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El CIDE: ¿autonomía como restauración?

CE, Intervención y Coyuntura

En los últimos días, la situación se ha precipitado al seno de los sectores medios opositores al gobierno que en esta ocasión se han aglutinado bajo la demanda de autonomía para el CIDE y de rechazo a las reformas del órgano que ha emprendido el CONACyT. Aprovechando los resquicios de un gobierno en el que actúan varias fracciones y grupos, el saldo ha sido una decisión dividida, aunque mayoritaria, de transformación de las reglas más generales que organizan la vida interna. La 4T no ha sido muy clara, tampoco, en el destino que tendrá la institución, sobre todo en el entramado conflictivo de un sector académico que se niega a negociar y ha asumido una posición maximalista de todo o nada.

Respecto a la demanda de autonomía, hasta ahora, el movimiento no ha elaborado algún tipo de documento –en realidad sobre ningún tema en específico– en donde se pueda profundizar en su lógica, su trayectoria, su inserción en el debate público, por lo que sólo queda la intuición y algunas declaraciones en medios para acercarnos a su prospección de autonomía y cuál es la finalidad de ésta.

En la pasada marcha del 13 de diciembre, Javier Aparicio, profesor de dicha institución dijo ante medios:

Creemos que para el ejercicio de una educación libre es fundamental contar con autonomía para que no nos estén diciendo que sólo las universidades autónomas pueden ejercer su libertad de cátedra o su libertad de expresión, para que no nos digan que somos burócratas, que somos una paraestatal y no nos queda de otra más que esperar a que la directora del Conacyt decida quién quiere que nos dirija, estamos en contra de eso. No creemos que nuestras libertades y derechos estén supeditados a qué partida presupuestal o qué ley secundaria es la que nos da cobijo. Esa es nuestra primera petición: queremos autonomía. Es posible que a otros centros públicos de investigación les interese esto, ya lo veremos.[1]

Como se puede apreciar, se entiende a la autonomía como un concepto administrativo, como autodeterminación orgánica de la no-injerencia del gobierno –en este caso del órgano regulador de la política científica– en los asuntos internos de la institución. En ese sentido vale la pena reflexionar en porqué hasta ahora aparece esta demanda en el imaginario de cierto segmento de esta comunidad, asociada a los buenos dividendos de ser la “elite” (según escribio Mauricio I. Dussauge Laguna, académico de la institución en Nexos[2]) ¿Acaso antes no había injerencia por parte del gobierno? o ¿Cuál era la relación que mantenía el CIDE con él, que dicha injerencia nunca la vieron con un carácter negativo?

Hace poco, Hugo Aboites mostró algunas de las formas de cómo el CIDE aportó a la implementación de políticas neoliberales en la educación,[3] y más recientemente, Luis Hernández Navarro ha mostrado cómo el CIDE “se involucró en la defensa de los paramilitares de Acteal que ultimaron a los integrantes de Las Abejas”[4] en 1997. Ambas visiones dan cuenta de algunas de las relaciones que estableció la institución con varios de los gobiernos que articularon una serie de políticas neoliberales.

Por otra parte, el conflicto que hoy se desata en el CIDE no puede decirse que aparece en cielo sereno, sino en el marco de un cambio en la relación entre los centros de investigación CONACyT con el actual gobierno de la 4T. Es decir, el conflicto estudiantil agrupado alrededor de #YOdefiendoalCIDE es una faceta de un discurso que considera que la 4T realiza un ataque a “la ciencia” (fetiche abstracto que se ha puesto de moda, sin evaluar las instituciones, mediaciones, prácticas y tensiones), en donde se percibe que la imposición de Jorge Telleache como director es la manifestación de dicha embestida. Es en este marco que se suscita la demanda de autonomía.

Ante la demanda de autonomía por parte de un sector de la comunidad del CIDE, vale la pena recordar –como ejemplo y experiencia– lo que ha representado la autonomía para la UNAM, en donde ha funcionado como una mediación que ha tenido diversas aristas y su estudio no es sencillo, por lo que sólo nos ceñiremos al cómo ha sido utlizada por algunos sectores de su comunidad.

Por un lado, la izquierda universitaria ha considerado la autonomía como un escudo frente a la represión policiaca y militar, y sin embargo, en repetidas ocasiones –gracias a los sectores conservadores, tanto internos como externos, que han llamado a un supuesto “reestablecimiento del orden”– la autonomía ha sido quebrantada en diferentes ocasiones, con el aplauso de sectores de su comunidad y de la prensa[5]; por cierto que muchos propulsores de la autonomía del CIDE –como Sergio Aguayo– en su momento fueron entusiastas del ingreso policial a la UNAM. Por otro lado, la autonomía ha funcionado para oscurecer las redes políticas que los directivos tienden con el sector empresarial, incluso haciendo pasar por una cuestión académica, el uso o la renta de los espacios universitarios sin que ello esté reglamentado en la Legilación Universitaria. Ya no se diga de la producción teórica de la institución, pues conviven publicaciones de orientación de izquierda con textos apologéticos de las políticas neoliberales, por más que Leonardo Lomelí Vanegas, el secretario general de la UNAM, quiera presumir la “orientación crítica” de la institución a través de sus impresos y producciones culturales.[6]

