La coherencia del pensamiento: Iván Cepeda contra el olvido

Romel Armando Hernández

Hace algunos días salió a librerías una obra de León Valencia, “Iván Cepeda, una vida contra el olvido”, sobre el candidato presidencial de la izquierda que promete continuar con las reformas sociales, imprimiéndoles a ellas un estilo particular y, quizá, de mayor profundidad. El libro que llena la expectativa de quien poca información puede tener sobre la vida del candidato, resulta atractivo y conveniente para el momento, sobre todo porque deja un perfil básico del personaje, pero para otros lectores, quizá más quisquillosos y curiosos, podría decirse que le hace falta más datos o “chismes”.  

Del libro sobre la vida Iván Cepeda se pueden resaltar cosas que llaman la atención.

  1. La difícil vida que pasó, porque a pesar de tener una familia amorosa y unos padres responsables, las circunstancias políticas y de salud hicieron que, físicamente, se ausentara la madre o el padre. No solo por los exilios en la URSS y Cuba, también por la detención que sufrieron sus padres al ejercer la labor de periodistas, además la muerte de su madre a causa de un tumor cerebral, cuando él aún era un adolescente y posteriormente el asesinato de su padre.

 

  1. Las diferencias que tuvo con su padre sobre la perspectiva política y su discrepancia con el modelo soviético, al que se apreciaba desde fuera de la URSS como un modelo ideal, entorpecido por algunas contradicciones, pero salvable. Estas diferencias llevarían a que Iván dejará de militar en el JUCO y se adhiriera al AD-M19 (partido político surgido después de la firma de Paz entre Barco y la guerrilla del M19), así mismo que sintiera admiración por Bernardo Jaramillo Osa, visto como una figura refrescante, defensor de la democracia y la paz, entre la izquierda ortodoxa reinante.

 

  1. Su lucha inquebrantable por la paz que no nace de un ideario de transformación social, como el que pudo existir en Manuel Cepeda o en movimientos políticos del ámbito marxista, quienes aspiraban a construir una sociedad socialista, por el contrario, sus aspiraciones de paz están enraizadas en su visión de víctima que aspira a la búsqueda de la verdad para evitar que los demás transiten los caminos de dolor por los cuales él tránsito. Por ese motivo, el libro de Valencia hace una acertada y conveniente distinción, en cuanto al papel que jugó Cepeda en el proceso de negociación de la Habana entre Gobierno y FARC, si bien ayudó en la arquitectura y acompaño el proceso, estuvo siempre ahí pendiente de que el papel central del acuerdo sean las víctimas.

 

  1. Las críticas de Cepeda a las FARC no son superficiales, resultan estructurales porque esta organización estaba guiada por ideales que les desconectaba de la realidad y, en búsqueda de dichos ideales, se planteaba un “todo vale”. Cepeda crítica esa postura en cuanto él no idealiza la utopía, sino parte de un presente, donde hay que pensar en las acciones y consecuencias de los hechos para poder construir un futuro. Curiosa es la frase que Valencia cita y que en apariencia sale de la boca de cepeda en discusión sobre este tema “no existe el hombre nuevo”, existiría solo el hombre presente. Por eso Valencia afirma que las FARC y Cepeda nunca se vieron como aliados, sino como contradictores, esto se hizo evidente en las discusiones sobre la JEP, donde las FARC no quería aceptar ser juzgados, pues bajo la visión revolucionaria someterse a la justicia burguesa era aceptar su derrota, ante esto Iván les reiteraba a los miembros de esta organización “Ustedes llegan aquí (cuando tengan que comparecer ante la JEP) no como vencedores, sino como responsables”.

 

  1. El hecho que él nunca trabajó para ser presidente, por el contrario, siempre lo hizo bajo el principio de ayudar a buscar la verdad y la reparación a las víctimas, pero su actuar ético y coherente hoy en día lo pone en el escenario de aspirar a la primera magistratura.

No obstante, a pesar de estos cinco puntos, no se evidencia en el libro un abordaje de temas nuevos, hubiera sido conveniente que se tratara las diferencia que Cepeda tuvo con su padre sobre el modelo soviético o la visión que él tiene de país. Quizá, al final de libro, donde se da detalles del programa de gobierno, algunos encontraran ahí la minucia faltante, pero para otros puede resultar insuficiente. Creo, aunque esto también es fruto de un ejercicio de especulación hermenéutica, en la transcripción de la entrevista realizada por Laura Bonilla a Pilar Rueda, compañera sentimental de Cepeda, puede apreciarse aspectos ideológicos compartidos como pareja. En dicha entrevista se le pregunta si ella es feminista, a lo cual contesta que ella considera valioso el feminismo como teoría, pero que le parecen mucho más ricos los derechos humanos, pues ellos ya contienen aquello que la teoría feminista demanda, solo que esta última, vista como una actividad militante, puede encontrar limites que los derechos humanos ya han superado. No obstante, reitera su apreciación positiva sobre la teoría feminista, en especial para países como el nuestro, donde la realidad ha hecho imposible que los derechos humanos se realicen plenamente. Quizá, esta apreciación sobre de Rueda sea compartida por Iván Cepeda porque en varias entrevistas, difundidas por diversos medios, reitera la necesidad de continuar luchando por la defensa de los derechos humanos.

Así mismo, bajo ese proceso de interpretación hermenéutica, podría decirse que el estoicismo de Cepeda, se debió a las duras situaciones de la infancia, que fueron acompañadas por una racionalidad paterna y materna, que los preparan para saber que tenía que enfrentar dificultades y que la mejor manera no era apelar a las pasiones, sino al pensamiento sosegado y el actuar calculado. Esto último, es más evidente en cuanto al anécdota que León cuenta sobre la llamada que Cepeda le hace para comentarle sobre la propuesta de ser candidato realizada por varios sectores sociales y políticos, la hacía no desde un entusiasmo que buscaba confirmación, sino desde un escepticismo que busca convencimiento para poder actuar.

En definitiva, el libro resulta atractivo, pero deja el disgusto de no brindar más detalles y por eso evidencia que es un libro de campaña, lo cual resulta conveniente, no porque exalte al personaje de manera injusta, sino porque hace evidente que en esta campaña presidencial mientras otros se desdibujan y deforman pitándose de centro para atraer votantes, cepeda sigue el camino de mantener su identidad. Su coherencia de pensamiento lo lleva a escuchar, a participar, pero no a cambiar por circunstancias coyunturales, como puede suceder con algunos de sus rivales en la contienda. De ahí que Cepeda no caiga en el espectáculo y proponga un cambio en la dinámica política, un cambio real, que comprenda el sentido de servicio y seriedad que debe tener esa esfera de la vida en donde se configura la realidad en la que vivimos.