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¿Insurgencia obrera? ¡No, viles charros!

CE, Intervención y Conyuntura

En su conferencia del día 13 de junio de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), dirigió un mensaje a los trabajadores petroleros de la hoy empresa “productiva” del estado, Petróleos Mexicanos (Pemex), en el que les “avisaba” que se estaban atendiendo sus demandas para dotarlos de uniformes y utensilios de trabajo, y al mismo tiempo “para exhortarlos a que se acepte que se vaya basificando primero a quienes tienen más antigüedad, que no haya recomendados, que no haya influyentismo, mucho menos que haya corrupción en la entrega de las plazas”. Puntualizó que el exhorto era a los dirigentes sindicales para que ayuden a dotar de puestos de base primero a los trabajadores transitorios que llevan años laborando para la empresa sin haberlo logrado. AMLO puntualizó, “nada más les pido que nos permitan que la ‘basificación’ se realice por orden de antigüedad”, cuestión que constituye el verdadero motivo de las protestas.

El anuncio parece simplemente la respuesta a una serie de “movilizaciones” con las que su dirigencia ha inducido a los petroleros a exigir lo que por derecho les corresponde, y se les otorga. A pesar de ello, el pasado 24 de mayo (2022), trabajadores del sindicato de Pemex (el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, STPRM), afiliados a la Sección 35, bloquearon la Avenida Marina Nacional, para obstaculizar el acceso a la sede de la paraestatal en demanda, dijeron, del cumplimiento de su Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), en lo referente a la liberación de plazas permanentes para los trabajadores eventuales. También acusaron falta de mantenimiento en las instalaciones y de equipo de trabajo. Se trató de petroleros que laboran en la refinería de Tula, Hidalgo y en las instalaciones de Pemex ubicadas en lo que fuera la refinería de Azcapotzalco, en la Ciudad de México, agrupados en la misma sección sindical (la 35), dirigida por Rigoberto Ramírez Sánchez.

Es patente que el verdadero centro de la disputa es el control de las plazas para la basificación de trabajadores transitorios, porque tradicionalmente esta era una prerogativa de los dirigentes sindicales, pero en esta ocasión se está llevando a cabo de manera bilateral (empresa y sindicato) y de forma transparente, por riguroso orden de antigüedad. Algo similar a lo que viene ocurriendo con el otorgamiento de préstamos (principalmente hipotecarios para la adquisición de vivienda). El control de estas dos funciones —fundamentales para el bienestar de los trabajadores— ha sido esencial para que el charrismo sindical haya mantenido el control de sus representados.

Durante varias horas, diversos trabajadores expresaron las mismas demandas, sin especificar exactamente en qué consistían las violaciones contractuales; por ejemplo, si se estaba otorgando la base a un trabajador con menos derechos de antigüedad, o indicando cuales equipos e instalaciones sufrían deterioro y ponían en peligro su seguridad. En días posteriores circularon en diversos medios fotografías comprobatorias, pero se demostró que no correspondían con el estado actual de las instalaciones.

La confusión de la protesta era evidente. Por ejemplo, un trabajador, quien dijo llamarse Víctor Manuel Sánchez Aldana (en realidad Víctor Manuel Flores Sánchez Aldana, según el padrón publicado por el sindicato para la votación más reciente [1]), denunció que “los empleados son «maltratados»: “ya que la administración no ha cumplido con lo que ha ofrecido … llevo trabajando 31 años y es la primera vez que nos violan el contrato colectivo que fue firmado por esta nueva administración, en la que el señor Presidente dice que los empleados estamos bien y es falso, no estamos bien, somos maltratados”. Este tipo de declaraciones circuló profusamente en los medios, como nunca antes se había difundido otra protesta petrolera.

A finales de 2021 y principios de 2022 se realizó en el STPRM el proceso electoral para elegir secretarios seccionales y la secretaría general. En él, la corriente dominante (representativa del sindicalismo charro) arrasó. Fueron reelectos por la “base trabajadora”, a pesar de pertenecer a la misma corriente sindical que pasivamente aceptó la reforma energética del expresidente Peña Nieto, que privatizó buena parte de las reservas petroleras del País; los mismos que en los 80’s permitieron el desmantelamiento de la petroquímica, considerada actividad estratégica y que incluía más de 60 productos, para dejarla únicamente en 7 y crear así la llamada “petroquímica secundaria” y entregarla al capital privado (principalmente extranjero). Son los que se prestaron al llamado “Pemexgate”, con el que se financió la fallida campaña presidencial de Francisco Labastida en contra de Vicente Fox, quien capitalizó el escándalo, ofreciendo impunidad a los charros, a cambio del apoyo de estos para llevar adelante su plan de destrucción de la empresa y la entrega de las funciones estratégicas de Pemex a las corporaciones transnacionales.