Es decir, la autonomía no es sinónimo de democracia, ni garantía de no injerencia del gobierno en la libertad de cátedra, ni muestra de la orientación crítica de una institución y, desgraciadamente, en las instituciones autónomas del país ha funcionado para refrendar el poder de los grupos y cúpulas, haciendo de la autonomía letra muerta al enmascarar las relaciones de poder que allí se reproducen, y conviertiendo a las instituciones en soliloquio de grupos políticos y económicos que hacen de la crítica académica una conservación del status quo.

El camino de la transformación de esta situación es arduo, pues requiere llevar la autonomía a su máxima expresión, es decir, generar un verdadero diálogo entre las comunidades que recupere la polifonía de voces para hacer de las instituciones académicas espacios de crítica y autocrítica del país, espacios que incidan de manera activa en el devenir de la nación. Algo similar a la propuesta de autogestión académica de José Revueltas que trataba de eludir este componente oscuro de la autonomía. Pero la autogestión académica no es un manual, sino una propuesta que fue enarbolada para un momento concreto que debe ser tomada con tiento, actualizarla, reinterpretarla y traducirla a nuestro contexto.

Lo más preocupante es que el movimiento del CIDE, en su demanda de autonomía, no reflexiona en estas problemáticas; de manera acrítica e inmediatista perfilan una autonomía que les permita seguir operando como antes, sin ningun cambio. Más que una conquista que colabore a modificar las formas del gobierno universitario, aportando en algun renglón, en realidad se pretende generar una restauración del estadio previo a lo que consideran la trastocación del orden. En su análisis han identificado a su enemigo: Jorge Telleache y María Elena Álvarez-Buylla; de manera que sus objetivos se ciñen a la remoción del primero y a la no injerencia de la segunda; dichos objetivos se acercan a dos polos: a) un sector crítico de izquierda que considera que la 4T tiene un desprecio por la actividad intelectual (“el ataque a la ciencia”); y b) un sector del antiobradorismo que ve toda acción del gobierno como negativa. Si bien esta propuesta de división es arbitraria, da cuenta que en el movimiento están puestas diversas expectativas ante las cuales el movimiento tendría que posicionarse y marcar algo nodal: su independencia política, pues sin ella será presa de otros intereses como hasta ahora ha sido en la clara pallidización de la protesta, en donde caras conocidas de los grupos de presión de la Unviersidad de Guadalajara no solo han estado presentes, sino que se han volcado de manera decidida.

Sin independencia política, su demanda de autonomía sólo expresa el deseo de regresar a la anterior relación que tenían con el gobierno –siempre que ésta le sea afín a sus intereses y privilegios de ser una “élite” en palabras de Mauricio Dessauge[7]–, aquella que Hugo Aboites y Luis Hernádez Navarro han denunciado, en donde el CIDE se convirtió en uno de los enclaves que construyó el consenso neoliberal y avaló la paz de los sepulcros que nos dieron los gobiernos neoliberales.

[1] Alida Piñón, “«Queremos autonomía»: comunidad del CIDE” en El Universal, 14 de diciembre de 2021. [https://www.eluniversal.com.mx/cultura/queremos-autonomia-comunidad-del-cide]

[2] Mauricio I. Dussauge Laguna. “Defiendo al CIDE porque defiendo a México” en Nexos, 10 de diciciembre de 2021. [https://www.nexos.com.mx/?p=63696]

[3] Hugo Aboites, “Un rincón cerca del cielo” en La Jornada, 18 de diciembre de 2021. [https://www.jornada.com.mx/2021/12/18/opinion/018a2pol?fbclid=IwAR0twzR4Tg9d5QV7XYfRfOuUDzxUuIeKpK7oqaZ3QoEAjzjCkZ5GUWaO03M]

[4] Luis Hernández Navarro, “El CIDE y la masacre de Acteal” en La Jornada, 21 de diciembre de 2021. [https://www.jornada.com.mx/notas/2021/12/21/politica/el-cide-y-la-masacre-de-acteal/]

[5] Ismael Hernádez Lujano “El CIDE, más allá del derecho a la protesta” en Intervencion y Coyuntura. Revista de Teoria y Crítica Política, 9 de diciembre de 2021. [https://intervencionycoyuntura.org/el-cide-mas-alla-del-derecho-a-la-protesta/]

[6] CE, Intervención y Coyuntura, “Universidad y Conciencia crítica” en Intervencion y Coyuntura. Revista de Teoria y Crítica Política, 5 de noviembre de 2021. [https://intervencionycoyuntura.org/universidad-y-conciencia-critica/]

[7] Mauricio I. Dussauge Laguna. Op. cit.