Decodificando la transformación del régimen oligárquico mexicano: reseña a 4T, claves para descifrar el rompecabezas

Luis Rodrigo Wesche Lira

 Dejando de lado las descalificaciones y respuestas simplonas sobre la esencia y las formas de eso que su líder ha autodenominado la Cuarta Transformación (4T) de México, la académica Blanca Heredia y el analista Hernán Gómez han coordinado un libro cuya pretensión es precavida y, a la vez, atrevida. Desde julio del 2018, aunque acentuado desde diciembre de ese año y aún más en medio de una crisis sanitaria-económica, el esfuerzo por entender un fenómeno bastante singular ha quedado cancelado. En parte por la sacudida de ciertas concepciones tecnocráticas sobre el gobierno y su relación con la sociedad, otro tanto por la ruptura que significó la victoria de Andrés Manuel López Obrador, también porque la 4T todavía carece de un relato sobre sí misma y su único intérprete es su principal protagonista (aunque no el único actor) y, por último, por la dificultad intrínseca al aproximarse a un proceso en construcción o, en palabras de los coordinadores: “un rompecabezas que se va armando sobre la marcha, con muchas dificultades, vacilaciones e incertidumbres”. Ante esta falta de comprensión, la intención de sus coordinadores y autores, no todos votantes o simpatizantes de AMLO, no consiste en establecer una narrativa completa y definitiva, sino sólo ofrecer pistas, preguntas e hipótesis sobre el proceso iniciado en 2018, no exento de contradicciones y contrastes igual que su líder.

El libro está dirigido a quienes aprueban algunas acciones de la administración y desaprueban otras, así como a aquellos que votaron por AMLO y han resultado desencantados. Lo componen diecisiete ensayos, agrupados en dos secciones: la primera presenta reflexiones “de gran angular”, donde los autores analizan el gobierno obradorista en su conjunto, mientras que la segunda sección consiste en un “zoom in” a políticas y acciones más específicas. Al ser una obra compuesta por distintas plumas, proponer distintas reflexiones y generar varias interrogantes, es imposible comentar ensayo por ensayo, a pesar de que cada uno lo merecería. Por este motivo, centro mi atención en dos que considero contienen sustancialmente el mapa para entender el rompecabezas en construcción que es la 4T, aunque por momentos apunto algo sobre el resto de los escritos que pueden pensarse como complementos en los cuales encontramos detalles y matices ausentes en los otros dos.

Complemento histórico. Lorenzo Meyer realiza una revisión de las “transformaciones” o cambios de régimen previos a la 4T. A diferencia de las anteriores transiciones (Independencia, Reforma y Revolución), la transformación encabezada por AMLO transita por una vía pacífica y democrática, cuya meta es la construcción de un nuevo régimen político que centre su atención en los más pobres.

¿Cómo pretende llevar a cabo esa transformación? El primer ensayo que da las principales claves para descifrar ese proceso es el de Blanca Heredia, titulado “El régimen oligárquico mexicano y su complejo desmontaje”. Aquí muestra cómo México se ha convertido en uno de los países más desiguales, donde los ricos han aumentado su riqueza (en 2014 los cuatro mexicanos más ricos del país concentraban el 9% del PIB), mientras que el resto de los mexicanos han presenciado la disminución de los empleos formales y del poder adquisitivo de sus salarios, y cómo frente a esta situación el gobierno de AMLO tiene como meta desmontar ese “arreglo oligárquico” por una vía pacífica y sin poner en riesgo la gobernabilidad del país. En síntesis, el propósito del proyecto de la 4T no es acabar con los ricos, sino “domesticarlos”.

La autora destaca la singularidad y, por consecuencia, ambigüedad de ese fenómeno político autodenominado la 4T del país. Tratar de comprenderlo ha sido un reto, pues ha desestabilizado las certezas y los lenguajes analíticos fraguados al calor del neoliberalismo y su respectiva visión centrada en la libertad individual y defensora del libre mercado, aunque en la realidad mexicana (y en el mundo) operó de distinta manera a lo esperado por las teorías de sus académicos e intelectuales. Específicamente en México generó un arreglo oligárquico, un “arreglo legal y extralegal ─subrayo legal─ centrado en la defensa y reproducción de un orden social caracterizado por la concentración extrema de la riqueza material en un pequeño grupo de personas”. La élite beneficiada de ese arreglo ejerció su influencia indirectamente, a través del “ejercicio de su poder estructural”, es decir, por medio su impacto en la agenda de gobierno, financiando campañas políticas y cabildeando en el Poder Judicial y ONGs.

