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La miseria de la autonomía. La necesidad de una crítica de la autonomía indígena ante el conflicto Triqui.

Carlos Humberto Contreras Tentzohua[1]

ccontret@gmail.com

Introducción.

La victoria de la 4T ha puesto en tela de juicio diversos presupuestos que cierta izquierda manejó durante la era neoliberal; entre ellos estuvo la idea conformarse con pertenecer a los movimientos sociales, a las asambleas comunitarias y que nunca se debía tomar el poder del Estado, por mencionar algunos. Pero entre todas estas creencias, la que más destacó fue aquella que consideraba a la autonomía de los pueblos indígenas como el camino a seguir y la gran panacea a los problemas de dichas comunidades.

El triunfo de López Obrador vino a poner bajo sospecha todos esos presupuestos, pues ha retomado el papel del Estado como benefactor y protector de todos los ciudadanos, entre ellos los pueblos indígenas, y con ello alejándose de los neoliberales, que defendían la desaparición del Estado y una mayor participación de la sociedad civil y los organismos autónomos, así como de ONG’s, pero también de la izquierda antigubernamental, como los anarquistas o el EZLN, que se oponían al Estado independientemente de la ideología de los gobernantes.

Tanto esa izquierda antigubernamental, como los neoliberales se han declarado en contra de la 4T, lo cual no es raro, y la razón es simple: la 4T ha venido a demostrar las consecuencias tan catastróficas que trajo el abandono del Estado a la sociedad, y como ésta calló en el caos y la violencia sin la tutela del Estado. Ni la sociedad civil por sí misma, ni los organismos autónomos o las ONG’s tan defendidas por los neoliberales, ni los colectivos anarquistas, ni la autonomía de los pueblos indígenas pudieron hacer nada para paliar ese caos. Es por eso que usaremos la crítica de Bolívar Echeverría a la autonomía indígena para examinar brevemente el caso de San Juan Copala y cómo la autonomía lejos de beneficiarles los ha perjudicado.

1.-La crítica de Bolivar Echeverría a la autonomía indígena.

La autonomía indígena es uno de los proyectos que más defendió esa izquierda antigubernamental, pues según ellos mediante ella los pueblos indígenas paliarían todos sus problemas; lo cierto es que no todos los intelectuales estuvieron de acuerdo con tal posición, y entre ellos estaba Bolívar Echeverría, quien consideraba que la autonomía era una mera concesión del neoliberalismo y la globalización para dichos pueblos: “los vencidos, los conquistados, ellos están hasta cierto punto condenados a aceptar lo que la historia les ofrece actualmente, y lo que les ofrece es justamente este tipo de autonomía. […] esa no es la solución para ellos” (Echeverría, 2011: 346). Pero ¿por qué creía Bolívar Echeverría que ésa no era la solución para ellos? Por la sencilla razón de que dicha autonomía era más retorica que fáctica: “en la medida en que sería una autonomía concedida, vigilada y <> por el estado mientras dure la neoliberalización de la economía comunitaria, sería una pseudoautonomía.” (Echeverría, 2011:346).

Pero no sólo sería una pseudoautonomía, sino que además dicha autonomía sería perjudicial para los pueblos indígenas por la razón de que serviría “como un arma de conquista, fortaleciendo el apartheid, la delimitación de “reservaciones autónomas” condenadas a auto-consumirse.” (Echeverría,2011: 346) Durante el neoliberalismo el Estado mexicano dejó a su suerte a las comunidades indígenas y, bajo el pretexto de que la sociedad civil debe aprender a vivir por sí misma sin la intervención del Estado, justificaron dicho abandono, lo cual se complementó a la perfección con el discurso en defensa de la autonomía de la izquierda antigubernamental. Además, no se puede olvidar que dicho abandono se justificó bajo el pretexto de que con menos Estado habría menos represión, lo cual resultó falso también.

