Fidel Castro Ruz y la permanencia en el tiempo
Cristóbal León Campos
Sobreponiéndose al paso del tiempo, las ideas y el ejemplo de Fidel Castro Ruz permanecen, más ahora que se cumple el Centenario de su natalicio, siendo integrante con todos los méritos del listado eterno de los más grandes pensadores revolucionarios y de haber sido absuelto por la historia, ganando su lugar con la convicción irreductible de que las palabras han de ser acompañadas por actos que las expliquen y las pongan en práctica, materializando la congruencia que José Martí sintetizara magistralmente al señalar que “Hacer es la mejor forma de decir”.
Fidel Castro, alumno fiel de Martí, supo poner en acción el ideario revolucionario cubano y latinoamericano, reconociendo las aportaciones del marxismo y el humanismo en su sentido más puro, el carácter híbrido de las ideas surgidas por y en la Revolución cubana, pusieron desde su origen de cabeza muchas de las fórmulas santificadas por la “pureza” de izquierda, para demostrar que, ante todo, son los pueblos conscientes los que hacen las grandes transformaciones y no las explicaciones teóricas de escritorio o exportadas de otras latitudes pero inadaptables a la realidad especifica. El análisis concreto de las fuerzas productivas, las condiciones de vida, los niveles de conciencia y la forma del régimen a transforman fueron algunas de las valoraciones efectuadas por Fidel para poder concluir que sí era posible un proceso revolucionario en Cuba. La ruptura con las viejas tradiciones ortodoxas y esquemáticas es una de las primeras grandes enseñanzas de Fidel; el puntual análisis de las condiciones concretas abre el camino para las verdaderas revoluciones, y de ahí la grandeza de su legado, pues la lectura que realizó del momento histórico y de las condiciones subjetivas y materiales de Cuba, le dieron la facultad de sobreponer a la opresión colonialista e imperialista el camino de la emancipación, partiendo irreductiblemente del pensar, sentir y saber propio de nuestra América con una mirada marxista-leninista y, desde luego, martiana.
El pensamiento de Fidel es heredero de la tradición latinoamericana, caribeña y universal, su espíritu integrador de los países de nuestra América y del llamado “Tercer Mundo”, así como la estirpe anticolonial y antiimperialista manifiesta en sus actos e ideas, retoman los sueños de Simón Bolívar, Francisco Bilbao, José Martí, José Carlos Mariátegui y su entrañable amigo Ernesto Che Guevara, entre muchas otras y otros revolucionarios, para sumarse a los preceptos autóctonos conjugados con el marxismo-leninismo aprendido al calor de las batallas; es decir, en la praxis verdadera de la revolución latinoamericana, siempre ponderando el humanismo en primer lugar, al grado ejemplar, de que si bien durante sus años al frente de la Revolución cubana tuvo que enfrentar todo tipo de ataques del imperialismo estadounidense, Fidel afirmó en más de una ocasión que “No somos antiamericanos. Somos antiimperialistas”. El respeto que sintió por los pueblos y su derecho a existir condujo sus pasos y lo sensibilizaron por encima de cualquier diferencia política o ideológica, algo que poco se ha entendido de la grandeza del Comandante en Jefe de la Revolución cubana, otra de sus grandes enseñanzas para los futuros proyectos emancipadores.
La moral y la ética tienen un lugar prioritario en el pensamiento y actuar de Fidel, la crítica y la autocrítica que puso al servicio de la lucha, lo llevaron a rectificar sin temor algunos pasos dados que, según los análisis y resultados, se alejaban de los objetivos esperados por la Revolución, algo singular para un líder de su magnitud, pues a diferencia de lo que suele decirse en la propaganda capitalista sobre él, Fidel fue sensible a las necesidades del pueblo, se mantuvo abierto al debate de ideas y a la confrontación del pensamiento con la realidad. Escuchó desde la base los razonamientos y los sentires emanados del diario vivir, por eso la moral ocupa un lugar irreemplazable en su pensamiento de hombre dedicado a hacer con integridad lo que sus ideales predicaron, sin traiciones o claudicaciones en el beneficio propio.
