Colonialidad del poder en el fútbol
Enrique Paipay Pugliesi
No es mera coincidencia que la distribución de los éxitos en competencias, clubes y campeonatos mundiales de fútbol guarde cierta simetría con la configuración territorial de la colonialidad del poder global. Esta actividad deportiva, nacida y practicada por obreros en Inglaterra, adquirió una presencia particularmente importante en América debido a la influencia de la cultura europea dominante. Como consecuencia, Europa y América alcanzaron, desde las primeras etapas de expansión de este deporte, la competitividad y la profesionalización que actualmente caracterizan al fútbol mundial.
Hoy se considera que el mejor fútbol se practica en Europa, seguido por el sudamericano, pero no siempre fue así. Los registros históricos de las primeras décadas de este deporte muestran una competitividad bastante equilibrada. Uruguay fue el primer campeón mundial y obtuvo el título con jugadores que participaban exclusivamente en su torneo local. Incluso hasta hace relativamente poco tiempo, Sudamérica mantuvo cierta ventaja competitiva. Hasta 2005 se disputó la Copa Intercontinental de clubes: la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) obtuvo veintidós campeonatos, mientras que la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) consiguió veintiuno.
La selección con el palmarés más importante es la brasileña y, hasta 2002, la CONMEBOL era la confederación con más títulos mundiales. También pertenecen a esta región algunos de los jugadores considerados entre los mejores de la historia, como Pelé, Maradona y, en años recientes, Messi. ¿Qué ocurrió entonces?
¿Quién no ha escuchado la popular explicación según la cual la gran acogida del balompié en Sudamérica se debe a las facilidades económicas de su práctica, pues solo requiere algún espacio y cualquier objeto que pueda utilizarse como balón? Sin embargo, ¿por qué no ocurrió lo mismo en Asia, región también sometida a una colonización europea posterior y con índices de pobreza similares? La explicación parece ir más allá de la sencillez de su práctica.
Conviene observar, además, la tardía participación e integración de los países africanos y asiáticos en el circuito futbolístico internacional. En Asia y en algunas naciones africanas, el fútbol no fue ni es el deporte popular predilecto, a diferencia de lo que sucede en Sudamérica. En muchos casos, ha prevalecido el peso milenario de tradiciones deportivas —como las artes marciales— que la colonización no pudo destruir por completo.
Modernidad y fútbol latinoamericano
La modernidad nace con el desencuentro de América, en 1492, acontecimiento que sentó las bases del mundo actual. Susconsecuencias sociales, económicas y culturales se expresan en el desarrollo de un capitalismo heterogéneo, capaz de articular diferentes modos y relaciones de producción: el trabajo asalariado, la pequeña producción mercantil, la marginalidad y la esclavitud. El modo específico en que estos elementos se entrelazan varía de acuerdo con la ubicación de cada territorio dentro del sistema global.
Mediante la formación de los Estados nación, los herederos de los beneficios coloniales afianzaron su dominio y centralizaron las dinámicas económicas en su favor. Estos territorios se autodenominaron Occidente y construyeron el llamado welfare state o Estado de bienestar. Mientras tanto, la periferia, gobernada durante sus primeros años por una élite “blanca” alienada, quedó condenada a desempeñarse como proveedora de materias primas y como mercado receptorde la producción de los centros económicos. De esta manera se configuró el conocido y aparentemente perenne “subdesarrollo”: el sistema-mundo descrito por Immanuel Wallerstein. Se trata, en palabras atribuidas a Fanon, de unasociedad capitalista y colonialista, accidentalmente blanca.
En el contexto de la dominación colonial, la modernidad produjo una narrativa acorde con los fines de esa dominación y con la necesidad de conservarla. Esta narrativa se nutrió de la formulación cartesiana, dualista y antagónica, que separa el alma del cuerpo. Dentro de esta concepción, el alma aparece como una gracia divina y, por lo tanto, como una promesa de salvación, mientras que el cuerpo queda convertido en objeto susceptible de recibir los peores tratos.
Posteriormente, la Ilustración europea superpuso a esta separación la dicotomía mente/cuerpo. Dicho dualismo se convirtió en uno de los fundamentos de la objetivación de la naturaleza y del antropocentrismo, pues trasladó yexteriorizó el entorno del individuo, separando a la humanidad de la naturaleza. De este modo, permitió que quienes poseían el poder y el capital construyeran una justificación ética para explotar el planeta sin contemplaciones, en nombre de la “civilización”. La especie humana fue situada en el centro del universo y todo lo demás quedó relegado a una condición de inferioridad.
De esta raíz nacieron otras categorías dualistas y antagónicas propias de la modernidad: antiguo-primitivo/moderno-avanzado; salvaje-tribu-no occidental/civilizado-sociedad-occidental, entre otras. A ello se sumó un evolucionismo lineal que introdujo todas las historias en un único camino ascendente, dirigido desde el pasado hacia el presente. Así, la historia de todos los pueblos fue dividida en antigua, moderna y contemporánea, y la sociedad europea quedó establecida como la cumbre de la civilización.