Aunque un arreglo de este tipo pareciera imposible en una democracia, Blanca Heredia aclara que no es contradictoria su existencia, pues el poder oligárquico deja a la democracia la política de las áreas que no son de su interés, mientras los beneficiados de ese arreglo concentran su atención en las que sí les importan, a saber, el área fiscal y la laboral. Considerando esto adquiere claridad el discurso enarbolado por AMLO acerca de combatir la corrupción, separar el poder político y el económico, y el particular cuidado mostrado en aspectos técnicos de las dos áreas mencionadas. A decir de Viridiana Ríos, en su texto sobre la «élite tropical», AMLO diagnosticó y tradujo la falta de resultados del proyecto neoliberal, a diferencia de esas élites que han mantenido una desconexión con las clases populares, tachándolas de ignorantes o resentidas.

Al respecto de lo fiscal en el escrito de Diego Castañeda encontramos un estudio sobre lo que él denomina “la estrategia del agricultor” seguida por el gobierno federal, la cual consiste en cultivar cambios graduales para que su acumulación hagan viable posteriormente cambios más profundos. La crónica debilidad fiscal del Estado mexicano, acompañada de un sistema fiscal regresivo, vuelven necesario y urgente una reforma fiscal, sin embargo, reconoce que sin legitimidad y disminución en la corrupción, no hay condiciones para dicha reforma (aunque al autor por momentos antepone en su análisis su “deseo” de que hubiera una reforma al inicio del sexenio y una concepción limitada de la legitimidad, pues la reduce a un asunto meramente electoral). Hay una determinación de hacer cumplir la ley en materia de impuestos por medio del combate a la evasión y la elusión fiscal, reflejada en el monto recuperado por el SAT en los primeros dos años de gobierno: 736 mil millones, más del 3.5% del PIB.

Sobre el área laboral Irving Rojas explica que el gobierno de la 4T ha buscado distanciarse de la premisa neoliberal de mantener salarios bajos para ser competitivos internacionalmente. En contraste, en los últimos tres años hemos visto aumentos históricos al salario mínimo (16.20%, 20% y 15% en orden cronológico), el esfuerzo por eliminar las prácticas de subcontratación, violatorias de derechos laborales, a través de la reciente ley para regular (cuasi-erradicar) el outsourcing. También menciona la reforma a la Ley Federal del Trabajo, publicada el 1 de mayo de 2019, a través de la cual se democratizó la vida sindical, garantizando elecciones libres y secretas y que los contratos colectivos sean del conocimiento de sus trabajadores.

Para Blanca Heredia el saque inicial, al cual seguirían los avances comentados en el ámbito laboral y fiscal, fue la cancelación del NACIM. Por medio de esta “decisión de poder” el presidente demostró que la dirección del país ya no estaría en los oligarcas, sino en su gobierno con respaldo popular. Sin embargo, AMLO ha mandado señales para disminuir la intensidad de la confrontación, gestos que muestran su intención pacífica de transformar al país: priorizar la estabilidad macroeconómica, cuidar la relación con Estados Unidos, conceder poder a las Fuerzas Armadas, aumentar y bajar la velocidad de su combate a los privilegios de la oligarquía, según las circunstancias, y concentrar el poder político en su persona.

Dicho esto, la autora concluye que el propósito central de la 4T es deshacer, desestabilizar las redes oligárquicas que han mantenido al país sumido en la desigualdad extrema y, por ende, a gran parte de la población en pobreza. La autora hace el símil con la reparación de la plomería a fondo de una casa: por supuesto, genera incomodidad y lo ideal sería que no lo hiciera, sin embargo, es la única opción de cambio posible en el horizonte.

Complemento de gobernabilidad: Gustavo Gordillo estudia la gobernabilidad realmente existente, por la cual entiende un estado de equilibrio entre demandas societales y la capacidad del sistema política para responder de manera legítima y eficaz. AMLO heredó un déficit de gobernabilidad, el cual ha pretendido resolver a través de la transformación del Estado basado en un doble movimiento: anular a los contrincantes y movilizar a los simpatizantes. Con base en los símbolos, la reorganización de la ingeniería del Estado, una alianza fuerte con el ejército, las reuniones de seguridad y su conferencia “mañanera”, donde se discute la política nacional y se giran instrucciones, el presidente de México pretende reestablecer una gobernabilidad corroída. No sin tener un punto ciego, a juicio del autor: hablar de los excluidos del discurso y la acción política no significa asumirlos como actores centrales.