Fidel fue y es ejemplo cabal de la congruencia en el decir y el hacer, en el actuar ético y en la construcción de valores revolucionarios transmitidos al pueblo como guía para resistir y persistir a pesar de los embates del imperialismo como el bloqueo genocida o la propaganda negativa que a lo largo del mundo difunden los grandes consorcios mediáticos del capitalismo. El pueblo cubano ha demostrado en estos más de sesenta y siete años de Revolución una moral y una ética irreprochable que se inspira en la figura de su líder y otros próceres; el Movimiento 26 de Julio, desde sus primeras acciones, se condujo con esa moral y ética revolucionarias, que le llevó a la victoria definitiva.
La internacionalización de la dignidad y del sueño de un mundo mejor, se manifiesta hoy en los médicos cubanos que recorren los rincones más recónditos del orbe, enfrentando enfermedades, pandemias e injurias, frente al imperio que distribuye armas y destrucción; Cuba, con el ejemplo de Fidel, distribuye apoyo y solidaridad humana por todo lo ancho del mundo. La victoria de Fidel no radica únicamente en que sobrevivió a los ataques en su contra, radica en que su ejemplo es humanidad, en que hoy Cuba brilla en lo alto de la geografía humana, a pesar de que nuevamente la agresividad del imperialismo se recrudece. Fidel está presente como lo están los imprescindibles, los que luchan todos los días en cada mujer y hombre que sigue y seguirá defendiendo a la humanidad en cualquier lugar del planeta.
En uno de los tantos discursos que pronunció en vida, y que fue publicado posteriormente como parte de sus obras, Fidel expresó, el 5 de diciembre de 1988, en el Acto en conmemoración del XXXII Aniversario del desembarco del Granma y de la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, una frase que sintetiza su pensamiento sobre su labor personal y la que la Revolución cubana ha realizado todos estos años, al decir que: “Ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”.
La liberación de los pueblos del yugo capitalista; la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y naciones; la construcción del socialismo; la interpretación de la utopía en tono positivo y posible; el marxismo latinoamericano; las políticas internacionalistas a favor de la humanidad; el antimperialismo y anticolonialismo; la cultura, el deporte y la educación entendidos como elementos fundamentales para el mejoramiento humano, para su desarrollo pleno en plano individual, pero, sobre todo, su utilidad en la construcción de sociedades justas, equitativas e igualitarias; los valores y la ética revolucionaria como aspectos integrales de la formación de los seres humanos nuevos, entre muchos otros temas, tienen en la obra de Fidel una vasta producción intelectual y revolucionaria que deberá estudiarse, analizarse y de ella extraerse las enseñanzas teóricas y prácticas en los próximos años, su ejemplo es la praxis en su concepción marxista más pura: la actividad transformadora. Fidel es praxis porque contribuyó a la transformación de la realidad de Cuba, nuestra América y el mundo.
La vigencia de Fidel está en su diálogo permanente con la realidad y las civilizaciones, en el cuestionamiento de todo, principalmente de sus propias ideas, en la lectura y la relectura de los clásicos del pensamiento universal y regional, pero no para copiar e imitar, sino para que desde lo concreto aportar nuevas maneras de transformar y crear verdaderos cambios revolucionarios. El reclamo que Fidel hizo a los intelectuales y artistas continúa latiendo en el seno mismo de nuestras sociedades, en las cuales el compromiso es igual o más urgente, en donde la palabra como las imágenes tienen que servir al bienestar humano, superando esquemas, moldes, prejuicios y falsos postulados, la propia definición de revolución y de socialismo fue puesta en cuestión por Fidel y la Revolución cubana para dar lugar a la “creación heroica”. Los nuevos proyectos socialistas y revolucionarios tienen en las ideas de Fidel enseñanzas indispensables para estudiar y planear el camino de la transformación social. El futuro mismo de la humanidad ha de encontrar respuestas en las palabras de Fidel; un hombre que revolucionó todo lo que conoció, negándose a ser monumento para permanecer vigente en el tiempo.
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