Fidel Castro: génesis, despliegue y contradicciones de una visión emancipadora
Jacobo Rivas Sanmartín
Introducción
Este artículo, o mejor dicho comentario, es seguro que ha llegado tarde a las celebraciones y otros comentarios del centenario del nacimiento de un gran hombre que representa el momento histórico en el que se desarrolló y ayudó a conformar, como fue Fidel Castro. En este tal vez pequeño y escueto texto, vamos a comentar la evolución del pensamiento emancipador del joven Fidel con base en precedentes históricos como la Revolución mexicana y su participación en movimientos en contra de la injerencia imperialista en el Caribe, siguiendo con conocidos y sendos ejemplos de esa acción antiimperialista e internacionalista de manera directa y material, como Angola y Guinea-Bisáu, o como ejemplo de otra forma de modernidad y desarrollo en la periferia cubana, como sería el Caribe, y una conclusión crítica sobre los alcances y límites de su internacionalismo.
- Las raíces de la visión emancipadora de Fidel
Primero, como otros autores ya han comentado, sobre todo en relación con el centenario de Fidel,¹ tenemos que movernos de una interpretación de la soberanía como la entendía el comandante y el gobierno que dirigió durante décadas, que no se reduzca al control territorial ni al nacionalismo estrecho, con alegorías románticas de la guerra de independencia contra España y tal vez una borrosa mención a los años de injerencia estadounidense, que complace a la burguesía compradora de muchas naciones, pero que no es el caso de Cuba, por suerte. Pues esa nación concibe la soberanía como un proceso dialéctico, donde es necesario que una nación sea capaz de ejercer su propia soberanía, o, en pocas palabras, el control de sus recursos dentro de sus fronteras reconocidas (por ellos o por otros), sin una injerencia de terceros. Pero aquí viene la otra parte de este proceso dialéctico, donde esto se realiza plenamente cuando se articula con la soberanía de otros pueblos oprimidos, ya sea por otra potencia o sus capitales nacionales.
Esta idea se apoya en una cita de Fidel de 1965: «El día en que todos los pueblos del mundo se reúnan y digan que desaparezca la soberanía sobre el espacio aéreo, nosotros decimos: que desaparezca […] Pero mientras el concepto de soberanía exista como prerrogativa de las naciones […] nosotros no aceptaremos la exclusión de nuestro pueblo de ese derecho».² En este caso y desde mi perspectiva, como la de otros autores,³ Fidel no renuncia a la soberanía nacional, pero la entiende como un derecho universalizable y no como un privilegio exclusivo de las naciones que formaron parte de la Conferencia de Yalta o, siguiendo la idea rooseveltiana de esferas de influencia,⁴ pero trastocada por Truman. Aun así, ambos apartados rompen con el principio de soberanía de todos los pueblos, desde la visión de Truman de luchas por la hegemonía y el multilateralismo de Roosevelt (algo que se está desarrollando hoy en día).
Pero esta concepción dialéctica de soberanía no nace de lecturas continuas y concienzudas de la obra de Hegel, sino del libertador de la isla (o el primero), José Martí, cuyo adagio «Patria es Humanidad»⁵ funciona como horizonte ético. Desde la perspectiva de Fidel no hay contradicciones entre defender la soberanía cubana y solidarizarse con otros pueblos, pues, al contrario, la soberanía de Cuba solo es real si se ejerce en un contexto mundial donde otros pueblos también sean soberanos. De ahí se puede hablar de una dialéctica de la soberanía, donde la nación es el punto de partida, pero la humanidad es el punto de llegada.⁶
Pero, siguiendo con los ejemplos locales que fueron de importancia para el comandante, hay que mencionar el caso de la Revolución mexicana,⁷ además, en el país donde el joven Fidel pasó una parte de su vida en el exilio después del asalto al Moncada. Pero también fue una importante pieza intelectual y de ejemplo político de un gobierno revolucionario, a las puertas del “IMPERIO”, y que ciertamente pudo tener unas tendencias reformistas e incubar ciertas posiciones reaccionarias.⁸
Pero, siguiendo con la historia, Fidel llegó a México en 1955 y organizó la expedición del Granma, pero su interés por México venía de antes⁹ y continuó mucho después. Pues la Revolución mexicana (con sus luces y sombras) es un precedente de lo que él mismo intentaría en Cuba, una revolución de base nacional-popular que empujará la nacionalización de los medios de producción nacionales, con base en aumentar el desarrollo de la nación y así poder enfrentarse con fuerza al imperialismo.