El segundo ensayo que a mi juicio da las claves para descifrar la 4T es el de Edwin F. Ackerman, cuyo nombre es “El combate a la corrupción como economía política”. El autor recuerda cómo AMLO hizo de la lucha contra la corrupción su lema de campaña en el contexto donde el país había caído al lugar 138 de 180 en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional. El combate a la corrupción no tiene tanto que ver con la defensa de un legalismo superficial, sino más bien con el reconocimiento por parte de AMLO de una profunda conexión entre corrupción y neoliberalismo. A diferencia de los gobiernos de la transición y sus intelectuales, los cuales entendían las reformas neoliberales como una herramienta anticorrupción, el presidente encuentra en el neoliberalismo la causa de la corrupción.

El autor, siguiendo al geógrafo David Harvey, concibe el neoliberalismo como un proyecto político de la clase dominante para restaurar la capacidad de acumulación de capital. Esto significó que en cuanto se puso en marcha el proyecto neoliberal en el mundo ─a partir de la década de 1970─ las clases dominantes buscaron revertir los logros de las clases trabajadoras, privatizar lo público y desregular el mercado financiero, así como reducir los impuestos y volver públicas las deudas privadas. El discurso neoliberal había difundido la idea de que las empresas estatales y los sindicatos eran sinónimo de corrupción. En sintonía con esta visión, combatir la corrupción suponía desmantelar el monopolio del Estado en sectores claves de la economía y dejarlos en manos de los privados.

No obstante, en el caso de México: “el neoliberalismo realmente existente en el país no fue una separación y contracción simple del Estado en relación con el mercado, sino su instrumentalización con fines de lucro privado”. Aconteció la transferencia del erario al bolsillo del sector privador por mediación de los políticos, y hasta podemos agregar que los políticos se convirtieron en empresarios gracias a contratos a modos, la mala costumbre de comprar productos de distinta índole o contratar servicios a sobreprecio, entre otros mecanismos que revelaron las redes de corrupción y su pericia para saquear el país, como queda manifiesto en el caso Odebrecht o la llamada “Estafa Maestra”. Frente a esa corrupción endémica, la solución de algunos académicos y miembros de ONGs fue la creación del Sistema Nacional Anticorrupción ─una estructura de coordinación entre poderes y órganos públicos─, cuyos costos serían elevados por el tamaño de su burocracia. Así, nadie veía el elefante en la habitación; la relación neoliberal entre Estado y economía se mantenía intacta.

En contraste, la 4T ha planteado que “la solución no puede resultar sólo de un rediseño de las instituciones públicas, sino de un reajuste fundamental de la relación Estado-mercado”. A ese reajuste estarían orientados la cancelación del NAICM, el combate al «huachicoleo» a gran escala (a la estructura paralela incubada dentro de PEMEX y conectada con empresarios y grupos criminales), la austeridad republicana que eliminó a los intermediarios en la distribución de los programas sociales, los fideicomisos opacos y las prácticas de subcontratación. También en esta dirección habría que situar el protagonismo de la UIF, encabezada por Santiago Nieto, que ha congelado más de 31 mil cuentas bancarias y 7 mil millones de pesos, así como la lucha contra las factureras, la eliminación de las condonaciones de impuestos, y el aumento de las multas de la Función Pública, así como el récord del 90% de declaraciones patrimoniales hechas. La síntesis de toda esta labor residiría en haber tipificado la corrupción como delito grave. El único inconveniente de esta nueva economía política residiría en la tendencia a aplazar una reforma fiscal.

Para cerrar la pinza sobre la comprensión de esta economía política, en su ensayo Mario Campa explica algunos elementos más que la conforman: la reorientación del gasto social en el sureste del país, la austeridad republicana y las transferencias monetarias a grupos vulnerables (tercera edad, jóvenes dependientes y personas con discapacidad), y la recaudación a grandes contribuyentes. Explica que la lucha contra la desigualdad y las debilidades crónicas del Estado mexicano ha sido reforzada con grandes proyectos de infraestructura: Tren Maya, Corredor Interoceánico del Istmo, refinería de Dos Bocas y aeropuerto de Santa Lucía.