Esta visión omitió el despojo y el genocidio provocados en América, procesos que permitieron a Europa escapar de siglos de oscurantismo medieval y del acorralamiento árabe, así como desarrollar sus sociedades y consolidar su tecnología, su cultura y su dominación epistemológica. En otras palabras, es la modernidad global eurocentrada la que establece el “orden” civilizatorio que el resto del mundo debería seguir.
Para los fines de este ensayo, debemos señalar que la expansión del capitalismo durante los siglos posteriores al saqueo de América produjo cierta gradualidad en la dominación cultural occidental a escala global. Aníbal Quijano señala al respecto:
[…] Entre la represión cultural y el genocidio masivo, llevaron a que las previas altas culturas de América fueran convertidas en subculturas campesinas iletradas, condenadas a la oralidad. Esto es, despojadas de patrones propios de expresión formalizada y objetivada, intelectual y plástica o visual. En adelante, los sobrevivientes no tendrían otros modos de expresión intelectual o plástica formalizada y objetivada, sino a través de los patrones culturales de los dominantes, aun si subvirtiéndolos en ciertos casos, para transmitir otras necesidades de expresión. América Latina es, sin duda, el caso extremo de la colonización cultural por Europa.
En Asia y en el Medio Oriente, las altas culturas no pudieron ser destruidas con esa intensidad y profundidad. Pero fueron colocadas en una relación de subalternidad, no solamente ante la mirada europea, sino también ante sus propios portadores. La cultura europea u occidental, por el poder político-militar y tecnológico de las sociedades portadoras, impuso su imagen paradigmática y sus principales elementos cognoscitivos como norma orientadora de todo desarrollo cultural, especialmente intelectual y artístico. Esa relación se convirtió, por consecuencia, en parte constitutiva de las condiciones de reproducción de aquellas sociedades y culturas, empujadas hacia la europeización en todo o en parte.
En África, la destrucción cultural fue, sin duda, mucho más intensa que en Asia, pero menor que en América. Los europeos tampoco lograron allí la destrucción completa de los patrones expresivos, en particular de objetivación y formalización visual. Lo que hicieron fue despojarlos de legitimidad y de reconocimiento en el orden cultural mundial dominado por los patrones europeos […].
La destrucción de las altas culturas preexistentes en América y la obligación de adoptar la cultura dominante para integrarse y sobrevivir en la nueva sociedad colonial empujaron a las poblaciones despojadas y a sus descendientes a asumir las prácticas culturales de los dominadores.
El fútbol debe buena parte de su acogida a esa “tabla rasa” cultural provocada por el genocidio americano y por las políticas coloniales que presentaban todo lo europeo como superior. Estas políticas también se proyectaron sobre la subjetividad de la sociedad.
De acuerdo con los registros más antiguos disponibles, el fútbol llegó a las costas sudamericanas por medio de marineros ingleses: por el Pacífico, a Perú, y por el Atlántico, a Brasil, Uruguay y Argentina. Encontró una amplia aceptación en estas tierras culturalmente “debilitadas”, donde las clases dirigentes, ávidas de parecerse a Europa debido aleurocentrismo, facilitaron su rápida expansión por el continente.
Este proceso no se produjo de la misma manera en Asia, región que nunca perdió ni dejó de practicar una profunda matriz cultural, perceptible hasta el presente en sus preferencias sociales, a pesar de la gran injerencia del Imperio británico. En Sudamérica, dichas preferencias culturales se manifestaron con el tiempo en la frecuencia y la profesionalización de la práctica futbolística, así como en la importancia que la sociedad le concedió hasta convertirla en el deporte más popular.
Al igual que otras manifestaciones culturales importadas, el fútbol fue reoriginalizado y adquirió un estilo particular y reconocido. La gambeta, la finta y la acrobacia, producto de una técnica depurada, aparecen con mayor frecuencia en el fútbol sudamericano, en contraste con un modelo europeo tradicionalmente más apoyado en el rendimiento físico.
Resulta llamativo que Argentina, Uruguay y Brasil —países donde existieron un alto grado de aniquilamiento y ocultamiento de la población indígena, así como una elevada inmigración europea— sean precisamente los ganadores de los campeonatos más importantes y los lugares donde mejor se practica el fútbol en el continente.
La dinámica colonial global del fútbol
El circuito local e internacional del fútbol profesional, además de constituir un deporte popular, es un inescrupuloso negocio multimillonario que obedece a las dinámicas del capitalismo global. La privatización del libre desarrollo del juego por parte de la FIFA, institución cooptada por los poseedores y agentes del capital, reproduce mediante su funcionamiento las dinámicas coloniales todavía vigentes.
