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Consideraciones estratégicas sobre el uso de Gas Natural para el consumo doméstico en México

CE, Intervención y Coyuntura

El actual problema con la regulación del precio del Gas Licuado de Petróleo (GLP) en México devela el grave impacto en la economía popular que tuvieron las reformas en la materia de energía realizadas durante la presidencia de Felipe Calderón, pero que tuvieron su origen en el sexenio de Vicente Fox, cuando se promovieron diversos proyectos para eliminar la participación de Pemex, tanto en la exploración y explotación del Gas Natural (GN), como en el transporte de GLP. En aquel momento era evidente el engaño en cuanto al GN al anunciar un desabasto de gas que «allana el camino a transnacionales», dijo entonces Fabio Barbosa, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (1); pero la trampa no era tan clara en referencia al GLP dado que las reformas realizadas no tocaron el añejo problema de la distribución del energético en lo que eufemísticamente llaman hoy los neoliberales, «la última milla» (o sea la entrega del gas en los domicilios y comercios populares, transportado generalmente sobre la espalda de trabajadores explotados por los distribuidores). Aquellas reformas, que continuaron en el sexenio de Enrique Peña Nieto, jamás tuvieron el objetivo de beneficiar a los mexicanos (ni a los consumidores ni a los trabajadores), sino el de crear jugosas «oportunidades» de negocio para los inversionistas privados.

En la actual coyuntura, se antoja resolver a futuro la forma como los mexicanos nos proveeremos de energía suficiente, barata y segura y para ello surgen propuestas. El propio presidente López Obrador manifestó en la «mañanera» del jueves 5 de agosto, al responder una pregunta sobre el alcance de un programa de bacheo que, eso implicaría resolver también el problema de la infraestructura asociada al suministro de servicios básicos, que constantemente debe ser reparada. Mencionó la posibilidad de ampliar en las zonas metropolitanas la actual red de distribución de Gas Natural vía ductos, considerando que actualmente hay disponibilidad de dicho gas y diversificar así la opción energética.

Esta posibilidad, tiene que considerar en primera instancia que México dispone, por el momento, de grandes volúmenes de Gas Natural (GN) como resultado de un «accidente» neoliberal, que no fue otro que la compra anticipada, mediante contratos leoninos, que se realizó para propulsar plantas generadoras de electricidad de Ciclo Combinado, mismas que no se construyeron (por dar preferencia a la generación privada). Toda una maniobra que dejó al país en la disyuntiva de romper dichos contratos, asumiendo los costos que ello implique, o de buscar la forma de revenderlo o de utilizarlo.

En relación con la segunda opción, cabe tener muy presente el evento meteorológico de principios de este año en Texas, Estados Unidos, cuando un temporal paralizó la distribución de GN y que allí se concentra, almacena y distribuye. Tal fenómeno comprometió el suministro a nuestro país, cuando las energéticas de EU decidieron reservar el combustible disponible para cubrir su propio consumo, dejando a México sin abasto. Es un asunto de soberanía energética.

Por otra parte, en México se arraigó e impuso el consumo de Gas Licuado de Petróleo (GLP) en los hogares (sobre todo populares), después de transitar en el uso de diversas fuentes como leña, carbón, petróleo, disel y actualmente GLP. Salvo el disel y el petróleo, la leña y en menor proporción el carbón, se siguen empleando aún en amplias regiones del país, aunque en menores volúmenes. En esta historia, Pemex siempre estuvo presente en la distribución al menudeo del petróleo y el GLP. El consumo de GLP comenzó a generalizarse en México en la década de los 50, cuando se emitió el primer «Reglamento de la Distribución de Gas», actualmente Reglamento de Gas Licuado de Petróleo, DOF 5.12.207 (2) y, desde entonces, el Gas LP representa un bien básico, de primera necesidad en el hogar, junto con el agua y la electricidad.

Sin embargo, las reformas calderonistas en materia energética establecieron mecanismos que significaron el desplazamiento de Pemex y el otorgamiento de concesiones importantes para la importación, distribución y venta al mayoreo del GLP, siempre de acuerdo con la visión de negocios privados (3). Por cierto, todos los “argumentos” del gobierno de Calderón para privatizar a Pemex mediante reformas a la legislación petrolera secundaria, contrarias a la Constitución, fueron ampliamente rebatidos, y el entonces jefe del Gobierno del Distrito Federal (GDF), durante el Debate sobre la Reforma Energética organizado por el Senado, propuso la realización de una consulta en el Distrito Federal. Días más tarde Andrés Manuel López Obrador llamó a extender la consulta a las demás entidades. No solo todo el aparato gubernamental se opuso, 11 gobernadores (7 del PRI y 4 del PAN) se pronunciaron contra la consulta, no obstante que en sus propias entidades estaba prevista. El resto hizo un silencio cómplice.

Según cifras de la Secretaría de Energía (4), durante el último año del sexenio calderonista (2012), con cifras atribuidas a la Asociación Mundial del Gas Licuado de Petróleo (WLPGA, por sus siglas en inglés), una asociación privada «de profesionales» (*), se trata del combustible más utilizado en los sectores «residencial y comercial», siendo México el segundo lugar en consumo mundial per cápita, con 65 kg por habitante. Esto obedece principalmente a su poder calorífico sobre el GN y a una percepción generalizada sobre la inseguridad en la distribución del GN (básicamente a base de tuberías subterráneas que llegan directamente al domicilio), aunque en el manejo del GLP también persisten prácticas muy cuestionables (desde el transporte en recipientes cilíndricos, «tanques», que generalmente se encuentran en pésimo estado). En ciertos sectores de la población, el manejo y consumo final del GLP se realiza mediante tanques estacionarios, tendencia que, aunque está en aumento, crece a un ritmo menor en la medida en que el uso de GN para consumo doméstico avanzó desde finales de los 90.

Actualmente (5), el 75% de los hogares utiliza este combustible como principal fuente de energía, y su consumo nacional representa un 57.7% en el sector doméstico, 15.2% en servicios, 14.1% en el transporte y un 11.2 en la industria. Solo un 0.6% se emplea en el propio sector petrolero como parte de sus procesos. La popularidad del GLP también radica en su mayor poder calorífico: para obtener los mismos resultados, se requiere utilizar menos GLP que GN, por lo que resultaría más difícil para las clases populares reabastecerse de este último, al ser poco práctica su distribución en cilindros (se necesitaría resurtirlo con mayor frecuencia).

En estas condiciones, es fácil prever que el uso doméstico del Gas Natural seguirá avanzando al mejorar la infraestructura de suministro, pero definitivamente no elimina la necesidad de Gas Bienestar. La ampliación del GN podría orientarse a ciertas áreas de los centros urbanos, cuya población, a falta de un suministro temporal de GN, podría recurrir a la electricidad.

Gas Bienestar y la posible producción en el país de GLP por parte de las refinerías de Pemex es una opción necesaria para recuperar la economía popular.

(1) Rodríguez I, Zúñiga D, Urrutia A, en La Jornada 13.02.03

(2) http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/regla/n57.pdf

(3) https://www.youtube.com/watch?v=TNVd5b-67xQ

(4) https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/62956/Prospectiva_del_Mercado_de_Gas_Licuado_de_Petr_leo_2012-2026.pdf

(5) Datos de la Prospectiva de Gas LP 2017-2031 (la más reciente publicada) https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/284341/Prospectiva_de_Gas_LP_2017.pdf

(*) O más bien publicistas: https://www.youtube.com/watch?v=xX4ITVtdhFA