Complementos de seguridad y violencia de género. Eduardo Guerrero presenta un análisis sobre la política de seguridad del gobierno de AMLO, la cual ha puesto el énfasis en atender las causas estructurales de la desigualdad y, por consecuencia, de la inseguridad. Las medidas tomadas al respecto han sido la centralización de la toma de decisiones, apostar por una estrategia de combate al crimen organizado, a cargo de los militares ─cuyo eje ha sido la creación de la Guardia Nacional─ y la coordinación estatal y regional. El resultado limitado, pero no por ello despreciable, ha sido un decremento de la delincuencia común, el estancamiento de la tasa de homicidios y una notable disminución de la fuerza letal de las instituciones de seguridad federal.

Sin embargo, como expone Violeta Vázquez Rojas, la violencia contra las mujeres (acoso, hostigamiento, violencia verbal o física, feminicidios) ha crecido dramáticamente. El Estado y su gobierno no han dado resolución a ese problema, en parte porque ni siquiera han reparado en las particularidades de este tipo de violencia. La reflexión que ella propone consiste en, por un lado, ubicar las raíces de un problema que rebasa la voluntad política de los integrantes de la administración federal, y por el otro, reconocer múltiples actores (fiscalías, gobiernos estatales y municipales, congresos locales), quienes pueden contribuir a atacar el problema y en algunos casos así lo han hecho, como fue el caso de la despenalización del aborto en Oaxaca en 2019.

Complementos variados: Pablo Yanes comenta la política social del gobierno de la 4T, principalmente sus programas sociales y destacando que el lopezobradorismo es más un producto que causa de la polarización existente por la desigualdad. Esteban Salmón aborda el carácter ambiguo de los programas sociales, entre ser concebidos como apoyos o como derechos, y los impactos positivos y negativos de eliminar los intermediarios. Ana Laura Magaloni argumenta que AMLO ha buscado quitarle a la élite económica la capacidad de interferir en el sistema de justicia, pero ─a su juicio─ sin considerar la transformación integral de ese sistema. Natalia Saltalamacchia analiza la política exterior de AMLO, cuyos pivotes son el principio de la no intervención y “la política de abrir brecha” para la realización de su proyecto político. Alberto Díaz-Cayeros revisa “lo entendible” de la 4T (el proyecto que niega el neoliberalismo y la intención de refundar la nación con base en una moralidad humanista) y “lo inentendible” (respuestas instintivas y no planeadas), a partir de algunos de sus escritos programáticos. Alejandra Leal estudia el retorno del “pueblo” como figura disruptiva de las visiones liberales de la democracia, las cuales habían estado alejada de las mayorías del país, en sustitución de la concepción neoliberal de la sociedad civil. Cierra el libro con uno de los más balanceados análisis sobre la gestión de la pandemia, reconociendo logros y errores, a cargo de los doctores Samuel Ponce de León y Mauricio Rodríguez.

En conclusión, 4T, claves para descifrar el rompecabezas refleja por parte de sus autores una clara voluntad de entender la singularidad del gobierno encabezado por AMLO –si bien algunos de ellos “traicionan” la promesa de la introducción de no anteponer sus deseos a sus análisis y por momentos exhiben una falta de rigurosidad conceptual al invocar ciertos términos sin explicarlos detalladamente. El libro cumple su propósito de entregarle al lector una serie de claves para descifrar un rompecabezas en construcción. Considero que la más importante clave que da el libro es la de leer la 4T como un proyecto político, cuyo propósito es desmontar por una vía pacífica el arreglo oligárquico establecido durante el neoliberalismo y el cual ha resultado en un país más desigual, donde cerca del 50% de la población vive en pobreza. El medio para tirar ese arreglo ha sido asumir el combate a la corrupción como una nueva economía política, acompañada de una reingeniería de la administración pública, con un particular cuidado en lo fiscal y lo laboral, que privilegia la redistribución del presupuesto público a través de programas sociales para beneficiar por fin a los sectores excluidos durante cuarenta años. La validez de esa hipótesis aún está por verse en los próximos años de avances, retrocesos, contradicciones y cambios de direcciones en un proceso aún en construcción y, no en pocas ocasiones, en penumbra.

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