Al quedar sin tal tutela, los pueblos indígenas trataron de vivir con lo que les quedaba, que no era mucho, y lo que sucedió fue que dichas comunidades poco a poco fueron sufriendo más pobreza, más migración de miembros de su comunidad que buscaron mejores oportunidades en otros lados, y los conflictos por tierras entre las comunidades también fueron en aumento etc. Eso lejos de traerles beneficios, los ha perjudicado, y en el peor de los casos ha traído consigo la presencia de paramilitares y la expulsión de comunidades enteras de sus tierras. Tal situación ha tenido como consecuencia una relación parasitaria entre el Estado que se lavó las manos diciendo que son conflictos intercomunitarios en los que no tiene responsabilidad, entre defensores de derechos humanos y ONG’s que denuncian las masacres y al Estado pero que poco o nada consiguen, entre miembros de dichas comunidades que dicen defender la autonomía así como la lucha antigubernamental pero que sólo representan a un pequeño grupo y no a todas las comunidades, o miembros de dichas comunidades que están armados y que no les importa expulsar de la comunidad al resto de miembros para acaparar tierras, y finalmente quienes sufren por tales acciones.

Para Bolívar Echeverría la autonomía a los pueblos indígenas era una clara invitación para que dichos pueblos se autodestruyeran y así el neoliberalismo triunfara. En contraste con tal política, estaba la política que había hecho el PRI antes de volverse neoliberal, en la cual si bien buscó la modernización de México, también buscó proteger a las comunidades indígenas:

…la historia de los setenta años del PRI, es la historia de un ente político impersonal, pese al presidencialismo, ducho en el arte de confundir la imposición con el consenso, que supo mantener hacia el mundo indígena una política doble, de protección y de desmantelamiento a la vez, de “mestizaje” y de apartheid. En tanto que era el partido de un estado moderno, o que se pretendía moderno, su tarea era obviamente la de continuar la conquista, la de ir eliminando las formas de vida de los indios. Pero en la medida en que era, por otro lado, un gran aparato populista tenía también en cuenta la cultura política que provenía del mestizaje en el siglo XVII, y que pervive entre los pueblos de la América Latina. El PRI se movía entre estas dos políticas, tratando de compaginarlas y cuidando de que ninguna de las dos prevaleciera sobre la otra.” (Echeverría, 2011: 345)

A diferencia del periodo neoliberal, el PRI de antes buscó proteger a las comunidades indígenas y apoyarlas en la medida de lo posible, y si bien todo eso fue acompañado de medidas autoritarias y paternalistas, lo cierto es que al menos el Estado buscó cobijar a dichas comunidades y no dejarlas desamparadas, que es justo lo que ocurrió bajo el neoliberalismo. Y si bien es cierto que en su ensayo Cuestionario sobre lo político Echeverría decía que el Estado era: “(…) una empresa histórica destinada a fomentar el desarrollo de un determinado conjunto particular de mercancía-capital. (…) su finalidad es el perfeccionamiento de una totalidad histórico-geográfica de objetos concretos, el pensamiento de la Nación (…)” (Echeverría, 2011: 393). La realidad es que en su otro ensayo La modernidad y la antimodernidad de los mexicanos, reconoce que el Estado en México, sobre todo ese nacionalista revolucionario bajo el PRI, si bien fue un Estado que buscó la modernización capitalista de México, también fue el que buscó proteger a las comunidades indígenas, pues era un Estado en el que se articulaban “el México de la modernidad [,…] el México profundo o de la antimodernidad civilizatoria, […] el México barroco, […y] el México contestatario” (Echeverría, 2016: 87), por lo que el papel del Estado va más allá de la simple acumulación de capital, jugando incluso un papel de protector de las comunidades indígenas ante tal acumulación.

Actualmente pareciera que la 4T busca volver a dicha política, y con ello separarse por completo de lo ocurrido durante la apuesta por el neoliberalismo, lo cual ha despertado las críticas tanto de defensores del neoliberalismo como de la izquierda antigubernamental; esta última, considera que se busca destruir las conquistas obtenidas gracias a la autonomía indígena pero ¿realmente es la autonomía indígena algo que deba defenderse y algo que tales comunidades deban de buscar? O más bien como piensa Bolívar Echeverría, es sólo una de tantas trampas que el neoliberalismo usó para terminar de arrasar con tales comunidades. Examinaremos el caso de San Juan Copala para  comprender mejor el asunto.

2.- El caso de San Juan Copala.

