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Crítica de la justicia distributiva y del velo de la ignorancia en Rawls

Carlos Humberto Contreras Tentzohua

John Rawls es probablemente uno de los filósofos políticos más enseñados y citados tanto en la filosofía política como en las ciencias sociales; hay escuelas en las que incluso se le pide a los alumnos que lo lean para los exámenes de ingreso al posgrado. Siempre me causó curiosidad el respeto y cierta devoción que le rendían algunos profesores, sobre todo quienes sentían simpatía por el neoliberalismo. Junto a Foucault y Walter Benjamin se volvió el ídolo de los académicos, quienes incluso admitían admirarlo por su capacidad de defender la pluralidad tanto como el bienestar.

No obstante para quien ha investigado más sobre Rawls, sabe que su finalidad es: “(…) elaborar un argumento neoliberal a favor del estado de bienestar.” (Escalante, 2015:163) Es decir, lo que busca es justificar al neoliberalismo presentándolo como un sistema que es capaz de mantener el bienestar social, incluso si no lo parece. Para Rawls, tanto la pobreza como la falta de pluralidad política son los mayores males que puede haber en una sociedad, por lo que el deber de un sistema político justo es el crear las mayores condiciones de justicia que puedan existir, sin acabar con la libertad política.

Es necesario mencionar que Rawls se opuso a dar una definición del hombre, todo con el fin de evitar las presuposiciones antropológicas que filósofos como Locke y Hobbes habían hecho, y así evitar hablar del estado de la naturaleza tanto como del Leviatán, pues sobre todo en el segundo caso el Estado había sido una elección dramática y violenta, y para Rawls así no es como deben funcionar las cosas:

(…) el liberalismo rawlsiano no pretende ser comprehensivo sino político. La justificación que lo sostiene no está construida sobre una concepción de la naturaleza humana, sino «en términos de ciertos ideales intuitivos, vistos como latentes en la cultura política pública de una sociedad democrática. (Da Silveira,2003: 92-93)

Es decir, Rawls en sí no quiere basarse en definiciones abstractas de lo que es un humano, sino que quiere basar su teoría en el supuesto de que los humanos de una sociedad van a buscar siempre tanto la justicia, así como la libertad sin olvidarnos del reparto justo (en medida de lo posible) de los recursos disponibles, una democracia pluralista pues. Rawls tiene en mente que, sin importar las ideologías, la cultura, así como las diferencias de clase, todos van a buscar la justicia tanto como la estabilidad política, sin necesidad de caer en ningún autoritarismo, digno del Leviatán de Hobbes, o de cualquier clase dictadura. La libertad y la justicia sólo se consiguen con el consenso:

(…) que hace posible la estabilidad de una concepción política de la justicia. Se trata de un consenso que puede ser suscrito por una diversidad de concepciones comprehensivas razonables; cada una de ellas llega a él por sus propias razones. El objeto del acuerdo son los principios de justicia que regularán la convivencia. (2003:120)

Para Rawls todos los miembros de una sociedad van a hacer lo razonable tanto como lo justo, y lo razonable y justo es tener una sociedad plural donde los más vulnerables padezcan lo mínimo. Ni la pobreza u otros problemas sociales justifican el autoritarismo, o el populismo, pues en una sociedad autoritaria no puede haber pluralidad, y ésta debe ser defendida a como dé lugar. La libertad tanto como la pluralidad son la base de la teoría de Rawls y es por eso:

que merecen el mayor grado de protección en el orden institucional. No pueden ser sacrificadas por razones de eficiencia ni para asegurar una mejor distribución de bienes ni oportunidades. Una libertad es fundamental o básica si su restricción o eliminación pone seriamente en peligro la capacidad de ejercer nuestras capacidades morales fundamentales. (2003: 121-122)

Y es que hay cierta ética kantiana en Rawls, donde cada humano es un fin en sí mismo, y por lo mismo no debe ser coartado por ninguna razón de Estado, para la cual no hay lugar en la teoría de la justicia de Rawls. Cabe señalar que para Rawls todo eso se logra con el velo de la ignorancia, mediante el cual cada ciudadano, sin importar clase, etnia, cultura, sexo, etc., va a escoger siempre lo justo y lo racional, que es una sociedad liberal que mantenga el bienestar en la medida de lo posible. El velo de la ignorancia precisamente radica en que cada ciudadano ignorará dichas características mencionadas, para así vivir con justicia y pluralidad.

