Frankenstein y Walter Benjamin
Esteban Morales Estrada
Historiador
La reciente película del director mexicano Guillermo del Toro, que apareció hace pocas semanas en Netflix, tiene un mérito muy relevante que se relaciona con lograr una nueva versión de una historia que podríamos llamar trillada o repetitiva. En casi dos horas y media, el director de El laberinto del fauno (2006) y de La forma del agua (2017) logra darle su toque personal a esta producción, que regresa a la obra de Mary Shelley. Más allá de detenernos en asuntos técnicos, y luego de señalar la deslumbrante calidad de la fotografía y el acertado ritmo en el que se comunica la historia, la película me remitió a algunas reflexiones relacionadas con ese clásico de la filosofía marxista heterodoxa, así como de la teoría de la historia que es Tesis sobre la historia de Walter Benjamin (1892-1940). Dicho texto, de cuya lectura siempre se obtiene alguna reflexión importante, es una fuente fértil para pensar el mundo hoy, y en esta ocasión, quisiera compartir algunas relaciones de éste con la película.
Víctor Frankenstein es un personaje que puede considerarse como un genio de la ciencia, de la medicina, de la tecnología. Su gran obsesión es construir un ser con base en partes de otros seres, o más exactamente, convertir la muerte en vida. A medida que avanza la historia, Víctor pasa de ser un soberbio revolucionario de las ciencias naturales a perseguir a su propia invención y finalmente sucumbir ante ella, atormentado por su idea de privilegiar los medios sobre los fines, o lo que es lo mismo, enfocarse en el avance científico y técnico sin medir las consecuencias. Pese a conseguir el perdón de la criatura inmortal que creó, Víctor es derrotado por ella.
Luego de una carnicería impactante, Frankenstein logra crear un ser nuevo y autónomo, con partes y pedazos de cadáveres y cuerpos anónimos. Rápidamente, el científico siente que su creación es un estorbo y pierde la paciencia constantemente. Recurre a la violencia y trata de eliminar y suprimir a la criatura que le teme y que más que un monstruo irracional, parecer ser una víctima involuntaria de la ambición de Víctor. La película muestra la historia en dos vías bastante interesantes: por un lado, la trayectoria vital de un científico obsesionado por llegar a un objetivo que acaba con su familia y su vida; y por el otro, la perspectiva de un ser lanzado al mundo de la nada, sin ninguna conexión real y que poco a poco comienza a entender la brutalidad de la realidad y el hecho de la imposibilidad de su muerte. El excelente resultado del experimento, de transformar los fragmentos de la muerte en un ser pensante, desemboca entonces en una doble situación en la que su artífice se arrepiente de haber logrado el éxito científico y técnico, mientras el espectro (entendido como la imagen de personas muertas) que surge, no parece aceptar la vida otorgada con tanta perseverancia.
¿Pero cómo encaja Benjamin en este análisis?. Dos fragmentos específicos son muy interesantes para comprender las contradicciones narradas magistralmente en la película. Escribe el filósofo alemán: “Todos deben su existencia (los bienes culturales) no sólo a la fatiga de los grandes genios que los crearon, sino también a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie” (Tesis VII), y posteriormente nos dice, “Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruidos crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso” (Tesis IX).
En torno al primer fragmento de Benjamin, ubicado específicamente en la Tesis VII, la analogía está dada por la relación que se puede establecer entre el genio de Víctor y “la servidumbre anónima” de jóvenes que después de las sangrientas fiestas de la guerra, ofrecen de manera involuntaria sus órganos, tendones y músculos para construir el súper humano que llega a la vida gracias a los últimos adelantos en el control de la electricidad y a la fortuna inmensa de un interesado patrocinador. Esos pedazos de carne humana que Víctor Frankenstein ensambla a la perfección y con una maestría inigualable, son víctimas también de las desigualdades de ese período enmarcado entre el siglo XVIII y XIX, y se constituyen en carne de cañón de la guerra, que es usada para finiquitar un experimento de ambición técnica, concentrado en un objetivo, sin medir consecuencia alguna.
Por eso, la creación de Víctor, es un “documento de cultura”, que sintetiza una actitud revolucionaria de su creador, que enfrentado a las viejas instituciones médicas, usa lo último en la tecnología para llevar a cabo su objetivo de jugar a ser un creador y convertir su sueño en realidad. Sin embargo, en la película hay una permanente ambivalencia y el monstruo-víctima termina siendo un ser brutal e ingenuo al mismo tiempo, y lo que era un sueño para su excéntrico padre, quien trabajo incansablemente, acaba por ser una pesadilla.
Por otra parte, el fragmento de la Tesis IX, quizá una de las mas profundas, es muy útil también para comprender aspectos de la pieza cinematográfica y de la historia que nos comparte. Víctor Frankenstein puede ser, para esta ocasión, el “ángel” que ve cómo su vida se vuelve un caos debido a su ambición técnica y científica. Ese huracán que lo arrastra a un futuro al que le da la espalda, es el progreso que ha transformado su vida en un montículo de ruinas, personificado por su creación. El inventor, el genio, entrega su vida y sacrifica aspectos como el amor, la familia, la tranquilidad, para concebir algo que a la larga lo destruirá.
La disyuntiva anterior nos recuerda asuntos como la bomba atómica, los campos de exterminio nazi o el genocidio en Gaza que han usado las técnicas más avanzadas para la destrucción humana, enfocándose en el uso de los avances tecnológicos, dejando de lado cualquier reflexión ética o búsqueda del bienestar social. Allí es palpable entonces el peligro de un avance científico sin norte, sin objetivos, enfocado en el proceso en sí mismo, sin un telos loable, que puede significar la extinción misma de nuestra especie, debido a un crecimiento capitalista sin control que propicia un irreversible cambio en el clima planetario. La película, vista a través de los lentes de Benjamin, es un llamado de atención en torno a la posible simultaneidad del avance técnico y las posturas irracionales. La aparición de artefactos que sintetizan todo el avance de la ciencia, direccionados a la destrucción, no dejan de recordárnoslo.
*Los fragmentos citados provienen de: Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos (Bogotá: Ediciones desde abajo, 2010)