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Ficciones futuristas del pasado Maya

Lourdes Melissa Chablé Chi

Mtra. en Antropología Social

Estas son algunas reflexiones que nacen de mi trabajo de campo durante el año 2019. Mi identidad maya fue algo que se me reveló cuando estuve lejos de mi ciudad natal. Aún residiendo en mi país, me vi clasificada por algunas personas como una mujer maya por mis características físicas. Paradójicamente, cuando me encontraba en mi tierra natal, era considerada por mucha gente local como “mestiza” por el color de mi piel, mi nivel de estudio y por vivir en un entorno urbano. Entonces, me di cuenta de lo relativo que puede llegar a ser la identidad, ya que se moldea a través del reconocimiento de los otros.

En este sentido, Augé (1995) ilustra que la identidad se construye con respecto a las alteridades. En este proceso, las personas pueden mistificar más a los otros, o incluso ridiculizarlos. De acuerdo al autor, la percepción que desarrollamos de los otros pueden ser imágenes truncas, deformadas, falseadas o reelaboradas. Por su parte, Bhabha (2011) profundiza sobre los aportes de Frantz Fanon sobre el concepto de identidad. Esta identidad se presenta a partir de la mirada del otro. Sin embargo, el autor señala que cuando se trata de minorías, la mirada del otro puede resultar ser colonial. Es decir, puede ser una mirada de odio que resalte estigmas o que invisibilice al otro al grado de “despersonalizarlo”.

Por lo descrito en líneas anteriores, adoptar mi identidad como una mujer maya se ha convertido en una práctica política más que una práctica académica. Este proceso me ha invitado a observar con mayor nitidez la exotización étnica que sucede a mi alrededor. Es decir, pienso que la folklorización de “lo maya” se puede relacionar con otros discursos de extractivismo de la naturaleza y de mistificación de la zona maya como un “paraíso natural”.

En el sureste de México es notoria la publicidad que invita al turista a disfrutar de las aguas cristalinas del mar caribe al tiempo que exalta el pasado maya. Sin embargo, pienso que dichos discursos contienen una visión colonialista de “lo maya” que se refuerzan con el cine de ficción y literatura de finales del siglo XIX.[1] Como lo señalan los Comaroff (2011) en algunos parques tematizados agregan un toque de aventura, de experiencia mágica, de aprendizaje de técnicas ancestrales que hacen más exótica y valiosa la visita de quienes llegan de fuera. En consonancia con los autores citados, pienso que la exaltación de “lo maya” por parte de empresas turísticas también adquiere un “valor económico agregado”. La cultura se encarna en el acto de consumo. 

Después de la segunda guerra mundial, en la literatura japonesa, los intelectuales relataban sobre el reino desaparecido de los mayas y lo describían como una “misteriosa etnia desaparecida de la península de Yucatán” (Sukikara, 2020). La autora señala que en dichos contenidos se relacionaba lo prehispánico con los mundos fantásticos y ficcionales. Las narrativas hacían alusión a cuestiones misteriosas, irreales y de fantasía. Siguiendo con los aportes de Sukikara (2020), la mistificación de la civilización maya como una civilización desaparecida proviene de las narrativas de los viajeros occidentales aficionados a la arqueología de finales del siglo XIX y principios del siglo XX quienes romantizaron la retórica de los mayas y figuraban como los “descubridores” de una civilización desaparecida.

En la actualidad, medios hegemónicos de comunicación cuentan la historia mistificada de los mayas. Por ejemplo, la película de Apocalypto del director Mel Gibson, intenta recrear el pasado maya, pero pasando por alto datos históricos importantes. De esta forma la película ha sido criticada como una de las ficciones más caricaturescas del pasado maya.

En este sentido, muchos espacios turísticos de la península de Yucatán se convierten en parques tematizados de “lo maya”. Muchas veces son los intelectuales locales quienes no están de acuerdo con la comercialización o “representación de lo maya” en ámbitos turísticos. Algunos le han llamado peyorativamente a este fenómeno como la “xcaretización[2] (Avilez, 2018) del mayaland”.

El término “mayaland” en este caso funciona como la ficción romantizada rescatada de una película de Hollywood. El mayaland es una concepción como lo hacen los Comaroff (2011) sobre el Disneyland. El parque tematizado de “lo maya”: la selva, el agua cristalina, las ruinas más las actividades lúdicas que las personas con un capital adquisitivo pueden disfrutar. Grandes e impresionantes construcciones arquitectónicas como Chichén Itzá, Becán y Calakmul son el telón de fondo del paisaje maya. Tulum, ubicado al norte de Quintana Roo, sirve de ejemplo para reflexionar lo discutido en líneas anteriores.

