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Hirschman crítico de Woldenberg

CE. Intervención y Coyuntura

En 2014 bajo el sello del Fondo de Cultura Económica se publicó la antología de ensayos de Albert O. Hirschman Más allá de la economía. La compilación realizada por José Woldenberg retomaba, con poca originalidad, el título de un libro que había aparecido en 1984 bajo el título De la economía a la política y más allá. Como toda selección, es claro que puede ejercerse crítica sobre lo que se incluyó o lo que se dejó afuera. Por ejemplo, es significativo que Woldenberg no diera ni una página al ejercicio de Hirschman de captar los experimentos de “economía popular” contenidos en El avance de la colectividad. El académico tampoco se tomó la molestia de revisar la biografía más importante y voluminosa, producida por la pluma de Jeremy Adelman.

Sin embargo, más allá de todo esto, lo cierto es que si se siguen las publicaciones e intervenciones públicas de Woldenberg no queda más que ubicarlo en lo que Hirschman denomina como un reaccionario. El ex consejero del ya desaparecido Instituto Federal Electoral se ha sumado a una estela de comentócratas que comparten, desde el andamiaje del economista alemán-norteamericano, el mismo título.

Recordemos que Hirschman analizó tres “retóricas reaccionarias” a partir de tres momentos de transformación de las relaciones sociales: la revolución francesa, la universalización del voto y la creación del Estado de bienestar. En cada uno de estos sucesos demostró tres argumentos reaccionarios:

  1. a) el efecto perverso
  2. b) la futilidad
  3. c) la del riesgo

¿En qué consisten estas retóricas?

El efecto perverso señala que, aunque hay necesidad de cambios y transformaciones, están terminarán siendo más dañinas, para decirlo popularmente: saldrá más caro el remedio que la enfermedad. Por ello es mejor dejar las cosas como se encuentran ya, construyendo al status quo como un suelo que permite que la situación no empeore.

La tesis de la futilidad señala que no importa lo que la sociedad haga en sus esfuerzos de cambio, pues la sociedad no se transforma, dando el carácter de “natural” o de tolerables a ciertas prácticas como la corrupción.

La retórica del riesgo es la que indica que cualquier cambio en realidad es más costoso que lo que se puede lograr, perdiendo lo ya ganado por cambios anteriores, dejando incluso la imagen de la necesidad de protección de instituciones o práctica que, aunque negativas, dan cuenta del supuesto progreso.

Woldenberg y muchos críticos de la 4T son reaccionarios en los tres sentidos dados por Hirschman. Algunos señalan que hay problemas estructuraeles en México, como la desigualdad o la corrupción, pero que lo que se está haciendo para combatir los males dejará resultados peores. Otros señalan que la 4T es un esfuerzo vano e inútil, pues la sociedad no cambia por medio de votos, ni de consultas populares, ni de ninguna otra forma. La posición de Woldenberg sobre la consulta de juicio a los ex presidentes y su desprecio por quienes participarán en ella es un claro ejemplo de esta retórica reaccionaria; él sólo concibe el ejercicio democrático como el ejercicio del voto para la elección de representantes y concibe la idea de consultar las políticas públicas como un ejercicio de camina en contra del “progreso”, de la llamada “transición a la democracia”, esta última mito político que contribuyó en su construcción desde 1988 y que ha funcionado como una mediación que aleja a las mayorías de la toma de decisiones.

Finalmente, la reforma del Estado (que modifica los vínculos entre Estado, sociedad y mercado) que está impulsando la 4T ha encontrado una respuesta similar por parte de la “izquierda democrática”, como denominó Woldenberg a sus amigos: en aras del cambio perderemos “contrapesos”, “órganos autónomos”, “dominio de los técnicos”.

Woldenberg pudo haber antologado a Hirschman, pero es Hirschman quien ha retratado a Woldenberg cuando escribió sobre el papel de estos personajes cuando esgrimían retóricas reaccionarias en contra de cambios en la sociedad:

…los científicos sociales que analizan el efecto perverso experimentan por otra parte un fuerte sentimiento de superioridad y se regocijan con él. […]Pero la dulzura misma y el auto halago de esta situación debería poner en guardia a los analistas del efecto perverso, como también al resto de nosotros: ¿no estarán abrazando el efecto perverso con el propósito expreso de sentirse bien? ¿No son indebidamente arrogantes cuando retratan a los humanos ordinarios como seres que van a tientas en la oscuridad, mientras que ellos mismos, por contraste, se presentan como tan notablemente perspicaces?