Girl boss y cuidados en tiempos de neocolonialismo

Girl boss y cuidados en tiempos de neocolonialismo

Javiera Carrasco

Desde la oleada feminista de los últimos diez años, los cuidados y los trabajos reproductivos han vuelto a ser politizados y discutidos. También se ha publicado mucho sobre autocuidado, por ejemplo, en cómo resguardar los propios límites y en cómo optimizar nuestro bienestar individual a través de prácticas espirituales new age whitewasheadas. Con la masificación del feminismo blanco liberal han surgido, además, las «girl boss”, mujeres líderes, empoderadas e hiper individualistas.

En 2016 discutíamos con amigxs en Chile sobre cómo grandes tiendas del retail se apropiaban de slogans feministas para su marketing. A propósito de eso escribimos sobre el personaje de ultra derecha Alice Weidel en Alemania, destacando el fortalecimiento de un feminismo blanco en Europa. Sin embargo, años después, no ha sido ella ni la ultraderecha alemana quienes han dirigido políticas deliberadas de genocidio y neocolonialismo en Palestina, sino que en eso estuvo la girl boss progresista Annalena Bärbock del partido verde, a cargo del ministerio de asuntos exteriores alemán los últimos años. Bärbock anduvo de congreso en congreso hablando sobre política exterior feminista, apoyando incondicionalmente a Israel en su expansión territorial y su genocidio contra el pueblo palestino.

Cuando empecé a estudiar en Berlín en 2018 me acuerdo de lo inspiradas que estaban varias de mis compañeras alemanas con los recientes movimientos feministas en América Latina. Me parecía que las lecturas en estudios de género eran más críticas de lo que me había tocado en la Universidad en Chile. Pero con lo poco y nada de debate que se daba en los seminarios en la Universidad en Berlín, quedaba la sensación de que estas personas veían en la otredad de América Latina el patriarcado brutal y salvaje, al igual como lo ven en medio oriente y otros contextos del sur global[1]. Se olvidan que la mayoría de la violencia que viven los sujetos feminizados y personas oprimidas de estos contextos tiene raíces coloniales y capitalistas, y está vinculada a la autodeterminación de los pueblos y sus territorios. Cuando ha tocado abrir el tema del genocidio actual en Palestina con algunas de estas personas, sobre todo alemanas, respecto al apoyo material, político e ideológico de Alemania a Israel, o bien han habido reacciones cómplices como silencios o cuestionamientos a la autodeterminación de Palestina[2] o ha habido una negación rotunda de que en Alemania los medios manipulan la información que comparten respecto al “conflicto”[3]. En palabras de una periodista alemana: “evidentemente es un país democrático y libre”, por lo que no sería posible que los medios acá manipulen la información, como queriendo diferenciarse de “la otredad” de países del sur global donde sí ocurrirían esas cosas[4].

Al igual que Annalena Bärbock, estas personas se posicionan como feministas, así como las mujeres del ejército sionista posando con sus uniformes y armas en instagram. Pasamos de observar cómo el feminismo se convertía en marketing neoliberal a ver cómo se vuelve a instrumentalizar para legitimar procesos de despojo y exterminio. Chaimaa Boukharsa y Sara Farris (2021) lo llaman feminismo imperialista y feminacionalismo[5], pues son discursos de “liberación de las mujeres del tercer mundo” que se instrumentalizan para justificar objetivos geopolíticos de dominación colonial. Es decir, en el caso de Palestina, la entidad sionista y occidente le estarían haciendo un favor a las mujeres y al mundo al colonizar este territorio, pues estarían eliminando el “machismo salvaje” del Islam.

Para diferenciar más claramente el feminismo blanco neoliberal de un posicionamiento feminista con perspectiva anticolonial y anticapitalista podemos volver al tema de los cuidados. El feminismo blanco neoliberal se centra sobre todo en los límites, en el autocuidado individual y en el “éxito” personal, sin horizonte de liberación colectiva. Incita al empoderamiento individual, mediante estrategias de optimización del tiempo y bienestar personal, lo cual responde a una neoliberalización de los cuidados y del feminismo en general. El discurso feminista neoliberal de la girl boss sostiene y legitima el feminismo imperialista que arrasa actualmente con Palestina, medio oriente en general y con todo defensor del territorio que desafíe los intereses capitalistas del norte global. Cabe preguntarnos entonces: ¿qué queremos cuidar y con qué horizonte cuidamos? ¿Qué tipo de vida queremos cuidar y sostener? ¿Cómo serían nuestras prácticas de cuidados colectivos anticolonialistas y anticapitalistas? ¿Cómo podemos colocar en el centro el cuidado y la autodeterminación de las vidas migrantes, de las vidas trans, de las vidas palestinas, las vidas de las personas de Sudán y Congo, de los pueblos de Abya Yala? ¿Cómo nos imaginamos nuestras prácticas de cuidados colectivos en tiempos de genocidio y neocolonialismo?