Tulum: “Místico paraíso maya”

Durante mi trabajo de campo sobre partería en el año 2019, cuando me dirigía por la carretera hacia Tulum una de las cosas que más me llamaba la atención observar eran los anuncios de venta de terrenos. Pensaba que la mayor parte de las hectáreas llenas de árboles, en unos pocos años serían taladas para la construcción de nuevos hoteles, zonas residenciales y comercios.

En la entrada de la ciudad se podían observar edificaciones de hoteles rústicos, uno llamado “Xibalba” en cuyo frente aparecía un indígena maya tallado de madera, de aproximadamente dos metros de altura con plumas y un taparrabo. Así como ese hotel, varias construcciones adornaban sus escenarios con estatuillas, deidades y símbolos del calendario maya. Toda la ciudad estaba acaparada de negocios que vendían productos artesanales “mayas” o de otras culturas. A estas artesanías Escalona, (2016) les denomina etnomercancías, concepto que nos ayuda a analizar la fetichización del producto. Especialmente si al consumir productos que se piensan elaborados por una cultura indígena se cree que es una forma de conocer la cosmovisión. De esta forma la experiencia del consumo local se vuelve una experiencia exótica.

Un paraíso… si tienes poder adquisitivo

Los anuncios de terrenos en venta se hicieron presentes en varios locales dentro de la ciudad de Tulum. Los negocios de bienes raíces invitan a invertir en la compra de departamentos y vivir una experiencia única. Los nombres de los condominios hacen referencia a la naturaleza o al mundo maya. La arquitectura de las casas en venta era moderna, aunque los principales materiales fueran madera y piedras. Uno de los condominios más conocidos por su carácter de élite era “La Aldea Maya del Mañana”. Este nombre indica la temporalidad del simbolismo y la modernidad maya que las agencias de turismo desean proporcionar a los visitantes. “Aldea” evoca la idea de un pueblo del pasado y “del mañana” la proyección a un futuro con las comodidades de lo moderno. Estos condominios están ubicados muy cerca de la zona turística y su acceso es únicamente para los miembros del lugar. Los anuncios se acompañaban de expresiones como “vistas espectaculares”, “comunidad privada ecológica”, “hectáreas designadas a proteger la selva maya”. Sus precios eran de aproximadamente cuatro millones de pesos. Además, estos condominios apelaban a la creación de un estilo de vida moderno. La fusión de la antigüedad con el misticismo alude a estar rodeado por la selva baja y cercano a los vestigios arqueológicos, pero sin dejar de tener las comodidades de la modernidad, por ejemplo, luz eléctrica, internet, agua caliente, etc. De acuerdo con Duncan y Duncan (2001), la distinción social también se puede observar en el gusto y consumo de paisajes naturales. Sin embargo, estos procesos también incluyen políticas de privatización del paisaje. Los Duncan (citado por Chablé, 2020) argumentan que es posible observar relaciones entre el paisaje, la exclusión y las actividades estéticas en determinados escenarios. El estilo de vida de un determinado grupo de individuos, sus patrones de consumo, y el placer visual de los paisajes naturales contienen relaciones de clase que no siempre son evidentes. Es decir, los retiros estéticos que realizan algunas personas para el disfrute de la tranquilidad de espacios naturales generan una distinción social con las sociedades de masas, la urbanización, la contaminación y otros aspectos de la modernidad que son considerados negativos.

¿Dónde están los mayas? Contrastes sociales en la ciudad de Tulum

En la avenida principal de Tulum se encontraba la mayoría de las tiendas de artesanías y restaurantes donde se pueden encontrar productos elaborados por artesanos de diferentes partes de México: el pasar de los trabajadores por el corredor turístico hacía gran contraste con los turistas que paseaban por el lugar, los espacios públicos estaban bien definidos: entre los que iban a trabajar y los que iban a disfrutar. Así mucha de la clase trabajadora a mi parecer, casi siempre permanecía “oculta”; sus espacios quedaban en sus casas de origen o en colonias marginadas. En su mayoría los trabajadores de los hoteles, meseros, empleadas domésticas y albañiles eran personas mayas (Chablé, 2020). Esta imagen del maya moderno proletarizado contrasta con el maya prehispánico que adorna los lujosos hoteles.

