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David Graeber tenía razón: un mundo libre de deudas es posible

Andrew Ross[1]

En el comienzo de este verano, el 19 de Junio, fue finalmente designado como fiesta federal en Estados Unidos para conmemorar la liberación de los afroamericanos esclavizados. Durante mucho tiempo se había celebrado en las comunidades negras como el Día del Jubileo. Cuando Frederick Douglas habló de la emancipación como el “triunfo del jubileo”, estaba invocando la costumbre mencionada en El Levítico; una vez que se toca la trompeta del jubileo (cada 50 años), los esclavos y los prisioneros deben ser liberados, las deudas deben ser perdonadas y la tierra debe ser devuelta a sus propietarios originales.

En En Deuda, el libro de David Graeber de 2011 que rompió paradigmas, alertó a una nueva generación sobre esta antigua tradición. Cuando se celebraba un jubileo en las sociedades de Oriente Próximo, al tomar posesión un nuevo gobernante, el acto masivo de perdón se presentaba a menudo como una expresión de magnanimidad real. Pero, como señaló Graeber, en realidad era una forma de que las élites recuperaban el poder de la clase acreedora y liberaran al pueblo de trabajar para saldar sus deudas y así poder trabajar para la gloria del Estado.

Un jubileo del pueblo.

Poco después de la publicación de su libro, Occupy Wall Street declaró la guerra a los bancos que habían disfrutado de su propio jubileo cuando fueron rescatados. Graeber estaba a mano para proporcionar un rico marco político e histórico para que los activistas emitieran su contra-llamada a un jubileo popular.

Las anteriores campañas de jubileo tenían como objetivo la eliminación de la deuda soberana. En la década de 1980, el movimiento Jubilee South surgió para presionar a los países ricos del Norte y a los bancos para que condonaran las deudas externas de las naciones del Sur Global atrapadas en la «trampa de la deuda». En reconocimiento del Gran Jubileo -la celebración del año 2000 en la iglesia católica- el movimiento logró finalmente abolir hasta 130,000 millones de dólares de deuda.

Lo distinto en el movimiento de jubileo que Graeber ayudó a lanzar  a través de Occupy Wall Street en 2011, y de aquel que en el he desempeñado un papel, era que su objetivo era borrar las deudas personales o de los hogares. Ahora bien, el alivio de la deuda se enmarcaba como un acto de justicia (abolición), no de caridad (perdón), y estaba arraigado en una economía moral anarquista que se resume mejor en una inversión de la mentalidad de retribución; no debemos nada a los bancos, nos debemos todo los unos a los otros.

Construir un movimiento.

Nuestra primera iniciativa fue la Campaña Ocupa la Deuda Estudiantil, organizada para persuadir a un millón de deudores estudiantiles de que dejaran de pagar y presionaran a los bancos y prestamistas federales. Por todo tipo de razones, nos quedamos muy lejos del objetivo, pero muchos de los principios y rituales del movimiento de resistencia a la deuda se forjaron en el curso de esa campaña. Strike Debt, la organización que la sucedió, se formó en el verano de 2012, y no se limitó a la deuda estudiantil, sino también a la deuda médica y a la de la vivienda, y creó capítulos en todo Estados Unidos.

Graeber tuvo una gran participación en los dos logros más conocidos de Strike Debt. El primero fue el Manual de Operaciones de los Resistentes a la Deuda, escrito colectivamente, que proporcionaba información valiosa, en un inglés sencillo, sobre cómo negociar la salida de la carga de la deuda. Se difundió ampliamente, y aún hoy se descarga y utiliza.

La segunda fue una iniciativa de ayuda mutua llamada Rolling Jubilee, que recaudó fondos de pequeñas donaciones para comprar deuda a bajo precio en el mercado secundario[2] y eliminarla. En el transcurso de un año y medio, recaudamos unos 750.000 dólares y compramos 32 millones de dólares de deuda. Sin duda, era una gota de agua en el océano, pero también fue un acto muy simbólico para sus seguidores, que aplaudieron el espectáculo ampliamente difundido de la eliminación de las deudas mediante un hackeo popular.

Para nosotros, el Jubileo Rodante fue una forma de exponer el funcionamiento del mercado secundario, y de hacer saber a la gente que los cobradores sólo pagan unos céntimos por las deudas que intentan arrancarnos en su totalidad. También fue lo que llamamos una prueba de concepto: la evidencia de que la acción colectiva puede producir resultados en un ámbito financiero controlado durante mucho tiempo por los acreedores. Este principio es la base del sucesor de Strike Debt, el Colectivo de la Deuda, un esfuerzo más ambicioso, lanzado en 2014, para formar el primer sindicato de deudores de la historia. Organizarse en torno a la deuda no es fácil, pero lo consideramos necesario e inevitable en un mundo en el que el capitalismo ha llegado a favorecer los préstamos depredadores frente a las inversiones productivas.