Si buena parte de los mejores talentos futbolísticos procede de África y Sudamérica, ¿por qué Europa es actualmente la meca de este deporte y el lugar donde se practica el fútbol más competitivo? La ventaja europea se explica, en parte, por la profesionalización, la infraestructura y los altos salarios, pero, principalmente, por los protagonistas del deporte: los futbolistas.
La contratación de atletas procedentes de otros territorios, así como la incorporación de sus descendientes, constituye uno de los pilares del actual protagonismo del fútbol europeo. Esta situación puede entenderse mediante una analogía con el subdesarrollo de los países periféricos. Así como estos territorios actúan como proveedores de materias primas para el desarrollo de los centros económicos, los países periféricos proporcionan los jugadores que fortalecen a las ligas europeas. Al mismo tiempo, el prestigio asociado con jugar en Europa es perseguido y anhelado por los deportistas como una forma de alcanzar determinado “estatus”.
El posicionamiento actual del fútbol europeo es relativamente reciente y aparentemente incongruente, pero se encuentra alineado con el funcionamiento de la modernidad y con la subjetividad que esta produce.
Como se señaló anteriormente, hasta hace pocas décadas la competitividad entre la CONMEBOL y la UEFA, tanto en clubes como en selecciones nacionales, era bastante equilibrada. Incluso frente a las dificultades sociales provocadas por el “subdesarrollo” de los países latinoamericanos, cuyos equipos participaban en las competiciones internacionales con desventajas formativas, Sudamérica logró destacar. Ningún torneo mundial de cualquier disciplina puede considerarse completamente justo cuando los participantes se han formado en condiciones tan dispares.
Sin embargo, durante los últimos años, la UEFA ha superado esa paridad competitiva, como muestra la obtención de la mayoría de los torneos internacionales, sobre todo en el ámbito de los clubes, por parte de representaciones europeas. Unacausa probable de esta ventaja es la creciente instrumentalización económica del deporte, perceptible en el aumento de la contratación de jugadores sudamericanos y africanos por equipos europeos y en el reclutamiento de estos deportistas aedades cada vez más tempranas.
Este proceso, menos frecuente en décadas anteriores, impide que los jugadores se consoliden en los equipos de sus localidades y participen con ellos en competencias internacionales. Europa también atrae talentos mediante los procesos de nacionalización, como resulta notorio, por ejemplo, en la selección francesa.
Los Estados y las ligas europeas disponen de mayores recursos para realizar “inversiones” en procesos de formación, entrenamiento, infraestructura y desarrollo táctico. Estas condiciones permiten seducir a los atletas mediante la posibilidad de mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Tampoco debe olvidarse que una parte de esos recursos procede de las poderosas empresas transnacionales cuyos centros de operación están ubicados en los territorios occidentales. Esta dinámica remite nuevamente a la centralidad del sistema-mundo descrita por Immanuel Wallerstein.
La FIFA fue creada en 1904 por iniciativa de entidades europeas interesadas en organizar territorialmente el deporte, sinque existiera inicialmente la intención de convertirla en su organismo rector mundial. Esto puede advertirse en la fundación de la CONMEBOL en 1916, primera confederación encargada de organizar una competencia futbolística internacional. De manera independiente, esta institución organizó la Copa América de 1916, en la que participaron selecciones nacionales sudamericanas. Posteriormente surgió la UEFA, fundada en 1954, que asumió la organización territorial del fútbol europeo.
Aunque la FIFA y la CONMEBOL surgieron con el propósito de articular distintas representaciones futbolísticas, resultaevidente la subordinación voluntaria de numerosos dirigentes sudamericanos ante Europa. Esto ocurrió pese a que los equipos de la región habían demostrado su talento y competitividad mediante los campeonatos obtenidos por Uruguay en los Juegos Olímpicos de París de 1924 y Ámsterdam de 1928, así como en otras participaciones sudamericanas de la época.
Brasil, país pentacampeón mundial, es también uno de los principales exportadores de futbolistas del mundo. Sus jugadores han sido protagonistas constantes y, en muchos casos, considerados los mejores de este deporte. Estos méritos podrían justificar su participación en la International Football Association Board (IFAB), organismo encargado de establecer y modificar las reglas del fútbol. Sin embargo, la junta está integrada únicamente por las cuatro asociaciones británicas —por su condición histórica de codificadoras del deporte— y la FIFA.
La escasa vocación democrática de la administración futbolística, perceptible tanto en este caso como en muchos otros, puede entenderse como una consecuencia de la configuración del orden social bajo la colonialidad del poder. Este orden coopta, canaliza o “transfiere”, en términos marxistas, los beneficios hacia los territorios que ocupan el centro del sistema, amparado en el prestigio producido por el eurocentrismo. Desde esta perspectiva, resulta difícil encontrar otra explicaciónpara la actual organización mundial del fútbol.