares” con mucho trabajo y compensaciones.

Ahora bien, es necesario comentar que los reconocimientos de Hernán Gómez en los avances del nuevo régimen están acompañados casi siempre de matices. Señala, por poner un caso, lo que él llama un desprecio injustificado hacia “la técnica” en la nueva política de la 4T. Si bien puntualiza que entiende que el nuevo gobierno busque superar o distanciarse de la tecnocracia que imperó en el neoliberalismo, afirma que en muchas ocasiones se rechaza a la técnica en nombre de este principio.

Lo mismo opina sobre otras actitudes dentro de ese nuevo medio de comunicación que es la Mañanera. Hernán reconoce los méritos mediáticos de este recurso, pero no deja remarcar los problemas que ha generado en la interlocución con ciertos movimientos, en especial con el feminismo, al que -según Hernán- el presidente no le ha dado una atención eficiente que pueda canalizar sus demandas en acciones concretas. Este tipo de actitudes son las que, de acuerdo con el autor, le han restado a López Obrador varios puntos en su aprobación entre la población más jóven, un dato que expone en un apartado del libro que es de lo más interesante y que titula “La popularidad de AMLO”.

VI

La tercera parte del libro no es menos importante que la segunda. Está dedicado a hacer un balance de todos aquellos sectores considerados opositores al gobierno obradorista: desde un sector de los empresarios y la sociedad civil, pasando por el Poder Judicial y los organismos autónomos, hasta los medios de comunicación y sus narrativas de la polarización. Me parece que es aquí donde Hernán Gómez hecha andar varios análisis que, a pesar de estar bien informados, a veces pareciera que deja muchos cabos sueltos que permiten seguir abonando en la discusión. Veamos un ejemplo.   

Hernán desarrolla un análisis de la difícil relación de López Obrador con la “Sociedad Civil”. Si bien el presidente no es enemigo de estas organizaciones, comenta Hernán que no les da un papel protagónico que en su opinión podría tener, porque le podrían apoyar en la resolución de problemas muy especializados. Igualmente remarca  que es un error del presidente meter a todas las organizaciones civiles en el mismo saco en las que mete también a las apegadas a los intereses oligárquicos (como son las financiadas por el empresario Claudio X. González) y que se ha traducido en dejar de dar recursos a todas por igual. A diferencia de Hernán, pienso que tal tipo de decisiones de parte de López Obrador van dirigidas a forzar un acercamiento de los integrantes de la auténtica sociedad civil al terreno de la lucha política, en donde se libra la 4T. De otra manera, no se entiende, como el mismo autor lo señala, que López Obrador se haya distanciado de algunas organizaciones sociales que han caminado junto con él y que no se les incluye en los planes, estrategias y movilización.

Precisamente aquí hay una tema que pienso que se podría explotar con más cuidado. Según Hernán, son excepciones los casos de integrantes de movimientos que han llegado a puestos de dirección en el nuevo gobierno, como es el de Maria Luisa Albores, secretaria de medio ambiente. Por otra parte, con cierta razón el autor ve una falta de comunicación con representantes del feminismo, de las víctimas de desaparecidos o el ambientalismo, una opinión que merece más matices, puesto que a pesar de los errores, ha habido algunos acercamientos con estos grupos.   

Me parece que aquí hay un problema en varias vías, que no alcanza a ver Hernán. Por un lado, hay una abierta animadversión de las organizaciones hacia un gobierno progresista: una suerte de competencia insana para ver quién es “más de izquierda”, y que no ayuda a un acercamiento de buena fe. Por otro, la falta de iniciativa del movimiento obradorista para generar confianza en ciertos sectores de los movimientos e involucrarnos en las tareas partidarias o incluso proponerlos para puestos de elección popular. Finalmente, una política de López Obrador que busca relacionarse con la sociedad sin ningún tipo de intermediarios, tratando de evitar el histórico corporativismo mexicano.

 La verdad es que no faltan simpatizantes de la 4T en los sectores progresistas. La cuestión es que no todos desean participar abiertamente en la política vinculada a partidos y a funciones de gobierno, y prefieren mantenerse en el campo social, como símbolo de resistencia. Tal es un lastre del periodo noeliberal, cuando al activista se le pedía mantenerse alejado de la disputa por el poder[2]. Sin embargo, la transformación va en otro sentido: la disputa por el poder de parte de sectores e integrantes de movimientos progresistas coalicionados en Morena; un trabajo en conjunto que tiene una unidad programática más allá de cada lucha particular. Porque la 4T, como lo leí en algún artículo, no nace con el consenso de diferentes movimientos sociales, sino en la lógica de un movimiento popular, con un liderazgo definido que tiene como objetivo la regeneración de la vida pública[3].

En esencia, se podría escribir un libro exclusivo sobre la relación de la sociedad civil con la 4T en lo que va del sexenio. Lo que hace Hernán es apenas poner los cimientos para la profundización del debate y del análisis, algo que tiene todo el mérito, claramente.

CODA

Parafraseando el título de una famosa obra del historiador Johan Huizinga, AMLO y la 4T. Una radiografía para escépticos dibuja las sombras del mañana, toda vez que revisa minuciosamente las bases sobre las que se podría seguir construyendo el proyecto de nación sintetizado en esa convicción o anhelo que hemos llamado “Cuarta Transformación”. Y aunque por momentos el libro de Hernán Gómez se siente que abarca mucho pero aprieta poco, es sin duda un trabajo que todos los que están implicados en la transformación deben leer; sobre todo los opositores, quienes, siendo fieles a su naturaleza, no están dispuestos al diálogo sano y fomentan más bien la intolerancia y la desinformación. Del lado de la 4T estamos acostumbrados al debate en voz alta. Sigamos cultivandolo a favor de una democracia más radical.

*Doctor en Historiografía por la UAM-Azcapotzalco y militante del Movimiento de Regeneración Nacional.

[1] Me refiero aquí a las ideas expuestas por Álvaro García Linera en el apartado “Flexibilidad hegemónica frente a firmeza en el núcleo social” en su obra Las tensiones creativas de la Revolución. La quinta fase del Proceso del Cambio, La Paz, Bolivia. Vicepresidencia del Estado Plurinacional/Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional, 2011, pp. 38-41.

[2] Martha Uruchurtu, “Por fin, ¿contra el Estado o con el Estado?: el ‘dilema’ de la izquierda no electoral”, publicado en Revolución Tres Punto Cero, 19 de julio de 2021. (Disponible en https://revoluciontrespuntocero.mx/por-fin-contra-el-estado-o-con-el-estado-el-dilema-de-la-izquierda-no-electoral/)

[3] Bernardo Cortés Márquez, “Los fundamentos concretos del Movimiento de Regeneración Nacional”, publicado en Conciencias, 1 de julio de 2021. (Disponible en https://revistaconciencias.mx/2021/07/03/312/)

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