Nadie duda de las buenas intenciones de Rawls, no obstante que si llama la atención la manera en la que pretende combinar la ignorancia con la razón, pues asegura que las personas buscarán lo razonable, la sociedad plural y justa, pero para eso depende del velo de la ignorancia, y ahí ya hay una contradicción, pues ¿Cómo es posible que el fin racional dependa de un presupuesto ignorante? De entrada considero que eso es más un juego retorico, y posmoderno, que carece de razonamiento. Pero además de eso hay otras cuestiones que Rawls ignoró bastante:

Tiene cuidado de evitar todas las discusiones sustantivas de la historia de la filosofía, y directamente omite cualquier consideración del contexto, de la historia como hubieran exigido el marxismo, el vitalismo, el existencialismo. No niega que haya una determinación histórica o cultural del pensamiento, de la vida humana, pero no habla de ella; sencillamente, pasa el tema en silencio, como si no fuese relevante.” (2015: 163)

La cultura, o incluso las culturas de un país marcan a las personas, tanto como los sucesos históricos de dichos países. Existen países en los que el liberalismo ha sido parte de su cultura, como lo son Inglaterra y Estados Unidos, sobre todo el liberalismo económico, pero ése no es el caso de países como China o Rusia, y si bien en México ha habido un liberalismo político, la realidad es que éste se ha parecido más a lo descrito por Hobbes y su Leviatán que a lo descrito por Rawls. Pensar que las personas no actúan a partir de su contexto y cultura es simplemente ignorar la realidad, y además ¿por qué dice Rawls que las personas van a escoger necesariamente el orden liberal y la justicia? ¿Y los extremistas de derechas e izquierdas que se oponen a eso? ¿Qué decir de los grupos sectarios que poco o nada les interesa el programa de Rawls?  El punto débil de la teoría de éste radica en que de entrada presupone el resultado final sin decirnos el proceso que va a darnos dicho resultado:

Rawls imagina un contrato, o algo parecido a un contrato, como fundamento del orden social. Pero necesita que los individuos que vayan a firmarlo lleguen a la conclusión de que lo mejor es un régimen liberal, corregido  mediante una distribución equitativa de los bienes básicos. Es decir, necesita que produzcan un resultado eminentemente civilizado, lejos de las elecciones dramáticas a las que obliga el estado de la naturaleza de Hobbes, por ejemplo. Para eso, lo que hace es imaginar un conjunto de individuos que se encuentran en condiciones de perfecta igualdad, sin saber nada acerca de la sociedad ni de sí mismos- individuos sin familia, ni amigos ni historia personal, sin creencias religiosas desde luego. E imagina que esos individuos deciden las normas que deben regir su sociedad. (2015:163)

Y es que la igualdad en Rawls no tienen nada que ver con lo cultural, o con la situación de clase, tiene que ver con que cada individuo ignorará voluntariamente su contexto para escoger el orden liberal, y como dice en esta cita Fernando Escalante, el problema es que Rawls imagina todo eso, e incluso imagina que van a producir el resultado que él desea,  pues necesariamente: “(…) bajo el velo de la ignorancia, un individuo racional escogerá un orden liberal, donde no haya obstáculos para realizar cualquier plan de vida. Pero escogerá también una distribución igualitaria de los bienes que son escasos para vivir. (2015:164) En la academia incluso quienes no simpatizan con Rawls, no obstante suelen verlo como alguien racional, y con poderosos argumentos, pero la realidad es que:

No ofrece ningún argumento para explicar cómo se consigue la armonía entre los diferentes fines, ni la armonía entre lo público y privado. No se plantea que puedan existir fines incompatibles entre sí, o incompatibles con la libertad, o la igualdad. De hecho la armonía del resultado final es un supuesto modelo, no una conclusión que se derive razonablemente de nada. (2015: 164)

