El Escudo de las Américas o la infructuosa búsqueda de un amo
Natán Hinojosa
En cierto punto del desarrollo histórico, las clases se apartan de sus partidos tradicionales, o sea que los partidos tradicionales en aquella especial forma organizativa, con aquellos hombres determinados que los constituyen y los dirigen, no representan ya a su clase o fracción de clase. Esta es la crisis más delicada y peligrosa, porque abre la puerta a los hombres providenciales o carismáticos.
Antonio Gramsci
Para nadie es ya una noción nueva la profunda crisis que arrastra el imperialismo estadounidense, alta inflación, tasas de interés elevadas, una perdida masiva de empleos y una guerra comercial impulsada por aranceles. Décadas de políticas de desindustrialización han creado un atolladero autoinducido, resultado de inundar de dólares los mercados para comprar todo lo que los estadounidenses ya no pueden producir, la perdida de los empleos manufactureros tradicionales a causa de la automatización (producto del desarrollo de las fuerzas productivas) y la deslocalización (buscando siempre mano de obra educada y barata) han creado una crisis donde la alta producción de las nuevas potencias emergentes se suma a la dependencia estadounidense de importaciones que generan enormes tensiones que el alza de aranceles para chantajear alguna forma de reindustrialización han fallado catastróficamente.
Esta crisis no es nueva, la ortodoxia neoliberal que exige eliminar al Estado de bienestar y privatizar las empresas públicas ha llevado a una inmensa concentración de riqueza en un puñado de empresas que restringen cualquier forma de competencia, el libre mercado, tan cacareado desde los años setenta del siglo pasado, solo ha creado inmensos monopolios.
Con el fin de la edad de oro del capitalismo estadounidense que siguió a la II Guerra Mundial el sistema imperial estadounidense intentó solucionar las contradicciones (automatización del trabajo y mejora tecnológica por una parte junto a las conquistas salariales y sociales de los sindicatos estadounidenses) que disminuían las tazas de ganancia de los empresarios estadounidenses llevando su flujo de inversiones hacia países subdesarrollados donde la mano de obra estaba lo suficientemente educada como para ser eficiente, pero lo suficientemente desesperada como para venderse por precios de hambre: así, la tasa de ganancia logró restaurarse temporalmente.
Pero mientras deslocalizaba su industria en China, Sudáfrica, México o India, Estados Unidos mantuvo su carrera armamentística para mantenerse como la potencia imperial, con cientos de bases militares alrededor del mundo y un ejército masivo para intervenir contra cualquiera que cuestionase el estatus quo ¿Qué significa esto? Que el capitalismo estadounidense concentra y se apropia de la riqueza producida por millones de trabajadores alrededor del mundo, aunque no cree nada de esta riqueza. La estructura económica-militar estadounidense se creó para transferir, concentrar y especular con esta riqueza, en detraimiento no solo del mundo, sino incluso de millones de trabajadores estadounidenses que no solo quedaron desamparados, sino también ideológicamente incapaces de comprender su realidad, al carecer de las herramientas para comprender no solo cómo funciona el capitalismo, sino incluso incapaces de vender su fuerza de trabajo para el capitalista estadounidense, quien contrata su mano de obra especializada en los países del sur global.
Esta crisis, donde Estados Unidos depende solo su industria militar para mantener su liderazgo global lleva acelerando lentamente desde la crisis del 2008 que Obama no resolvió al salvar a los especuladores inmobiliarios que crearon la crisis usando dinero público, solo la trasladó al futuro. Y el futuro es hoy: el imperialismo estadounidense tiene los días contados porque es incapaz de recuperarse como centro industrial manufacturero, reducido a solo centro del capital financiero su poder se mantiene al controlar el sistema monetario y de comercio global mediante la brutalidad militar.
Estados Unidos produce cada vez menos, su modelo imperialista (la fase superior del capitalismo) no es un error, es la manifestación geográfica e histórica en el cual se colocó al capital financiero por encima del desarrollo de las fuerzas productivas reales, incluso cuando eso socava la base material de su propia hegemonía. El sistema estadounidense, planificado para pensar en trimestres (por no hablar de décadas e incluso años) no puede romper con su propia dinámica, y, al mostrarse incapaz de superar sus propias contradicciones ha terminado por generar su propia ruina. Y como dijo Gramsci, cuando lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir es cuando surgen los monstruos: Donald Trump es uno de ellos.
La crisis es peligrosa, porque es transversal a los dos partidos hegemónicos de la burguesía estadounidense, los republicanos y los demócratas, todas sus estructuras políticas e ideológicas se encuentran profundamente comprometidas con la continuidad del proyecto neoliberal, pero ante la incapacidad económica de mantener el proyecto, se acelera la apuesta por mantener este proyecto por cualquier medio, incluido el proceso de fascistización que sufren en mayor o menor grado ambos partidos dominantes. Cuando la crisis no encuentra una solución orgánica se busca un hombre providencial, un líder, un caudillo, un duce, un führer, un Donald Trump diciendo que harán nuevamente grande a los Estados Unidos.