Esto se puede confirmar en una entrevista de 1985, donde el propio Fidel afirmó lo siguiente: «México tuvo su Revolución, su Revolución Nacional Liberadora. México nacionalizó los pozos de petróleo norteamericanos».¹⁰ Además de esto, Fidel admiraba a figuras como Zapata y Villa,¹¹ a quienes consideraba símbolos de la lucha campesina y de la capacidad de liderazgo popular. Sobre Villa, Fidel dijo: «Pancho Villa no fue un teórico de la revolución, pero fue un gran soldado de la revolución, un gran jefe, un gran combatiente».¹² También evocó a Lázaro Cárdenas, a quien Fidel reconoció como un estadista que ayudó a Cuba en momentos difíciles: «¿En qué país podíamos encontrar a Lázaro Cárdenas? […] nos encontramos un Lázaro Cárdenas que nos ayudó».¹³ México fue, para Fidel, «nuestra casa común»,¹⁴ un espacio donde la solidaridad y el asilo político se practicaban como principios de política exterior.
Pero también hay que tener en cuenta varios momentos o ejemplos del accionar de Fidel con relación a la situación en el Caribe¹⁵ y cómo esto conformó su antiimperialismo sin cuartel, antes de que se autorreconociera como marxista-leninista, y cuán importante fue el Caribe en esta formación. Empezando, jocosamente, por la primera presidencia de Fidel, como lo fue la del Comité Pro-Democracia Dominicana durante su etapa universitaria, lo que le empujó a participar en la expedición de Cayo Confites (1947) contra la dictadura de Trujillo.¹⁶
También se ha de mencionar su apoyo al Parti Entente Populaire en Haití y su impulso a la cooperación con los territorios caribeños que accedieron a la descolonización, como son los casos de Jamaica, Trinidad y Tobago, Guyana y Barbados.¹⁷ Esta visión queda zanjada absolutamente con la cita de Juan Bosch, uno de los titanes de la política dominicana, quien afirmó que «Fidel Castro no ha caído del cielo […] América Latina ha dado tres genios políticos: Toussaint Louverture, Simón Bolívar y Fidel Castro».¹⁸
De nuevo, con estas diversas perspectivas, se puede hacer más que simplemente sugerir que el internacionalismo de Fidel no comenzó en 1959, sino que se gestó en el Caribe y en ejemplos mayores de América Latina (la Revolución mexicana), una región marcada por la intervención imperial y la consecuente resistencia anticolonial, por tanto, convirtiéndose en un espacio de identidad compartida y de solidaridad activa, no un simple vecindario geográfico.
- Ejemplos de la acción emancipadora
Ahora, tras haber explicado cómo nació el férreo antiimperialismo de Castro desde las experiencias políticas de su alrededor, tocaría comentar algunas de las acciones que llevó a cabo, empezando por tal vez la más famosa, la Operación Carlota,¹⁹ en apoyo a la revolución angoleña, en un principio para mantener y conseguir la victoria del MPLA en contra de las otras fuerzas en conflicto, empezando por el, ya desde sus inicios, anticomunista FNLA, desde sus bases en el Zaire, y sobre todo al movimiento que se vendía al mejor postor, como UNITA.
La operación se extendió de 1975 a 1991 y movilizó a cerca de 425 000 cubanos, de los cuales 2 077 murieron en combate. El nombre de esta “Carlota” honra a una africana esclavizada que lideró una rebelión en el ingenio Triunvirato en 1843, dando un ejemplo del carácter internacionalista de la misma operación y cómo esto se entrelaza con el pasado de Cuba como centro del comercio de esclavos.