Rawls desde el inicio concluye sus presupuestos, pero nada nos dice de cómo vayan a conseguirse los resultados, y eso tiene más de imaginario que de racional, pues lo justo sería que al menos nos hubiese dado los medios para conseguir esa justicia distributiva, pero no, es una presuposición y conclusión al mismo tiempo. Los liberales suelen juzgar al marxismo por haber imaginado el mundo socialista y haber dado métodos diversos que hasta se contradicen, desde la revolución, las huelgas, el asalto al poder, la socialdemocracia, e incluso las elecciones, al mismo tiempo que hablaba de la represión de los aparatos burgueses, y la necesidad de los partidos revolucionarios disciplinados; ahora les podemos decir que al menos el marxismo habló de los métodos para conseguir el resultado deseado, cosa que Rawls no hizo, pero de todos modos lo tienen por alguien racional.

La pregunta a hacerse es ¿por qué Rawls es visto con tanto respeto incluso por quienes disienten de él? La realidad es que junto a extremistas neoliberales como Milton Friedman, Robert Nozick, Friedrich von Hayeck, Rawls parece  alguien bastante moderado, e incluso alguien que se preocupa porque la sociedad no se descomponga como producto del neoliberalismo más despiadado, y sin duda es algo a considerar. Sin embargo no puede estar más alejado de la realidad, pues de hecho la teoría de Rawls funciona para justificar las políticas neoliberales que más daño le han hecho a la sociedad:

Las rebajas de impuestos para los ricos, por ejemplo, se justificarían, y serían justas, siempre que tuvieran como consecuencia una mejora en la suerte de los menos pudientes. A todas luces, el principio de la diferencia de Rawls puede utilizarse para justificar disparidades muy marcadas entre los miembros más y menos favorecidos de la sociedad. Su concepción de la justicia social sigue siendo el centro de un intenso debate y de críticas, tanto positivas como negativas. (Dupré:2011)

Es decir, Rawls justificaría esas políticas que permiten que la burguesía  se enriquezca aún más bajo el supuesto de que con ello invertirían más en trabajo, y en beneficio de la sociedad, lo cual, como se ha puesto de manifiesto en países como México y los mismos Estados  Unidos, en realidad no ocurre, generando con ello más una excesiva concentración de la riqueza en muy pocas manos. Todo ello nos dice que el capitalismo para justificarse requiere presentarse con una cara amable, en donde todas las personas pueden realizar sus propios fines. Ello termina siendo una argumetación de Rawls en donde la justicia distributiva justifica la injusticia más atroz. Pero el problema de Rawls es el problema del liberalismo en todas sus vertientes, tanto económicas como políticas. Adam Smith presupone que el bienestar se conseguirá dejando a cada quien seguir sus fines egoístas, mediante el famoso laissez-faire, que supuestamente traerá el bienestar social mientras cada quien persigue su fin egoísta; hasta la fecha los defensores del neoliberalismo siguen apostando a esa postura, a pesar de que los resultados siguen siendo los mismos, o sea la pobreza al lado de la concentración de la riqueza en unas cuentas manos. El laissez-faire sigue sin traer el bienestar para las mayorías, pero mientras lo siga presuponiendo con eso basta.

Con un mismo razonamiento Kant trató de hablar de la paz perpetua, de cómo conseguirla, de cómo llegar hasta ella, pero los críticos de dicha postura sostienen que:

las relaciones internacionales se desenvuelven en el ámbito propio del “estado de guerra” tal y como lo habían concebido los contractualistas. La paz perpetua de Kant es para Hegel una enorme ingenuidad, ya que la realidad de los Estados, al no existir un tribunal superior con una autoridad verdaderamente vinculante, es una situación de guerra potencial de carácter permanente, lo cual significa, realista y objetivamente, que el orden mundial queda puesto y determinado por el espíritu del pueblo vencedor. (Ávalos,2018: 26)

Y es que el problema del liberalismo y del formalismo, de los cuales bebe la teoría de Rawls, radica en que presuponen el fin sin decir cómo se va a llegar a él, tanto en el caso del bienestar como de la paz perpetua, o en el de Rawls con lo de la justicia distributiva. En todos los casos el fin se vuelve un noúmeno como del que habla Kant en la Crítica de la razón pura, es decir, es algo que no se puede conocer, pero sí presuponer, lo cual en teoría suena bien, pero en la realidad no se concreta.