La lista de tropelías cometidas por estos “dirigentes” es más grande aún, y es que por años, la supuesta dirigencia petrolera ha cedido funciones de su materia de trabajo a cambio de mantener sus prebendas. Es el caso de los hospitales de Pemex: se disfrazaba la entrega de dinero a los charros para simular la compra de ropa, medicinas y material médico, cuestión de simple aplicación de contrato, pero que se usaba como herramienta de presión con el fin de propiciar una “negociación” —no para mejorar el servicio ni superar las carencias—, sino para justificar la entrega de recursos a los charros.

A la elección para secretario del comité ejecutivo general del STPRM acudieron como candidatos 26 trabajadores, resultando electo Luis Ricardo Aldana Prieto con un total de 44,983 votos [2]. Sus más cercarnos competidores fueron César Pecero Lozano, con 4,505; Cecilia Margarita Sánchez García con 4,116; María Cristina Alonso García con 2,612 y Miguel Arturo Flores Contreras con 2,564. Los demás candidatos no llegaron a mil votos y varios de ellos ni siquiera reunieron cien. En las elecciones para los comités ejecutivos locales, incluida la sección 35, una de las más numerosas con 3,843 trabajadores registrados [3], el resultado fue menos apabullante. En esta sección, la ganadora fue la planilla roja, encabezada por Rigoberto Ramírez Sánchez, con 1,787 votos, seguida de la verde, Juan Francisco Ordoñez Rojo, con 1,107. Hubo una tercera opción, la planilla rosa, Pedro Velázquez del Ángel, con 509 votos (quien por cierto no aparece en el padrón de la sección). Es decir, que ni sumando los votos de ambas planillas de oposición habrían vencido al candidato “oficial”, pues hubo 29 votos nulos y 499 trabajadores que no ejercieron su derecho al voto [4].

Lo anterior ratifica que el charrismo está “institucionalizado” en el —alguna vez— combativo sindicato petrolero y hace evidente que su reciente activismo no obedece al resurgimiento de la insurgencia obrera en los petroleros, sino a un intento de reinstauración del charrismo. Patético. No obstante, cabe recordarles a esos petroleros mexicanos lo ocurrido en 2003 en Venezuela, cuando dirigentes venales organizaron una “huelga petrolera” contra el gobierno encabezado por Hugo Rafael Chávez Frías, aprovechando la “autonomía” concedida a la burocracia que administraba a la petrolera estatal (PDVSA, Petróleos de Venezuela, S.A.) que, en contubernio con el sindicato, participaron en un golpe de Estado. Esa huelga constituyó un acto de sabotaje, y fue financiada con los recursos de PDVSA por las burocracias administrativa y sindical corruptas. No es pues de extrañar que en México hoy les sobren “apoyadores” a los petroleros entre la oposición, pues ésta sabe del potencial desestabilizador de tales protestas.

Empero, para que en México dicho escenario fuera practicable, los charros sindicales tendrían que contar con la complicidad de la administración de Pemex, cosa que en este gobierno no tienen y; en segundo lugar, con la sumisión absoluta de los trabajadores, cosa que tampoco es cierta. Para importantes sectores de petroleros, una cosa es dejarse conducir a un acto de protesta, y otra muy distinta sabotear el rescate de la empresa. Los charros únicamente cuentan con su “núcleo duro”, como lo han evidenciado sus protestas. En la misma conferencia presidencial del día 13, AMLO también presentó un video en el cual los propios petroleros de la Refinería de Minatitlán mostraron con orgullo los trabajos de mantenimiento y rehabilitación que han realizado ellos mismos, por administración directa (es decir con los recursos de la empresa y con la mano de obra sindical), sin la intervención de empresas contratistas, que anteriormente eran las que ejecutaban esos trabajos con la complacencia de los líderes sindicales. Trabajos que regularmente no se efectuaban, o se realizaban de manera ineficiente y costosa.

Lo anterior no quiere decir que la oposición y sus aliados desperdicien oportunidades ni tiempo. Los amagues del charrismopetrolero tienen como objetivo, por el momento, desgastar al gobierno y a la administración de Pemex (de cara a la inminente entrega de la Refinería Dos Bocas, que próximamente terminará su construcción, para iniciar su período de pruebas). No en balde en la misma conferencia, AMLO exhibió también un video en el que el excandidato presidencial, Ricardo Anaya, llama con vehemencia a “vender todo el petróleo ya, porque no valdrá nada”, basado en argumentos erróneos o falaces acerca del fin de la era del petróleo, es decir, retomando las banderas de la reforma energética de 2013: vender las reservas de hidrocarburos y evitar su procesamiento en México. Curiosamente dicho video ni siquiera está disponible en el canal de YouTube del excandidato.