Y su participación fue fundamental para mantener vivo al gobierno del MPLA, además de detener y debilitar la intervención del gobierno del apartheid en Sudáfrica, en la batalla decisiva de Cuito Cuanavale (1987-1988), donde las fuerzas sudafricanas del apartheid lanzaron una última gran ofensiva y fueron detenidas por las tropas cubano-angolanas. Una batalla esencial, no solo para la liberación de Angola, sino para resquebrajar al hegemón militar que era el gobierno de Pretoria, en su guerra de la frontera contra el SWAPO en Namibia, como su interferencia contra el FRELIMO en Mozambique. Pero esto queda mejor ejemplificado con la siguiente frase de Nelson Mandela: «¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África!».²⁰
Esta derrota, que ya constataba el fin de la preponderancia militar de Sudáfrica, llevó a aceptar la Resolución 435 de la ONU, con la consecuente independencia de Namibia y el fin del apartheid. En pocas palabras, con esta operación no solo se ayudó a la supervivencia de un movimiento marxista-leninista en África, sino que alteró la totalidad de la geopolítica del continente africano, algo solo tal vez comparable con la Revolución etíope (1974), y fue «el Waterloo del apartheid».²¹
Pero, de nuevo y volviendo al Caribe, hay que hablar de cómo el gobierno cubano no pudo hacer tanto como, irónicamente, en el caso africano, por ser, aunque no nos guste, el patio trasero de los Estados Unidos de América. Empezando con el activismo con relación a la República Dominicana (1965), con un discurso demoledor de Fidel del 1 de mayo de ese año, donde denuncia la intervención estadounidense: «¿Qué derecho puede tener ningún país […] a desembarcar en el territorio de otra nación con el pretexto de defender la vida y hacienda de sus connacionales?».²² Además de la crítica a la OEA por «internacionalizar la intervención» para «corresponsabilizar a los demás gobiernos de América Latina con sus planes criminales».²³
Pero, más allá de esta acción puramente discursiva (entendiendo la divergencia de fuerzas), hay que destacar el ejemplo de Granada, donde, después de la revolución de 1979 con el nuevo movimiento New J.E.W.E.L., liderado por Maurice Bishop y Bernard Coard, Fidel sirvió de ejemplo para esta revolución, o, mejor dicho, la experiencia cubana en conjunto con el canon marxista caribeño.²⁴ También se dio apoyo económico y de infraestructuras para el gobierno del país de las Antillas Menores.
Pero entre esta acción y la necesidad de la administración Reagan de conseguir una victoria (fácil), además del conflicto dentro del New J.E.W.E.L. Movement que terminó con la muerte de Bishop, eso llevó a que, en 1983, se llevase a cabo una invasión, glorificada, por ejemplo, en un caso de pura propaganda en la película El sargento de hierro (llamada así en España), o Heartbreak Ridge en su idioma original, protagonizada y dirigida por Clint Eastwood.
Pero, de nuevo, Fidel calificó la invasión estadounidense como un intento de «matar al símbolo que significaba la Revolución granadina»,²⁵ dando en el clavo del objetivo de esta intervención: «el imperialismo se empeña en destruir símbolos, porque conoce el valor de los símbolos, del ejemplo, de las ideas».²⁶
Pero, volviendo más a nuestro siglo, cabe destacar los intentos de integración regional como intentos de acabar con el asfixiante bloqueo estadounidense y no alejarse de la zona de interrelación económica par excellence de Cuba, con el impulso para la creación de la Asociación de Estados del Caribe y la Cumbre Cuba-CARICOM a partir de 2002.²⁷ Estos ejemplos muestran que la acción de Fidel en el Caribe combinó la denuncia de la intervención imperial, la solidaridad con los procesos revolucionarios y la construcción de instituciones de cooperación regional.
Y ya, por último, y volviendo a África, esta vez con un caso predominante de acción revolucionaria y antiimperialista, liderada por otro gigante comparable a Fidel Castro, como fue Amílcar Cabral, en la lucha iniciada por su partido, el PAIGCV, contra el gobierno colonial y opresor de la metrópolis portuguesa desde su llegada en 1588,²⁸ pero aquí, de nuevo, la participación cubana fue esencial.²⁹
Empezando en 1965, con la entrevista en Conakry entre el Che Guevara y Amílcar Cabral, estableciéndose «nexos muy profundos entre Cuba y el PAIGCV»,³⁰ pasando a 1966, cuando el propio Fidel informó al presidente Sékou Touré «la decisión cubana de ayudar al PAIGC».³¹ Y ya desde esa fecha, los primeros médicos y asesores militares cubanos llegaron y participaron en el primer combate el 1 de mayo de ese año.³²
Pero incluso tras el asesinato de Cabral, la dirección cubana decidió seguir en su ayuda y promovió que se efectuara una fuerte operación militar que adelantara el camino hacia la liberación nacional,³³ otro ejemplo de compromiso, siendo esta ayuda elogiada por el propio Amílcar Cabral: «Nosotros estamos muy felices con la ayuda que el pueblo cubano nos da».³⁴
Pero, en general, esta participación fue esencial para la liberación de los actuales países de Cabo Verde y Guinea-Bisáu, sino también, junto con Angola, para llevar al desgaste de los aparatos represivos del Estado Novo portugués y al fin de la dictadura en Portugal en 1974.³⁵
- Conclusión: una visión crítica del actuar cubano
Y ya para terminar, creo que es necesaria una valoración crítica, pues es cierto que hemos dicho las partes positivas de la Revolución cubana (que las tiene), pero puede ser cierto que esto puede caer en una visión muy ingenua de los intereses cubanos, pues es cierto que la participación cubana en África era parte del llamado sistema socialista mundial y del CAME.³⁶
Pues Cuba, como miembro del CAME desde 1972, se convirtió en un “hub” transcontinental entre el centro europeo del bloque que representaba el socialismo real y la periferia africana allegada a ese bloque.³⁷ Y, como muchos actos con relación a los movimientos anticoloniales de los países que eran la vanguardia del proletariado global, desde finales de los 70 se introdujo una distinción entre países con acceso a divisas convertibles y aquellos que no tenían acceso a algo parecido, y que pudiesen costear en cierta medida este tipo de acciones, sobre todo a través del costeo de armamento o la creación de capital fijo posindependencia.