La realidad es que quienes defienden la autonomía indígena suelen hacerlo más por convicción que por una cuestión realista, por lo que su desprecio por el Estado y por los gobiernos de izquierda se basa más en una cuestión sentimental que intelectual. La realidad es que la autonomía poco o nada ha podido lograr para la causa indígena, y es por eso que vale la pena examinar brevemente el caso de la comunidad Triqui de San Juan Copala en Oaxaca. Dicho conflicto, terrible y desgarrador, es largo, todo comenzó:

Entre 2009 y 2010, una escalada de la violencia en el municipio autónomo de San Juan Copala, en la región Triqui de la Mixteca oaxaqueña, ocasionó el desplazamiento forzado de cientos de mujeres, hombres, niñas y niños. La violencia en la región Triqui tiene orígenes históricos y está relacionada con la disputa por el control político y territorial de la zona. En 2007, con base en el principio de libre determinación de los pueblos indígenas, San Juan Copala fue declarado municipio autónomo, regido por usos y costumbres e independiente del gobierno estatal y del partido político dominante en ese entonces, el PRI. No obstante, el proyecto de autonomía no logró poner fin al conflicto, que terminó por intensificarse mientras distintos grupos intentaban defender sus intereses y tomar el control del territorio, a medida que el proyecto de autonomía se diluía (Cabada, de Aquino: 2021).

Es decir que declararon la autonomía e inmediatamente escalaron los conflictos territoriales, donde un grupo intenta estar por encima del otro, provocando con ello graves conflictos:

Desde noviembre de 2009, y durante varios meses, el pueblo estuvo sometido a diversos ataques armados, restricciones a la libertad de circulación y a la interrupción de los servicios básicos de atención médica y educación. Más de 30 personas fueron asesinadas y otras tantas heridas, y también se reportaron casos de violencia sexual. Ante la persistencia de la violencia y la falta de una respuesta eficaz de parte del Estado, que fue incapaz de proteger y garantizar la integridad física de la población, casi 600 personas fueron obligadas a huir para salvar sus vidas. Más de 10 años después, estas personas no han podido encontrar una solución y continúan sufriendo las consecuencias de su desplazamiento forzado (Cabada, de Aquino, 2021).

Los defensores de la autonomía suelen decir que el Estado es incapaz de otorgarles seguridad y paz a los ciudadanos, pero la realidad es que la autonomía también es bastante incompetente. De hecho pueden llegar al extremo de provocar conflictos terribles en las que las personas son abandonadas a su suerte e incluso corren el riesgo de perder la vida. El Estado está obligado a proteger a su ciudadanía por el simple hecho de ser ciudadanos, pero en la autonomía los miembros de la comunidad corren el riesgo de no ser protegidos por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo que diga la mayoría de la asamblea, y es ahí donde la violencia estalla contra dichos miembros. El conflicto en San Juan Cópala, que lleva más de diez años, ha vuelto a escalar de manera feroz:

El conflicto entre indígenas triquis de Oaxaca escaló este domingo luego de que fueran desplazadas 30 familias más de la comunidad de Tierra Blanca Copala, en la región Triqui Baja del estado. Las familias fueron rescatadas de entre los montes y fueron encontradas golpeadas y vejadas. Acusan de ataques armados contra su comunidad, que está sitiada por un grupo que porta armas de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas. Demandan la intervención del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, para que se detengan las agresiones armadas. En su huida de los ataques de paramilitares apostados en la entrada del pueblo, los desplazados de Tierra Blanca acusan al gobernador del estado, José Murat, de las agresiones en su contra, al denunciar que la Guardia Nacional y la policía estatal “puso pies en polvorosa en cuanto vieron a los hombres armados del MULT que desde diciembre los mantienen a raya” (Reyez, 2021).

A pesar de lo que digan los defensores de la autonomía, en ambas citas lo que se exige es una mayor presencia del Estado y que sea éste el que le otorgue seguridad y paz a dichas comunidades aterrorizadas, violentadas y desplazadas; todo ello contradice a quienes desde la pasión sin razonamiento insisten en las ventajas de la autonomía. Para ellos el Estado es siempre el culpable de la violencia, o incluso de la omisión, pero en San Juan Copala el fenómeno es más complejo que eso, puesto que la violencia de los últimos diez años escaló desde que se estableció la autonomía, de hecho el conflicto reciente estalló por…

La disputa entre ambos grupos inició en diciembre pasado luego de que se dio a conocer el presupuesto municipalpara los poblados y rancherías, en lo que supone también un despojo de los recursos de la mayoría de los habitantes de Tierra Blanca, Yosoyuxi y San Miguel Copala, que simpatizan con el MULTI (Reyez, 2021).

