Notas sobre la recepción de La historia me absolverá

Jaime Ortega

Pocos textos convocan a análisis tan multifacéticos como La historia me absolverá. ¿A cuáles nos referimos? El opúsculo editado después de que el joven Fidel Castro enunciara oralmente su frente a un tribunal después del asalto al cuartel Moncada y su recepción múltiple. El famoso intento por capturar el espacio militar, se convirtió en símbolo de una generación y de un continente en búsqueda incesante por su libertad; fue apenas el comienzo de un periplo en el que Fidel se convirtió en el eje articulador. Pero de aquella gesta, La historia me absolverá es, sin duda, el más icónico de los documentos de la revolución cubana, al menos hasta las Declaraciones de La Habana. Aquel documento tiene una primera historia en la manera en que se logró sacar de la cárcel, sin ser descubierto y por tanto evitando la censura, después vino el proceso de su transcripción más allá del presidio y, finalmente, su llegada a una imprenta para ser reproducido.

Este trayecto, retratado con belleza en Pequeña gigante, evoca los muchos problemas que tuvieron figuras como Haydée Santamaría y Melba Hernández, dos de las figuras más importantes del proceso revolucionario cubano. Ellas enfrentaron el reto político y técnico de llevar a tener una vida concreta y material aquel discurso que, sacado de manera clandestina, tenía que convertirse en un instrumento de agitación política en el contexto de una dictadura que a la postre entraría en crisis.

A estas dos dinámicas, ya de por sí complejas, se sumó una más, que es justamente la de su papel como herramienta para levantar las conciencias. No existen muchas referencias al impacto del discurso entre la salida de Fidel de la cárcel y los años inmediatos a la revolución. Además de esa primera edición relatada en Pequeña Gigante, que no fue de los 100 mil ejemplares que Fidel quería, sino de un tiraje menor, no sabemos mucho más.

La historia de la recepción y apropiación se dio por todo el continente. Se cuentan entre ellos quienes lo criticaron, y a quienes Fidel respondió en alguna ocasión: “apenas leyeron un librito de marxismo, o que lo habían leído antes y no lo habían entendido, se ponían a comentar que La historia me absolverá es un documento reaccionario. ¡Cómo se sabe de Filosofía y Revolución ese señor! En primer lugar nosotros no aspiramos a que La historia me absolverá es la expresión de un pensamiento avanzado, de un pensamiento revolucionario en evolución. No es todavía el pensamiento de un marxista, pero es el pensamiento de un joven que no se encamina hacia el marxismo y empieza actuar como marxista […] La historia me absolverá no tiene que leerse en las escuelas de instrucción revolucionaria. No es una obra clásica del marxismo. Es la expresión de un pensamiento en desarrollo, de una serie de ideas que han formado parte, gran parte del quehacer revolucionario” (Castro, Fidel, 2015, pp. 61-62).

La recepción del texto fuera de las alocuciones del propio Fidel ha sido dispar, pues ha valido desde comentarios elogiosos hasta verdaderos intentos de teorización en amplio espectro. Sin embargo, salvo excepciones, quienes han referido al mismo tienen que posicionarse de una manera que delimite el aporte, la promesa y la posibilidad real del texto. Por ejemplo, el poeta e intelectual revolucionario Roberto Fernández Retamar señaló que “En 1953, Fidel Castro –la boca por la que habla la Revolución– explicó en su sorprendente alegato La historia me absolverá el plan de gobierno de la Revolución. Lo creyeron, en el momento, pocos. Unos, los privilegiados, a quienes ese plan debía lastimar en sus intereses, pensaron que se trataba de un ofrecimiento utópico más” (Retamar, Roberto, 2019). Esta línea de pensamiento que ubica al texto como un plan de gobierno, un programa general e inicial sobre el que se asienta el resto es propia de una estirpe amplia.

En relación con ella se encuentra, por ejemplo, la posición del filósofo Fernando Martínez Heredia quien escribió que aquel era un: “manifiesto deslumbrante que contenía hasta medidas de gobierno” (Martínez, Fernando, 2018, p. 58), lo cual contrastaba, pues aunque se reconoció el valor de los asaltantes al cuartel, ninguna fuerza política les siguió. Así, un grupo de atrevidos revolucionarios tuvo que quedarse en soledad, pero con un programa inicial, en cuyo prestigio se encontraba la coherencia.