En su libro Hegel Actual, Gerardo Ávalos habla de cómo en la sección de la fuerza Hegel explica que las ideas pueden devenir lo contrario en la realidad, y es así como de hecho operan las ideas cuando se manifiestan en la realidad: “la democracia se convierte en autocracia, el Estado de derecho deviene estado de excepción y la inclusión relativista multicultural, por ejemplo, se convierte en absolutismo de una cultura.”(2018:95) Si eso sucede con esas ideas que tan de moda estuvieron en esta época neoliberal y posmoderna, ¿qué sucede entonces con la justicia distributiva de Rawls? ¿Deviene la injusticia distributiva o al menos su justificación?

Es poco probable que una persona deje de lado sus lazos culturales, ideológicos y personales para favorecer una supuesta justicia abstracta que va a luchar por mantener la justicia y la pluralidad en la medida de lo posible. Resulta imaginario pensar que las personas van a aceptar su situación de clase, sobre todo la marginación, con tal de favorecer el pluralismo así como la democracia, pues antes que eso está la necesidad de sobrevivir. ¿Para qué quiero vivir en una democracia plural si no puedo vivir decentemente? Eso se preguntan las personas, por mínima que sea su educación.

Si bien Rawls intentó no hablar a partir de una concepción del hombre, ni de dar una definición de éste, no obstante que su argumentación se parece mucho a la de aquellos filósofos, que argumentan sobre los orígenes de la propiedad privada y del Estado, pero que tienen más forma de cuento que de historia. A eso Marx le llamó robinsonadas, y en éstas: 

Un hombre se decide a proponer a otros hombres, colaboradores suyos en funciones diversas, establecer el intercambio y hacer una distinción entre el valor de uso y el valor de cambio (…) pero lo que debe explicarnos es el origen de esta propuesta, decirnos, en suma, cómo este Robinson, tuvo de pronto la idea de hacer a sus colaboradores una proposición  semejante y cómo estos colaboradores la admitieron sin protesta alguna. (Marx: 1979: 13)

Con las robinsonadas el capitalismo se sigue justificando hasta la fecha, y es evidente que la teoría de Rawls tiene mucho de robinsonada, pues también imagina que todos van a escoger, sin protesta, a la sociedad plural y liberal sin decirnos el por qué, y al igual que las robinsonadas presupone el fin sin justificar o dar cuenta del proceso a ese fin.

Finalmente, y ante el proceso político que estamos experimentando en México con la 4T, es claro que para los liberales reaccionarios AMLO es un populista y demagogo, que no respeta a la sociedad plural así como a las diferentes expresiones de la sociedad civil, y además al socorrer a las clases populares ignora el velo de la ignorancia y con ello toma partido por una parte de la sociedad en prejuicio de la otra.

Es a esta clase de personas a las que les funciona John Rawls, a quienes quieren justificar la pobreza de las mayorías frente a la acumulación de la riqueza de las minorías, todo en nombre de una pluralidad que en realidad es absolutista y rechaza de forma tajante a quienes se le oponen. La teoría de la justicia de Rawls se popularizó en la academia para aprobar al neoliberalismo, así sin más. Por ello una postura crítica y en favor del pueblo debe de criticar a las robinsonadas y decirles basta.

Bibliografía:

Ávalos, G. (2018) Hegel actual. La paciencia de lo negativo. México. Gedisa.

Da Silveira, P. (2003) John Rawls y la justicia distributiva. Madrid. Campo de ideas.

Dupré, B. (2011) Cincuenta cosas que hay que saber sobre política. Barcelona. Planeta.

Escalante,F. (2015) Historia mínima del neoliberalismo. México. Colmex.

Marx, K. (1979) Miseria de la filosofía. México. Siglo XXI.