Este es otro caso en donde un grupo quiere quedarse con los recursos de la comunidad y ,al encontrar oposición de otro sector, estallan las represalias y las venganzas entre ellos; uno de los grupos, que al parecer tiene el aval del gobierno estatal de Oaxaca, no duda en usar la violencia armada contra los otros, hasta que finalmente se comienza a dar la tragedia y la crisis humanitaria.

Con todo y que hay personas de dichas comunidades que quieren la autonomía y han luchado por ella, lo cierto es que no todos los grupos ni personas piensan igual, y pareciera que cada grupo quiere su propia autonomía, con lo que los conflictos sólo empeoran así como la violencia como cuando en “2012, Julián [González] impulsó la reactivación de la autonomía para los indígenas de la comunidad triqui, aunque sin el apoyo de otros líderes de la región” (2015). Julián González quiso impulsar dicha autonomía, pero no tenía el apoyo de toda la comunidad y como consecuencia fue asesinado. Entre sus últimas palabras registradas mencionó que: “Sabemos que nos podemos morir; pero como triquis, no tenemos miedo. Es más grande el coraje y la muina” (2015). Dejar guiarse por el coraje y el enojo puede acarrear más tragedias y desgracias que algo bueno, pero quienes insisten en defender la autonomía contra el Estado prefieren ignorarlo.

Conclusión

No son sólo las comunidades “autónomas” quienes se equivocan en su desprecio al Estado, pues también se equivocan los defensores de derechos humanos, así como las ONG’s, pues han buscado de todas las maneras posibles ayudar a los habitantes de San Juan Copala, pero han fracasado y se han visto frustradas sus intenciones. Un ejemplo de eso fue en el año 2010 cuando los activistas Alberta Cariño y Jyri Jaakkola fueron emboscados y asesinados por paramilitares cuando se dirigían a San Juan Copala (Ramírez, 2017). Otro ejemplo fue cuando en ese mismo año una caravana humanitaria pretendió romper el cerco de los paramilitares sobre la región pero no lo consiguieron, sobre todo porque en ningún momento contaron con la protección del Estado:

Ni las autoridades del gobierno federal ni las del estado garantizaron la vida y la seguridad de las 400 personas que integraron esta segunda caravana, que partió el 7 de junio de la ciudad de México y que hoy fue frustrada en las inmediaciones del paraje conocido como La Sabana (Contralínea, 2010).

Dichos ejemplos muestran la inutilidad de la lucha social cuando se pretende que ésta se limite a la sociedad civil, bajo el supuesto de que no se requiere del Estado. El hecho de que hayan asesinado con total impunidad a esos activistas, y de que los paramilitares hayan impedido el acceso de tal caravana a dicha comunidad nos indica que la sociedad civil no puede hacer nada si no tiene el apoyo del Estado. De hecho los problemas que tales activistas pretendieron ayudar a resolver surgieron por el abandono del Estado a dichas comunidades. Si algo urge en México es que el Estado nuevamente recupere el cuidado y la protección hacía las comunidades más marginadas, eso es lo que pueblos como San Juan Copala requieren, y no de pseudo-autonomías que sólo crean más problemas que soluciones.

Bibliografía:

Cabada Rodríguez, P y de Aquino Barbosa M., L. (2021)10 años sin solución: el desplazamiento prolongado de los triquis de Copala. Sacado de https://www.animalpolitico.com/verdad-justicia-y-reparacion/10-anos-sin-solucion-el-desplazamiento-prolongado-de-los-triquis-de-copala/

Echeverría, B. (2011) Crítica de la Modernidad Capitalista. La Paz. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

Echeverría, B. (2016) Modernidad y blanquitud. México. Era.

Reyez, J. (2021) Escala el conflicto entre triquis de Oaxaca, piden intervenga López Obrador. Sacado de:https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2021/01/24/escala-el-conflicto-entre-triquis-de-oaxaca-piden-intervenga-lopez-obrador/

Ramírez, E. (2017) Bety Cariñi y Jyri Jaakkola, siete años de un crimen impune. Sacado de: https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2017/04/27/bety-carino-y-jyri-jaakkola-siete-anos-de-un-crimen-impune/

(2015) Asesinan a líder triqui impulsor de la autonomía. Sacado de: https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2015/01/13/asesinan-lider-triqui-impulsor-de-la-autonomia/

(2010) Oaxaca: paramilitares frustran caravana humanitaria: https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2010/06/08/oaxaca-paramilitares-frustran-caravana-humanitaria/

[1] Licenciado en Filosofía por el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, y maestro en Humanidades por la misma institución.