Una vez que el Colectivo de Deudores contó con miembros dispuestos a organizarse y a hacer huelga, los frutos de esa acción colectiva empezaron a aparecer. Canalizando esa energía a través de los mecanismos legales que ayudamos a idear, conseguimos que se redujera la deuda de los estudiantes de las universidades con fines de lucro en más de 1.500 millones de dólares. El objetivo más amplio ahora es la cancelación total de la carga de la deuda estudiantil de 1,700 millones de dólares. Recientemente, el Colectivo de la Deuda proporcionó el argumento legal que demuestra que el presidente tiene la autoridad ejecutiva para cancelar estas deudas, especialmente los préstamos federales.

Con ese fin, a principios de este año lanzamos la huelga de deuda de Biden Jubilee 100 para presionar a la Casa Blanca. En el momento de escribir este artículo, Biden, un viejo amigo de la industria financiera, se resiste a las súplicas de demócratas de alto rango como Chuck Schumer y Elizabeth Warren para que lo hagan. Pero incluso si solo se elimina una parte de la carga, seguirá siendo el jubileo más grande desde que la emancipación abolió la propiedad mueble.

Los sindicatos de deudores son el futuro.

Han pasado diez años desde que Graeber promovió por primera vez el concepto de jubileo en los círculos de Occupy. En el transcurso de esa década, ha pasado de los márgenes de la izquierda a la primera línea del debate entre los políticos y el público. Algunos comentaristas han adoptado el punto de vista pragmático y han argumentado que el alivio de la deuda a gran escala es justo el tipo de estímulo económico que se necesita mientras la recesión pandémica retumba. Nosotros lo vemos en un lienzo mucho más grande. La resistencia a las deudas ilegítimas -acumuladas para acceder a bienes sociales como la educación y la sanidad- se perfila como uno de los conflictos de primera línea del siglo XXI.

Al igual que la lucha por los salarios era (y sigue siendo) clave para una economía en proceso de industrialización, la dura negociación con la clase acreedora sobre las deudas es una respuesta necesaria a la financiarización de la economía actual, en la que la mayor parte de los beneficios se extrae de la necesidad de la gente de pedir préstamos para sobrevivir. Vivimos cada vez más en una creditocracia, un tipo de sociedad capitalista avanzada que requiere que la gente pida préstamos para acceder a sus necesidades básicas, y en la que la deuda acumulada nunca puede ser pagada del todo. En una creditocracia, el modelo de beneficio es el de la extracción de por vida en forma de servicio de la deuda.

La resistencia exitosa sólo puede provenir de la acción colectiva. Después de todo, la puerta está siempre abierta para que los individuos renegocien con sus acreedores. Incluso las naciones soberanas pueden presentar una petición al Club de París -un grupo de funcionarios de los países ricos acreedores del norte cuya función es encontrar soluciones a las dificultades de pago que experimentan los países deudores-, pero no se les permite unirse para solicitar un alivio de la deuda. En respuesta, Thomas Sankara, el entonces presidente revolucionario de Burkina Faso, propuso en 1986 un contrabloque de deudores llamado Club de Addis Abeba, y fue asesinado por la audacia de su visión.

Los propios banqueros son muy conscientes de esta amenaza a su poder. Como dijo J. Paul Getty: «Si le debes al banco 100 dólares es tu problema. Si le debes al banco 100 millones de dólares, ese es el problema del banco». La movilización masiva, a través de los sindicatos de deudores, es vital para cambiar este equilibrio de poder y conseguir acuerdos mucho más importantes. No sólo es una forma de política redistributiva, sino que también posee una grandeza utópica cuando se presenta en forma de jubileo.

Bajo esta recalibración del poder, la deuda no desaparecerá, pero los préstamos predatorios sí. La gente seguirá necesitando créditos, por todo tipo de razones. Las instituciones financieras tendrán que ser reconstruidas para servir a las necesidades públicas y comunitarias, por lo que sólo ofrecerán créditos socialmente productivos. No se trata de un pastel en el cielo. Nuestra experiencia de los últimos diez años demuestra que un mundo así es posible. Pero, como en todas las demás luchas de la historia, sólo se conseguirá mediante la energía y la acción cooperativa. Deudores del mundo, ¡uníos! No tenéis nada que perder, ni siquiera vuestra puntuación de crédito.

[1] https://novaramedia.com/2021/08/30/david-graeber-was-right-a-debt-free-world-is-possible/

[2] En español conocido como mercado de negociaciones

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