El intelectual chileno mexicano Darío Salinas y Eduardo Contreras se mueven en esta misma dirección, pues para ellos aquel documento: “deslizó en La historia me absolverá, en 1953, los trazos conceptuales de su programa revolucionario” (Salinas, Darío y Contreras, Eduardo, 2018, p. 202). Resulta interesante que utilicen esas palabras: deslizar no era lo mismo que decretar o afirmar, y que este fuera trazado en clave conceptual y no, digamos, de una política concreta inmediata, habla de la posibilidad y marco que el mismo entregaba. Salinas, a diferencia de otros, lo considera un programa más amplio, pues en él se juegan dilemas conceptuales que pueden operar en diversas prácticas concretas. Atilio Borón, en tiempos recientes, escribió “esta verdadera sinfonía política que es La historia me absolverá lo constituye una encendida invocación a la legitimidad del derecho a la rebelión ante toda forma de despotismo”.

Armando Hart escribió que “Sin haber estudiado El Estado y la revolución, Fidel no hubiera podido escribir La historia me absolverá”. Ramonet, en una nota perdida en sus cien horas con Fidel, escribió que era “alegato de justificación legal, moral, filosófica y política de la lucha revolucionaria contra la tiranía, «La historia me absolverá» es, por derecho propio, el documento raigal de la Revolución Cubana y uno de los textos principales en la historia del pensamiento político y la acción revolucionaria en Cuba y en América Latina.” Cintio Vitier, en su Ese sol del mundo moral escribió que “desde los puntos de vista jurídico, histórico, político y social, La historia me absolverá es una pieza ética de primera magnitud, epílogo del Asalto al Cuartel Moncada, fundamentación ideológica de la Generación del Centenario en trance ya de convertirse en Movimiento 26 de julio”.

Así podríamos seguir, fundamentando la manera en que aquel documento fue apropiado por generaciones posteriores. En todo caso, no está de más insistir que se trata del documento político más importante de la cultura política latinoamericana. Tan solo su radio de apreciación superó a cualquier otro. Por ello, quizá la formulación de René Depestre sea la más atrevida, al describirla como “el discurso del método” de la descolonización, hipótesis que debe ser trabajada en el campo teórico, pues es un hecho que fungió como un documento que, en clave martiana y humanista, pensó el gran problema de la independencia. Como el propio “discurso del método”, habría que problematizar los caminos por los que este se desplegó y, sobre todo, a quienes interpeló.

 Enlistamos a continuación algunas de las principales ediciones.

1954: Aparece la primera edición del texto, impresa y distribuida de manera

clandestina en Cuba mientras Fidel Castro se encontraba en prisión

1961: Editada por la Imprenta Nacional de Cuba (en ocasiones bajo el sello

de Ediciones Populares) en La Habana

1964: Publicada por la Editora Política en La Habana

1971: Incluida en el volumen Cinco documentos, publicado por la Editorial

de Ciencias Sociales en La Habana

1973: Edición de la Comisión de Orientación Revolucionaria del Comité

Central del Partido Comunista de Cuba

1985: Publicada por la Editorial de Ciencias Sociales en Cuba

1993: Se publica originalmente la edición anotada por los investigadores

Pedro Álvarez Tabío y Guillermo Alonso Fiel, bajo la Oficina de

Publicaciones del Consejo de Estado

1998: Editorial José Martí publica una segunda edición anotada en inglés

(History Will Absolve Me)

1999: Editada por la editorial Txalaparta (segunda edición bajo este sello)

2002: Publicada nuevamente por la Editorial de Ciencias Sociales

2003: Editorial Nuestra América publica una edición en Buenos Aires como

parte de su colección.

2005: La Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado lanza una versión

revisada de la edición anotada en La Habana.

2007: Se registra una edición en formato rústico publicada este año.

2008: Se registra otra edición de 254 páginas publicada este año.

2009: La editorial Txalaparta publica una nueva edición rústica.

2013: Ediciones La Memoria publica una versión especial titulada La

historia me absolverá. Decimario, donde el texto es adaptado a décimas por

Juan Camacho

2014: La editorial Temps Des Cerises (Le) publica una edición en francés

 

 

Castro, Fidel. (2015). “La seriedad de un partido revolucionario se mide por la actitud antes sus propios errores”. El partido, una revolución en la revolución. Selección temática 1961-2005, México, PT, 2015.

Fernández Retamar, Roberto. (2019). “Sí a la revolución”, Granma, 19 de febrero.

Martínez Heredia,  Fernando. (2018). “Vigencia del pensamiento de Fidel”, en John Saxe-Fernández (coord.), Yo soy Fidel, Buenos Aires, CLACSO.

Salinas  Darío y Contreras Mella, Eduardo. (2018). “Fidel y Allende: pensamiento, historia y actualidad», Yo soy Fidel, Buenos Aires, CLACSO, 2018.

 

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