Trump es básicamente el sistema político estadounidense sin corrección política alguna, es la representación de cualquier político estadounidense cuando se desacompleja: menos hipócrita, contradictoriamente mentiroso en sus formas, pero sincero en su objetivo, sin rastro de vergüenza en su psicópata obscenidad.
Pero esta crisis no es solo estadounidense ¿es acaso difícil de comprender como un sistema latinoamericano moldeado por décadas por el imperialismo estadounidense para el sometimiento político y el saqueo extractivista se enfrenta a la misma crisis que ocurre en el centro imperial? Por décadas el imperialismo impuso una violencia descarnada contra quienes se atrevieron a desobedecer al centro imperial, los golpes de Estado contra los gobiernos soberanos en Chile, Guatemala, Brasil o Ecuador, la matanza del 2 de octubre en la plaza de Tlatelolco, la Operación Condor y sus perros entrenados para violar y sus vuelos de la muerte en toda Sudamérica, el financiamiento de la contra que luchó contra el gobierno sandinista, el financiamiento de la National Endowment for Democracy a todas las “izquierdas” antileninistas (como anarquistas o trotskistas), el envío de cientos de misioneros para predicar el evangelismo y el pentecostalismo como propaganda cristiana anticomunista o las políticas de bloqueo y sanciones contra Cuba y Venezuela no solo hicieron sufrir a los pueblos latinoamericanos, sino que crearon una clase política de una derecha sin imaginación ni creatividad que existe tan solo para satisfacer ciegamente todos y cada uno de los caprichos estadounidenses.
En el siglo XXI ¿Qué son organizaciones como el Cartel de Jalisco Nueva Generación sino los proxis de Estados Unidos para saquear aún más al pueblo de México? la crisis por la extracción de plusvalía nacional los obliga a recurrir a nuevos medios inmorales (como la violencia cognitiva y simbólica que representan los narcocorridos sean en su versión alterada o tumbada, en cuyas casas productoras se lava el dinero del narco) o directamente ilegales (como entregar armas y entrenamiento israelí a los sicarios del cartel) para extorsionar empresas y ciudadanos privados y así aumentar su tasa de ganancias en constante decrecimiento. No es ninguna ironía cuando aparecen memes llamando al Mencho “agente de la Mossad”, en realidad es una descripción bastante precisa, fuese o no consciente de ello el abatido líder del cartel.
La violencia y vulgaridad del ejecutivo estadounidense no son solamente atributos de Trump, sino sujetos del deseo moldeado por el capitalismo. Trump y la corte de lacayos latinoamericanos que lo rodean (como Kast, Milei, Machado, Noboa, Chaves, Mulino o Bukele) son la personificación del capitalismo en su etapa de neofascista, cuando solo les queda el sometimiento y la intimidación imperialista.
La exclusión de países como Colombia, Brasil o México no es casualidad alguna, es el resultado obvio de los países que han logrado diversificar su economía, los que bien o mal, de forma incoherente o contradictoria han logrado diversificar su economía y por ello tener la oportunidad de escapar del cerco imperial, por eso, serán quienes enfrenten las agresiones del criminal presidente naranja. Podemos estar en desacuerdo con Sheinbaum en política interior, como su falta de respuestas a madres buscadoras, la reducción de la jornada laboral o su incumplimiento de la promesa de reformar la ley del ISSTE del 2007, mientras que en política exterior podemos apoyar y aplaudir las relaciones comerciales con China, el alejamiento de la diplomacia con el ente sionista o los envíos de ayuda humanitaria a la Cuba asediada; podemos aplaudir estas políticas y pedir que se radicalicen, debemos apoyar toda ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, debemos apoyar la creación de un bloque económico latinoamericano antimperialista mientras también pedimos que se reanuden y aumenten los envíos de petróleo, porque la supervivencia de la Cuba que derrotó a los mercenarios de la CIA en la batalla de playa Girón es una victoria para todos los pueblos latinoamericanos.
Lo que nos revela el Escudo de las Américas no es solo una nueva ofensiva contra los pueblos latinoamericanos, sino la última acometida del neoliberalismo en su etapa de mayor putrefacción: acentuamiento de las divisiones de clase, normalización de la desigualdad, explotación de recursos naturales y mano de obra de forma descarada, mercantilización de todo lo que existe, degradación cultural y anhelo a pertenecer a la parasitaria clase Epstein. Nos acostumbramos a que el Estado y sus aparatos ideológicos encubran o maquillen esta situación, que estos excesos de crueldad e impertinencia sean ocultados de la vista pública, pero en plena crisis Trump y sus cipayos latinoamericanos muestran su verdadero rostro, el de la decadencia capitalista que acelera su autodestrucción al personificarse en el neofascismo estadounidense, tan vano como cruel, peor que malvado: estúpido y degenerado.