En cuanto a la organización sindical de los petroleros mexicanos, las recientes reformas en materia laboral les otorgaron ciertas libertades democráticas, pero no eliminaron elementos confusos que fomentan la división. En la República Bolivariana de Venezuela, cuando fue presidente el fallecido Hugo Rafael Chávez Frías, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), organizó una falsa huelga petrolera para desestabilizar al gobierno, que fue apoyada por los trabajadores de Petróleos de Venezuela (PdVSA). El punto culminante fue el fugaz Golpe de Estado de abril de 2002, que se montó en una movilización social perversamente coordinada, incluyendo a importantes sectores de la oposición, entre ellos la FEDECAMARAS (Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela), una organización patronal cuyo entonces presidente, Pedro Carmona, fue impuesto de facto como presidente de la República durante el golpe, (por 47 horas).

La CTV era entonces parte de la hoy Confederación Sindical Internacional (CSI, heredera de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, CIOLS), y de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores, ORIT (agencia que tuvo alcance continental, financiada por empresas y gobiernos imperialistas y que fue el brazo operativo en la región de la CSI, entonces CIOSL). La CSI promueve el colaboracionismo de clase entre los trabajadores, para favorecer al capitalismo global.

En México, con otras siglas y alianzas, la CSI está presente en alianza con las viejas centrales charras (disputándolesrepresentatividad en importantes sectores productivos, como en el caso de la industria maquiladora y la minería), o incluso con las “nuevas” centrales como la CIT (Confederación Internacional de Trabajadores), promovida por el poderoso sindicato minero-metalúrgico, encabezado por Napoleón Gómez Urrutia.

Esta sopa de letras y siglas que “identifican” organizaciones cuyos objetivos confunden a la de por sí adormecida conciencia de los trabajadores, paradójicamente dejó de importar hace tiempo a los estudiosos —inclusive de izquierda—, que se mantienen alejados de los temas relacionados con el mundo del trabajo, por lo cual son incapaces de presentar análisis creíbles de la realidad. Lo cierto es que la reorganización sindical carece de organismos representativos a nivel mundial, lo que impide toda posibilidad de solidaridad internacional y el intercambio de experiencias.

Si bien es cierto que estos cambios en las formas de organización obrera han pasado desapercibidos para los académicos y analistas expertos, tampoco modificaron la percepción de los trabajadores sobre su condición, que tiende a empeorar con nuevos modos de explotación. Pero sirvieron para impulsar lesivos cambios en la legislación, a través de la llamada reforma energética, mediante un discurso absurdo, repetido con insistencia, como el de la llamada autonomía de gestión de las empresas públicas que resultó en una gestión burocrática que, en contubernio con el sindicalismo charro, fortaleció a las camarillas privatizadoras y corruptas, incrustadas en la propia industria nacionalizada, al tiempo que permitió la creación de los llamados organismos autónomos para asegurarse el control total de la industria energética, por encima del texto constitucional del Artículo 27.

Actualmente Pemex se recupera de la ruina a la que lo sometió el neoliberalismo. Pero que la empresa esté actualmente dirigida por una administración que la reencauza en una línea nacional-popular, como la que le impusiera a su fundación el presidente Lázaro Cárdenas, ello no implica que mágicamente sus trabajadores se hayan recuperado del extravío ideológico que se les impuso, no solo durante el neoliberalismo sino desde antes, cuando toleraron al charrismo como línea dominante en el sindicato, según demuestran las pasadas elecciones sindicales. Pero, aún y cuando los trabajadores de Pemex reeligieron como su dirigencia a individuos representativos del charrismo sindical, es evidente que el actual “conflicto” solo sirve a estos últimos, en su intento por reorganizarse y recuperar poder para presionar al gobierno.

Es evidente que este tipo de manifestaciones “espontáneas” de los petroleros continuarán, porque difícilmente los trabajadores podrán —de la noche a la mañana— sustraerse al control de los charros; en unos casos porque significa un riesgo personal y, en otros, porque son trabajadores comprometidos con una falsa lealtad al charro que los favoreció anteriormente. Pero los petroleros saben que trabajan para una empresa pública, estratégica para la nación, y que sus condiciones particulares de trabajo son muy distintas a las que imperaron al nacimiento de la empresa y durante el período neoliberal. Como lo hemos mencionado [5] los petroleros necesitarán alianzas para alcanzar la transformación de su sindicato, la base está en comprender que las condiciones objetivas impuestas por el neoliberalismo han cambiado, y que se requiere impedir el retorno al pasado. Si el charrismo es nefasto para la vida sindical en general, en las organizaciones de trabajadores del sector nacionalizado resulta una grave contradicción y una traición a su clase.

[1] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/SGenN2022/PadronEleSG.pdf

[2] https://stprmnacional.org/Elecciones/SGenN2022/Acta-Circunstanciada.pdf

[3] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/CEL-22-24/35/Eleccion/PadronSecc35.pdf

[4] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/CEL-22-24/35/Eleccion/ResSecc35.pdf

[5] «El STPRM y sus 25 aspirantes», https://intervencionycoyuntura.org/el-stprm-elecciones-pemex/