“Cuidar de mí misma no es autoindulgencia, es autopreservación, y eso es un acto de guerra política”, la clásica cita de la feminista negra y lesbiana Audre Lorde, adquiere sentido cuando se retoma desde su posicionamiento antirracista. El autocuidado como un acto de guerra política, no como algo que las clases acomodadas hacen aisladas, sino como una práctica orientada a la liberación colectiva, argumenta Kathleen Newman-Bremang. Menciona que el aspecto de clase del autocuidado es algo que las mujeres negras han estado discutiendo hace mucho tiempo. En este sentido, dice que el autocuidado debería coincidir con los cuidados comunitarios, en concreto por ejemplo, a través de redes de apoyo mutuo. Estas redes son fundamentales para lograr que la solidaridad sea sostenible a mediano y largo plazo, sobre todo en un contexto de alta criminalización de activistas pro-palestina como en Alemania, donde el tejido social está profundamente roto y donde la violencia estatal crece continuamente. Cuidar en este contexto significa no solo trabajo emocional y físico, sino que también transmitir seguridad y generar sostenibilidad en la lucha. Por lo tanto, estas labores incluyen también cuidados legales, digitales y materiales.

Situarnos en cada contexto, hacer lecturas comunes de coyuntura e imaginar los cuidados colectivos que necesitamos para continuar estas luchas, son algunos de los pasos que podemos seguir dando.

Referencias:

 

  • Boukharsa, Chaimaa (2025). Feminismos decoloniales para tiempos convulsos. Ponencia en Cartagena Piensa, Cartagena, España. 
  • Farris, Sara R. (2021) En nombre de los derechos de las mujeres. El auge del feminacionalismo. Traficantes de sueños.
  • Lorde, Audre (1988). A Burst of Light: And Other Essays. Firebrand Books.
  • Newman‑Bremang, Kathleen (2020). The Urgent Need For Black Self‑Care. Refinery29.

[1] Fuera de la universidad también se organizaban conversatorios sobre los actuales movimientos feministas latinoamericanos y había una especie de admiración a los levantamientos que hubo en las universidades en Chile en 2018 contra la violencia sexual en contextos educativos o lo que fue la marea verde, que ha luchado por la despenalización del aborto en varios países del continente. Todo lo que tuviera relación con la liberación y autodeterminación de los cuerpos como individuos ha hecho mucho eco en Europa, porque son demandas que obedecen a un feminismo eurocentrado y liberal. Esto no quiere decir que estas disputas no sean relevantes, pero centrarse en ellas es muy sesgado. Es el mismo eco que hacen algunos levantamientos feministas de Irán en Europa, pues a las feministas europeas les parece central celebrar que haya mujeres en Irán que se resistan al uso del velo, sin cuestionar las lógicas coloniales e islamófobas detrás.

[2] Respecto a las reacciones cómplices, me pasó que en repetidas ocasiones, poco después de que comenzara el genocidio en octubre de 2023, me vi en conversaciones con amigas o conocidas alemanas feministas a las que les comentaba con indignación sobre lo que ocurría en Gaza y a la vez la brutal represión que se vivía en las calles en Berlín. Lo único que recibía de vuelta era silencio o excusas vagas de lo complicado que era el tema. En otros contextos, por ejemplo de activistas feministas y queers migrantes organizadxs, si bien hay un consenso general respecto a que Palestina está sufriendo un genocidio y que es prioritario solidarizarse, la mayoría de estos grupos cuestionan a la resistencia palestina y por tanto, cuestionan también su autodeterminación.  Se suman a los canticos del “Free Palestine”, pero son muy insistentes en tomar distancia de H4m4s y su “isl4mismo”.

[3] La mayoría de los medios en Alemania le llaman conflicto de medio oriente o guerra de medio oriente.

[4] De acuerdo al periodista Fabian Goldmann, 73% de las noticias transmitidas por Tagesschau están basadas en fuentes estatales. El ejército y gobierno israelí son la fuente más frecuente, con un 38%. Tagesschau es uno de los medios más vistos en Alemania. Estas estadísticas son muy similares en varios de los medios más vistos del país.

[5] Farris (2021) habla del feminacionalismo en distintas dimensiones. Una de ellas, como economía política neoliberal. Plantea que “el neoliberalismo es una formación político-económica que institucionaliza la ideología feminacionalista como parte del funcionamiento de los aparatos del Estado para (re)organizar la productividad y en concreto la esfera de la reproducción social” (2021: p. 41). Su argumento lo basa en el análisis de los componentes económicos de programas de integración civil para migrantes en diferentes países europeos.