Habermas o de cómo el consenso nos hizo olvidar la crítica de la tecnocracia

 Jorge Puma

El impacto de Habermas en la filosofía contemporánea no es lo que era. Como buena parte de las modas ochenteras, del Pacto de la Moncloa a Madonna, la teoría de la acción comunicativa vive en la relativa paz de los anaqueles que ya muy poco visitamos. Indicativo de los tiempos que vivimos, solo el portal de Letras Libres, entre las revistas político-culturales mexicanas, parece dar aviso de su deceso. Las redes sociales han despachado al frankfurtiano en no más de 3 líneas y medio, y medio mundo se queja de una prosa difícil de seguir y llena de eternas referencias a la sociología de los años 50. Es como ver el destino de Horckheimer repetirse en un remake de inicios de siglo, la traición de una nueva izquierda entrada en años es un lugar común ya bien establecido.

Sin embargo, habría que repasar cómo Habermas acabó siendo una lectura de liberales y abogados en México a principios del siglo XXI. ¿Qué posgrados e ideas hicieron de uno de los herederos de la Teoría Crítica otro más de la baraja liberal con la que elaborar rebuscadas sentencias funcionales para nuestro neoliberalismo?

Diría que en los últimos años del neoliberalismo mexicano nadie se acordaba de la feroz crítica Habermasiana a la técnica como ideología, ni de que la situación ideal de habla se presentaba como un contrapunto al consenso político imperante en las democracias occidentales. El Habermas de los últimos años decepcionó a muchos, pero esa crítica me parece bastante facilona, sin mayor fondo. Al final, el consenso me parece que sigue siendo una presuposición necesaria para la crítica y, al mismo tiempo, un espejismo en el que se siguen perdiendo los liberales de la “Transición” en México.