La ciudad de Tulum recibe a varios trabajadores mayas de poblados cercanos y también turistas internacionales que pagan cuantiosas cantidades para estar en un hotel “ecofriendly” y “ecochic” frente al mar. Con “ecofriendly” me refiero especialmente a hoteles que promueven la sustentabilidad a través de prácticas como el uso de baños secos, el ahorro de energía eléctrica al tiempo que se encuentran frente al mar y cuentan con un mal manejo de sus aguas residuales. El término “eco–chic” hace referencia a las modas, principalmente estéticas, que incorporan un estilo de vida alternativo, saludable, pero también dan cuenta de un poder adquisitivo que permite el consumo de productos orgánicos, naturales o alternativos en los espacios turísticos. A este fenómeno otros autores lo han llamado capitalismo verde. Con las descripciones anteriores quiero dar cuenta de la segmentación social de Tulum. En la ciudad se aprecia un corredor pintoresco para los turistas, pero también “terrenos invadidos” principalmente por albañiles y jornaleros que no tienen para pagar cuantiosas cantidades de renta.

En uno de mis primeros días de estancia en Tulum le pregunté a un taxista quiénes eran las personas que se encontraban viviendo en esos terrenos abandonados, en casas de madera y me respondió en un tono enojado, –“¡son invasores, puros invasores!” –irónico dada la presencia de los empresarios extranjeros– “¡Tulum está repleto de ellos!”– sin embargo, con la palabra invasores hacía referencia a ese sector empobrecido y racializado que no quiere pagar rentas excesivas. Con invasores no se refería a los nuevos colonos, principalmente extranjeros, que han comprado terrenos para el establecimiento de sus negocios.

En contraste con las representaciones turísticas de “lo maya” que exaltan un pasado y un futuro glorioso, para las personas locales la representación de “lo maya” se vincula a un proceso de rescate y recuperación de su pasado que los une con su familia y tradiciones. Ante los cambios generados por la globalización y el crecimiento económico de zonas turísticas y el empobrecimiento de localidades mayas han surgido agrupaciones de jóvenes que reclaman su pasado indígena y disputan su futuro en una etapa capitalista y neoliberal. Ante la revalorización de su identidad maya se organizan para compartir los conocimientos y estar más en contacto con sus abuelos y abuelas. En algunas de las actividades culturales a las que asisten recuperan la historia de la Rebelión Social Maya. Éste es un símbolo de identidad, pues, esta región fue cuna de “los rebeldes mayas” que se alzaron en contra de la explotación colonialista. Así, muchas agrupaciones de jóvenes no sólo recuperan su pasado indígena, sino que despliegan su filosofía hacia un futuro como repensar en la situación socioambiental y los efectos del desarrollo turístico en sus vidas.

Bibliografía

Augé, M. 1995. Nuevos Mundos. Antropología de los mundos contemporáneos, México Gedisa. Pp. 123-164.

Avilez, G. 2018. “La xcaretización del mayaland”. Noticaribe. Recuperado de: https://noticaribe.com.mx/2018/09/18/la-xcaret-izacion-de-mayaland-por-gilberto-avilez-tax/

Chablé, M. 2020. Etnicidad y generación de públicos en el uso de la partería en dos ciudades del sur de México. Antrópica. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades6(11), 307-329.

Bhabha, H. 2011. El lugar de la cultura. Buenos Aires, Manantial.  Pp 17-38.

Comaroff, L. & Comaroff, J. 2011. Etnicidad S.A. Katz Editores. 

Duncan, S., & Duncan, N. 2001. The aestheticization of the politics of landscape preservation. Annals of the association of American geographers91(2), 387-409.

Escalona, V. 2016. Etnomercancía y sobrefetichización ensayo de mirada estereográfica. Relaciones Estudios de Historia y Sociedad 148, 259-288.

Sukikara, F. 2020. Vibración del pasado perdido. Discursos acerca de la otredad maya en el Japón de la posguerra. EntreDiversidades. Revista de ciencias sociales y humanidades7(1), 210-240.

[1] Sukikara (2020) argumenta que las voces de los intelectuales del Japón que deseaban narrar el pasado maya buscaban asociaciones con la historia de Japón. Estos grupos se interesaban en explicar los motivos presentes de los discursos de las «artes mayas” y “lo maya” lo asociaban con el misterio de la civilización desaparecida. En la época de la posguerra los intelectuales comenzaron a elucubrar mucho más sobre el misterio de los mayas.

[2] Este término proviene del parque acuático y temático “X-caret” ubicado en el estado de Quintana Roo. Ofrece la experiencia de la aventura en ríos subterráneos y espectáculos de rituales de los mayas prehispánicos. 

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