También se debe mencionar que el gobierno cubano puso implícitamente presión sobre otro gobierno socialista, como era el de la República Democrática Alemana,³⁸ para hacer lo mismo y limitar otras opciones de pago. Pero, en general, este proceso se puede determinar como un “ciclo cubano” de socialismo de desarrollo.³⁹
Es decir, la solidaridad y el internacionalismo cubano y empujado por Fidel fue real y costoso, pero no puede entenderse fuera de las contradicciones y límites del sistema socialista mundial, del cual fue parte y dependía, y de la consecuente caída de ese sistema. De nuevo, esta conclusión crítica no niega la importancia de la acción cubana, algo que hemos discutido a lo largo de este artículo, sino que inserta esta ayuda en un marco más amplio de dependencias, jerarquías y condicionamientos estructurales.
Notas
- Jaime Ortega Reyna, «“Esa bandera, ese cielo y esta tierra”: dialéctica de la soberanía en Fidel», en Ternura y tempestad. El centenario de Fidel y el horizonte de la liberación nacional, 2026, pp. 38-71.
- Ibid., p. 70.
- Ibid., pp. 38-71.
- Daniel Bessner, «Power without Ideology: Welcome to the Multipolar World», My Ideas Letter, núm. 63, 2026.
- Jaime Ortega Reyna, «“Esa bandera, ese cielo y esta tierra”…», op. cit., p. 42.
- Ibid.
- Jaime Ortega Reyna, «México en Fidel: diálogo de revoluciones», en Ternura y tempestad. El centenario de Fidel y el horizonte de la liberación nacional, 2026, pp. 71-92.
- T. Wood y M. Lui, «The Mexican Left’s Debates on Race and Nation», LINKS International Journal of Socialist Renewal, 2026.
- Jaime Ortega Reyna, «México en Fidel…», op. cit.
- Ibid., p. 81.
- Ibid.
- Ibid., p. 82.
- Ibid., p. 84.
- Ibid., p. 88.
- B. A. Canseco Gómez, «El Caribe en el pensamiento de Fidel Castro: algunas estampas», en El pensamiento anticolonial de Fidel Castro en su centenario, El Monitor de la Política Imperial, 2026, pp. 32-38.
- Ibid., p. 34.
- Ibid., pp. 34-35.
- Ibid., p. 34.
- J. Santos, «Fidel Castro y la Operación Carlota: el Stalingrado negro de África austral», en El pensamiento anticolonial de Fidel Castro en su centenario, 2026, pp. 12-17.
- Ibid., p. 16.
- Ibid., pp. 16-17.
- B. A. Canseco Gómez, «El Caribe en el pensamiento de Fidel Castro…», op. cit., p. 34.
- Ibid., p. 35.
- K. D. Miller, «Marxism Wasn’t Exported to the Caribbean, It Was Proven There», Hood Communist, 2026.
- B. A. Canseco Gómez, «El Caribe en el pensamiento de Fidel Castro…», op. cit., p. 37.
- Ibid.
- Ibid., p. 38.
- K. Lundström Martínez, «Cashew Capitalism – Part One» y «Cashew Capitalism – Part Two», Review of African Political Economy, 2026.
- Óscar Oramas Oliva, Cuba en la epopeya libertaria de Guinea Bissau y Cabo Verde, Colección Els Arbres de Fahrenheit (EspaiMarx), 2026.
- Ibid., p. 56.
- Ibid., p. 57.
- Ibid., pp. 48, 58.
- Ibid.
- Ibid., p. 158.
- V. Arcary, «Quando o futuro era agora. Trinta anos da revolução portuguesa», Revista Outubro, núm. 11, 2004, pp. 71-92.
- B. Unfried, «A Cuban Cycle of Developmental Socialism? Cubans and East Germans in the Socialist World System», Journal für Entwicklungspolitik, vol. 33, núm. 3, 2017, pp. 69-90.
- Ibid.
- Ibid.
- Ibid.
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